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La Hechicera y el Aprendiz

Acto 1: Introducción

Una gran sala donde en el centro hay una marmita al fuego, seis pilares sostienen el techo de piedra. Estanterías llenas de libros y apuntes de papel. A la derecha cestas con plantas y botellas de colores. Entre los pilares una mesa redonda, llena de tubos de ensayo. Por el suelo hay jarrones y barriles. Hay una pequeña ventana en el techo que deja ver un cielo estrellado. Encima de la marmita, una gran lámpara con cristales azules que alumbran la estancia, ayudan también las velas que cada pilar tiene colgadas. Karla, la hechicera, esta junto a la gran olla, vestida con su corta capa marrón y su vestido favorito.
Karla: Dos escamas de dragón perlado, un pimpollo de flor de nieve, una lágrima de mariposa negra… Y, por último, un poco de harina para ver el futuro. Que la bendición le sea otorgada a los valientes.
Dijo conjurando y el brebaje brilló.
Karla: Bien, ya está lista. Con esto, ya tengo preparado todos los pedidos hasta la semana que viene…
Comienza a sonar la campana de la iglesia anunciando la media noche.
Karla: No me había dado cuenta de que ya paso la medianoche. Bueno, con esto podre relajarme por un rato. Iré a ver cómo le está yendo a mi aprendiz. A pesar de que tiene mucho poder mágico y técnica le falta encontrar un equilibrio entre ellas. Si dejará de fallar tanto… Podría convertirse en un buen hechicero. Me preocupa porque es un tanto excéntrico pero, dado que es mi único aprendiz, debo de ocuparme de él.
Alguien baja corriendo las escaleras a grito de “¡¡Maestra!!” al mismo tiempo se oyen más pisadas bajando.
Karla: Hablando del rey de Roma… Sigues despierto. ¿Qué ocurre, Leo?
Leo: Hm… Acabo de fallar…
Karla: ¿Fallaste? A pesar de que lo que te pedí no era nada complicado…
Aparece un segundo Leo idéntico al primero.
Leo2: Lo sé, pero cometí un error al trazar el círculo mágico…
Karla sin percatarse de ello sigue hablando de brazos cruzados.
Karla: ¿Te equivocaste al invocar? Que desperdicio de materiales…
Se asoma un tercer Leo, igual a los anteriores.
Leo3: Sí, perdón.
Karla a lo suyo sigue la charla ignorante a lo sucedido a su alrededor.
Karla: Eran cosas bastante difíciles de encontrar, y ahora tengo que volver a conseguirlas…
Otro Leo aparece.
Leo4: ¡Yo lo hare!
Karla: Te lo pido.
Leo5: ¡Déjamelo a mí!
Karla: Pero, el que hayas fallado intentando invocar un hada del agua… Eres mi único aprendiz, por lo que debes esforzarte…
El ultimo Leo aparece, esté a diferencia de los demás tiene una cara diferente, con rayas en las mejillas y ojos anaranjados. Karla por fin se da cuenta.
Leo-raro: Si
Karla y los Leo se miran. Ella sería pero ellos con sonrisa en boca.
Karla: ….
Leo: …
Karla: …
Leo: …
Karla (Asombrada): ¿¡Hay más de uno?! 1, 2, 3, 4,5,...6…?!
Leo: Ah, sí.
Karla: ¡Nada de “ah, sí”! ¿¡Cómo?! Leo… ¿¡Tienes 5 hermanos gemelos?!
Leo-raro: Claro que no. Es porque fallo la invocación… Gyajiji
Karla: ¿¡Gyajiji?! “Porque fallo”… nunca había visto que una persona se dividiera al equivocarse en una invocación.
Leo2: No me dividí, me multiplique.
Karla: ¿Te multiplicaste…?                    
Leo3: Sí, hay 5 copias de mí.
Karla: ¿Qué clase de error cometiste? No creo que haya una investigación sobre como revertir este resultado.
Leo4: Yo sé cómo hacerlo.
Karla: ¿Ah, sí?
Leo5: Debes encontrar a mi yo verdadero. Si lo haces, volveré a ser uno solo.
Leo3: Es muy fácil.
Karla: ¿Encontrar al verdadero…?
Leo: Sí. Estoy en tus manos, Maestra.
Karla: ¿Te-tengo que hacerlo yo?
Leo 5: Sí.
Karla: (Lo dicen todos juntos… no puedo creer que se haya creado 5 copias)
