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Los asesinos de Noir

En el Hospital

- ¿En qué puedo ayudarla?- habló la recepcionista del hospital.
- Policía, quisiera hacerle unas preguntas al doctor Travis, ¿Dónde se encuentra?- respondió la policía enseñando la placa.
- Ahora mismo se encuentra en quirófano, pero si quiere puede esperar en su oficina y de inmediato que esté libre le diremos que se pase por allí- respondió con tono calmado.
- Está bien- dejó de apoyarse en la mesa.- ¿Por dónde queda?
- Al final de aquel pasillo suba las escaleras tercera puerta, a la izquierda.
La mujer se alejó siguiendo las indicaciones. En nada el hospital ya susurraba lo que acababa de pasar.
- ¿Ya te has enterado de que hay un policía que quiere hablar con el Doctor Travis?- hablaba una enfermera con otra.
- Seguro que buscan información sobre algún paciente o algo.- se gira hacia la puerta- no ha de faltar mucho para que acabe la operación.
- Chicas, ¿os habéis enterado de lo del Doctor?- se acerca una tercera.- Se ve que es algo gordo, a lo mejor del FBI o algo internacional, ¿os lo imagináis?
- ¿Y yo como centro de todo? El hospital no ganaría buena fama- comentó Travis apareciendo detrás de ellas.
- ¡Doctor! Le espera una policía en su despacho.
- Si, por lo visto todos estáis comentando algo así. Si me disculpáis iré a ver que necesita- sonrió mientras se despedía y avanzaba por el pasillo.
- Siempre tan simpático y sexy ¿verdad?
- He oído que está soltero a lo mejor no sería mala idea echarle el guante.- y las tres soltaron una carcajada.
La policía rondaba por la sala mientas esperaba, observaba los cuadros que enmarcaban sus múltiples títulos de médico y cirujano entre otros. Pasó la mano por encima de la mesa sin tirar ni tocas nada de encima y al final se dejó caer en una de las sillas que había enfrente.
- Ejem…- se aclaró la voz mientras entraba- ¿En qué puedo ayudarla?
- Buenas, siento haber interrumpido tu trabajo.- esperó a que cerrara la puerta para sentarse de nuevo.
- No pasa nada, nunca me molestan tus visitas, pero prefiero que sean en el café de siempre y no en el hospital con la placa en mano.- sonreía mientras se sentaba frente a su escritorio y rellenaba unos papeles.
- Ya, se puede decir que no estoy aquí por diversión, precisamente.
- Bueno, pues adelante, soy todo oídos.- acabó de firmar los documentos y los guardó en el cajón.
- ¿Eso de la mesa es el juramento hipocrático?
- Así es, lo hice tallar en mi mesa a posta- comentó con una leve risa.- ¿importa eso ahora?
- No, cierto, perdón- suspiró y cambió a un posado más profesional.- La policía está siguiendo un extraño suceso de muertes o asesinos que están saliendo de este hospital.
- Perdone, ¿Cómo?- se extrañó Travis.
- Hace dos semanas encontramos el cadáver de un hombre que había salido hace poco de este hospital, hace una semana un asesino recibió un disparo de un agente pero en capturarlo había sido tratado en este hospital también.
- ¿Está acusando al hospital de ejercer su función de curar a los heridos?- cruzó los brazos
- No, estoy diciendo que hay dos factores comunes en la muerte de cinco personas más. No puedo revelar más información, pero quiero saber todo de un paciente que pasó por aquí llamado Casio Laplan. Es un criminal muy buscado y que, si está internado en el hospital nos lo habrían de comunicar. Tiene un cartel de busca y captura- se levantó para apoyar las manos sobre la mesa.
- Entiendo que esté haciendo su trabajo de recolectar información, pero no puedo dar esa clase de información, es privada del paciente. A parte de que no me suena, la verdad, yo simplemente opero, me pasan lo que hay que hacer y me pongo en ellos no sé quiénes son mis pacientes solo sé que he de salvarles la vida- decía mientras juntaba las manos.
- No pido que me diga si tiene un cáncer, narices, pido que me diga si está o no ingresado en este hospital. 
- Podría mirarlo en los registros del hospital, pero eso es información confidencial y privada. No parece que traiga ninguna orden judicial y de ser así…- señaló a la mesa mientras la tocaba- siempre apelaré a mi juramento.
- Travis, cuando te pones cabezón no hay manera ¿verdad?- suspiró tragándose las palabras- ¡Bien! Traeré la orden, espero que valga la pena.- se levantó y se dirigió a la puerta.
- Sabes, Iby… Si me hubieras hecho esta pregunta un día tranquilo, sentados los dos en la terraza de nuestra cafetería favorita, te lo hubiera dicho.
- ¿Enserio?- alzó una ceja mientras agarraba de la puerta.
- No- respondió de inmediato con una amplia sonrisa y los ojos entrecerrados.- ánimo pidiendo esa orden de registro.
- No sé cómo te soporto.
- Sabes que te gusta mi humor- respondió agitando la mano mientras la mujer cerraba con un ligero golpe.

