Te
voy a contar la historia de un sueño:
“Lo último que recuerdo es
un amanecer y luego un largo sueño. Vagaba perdido por el arcén de una antigua
carretera de pueblo. No sabía porque pero me dolía la cabeza y caminaba entre
la densa niebla. Cuanto más caminaba más mal me sentía y no parecía que hubiese
un pueblo cerca. Me senté sobre el guardarraíl, algo mareado y con un fuerte
dolor de garganta. Me sentía sediento y confuso. Intente recordar quien era,
como me llamaba, donde vivía… pero nada, el último recuerdo que tenía era un
borroso rostro con el fondo de un amanecer nunca vivido. Me empezaba a
desesperar.
Entonces apareció una chica
de la nada, tendiendo su mano hacia mí, diciéndome que pondría fin a mi agonía.
Yo sin dudarlo la acepte. Quería aferrarme a aquella quimera que la chica me
ofrecía.
Ya no era humano, ella me lo
demostró. Sedientos de sangre, los nuestros controlan a los humanos como si
fuesen carne. Soporté ese infierno y las palabras ociosas de ellos, esperando
que el cielo apareciera. Deseaba haber muerto aquel día, ya hace años.”
La agonía que sentía no
disminuyo y ahora soy una sombra de lo que era. Mi cordura muere poco a poco
debido a esta inmortalidad, no poder poner un fin a esta vida eterna. Para mí
un siglo es efímero, desesperado busco un final que no llega.
Disfrutad del placer de
descansar en paz tras dejar todo en este mundo en forma de recuerdos.
Os cuento este sueño, porque
si dijera que es mi realidad nadie se lo creería.