Leo-raro: Entonces, esfuérzate… Gyajiji.
Karla: ¡¿Qué es esa risa?! Tu rostro también se ve extraño, estoy segura de que tú no eres el “original”
Leo2: ¿Y si esta fingiendo?
Karla: ¡No lo creo! Qué problema… Entiendo, los errores de mi aprendiz son responsabilidad mía. ¡Encontrare al Leo original!
Leo3: ¡Yay! Esfuérzate, ¡Maestra!
Karla: Esto, tu eres Leo1, tu Leo2… ¡Estaros quietos!
Karla se empieza a desesperar intentando numerar a los diferentes Leo.
Leo4: ¿No sería mejor si usáramos una marca?
Karla: Es verdad, usaremos colores. Además… ¿Hay alguna diferencia entre el original y las copias?
Leo: Hm… Creo que los recuerdos.
Karla: ¿Los recuerdos?
Leo2: Cuando me multiplique, se crearon copias que son exactas a excepción de los recuerdos. Por eso, es probable que las copias tengan recuerdos incorrectos.
Karla: Ya veo. Entonces, aquellos que tengan recuerdos que no son verdaderos, son las copias.
Leo5: Por lo cual, debes hablar con nosotros.
Leo4: Yo creo que deberías buscar entre mis cosas, por ejemplo, sobre mi escritorio.
Karla: ¿No te molesta que toque tus cosas?
Leo: Para nada.
Karla: Ya veo.
Leo3: Maestra, yo soy el verdadero.
Leo2: No, yo lo soy. Es obvio, ¿Verdad?
Leo4: No, yo soy el aprendiz de la Maestra.
Leo: Maestra, sabes que yo soy el Leo original, ¿cierto?
Karla observa a todos aquellos Leos que se pelean diciendo ser el original.
Karla: (No tengo la más mínima idea... Escuchare atentamente lo que dicen)
Leo-raro: Por supuesto que soy yo, Maestra… Gyajiji…
Karla (gritando): ¡Callaros, estoy pensando!
Karla agarra 6 cintas de diferentes colores y se las ata a las muñecas de cada Leo. Dejando así a los Leo con un color asignado: Rojo, Amarillo, Verde, Azul, Lila, y al Leo-raro, rosa.
Antes de ir a inspeccionar la habitación de su aprendiz, Karla decide hablar con los Leo de uno en uno para intentar sacar más información.
Karla (Habla con el Leo-Rojo): (Intentare hacerle algunas preguntas) Leo, ¿Cuál es tu sueño para el futuro?
Leo-Rojo: Que dé frutos la planta que estoy cuidando.
Karla: Ah, eso sucederá dentro de poco… Pero, no me refería a eso. (Ahora que lo pienso, Leo siempre respondía cosas como esta. No sabría si este es una copia…)
Karla (Habla con el Leo-Amarillo): Leo… Ah (Se me acabo el pan, me pregunto qué hare para el desayuno de mañana…)
Leo-Amarillo: Maestra, si estas preocupada por o del pan, fui a comprar más esta mañana…
Karla (Sorprendida): Ya veo, gracias. Un momento, ¿cómo lo supiste?
Leo-Amarillo: Por tu expresión.
Karla: ¿¡Mi expresión..?! (Me pregunto si se refiere a que parecía hambrienta…)
Karla (Habla con el Leo-Verde): Ya guarde los utensilios.
Leo-Verde: Ah, gracias. Estaba pensando en si debía hacerlo.
Karla: Sí (Es una conversación normal. Es el Leo de siempre…)
Karla (Habla con el Leo-Azul): (Probare engañándolo) Leo, ¿Hiciste lo que te pedí?
Leo-Azul: ¿Eh? Si te refieres a las flores, las fui a encargar a una tienda de segunda mano. Me dijeron que las traen la semana que viene.
Karla (Animada): ¡Gracias! (…He metido la pata, me había olvidado de eso)
Karla (Habla con el Leo-Lila): Leo, quiero preguntarte algo.
Leo-Lila: ¿Qué cosa, Maestra?
Karla: …
Leo-Lila: …
Karla: … No se me ocurre nada.
Leo-Lila deja fluir una leve risilla.
Finamente Karla habla con el último Leo, el más diferente y que lleva la cinta rosa.
Karla: ¿Tú que eres? Sin importar por donde te mire, no te pareces a Leo.
Leo-Raro: Eso no es cierto. Tengo su estatura, su pelo, su cuerpo… Gyajiji.
Karla: Pero tu forma de hablar es sumamente extraña…
Leo-Raro: Prefiero decir que es “particular”. Gyajiji.
Karla (con desconfianza): Tu rostro también es “particular”