Los asesinos de Noir

Curiosear sale caro

- ¿Lo has encontrado?
- No, aun no. ¡Cuidado!
El hombre se cubrió la cabeza en ver que de golpe se le cayeron encima los archivadores de la estantería.
- ¿Estás bien?
- Sí. Pero que susto. – miró el desorden de papeles- Que desastre y ahora encima hay que ordenarlo.
- Solo porque seamos nuevos no tienen porque mándanos de recaderos a buscar papeles. Yo también quiero participar en algunos de los experimentos- protestaba mientras es agachaba a ayudar a recoger.
- Puedo decir lo mismo, después de pasar tantas pruebas y penurias para entrar en estos laboratorios, no nos dejan hacer nada…
- ¡Hey! Mira esto- levantó una carpeta de papel. Puedo oler a secretos interesantes aquí- sonrió.
- ¿Qué es?
- Veamos- la abrió, pero antes miró a los lado asegurándose que no había nadie en la habitación- Vaya, es la ficha de Travis. ¡Ala! Según esto él aceptó ponerse bajo tratamiento y experimentación por voluntad propia. Parece que le dieron a cambio algo.
- ¿No pone él qué?- curioseó el otro.
- No, pero pone que el experimento fue algo relacionado con el cerebro humano. Travis se quedó ciego al principio pero recobró la vista y encima consiguió empezar a ver como las serpientes. 
- ¿Estilo visión infrarroja, térmica y eso?
- Algo por el estilo. Como efectos segundarios pone que tiene altos grados de desequilibrio mental. Así como momentos de lucidez momentáneos que aparecen cuando ejerce su trabajo.
- ¿Travis trabaja? ¿De qué?
- Es cirujano- no se lo creía ni el que lo leía- por lo visto solo cuando trabaja vuelve a ser una persona racional y normal. Por lo visto tuvieron algunos fallos a la hora de restaurar ciertas funciones y perdió gran parte de la memoria, entre ellos la de sus familiares y ciertos fragmentos de su identidad.
- Pero entonces, ¿no fue un experimento fallido? ¿Cómo es que tiene  uno de los mejores puestos dentro de Noir?
- Y a mí que me preguntas. Normal que no saliera como tocaba, por aquel tiempo aun no tenían ni la mitad de las instalaciones de las que disponen ahora.
- Creo que mejor recojamos rápido y encontremos lo que se nos pide antes de que empiecen a sospechar.- recogió y colocó todo en la estantería.
- ¡¿Se puede saber que hacéis aquí?!- entró Renard con una cartapacio en manos.
- Buscamos unos documentos, pero sin querer se han caído unos cuantos de la estantería y los estábamos recolocando. 
Se formó un largo silencio.
- ¿Qué buscáis?
- Las ultimas fichas del prototipo Type-15
- Aquí- se acercó a la estantería y extrajo un sobre marronoso- Tomad. 
- Gracias- se despidieron ambos y se marcharon.
Renard observó que algo estaba fuera de su sitio, se acercó a la estantería que acababan de ordenar y vio la carpeta de Travis. La cogió y la miró por encima. 
- Estos novatos no puede con su curiosidad. Una pena.- sacó de su bolsillo un comunicador- ¿seguridad? Sí, soy Renard, ¿Tienen las imágenes de los dos hombres que estuvieron hace un momento en los ficheros de la subplanta 2?… ¿Sí? Son dos novatos, vale. Envíaselas a los guardias de la entrada, si, que se deshagan de ellos en salir del trabajo. No, ya informaré al Jefe yo mismo. Perfecto, sigan con su trabajo- y colgó.- Bueno, habrá que conseguir más trabajadores.- abrió la ficha.- Que joven se ver Travis en esta foto con el pelo castaño y todo… ¿¡Se quedó albino por la operación?! Que científicos más inútiles tenían en ese momento- se guardó la ficha en la bata y salió de allí.

Los asesinos de Noir

(+16) Warning Snakes (+16)



- ¡Cariño! Ya essstoy en casa- canturreaba mientras abría la puerta del sótano.- Mira Ana. He pensssado que te debess de esstar aburriendo tú sssola aquí. Assí que te he traído una amiguita. 
Travis dio un ligero empujón a la mujer que traía con él, esta cayó por las escaleras al resbalarse por el golpe.
- ¡Oh! Vaya, que torpe…- sonreía mientras bajaba lentamente las escaleras- essso te passsa por ir con taconesss.
- Por favor, perdóname… No me volveré a reír- se arrastraba la mujer intentando ponerse en pie. – Haré lo que me pidas.
- Mira Ana, te he traído otra víbora como tú. – levantó a la mujer agarrándole del pelo.- Deberíasss sser máss educada y pressentarte- la soltó frente a Ana.
- Soy…Soy- le temblaba la voz mientas permanecía con la cabeza en el suelo- Marta.
Marta alzó lentamente la cabeza para ver un enorme bulto de escamas enrollado frente a ella. Con un grito ahogado empezó a retroceder sin apartar la vista hasta pegar contra las piernas de Travis.
- Oh, no, no… Esssoss no sson modalesss. A nadie le gusssta que cuando le vean ssalgan corriendo. Y ssobre todo porque vass a compartir habitación.
Entonces la mujer empezó a gritar por auxilio y ayuda. Eso hizo que Travis perdiera su humor y le tapara la boca con una cinta.
- Vess lo que hass hecho.- pateó a la mujer en el hombro- por esso odio a lass mujeresss, a la mínima gritan. Pero tú no eress assí. –se acercó al muro escamado que empezó a reptar hasta mostrar un cabeza del tamaño de una mesa mediana.- Claro que no. Tú no me traicionarasss nunca- acarició la escamosa cabeza de la serpiente.
La mujer horrorizada siguió retrocediendo hasta tener a mano la escalera por donde se cayó. Sin apartar la vista de aquella horrible escena de la serpiente gigante, fue subiendo lenta y silenciosamente los peldaños.
- Ana, juguemoss a un juego. – sonreía y cuando alzó la cabeza y vio a la mujer ya subiendo, su rostro se tornó serio y con voz fría añadió.-  No dejes escapar tu comida.
Marta se espantó en escuchar eso así que se apuró en levantarse e ir hacia la puerta, pero enfrente había aparecido una serpiente coral y notó como algo se le había caído encima. Temblando y notando como el sudor frío le recorría la espalda, giró la cabeza para ver como una anaconda había caído sobre sus hombros. Aguantó la respiración y después de tragar saliva se atrevió a alzar la cabeza, para encontrarse con la terrible escena de centenares de serpientes viviendo en las vigas del techo. Intentó gritar aun con la boca tapada. Sus ojos se abrieron y en un impulso por retroceder resbaló en el escalón.
- Te cogí. Essta vez no hass caído- la agarró Travis mientras su fría sonrisa se clavaba en ella- Qué hubiera passado ssi essta mala mujer te caía encima- sostuvo con cuidado a la anaconda que plácidamente se enroscó en su brazo.- Y bien… Marta, ahora que ssabess la ssituación en la que esstass. ¿jugamos?- comentó desligándole las manos.- ¿Qué noss podríamoss aposstar?- obligó a la mujer a sentarse en una silla que había.- ¡Oh! Ya sse… ssi tú ganass obtendráss tú libertad, pero ssi pierdesss… Sserásss la comida de Ana.
Travis le sacó la cinta de la boca indicándole que por mucho que gritara nadie la oiría. El hombre esperaba la respuesta de ella, a lo que se formó un silencio el cual puso aún más nerviosa a la mujer porque los sonidos de las serpientes reptando y el sisear inundaban el húmedo y tibio sótano. Miró a su alrededor y tras tragar saliva, aunque ya notaba que tenía la garganta seca y le brotaban lágrimas de los ojos, preguntó:
- Y… ¿A qué clase de juego?- consiguió gesticular sin que se le quebrara la voz.
- Assí me gussta.- sonrío mientras entrecerraba los ojos. – Haremoss tress pruebass. Ssi ganass doss, eress libre. Fácil, ¿verdad?- le comentaba mientras recogía las serpientes que habían caído del techo.
Como Travis se estaba tomando su tiempo para recolocar los reptiles en su sitio, la tensión en Marta fue en aumento y más en ver a Ana reptar por el amplio sótano con toda libertad del mundo.
- Bien, empecemoss con el primer juego- dijo Travis arrastrando otra silla para estar en frente de la mujer. Se sentó y levantó frente a ella dos serpientes de colores rojo, blanco y negro. La mujer hubiera pegado un salto hacia atrás de no haber estado sentada- ¿Sabrás diferenciar cual es la falsa coral? Derecha o izquierda.