Leo-Raro: Que sincera eres, Maestra. Jijiji.

Los asesinos de Noir

Off: Comentarios de la autora.

¡Hola! :D  ¿Que os está pareciendo la historia por ahora?

Se que debe de ser difícil seguir el hilo de la historia (y el prólogo es un tostón...), pero  quería variar la temática de mis historias y esta me permite que cada capítulo se pueda entender sin ver el anterior. Porque me he dado cuenta que muchas personas ven capítulos salteados (En mis otras historias) y que decir, ¿Se puede entender si solo lees, no sé, el capítulo 1 y luego el 23? Bueno, pero no discutamos eso, que nos vamos del tema... ~~

Me gustaría pedir la participación de los que están leyendo la historia :D Que digáis cuales son vuestros tres personajes favoritos  y por qué. (También valen si salen en los próximos capítulos ;) ). El que salga más pues... ~~ le haré un perfil o una ficha informativa, ya sabes, de esas que ponen edad, descripción física, cumpleaños, gustos...  No es mala idea ¿Verdad? ^^

Y para animaros empezaré yo :D

1. Bishamon, por ser una persona tan extravagante.

2. Leo, creo que este sería el personaje que más me gusta.

3. Ray, el pobre me da hasta pena por los lugares donde se mete y la vida que lleva.


Espero que os animéis en participar en los comentarios :3

Y que os siga gustando la historia ^^






Los asesinos de Noir

Falsa Pista

Servicio de Inteligencia. Ubicación desconocida.

Una habitación sin nada, únicamente una puerta. Un hombre atado a una silla y encapuchado con una bolsa. Se le oye balbucear y forcejear sin resultado. La puerta se abre con un fuerte y chirriante grito metálico.

- ¿Es este el sujeto? – dijo un hombre robusto que fumaba un puro.

- Así es jefe, según la descripción y los detalles de Inteligencia. Hemos dado con este hombre.- comentó mientras abría la carpeta que llevaba en manos y le pasaba los documentos.

El hombre de la silla se agitaba con más fuerza mientras los dos hombres se acercaban. Entra una tercera persona y cierra la puerta tras de él. Él era alto y con una larga cicatriz que le atravesaba la cara de un extremo al otro. Le sacó el saco de la cabeza y deslió la mordaza de la boca de la persona sentada.

- ¿Qué queréis? ¿Qué pasas? ¿Dónde estoy?

- Eso da igual. Aquí somos nosotros quienes hacemos las preguntas- le sopló el humo del puro a la cara, en respuesta el hombre atado tosió.

- ¡Yo no he hecho nada! *Coff*

- Ya, eso dicen todos- dijo el de la carpeta, pasó un par de hojas- Eres un asesino del grupo Noir. Tu nombre en clave es Travis. Hombre de metro setenta y tres, de complexión delgada, pelo largo blanco y ojos negros. Mata por envenenamiento, suele usar serpientes en su elaboración.

- ¿Quién es ese? ¿De qué estáis hablado? Yo me llamo Joshua y soy un simple oficinista de la empresa TC. ¡Y no me parezco!