La mujer miró a ambas serpientes que era muy parecidas, solo cambiaba el patrón de colores. Ella en su  vida había tratado con esa clase de animales, así que nunca se había molestado en saber cómo diferenciarlas. A la derecha una de serie rojo-amarillo-negro-amarillo-rojo, y sostenida en la izquierda, rojo-negro-amarillo-negro-rojo. Era la primera prueba y ya tenía que responder al azar. Viendo por donde iba el juego no esperaba mucho de las siguientes dos rondas. Tras dar varias fuertes respiraciones alzó la mano temblorosa y dijo “esta”. Travis se quedó en silencio con la misma sonrisa sin moverse un ápice, lo que estresó a la mujer por no saber si había o no acertado. El hombre se levantó y dejó a las serpientes en unos recipientes que parecían ser su habitad. 
- Mala ssuerte, prueba en la próxima. Ssi hubierass esstado en la calle, una mordedura de coral te hubiera matado. Ess venenosa la que tiene el rojo y  el amarillo juntos. Para la próxima ya lo ssabess.
Travis llevó hasta Marta una mesa donde había un pequeño terrario con tres serpientes no más grandes que una mano.
- Esstass doss sson sserpientess de cinta- comentó Travis mientras levantaba dos de las serpientes. Sus escamas presentaba blanco y negro de forma horizontal por su cuerpo- Y essta ess una falssa coral.- alzó la roja-negra-amarilla –Voy a colocar cada una en un bote diferente y tú tieness que adivinar donde esstá la coral.
- Vale- dijo al ver que esta era una prueba más normal.
El hombre le enseñó como colocaba la coral en el bote del centro y las otras dos a los lados. Con las serpientes ya cerradas dentro, desde fuera no se podían ver. Empezaron a girar los botes, el de derecha a izquierda, el del centro a la izquierda, el de la derecha al centro… […] después de girar durante un rato, paró.
- ¿Y bien?- se cruzó de brazos. 
- Este- sonó segura.
- ¿Sí? Ábrelo si estas segura- habló sin arrastrar las eses a lo que alarmó a la mujer y empezó a dudar.
- ¡No!, estoy segura de que es esta- convencida agarró el bote y la falsa corral asomó la cabeza algo mareada.- ¡Bien!
Travis aplaudió. Recogió las serpientes y se llevó el terrario y los botes, pero no la mesa. La mujer se levantó en ver como salía fuera del sótano. Miró a su alrededor, la puerta no era una solución, alrededor no parecía haber ninguna ventana. La sala era alarmantemente grande y llena de terrarios y de cosas relacionadas con serpientes. Siseaban las serpientes del techo y de vez en cuando caía alguna al suelo. Marta se volvió a sentar, no quería arriesgarse a que alguna de esas se le lanzara. No veía ningún objeto que le sirviera como arma para defenderse de aquel hombre. Ya solo quedaba una prueba, si la ganaba la dejaría libre, pero sabía que no era posible. Que o bien la prueba estaría amañada o bien que aunque la ganara moriría. 
- Porque estoy aquí…- empezó a pensar- ¿Será solo por haberme reído del ciego? El ciego se le parece pero… No es posible ¿verdad?
La puerta se abrió y de ella bajó Travis con una bandeja en mano, sobre ella iban dos vasos de un líquido transparente. 
- La última- dejó los vasos sobre la mesa- uno con un fuerte paralizante y el otro con agua. Elige ssabiamente.- sonrió de una forma horripilante.
- ¿Cómo estoy segura de que no están envenenados ambos?
- Tú beberáss el que elijas y yo beberé el otro ¿ssimple?- explicó- ¡Ah! Y el veneno tarda un rato en paralizarte assí que desspuéss podemosss esstar de charla hassta que haga efecto.
- Bien- intentó mantener la mirada de determinación. 
Marta pasaba la mano de un vaso al otro disimuladamente mirando a Travis para ver si cambiaba de gesto o le daba un atisbo de inquietud. Pero nada, estaba más inmóvil que una estatua de mármol. Se puso a pensar, la primera prueba era su derecha, en la otra fue la izquierda… Por lo que ahora tendría que ser derecha… pero recordó que ese hombre era zurdo, había más posibilidades en que estuviera en ese lado. Siguió dándole vueltas a diferentes hipótesis, hasta que Travis la apuró.
- Este- agarró el vaso izquierdo y lo levantó de la mesa.
Marta se acercó el vaso a los labios mientras veía como Travis hacia lo mismo. La bebida enseguida fue engullida por Travis, y Marta con las lágrimas rodando por sus mejillas hizo lo mismo. No se notaba diferente, suspiró aliviada pero el hombre tampoco parecía afectado.
- Bueno, ¿Sabes porque estás aquí?- suspiró Travis mientras se balanceaba en la silla.
- No, ¿fue porque me reí del ciego?