- Ya claro- Le agarró del pelo el hombre de la cicatriz- Te hemos apresado en el lugar del crimen.

- ¿Eh?

- Cerca de las 8 pm del día hoy, en las cercanías de unos famosos almacenes, un importante policía fue envenenado. Pero antes de su muerte le dio tiempo a realizar tres disparos con un arma somnífera. Allí estabas tú con los tres dardos clavados y con rastros de veneno y escamas de serpiente bajo tus uñas.

- No puede ser...- empezó a empalidecer.- ¡Esperen! Esta mañana tuve un accidente, ¡Sí! Estuve en el hospital.

- ¿Y eso que? Aun así te encontramos y tenemos pruebas. Así que déjate de tonterías y empecemos el interrogatorio- dijo apagando su puro en la pierna del hombre.

El hombre se convulsionó del dolor.

- Estoy seguro que yo no maté a nadie. No se preparar la comida, como voy a hacer veneno. – entonces, como si algo fugaz acabara de pasar por su mente preguntó- ¿Mi madre está bien? ¡Seguro que ella puede explicar lo ocurrido!

- ¿Su madre? ¿En serio?- al jefe se le acababa la paciencia- Ve a buscar esa información y ya veremos- le ordenó al de la carpeta que enseguida abandono la sala.

- Joshua Mellet, es mi nombre- dijo antes de que aquel hombre cerrara la puerta.

- Bien, Joshua o Travis o como te quieras llamar. ¿Qué sabes de la organización Noir?

- Nada lo juro, no sé de qué me están hablando.

- Aunque lo fuera; esos monstruos no dirían nada aun si tienen una arma apuntando hacia su cabeza- comentó el de la cicatriz mientras paseaba por la sala.

- Si eso es así mis superiores no estarán muy contentos de las noticias.- sacó otro puro.

- Por otro lado, si me permite decirlo, esos asesinos son meticulosos y perfeccionistas es muy raro que uno haga tal descuido como para que lo atraparán no muy lejos de la escena del crimen.

- Ya a mí tampoco me cuadra, pero todo apunta a él. Veneno, serpientes, la descripción...

- Si superamos como son sus rostros...

- En ello estamos.

- En cualquier caso o es asesino o cómplice de asesinato. Sea o no del grupo de Noir.

- Pero ¿qué son esos asesinos de lo que habláis?

- Tú acallar si no vas a decir nada útil.

- En el hospital en el que me atendieron creo que había alguien parecido a la descripción que hicisteis...- templó.

- Ya, bueno, lo veremos pronto.

Cierto rato después llegó de nuevo el hombre con unos cuantos papeles más. Que inmediatamente se los pasó al jefe. El hombre de la silla tragó saliva mientras veía como pasaban los papeles y no decían nada.

- Así parece ser. Joshua Mellet tuvo un accidente esta mañana a las 10am en una de las carreteras secundarias.

Le oyó suspirar, pero en ver que aquel hombre seguía hablando volvió a ponerse tenso.

- De inmediato, fue llevado al hospital donde tuvieron que realizarle una operación de urgencias. Según los médicos, su condición después fue estable y su vida no corría peligro, pero remarcan cierta demencia al enterarse que su copiloto falleció en el acto. Dejando una grabe secuela psicológica y cierto rechazó a la realidad a través de la amnesia selectiva.

- Espera ¿De qué está hablando? ¿Quién era mi acompáñate?- volvió a forcejear haciéndose daño en las muñecas con las esposas metálicas que le ataban a la silla.

- Su madre- añadió el de la carpeta.

- No, imposible, ella no... Ella no está muerta.

- Antes de la hora del crimen, usted desapareció del hospital para sorpresa de los médicos. Las cámaras de seguridad de dicho hospital lo tienen registrado.

- Así que aunque quisiéramos, de él no sacaríamos nada- suspiró frustrado el jefe.- Scar acaba con él. Igualmente sabe mucho y ya no es útil para la sociedad.

- Entendido- el hombre de la cicatriz sacó una M1911 y sin pestañear perforó el cráneo del hombre que ni tiempo tuvo de protestar.

- ¿Has investigado si dentro del hospital hay alguien relacionado con él o alguna apariencia similar?

- Sí señor. Busque en la base de datos y en cámaras, pero nadie. Nadie tuvo contacto con él, a excepción de los que le operaron y ninguno de ellos entra en la descripción.

- Así que nada... Estamos como antes.- dijo abandonando la sala mientras exhalaba humo.

- Seguiremos investigando. Nos encargaremos del cuerpo.- comentó el de la carpeta siguiendo al jefe.


- Así que se nos ha vuelto a escapar... eh... Travis, el envenenador; Bishamon, la viuda negra; Nathan, el mil caras; y Crow, el asesino de sangre fría. Noir, da igual cuantos seáis, juro que os encontrare uno por uno y os eliminare a todos- maldijo Scar mientras observaba el cuerpo inerte de aquel hombre.


Los asesinos de Noir

Mal día de entrevista


"La popular cantante de pop Violet ha sido vista con el famoso modelo y actor Andry. ¿Puede ser este el nuevo romance del joven modelo? Fuentes comentan que ambos han sido vistos a la salida del prestigioso restaurante "Deunidó". Esta presunta relación podría ocasionar conflictos entre los fanáticos que la cantante y los del modelo. [...]"

- ¡Pero qué es esto! ¡Y estas fotos!- Se enojó Violet zarandeando la revista.- Manager...

- Sí, la he visto. Pero no es más que cotilleo que todos quieren escuchar, solo están sacando las cosas de contexto. Así es la fama y todos quieren aprovecharse de cualquier descuido.

- En esa cena había más personas a parte de nosotros...- dijo haciendo pucheros- Quiero pillar al fotógrafo y a quien redactó este articulo y castigarles... Haciéndoles escuchar mis canciones hasta que se vuelvan tan fans míos que ya no se atrevan a difamar a mi persona.

Aquel comentario, más el gesto de la chica, hizo que tanto el manager como el estilista presente soltaran un "oooh" de lo adorable que se veía haciendo pucheros.

- Por cierto, ¿Qué toca hacer ahora?- preguntó mientras el estilista acababa de cepillar el pelo.- ¿Tengo algún espacio en la agenda?

- Ahora toca hacer una entrevista para la canal de televisión MFS, tienes una pausa para comer, a las 15h entras a una sesión de fotos para la caratula del álbum, cuando se termines toca dar los últimos retoques al vestuario del próximo concierto y tendrás el resto de la noche libre. Pero no te quedes hasta muy tarde, mañana por la mañana hemos quedado para grabar una "featuring"... bueno, una colaboración con un nuevo grupo que está causando furor entre los jóvenes. – dijo pasando las páginas de su agenda de cuero negro.

- Hum... Bueno, entonces ¿qué tipo de entrevista es? ¿aquella que me pasaste para que fuera memorizando?

- Sí, la has visto ¿no? Espero que no improvises de la nada y la líes en plató...

- Sí, sí todo controlado. ¿Y mientras sea mona y dulce todo bien?

- Bueno... Se natural. Tú y tu encanto triunfáis solos.

- Eres un encanto.- dijo levantándose.

- En tres minutos entras- dijo la voz de una chica tocando a la puerta.



El plató estaba fuertemente iluminado por los focos hacia una mesa baja y dos butacas que ocupaban una esquina mientras en la otra había unas altas gradas llenas de público tanto femenino como masculino, de edades diversas. Las cámaras apuntaban a la presentadora, quien llevaba un ceñido vestido rojo.

- A continuación tenemos el privilegio de entrevistar a la cantante de pop, Violet. Quién ha dejado un hueco en su apretada agenda para poder venir hoy en exclusiva. ¡Démosle un fuerte aplauso!

Las personas de las gradas se levantaron para aplaudir y silbar con entusiasmo. La cantante entró por la izquierda del plató saludando al público con el brazo levantado y vistiendo una falda plisada de franjas verticales blancas y negras, con una camisa y chaqueta torera a juego. Tras saludar a la presentadora se sientan en las butacas correspondientes.