- Hum… En parte sí, pero no. Estas aquí como tortura a tu padre. Una pena que hagan pagar a los hijos por los fallos de sus padres- comentó sin cambiar ni un poco su expresión.
- ¿De verdad me dejaras marchar?
- Sí, si no has bebido el veneno. No te podré alcanzar si estoy paralizado por el veneno. Y he dejado la puerta abierta.- hablaba con un tono pausado y tranquilo.
Si no fuera por la situación, en aquel momento, se fijó que era bastante atractivo. Vestía ropas elegantes que hacían resaltar su pelo blanco. Pero sus ojos negros solo entendían de frialdad. Marta se palpó la muñeca y notó el reloj, miró la hora. De los golpes llevados, el cristal estaba roto pero las manecillas se movían. Pronto serían las nueve de la noche. 
Tras un rato más de un silencio incomodo, Travis agachó la cabeza entre las piernas, sus manos se agarraban de los hombros y comenzaba a temblar. Marta en verle se puso de pie. Poco a poco una sonrisa empezaba a brotar de sus labios mientras se alejaba de él. Se acercó a la escalera y ya notaba la libertad cuando se percató de que su cerebro había enviado la orden de levantar la pierna pero esta no había respondido al impulso. Travis empezó a vociferar una sonora risa mientras se levantaba. 
- ¡TONTA!- se acercó a ella. 
- Pe…pero… ¡¿Si te vi temblar?!
- Ya, de risssa- apoyó la cabeza en uno de sus hombros.- Temblar no ess un ssintoma.
Marta soltó un leve soplido acompañado de un quejido mientras notaba que poco a poco su cuerpo dejaba de obedecer. Travis la agarró del hombro obligándola a sentarse en el suelo.
- Aquí ess donde te pateé, debe de haber un buen moretón. – sonreía mientras deslizaba la mano hacia el cuello de la mujer.- Sabes, es una pena que tu padre usara a Noir para subir puestos en la empresa. Porque la gente te coge odio y luego usan las mismas cartas contra ti. – hablaba con cierta seriedad- Y la única que está sufriendo esta tortura eres tú. Aunque claro perder a un hijo también es doloroso ¿o no? 
La mujer se horripilaba cuando Travis hablaba correctamente, pero más cuando arrastraba las eses porque sabía que algo le iba hacer y el solo pensarlo ya la volvía loca.
- Sabes, aunque trabajo con Noir, yo no soy como los otros. Yo no voy matando a la gente que me piden- decía mientras desbotonaba la camisa de Marta. Ella quería resistirse pero su cuerpo no reaccionaba.
- Eres un asesino- vociferó como pudo porque las cuerdas vocales empezaban a fallarle.
- Oh, no, no. Yo los enveneno. Si se mueren es por culpa del veneno y por no poder contrarrestarlo. Yo no me mancho las manos.- sonreía fríamente mientras pasaba a desvestir la parte inferior del cuerpo de la mujer.- Yo soy médico, y por tanto, mi moral no me deja matar gente, yo me encargo de salvar vidas, no de sentenciarlas. No es lo mismo. 
- ¡N…!- ya no podía ni protestar.
- Pero sabes… Como soy médico puedo mantenerte viva para que disfrutes más esto. No era un veneno muy fuerte, así que no te fallará el corazón. Todavía.- sonreía mientras Ana se acercaba.- Hola, Ana. Mira la he pelado para que no te atragantes con el envoltorio. 
La mujer aun paralizada consiguió poner un gesto de horror cuando vio las enormes mandíbulas de la serpiente abrirse y deslizarse hacia sus pies.
- Sabes lo más divertido…- entrecerró los ojos mientras sonreía de cuclillas al lado de Marta. – Aun paralizada, ssientess dolor y por ende, placer.
La mujer intentaba forcejear o hacer algo en vano, la lucha consigo misma para que su cuerpo obedeciera era inútil y la serpiente había avanzado hasta la cintura. Sus largos colmillos empezaban a rasgarle la piel y la sangre parecía incentivarla a avanzar con más velocidad y voracidad. Travis agarró la mano de la mujer mientras la miraba a los ojos. La respiración de Marta se volvía irregular y sus ojos empezaban a nublarse. Una lágrima consiguió brotar del cuerpo cuando el hombre soltó su mano. 
- Que aburrida- comentaba mientras se levantaba y observaba el reloj que le había quitado de la muñeca a Marta- Pensé que me entretendría más… ¡Ah! No toque eso- se apuró Travis a sacar una serpiente que se había empezado a interesar por los vasos.-No quiero que te enfermes- acarició el frío reptil- Tienen veneno.
Colocó la serpiente en el terrario, guardó los vasos en una bolsa y se sentó junto a Ana, quien ahora reposaba con un gran bulto en el interior. Travis la palpó y apoyó su cabeza en ella, saboreando la frialdad y el movimiento de las escamas.