- Estoy muy feliz de poder asistir al programa.

- Que va, el placer es nuestro. Nos entusiasma que hayas hecho un hueco en tu agenda para estar aquí hoy. Aunque escuche que hubo ciento incidente durante la grabación de álbum.

- Sí, pero fue algo peculiar. Un grupo de fans fue capaz de pasar las medidas de seguridad y entrar en el recinto donde estaba grabando uno de mis videoclips.

- Vaya, ¿ocasionaron problemas?

- Que va, fueron gente muy agradable. Aunque les pedí que no hicieran algo tan peligroso como colarse en un lugar de grabación. Pues había objetos peligrosos.

- Ya veo. Entonces, no perdamos el tiempo, pues tus fans están ansiosos por saber más sobre este nuevo discos titulado "Dawn Red Wings" que estará a la venta a principios del próximo mes.- dijo la presentadora colocando los papeles sobre la mesa- y dinos ¿alguna de las canciones esta dirigida a ti misma o a alguien en concreto?

- Hum... Todas las canciones en si llevan un pedacito de mí, por lo que más que dirigidas a mí, sería como exponer mi ser a los demás. Añadiría más, lo que me pasa, lo demuestro cantando para empatizar con los que me escuchan.

- Entonces, la canción "Broken Wings", que podemos escuchar ahora. ¿Qué es lo que quisiste expresar con esto?

- Bueno, esta canción la escribí antes de debutar como cantante. Y por aquel entonces hubo un incidente en un edificio y murieron muchas personas, entre ellas alguien muy preciado para mí. Por lo esta canción va dirigido a todas aquellas personas que perdieron a alguien especial, ya fuera familiar o no. – comentó bajando un poco la mirada apenada.

- Perdón por sacar un mal tema.

- No, no pasa nada, de eso ya hace bastante así que estoy bien.- dijo con una triste sonrisa.

- Está bien, sigamos. Recientemente se ha escuchado sobre una posible participación junto al grupo "More Lovers", conocidos por ML, cuyos miembros son exclusivamente chicos. ¿Es cierto?

- Por ahora es provisional la idea, pero en parte necesitaban a una voz femenina para su próximo tema, por lo que no me iba a negar en participa.

- Pero todos conocemos las canciones de ese grupo, ¿No será este un salto muy drástico dentro de tu repertorio normal?

- Puede ser, pero siempre he sido muy fiel a mis letras y mis fans, por lo que aunque junto a ellos pueda cambiar cierta temática mía, no me influirá. A no ser que mis fans empiecen a amar mi parte más rebelde y picante- dijo poniendo cara mona y pomposa.

El púbico saltó en gritos de conmoción. Violet les regaló una linda sonrisa.

- Ya se puede percibir que tus fans amaran cualquier faceta tuya.

- Eso espero- soltó una pequeña y suave risilla.

- Bien, antes de empezar el programa habíamos pedido al púbico que escribiera algunas preguntas que te quisieran hacer en unos papeles. Y de entre todos los presentes nos gustaría que escogiera algunas y las respondiera- dijo haciendo un gesto.

Entró un chico cargando una urna de plástico llena de algunos papeles. La colocó encima de la mesita y se marchó.

- Entonces ¿Cojo una al azar?

- Sí, por favor- dijo abriendo la tapa.

Violet deslizó la mano entre los numerosos papeles y sacó uno. Se lo pasó a la presentadora que lo leyó en voz alta.

- "De entre todas tus canciones, ¿Cuál es la que más te ha costado cantar?"

- Hum... Buena pregunta. Creo que esa seria "Control Amnesia". Tuve que practicar mucho la voz para llegar algunas notas muy agudas o grabes. Pues la canción hacia muchas subidas y bajadas de voz de golpe. A parte de que fue una de mis primeras canciones y me faltaba algo de práctica.

- Ha sido una buena respuesta, espero que su autor este satisfecho. ¿Pasamos a la siguiente?