Los asesinos de Noir

Falsa Pista

Servicio de Inteligencia. Ubicación desconocida.

Una habitación sin nada, únicamente una puerta. Un hombre atado a una silla y encapuchado con una bolsa. Se le oye balbucear y forcejear sin resultado. La puerta se abre con un fuerte y chirriante grito metálico.

- ¿Es este el sujeto? – dijo un hombre robusto que fumaba un puro.

- Así es jefe, según la descripción y los detalles de Inteligencia. Hemos dado con este hombre.- comentó mientras abría la carpeta que llevaba en manos y le pasaba los documentos.

El hombre de la silla se agitaba con más fuerza mientras los dos hombres se acercaban. Entra una tercera persona y cierra la puerta tras de él. Él era alto y con una larga cicatriz que le atravesaba la cara de un extremo al otro. Le sacó el saco de la cabeza y deslió la mordaza de la boca de la persona sentada.

- ¿Qué queréis? ¿Qué pasas? ¿Dónde estoy?

- Eso da igual. Aquí somos nosotros quienes hacemos las preguntas- le sopló el humo del puro a la cara, en respuesta el hombre atado tosió.

- ¡Yo no he hecho nada! *Coff*

- Ya, eso dicen todos- dijo el de la carpeta, pasó un par de hojas- Eres un asesino del grupo Noir. Tu nombre en clave es Travis. Hombre de metro setenta y tres, de complexión delgada, pelo largo blanco y ojos negros. Mata por envenenamiento, suele usar serpientes en su elaboración.

- ¿Quién es ese? ¿De qué estáis hablado? Yo me llamo Joshua y soy un simple oficinista de la empresa TC. ¡Y no me parezco!

- Ya claro- Le agarró del pelo el hombre de la cicatriz- Te hemos apresado en el lugar del crimen.

- ¿Eh?

- Cerca de las 8 pm del día hoy, en las cercanías de unos famosos almacenes, un importante policía fue envenenado. Pero antes de su muerte le dio tiempo a realizar tres disparos con un arma somnífera. Allí estabas tú con los tres dardos clavados y con rastros de veneno y escamas de serpiente bajo tus uñas.

- No puede ser...- empezó a empalidecer.- ¡Esperen! Esta mañana tuve un accidente, ¡Sí! Estuve en el hospital.

- ¿Y eso que? Aun así te encontramos y tenemos pruebas. Así que déjate de tonterías y empecemos el interrogatorio- dijo apagando su puro en la pierna del hombre.

El hombre se convulsionó del dolor.

- Estoy seguro que yo no maté a nadie. No se preparar la comida, como voy a hacer veneno. – entonces, como si algo fugaz acabara de pasar por su mente preguntó- ¿Mi madre está bien? ¡Seguro que ella puede explicar lo ocurrido!

- ¿Su madre? ¿En serio?- al jefe se le acababa la paciencia- Ve a buscar esa información y ya veremos- le ordenó al de la carpeta que enseguida abandono la sala.

- Joshua Mellet, es mi nombre- dijo antes de que aquel hombre cerrara la puerta.

- Bien, Joshua o Travis o como te quieras llamar. ¿Qué sabes de la organización Noir?

- Nada lo juro, no sé de qué me están hablando.

- Aunque lo fuera; esos monstruos no dirían nada aun si tienen una arma apuntando hacia su cabeza- comentó el de la cicatriz mientras paseaba por la sala.

- Si eso es así mis superiores no estarán muy contentos de las noticias.- sacó otro puro.

- Por otro lado, si me permite decirlo, esos asesinos son meticulosos y perfeccionistas es muy raro que uno haga tal descuido como para que lo atraparán no muy lejos de la escena del crimen.

- Ya a mí tampoco me cuadra, pero todo apunta a él. Veneno, serpientes, la descripción...

- Si superamos como son sus rostros...

- En ello estamos.

- En cualquier caso o es asesino o cómplice de asesinato. Sea o no del grupo de Noir.

- Pero ¿qué son esos asesinos de lo que habláis?

- Tú acallar si no vas a decir nada útil.

- En el hospital en el que me atendieron creo que había alguien parecido a la descripción que hicisteis...- templó.

- Ya, bueno, lo veremos pronto.

Cierto rato después llegó de nuevo el hombre con unos cuantos papeles más. Que inmediatamente se los pasó al jefe. El hombre de la silla tragó saliva mientras veía como pasaban los papeles y no decían nada.

- Así parece ser. Joshua Mellet tuvo un accidente esta mañana a las 10am en una de las carreteras secundarias.

Le oyó suspirar, pero en ver que aquel hombre seguía hablando volvió a ponerse tenso.

- De inmediato, fue llevado al hospital donde tuvieron que realizarle una operación de urgencias. Según los médicos, su condición después fue estable y su vida no corría peligro, pero remarcan cierta demencia al enterarse que su copiloto falleció en el acto. Dejando una grabe secuela psicológica y cierto rechazó a la realidad a través de la amnesia selectiva.

- Espera ¿De qué está hablando? ¿Quién era mi acompáñate?- volvió a forcejear haciéndose daño en las muñecas con las esposas metálicas que le ataban a la silla.

- Su madre- añadió el de la carpeta.

- No, imposible, ella no... Ella no está muerta.

- Antes de la hora del crimen, usted desapareció del hospital para sorpresa de los médicos. Las cámaras de seguridad de dicho hospital lo tienen registrado.

- Así que aunque quisiéramos, de él no sacaríamos nada- suspiró frustrado el jefe.- Scar acaba con él. Igualmente sabe mucho y ya no es útil para la sociedad.

- Entendido- el hombre de la cicatriz sacó una M1911 y sin pestañear perforó el cráneo del hombre que ni tiempo tuvo de protestar.

- ¿Has investigado si dentro del hospital hay alguien relacionado con él o alguna apariencia similar?

- Sí señor. Busque en la base de datos y en cámaras, pero nadie. Nadie tuvo contacto con él, a excepción de los que le operaron y ninguno de ellos entra en la descripción.

- Así que nada... Estamos como antes.- dijo abandonando la sala mientras exhalaba humo.

- Seguiremos investigando. Nos encargaremos del cuerpo.- comentó el de la carpeta siguiendo al jefe.


- Así que se nos ha vuelto a escapar... eh... Travis, el envenenador; Bishamon, la viuda negra; Nathan, el mil caras; y Crow, el asesino de sangre fría. Noir, da igual cuantos seáis, juro que os encontrare uno por uno y os eliminare a todos- maldijo Scar mientras observaba el cuerpo inerte de aquel hombre.