La cantante repitió el proceso.

- "Tu vestuario tanto en los videoclips como en conciertos son impresionantes. ¿Tienes a alguien, escogen varios o los eliges tú?" Buena pregunta, hoy también viene muy guapa, permítenos verte bien.

- Muchas gracias- dijo levantándose y dando una vuelta para dejar ver bien sus ropas.- La ropa la suelo elegir yo, pero quien se encarga de mi vestuario tanto en los conciertos como en estas ocasiones es mi estilista privado. Sabe que ropa corresponde a cada momento.

- Contento tiene que estar tu estilista viendo lo bien que te sienta todo.

- Bueno, cojo una última ¿sí?

- Adelante, por favor.- recoge el último papel que Violet eligió- "¿Merece la pena sacrificar tu vida privada para alcanzar la fama?" Esta es una pregunta que se hacen muy a menudo las personas. ¿Qué dice usted, Violet, sobre esto?

- La verdad es que hay momentos en que si envidio poder hacer algunas cosas con la libertad con la que lo hacen otros, pero nunca me voy a arrepentir de mi elección. Fui labrando mi carrera con mi esfuerzo y dedicación y me niego a tirar la toalla después de poner tantos años, mi voz, en este mundo porque... Mientas haya una sola persona que siga cantando, tatareando o gustando mis canciones seguiré adelante trayendo nuevas canciones o creándolas para los demás las escuchen.

El público se levanta y aplaude con énfasis. Violet se sonroja y poco y toquetea su pelo algo nerviosa.

- Bueno, muchas gracias por haber venido a responder algunas preguntas y habernos dado algo de tu tiempo.

- No, para nada, ha sido todo un placer.

Ambas se levantaron y entonces una mujer empezó a bajar las gradas, los vigilantes la retuvieron mientras ella enfadada gritaba:

- Pero serás perra, te estas liando con Andry y encima presumes de ser fiel a los fans. Y que es eso de haberte labrado la carrera si sobornaste a las discográficas para que te hicieran el debut...

La gente alarmada empezó a inquietarse. Y entonces se escucharon tiros. Rápidamente dos guardaespaldas se llevaron a la cantante y a la presentadora fuera del plató mientras todos empezaban a escapar hacia la salida de Exit del lugar alarmados. Entre la conmoción se podía ver a un hombre con un tiro en la frente sentado en una de las sillas de las gradas del público. La policía no tardó mucho en llegar, analizaron las grabaciones y el escenario, hicieron preguntas a los presentes, buscaron pruebas, pero no encontraron al culpable.



- Violet ¿estás bien?, ¿quieres descansar o algo?- dijo el manager mientras permanecía sentado frente al volante de coche.

- No te preocupes estoy bien.

- ¿Segura? Te ves algo pálida...

- Estoy bien, llegas a ser un manager algo pesado...

- Lo hago por ti.

- ¿Sabes quién ha sido la victima?

- Aun no lo han hecho público.

- Bueno, no se le puede hacer nada. Vaya desastre, tenía que pasar durante mi entrevista.- dijo respaldándose en el asiento del coche. Suspiró y dio la señal para arrancar.- Seguiremos con la agenda programada. No puedo dejar que esto atrase mis quehaceres o que aquella mujer me quite fans con esas palabras difamatorias.



Al día siguiente se publicaba en la mayoría de los medios de comunicación la muerte de un líder de una red de prostitución y contrabandismo de menores durante un programa de la canal MFS. La muerte fue rápida, un disparo en la cabeza. Fuentes comentaba que aquel hombre se encontraba entre aquel público en busca de alguna victima a la cual secuestrar o para reunirse de secreto junto a otros secuaces o cómplices a él, la policía todavía no lo ha esclarecido.


Los asesinos de Noir

Dos Meses después
-¡Hey, tú!- dijo Jake acercándose a un hombre que fregaba el suelo del pasillo.

Aquel hombre, vestido de chándal, levanto un poco la vista sin importarle mucho que lo hubieran llamado, hasta que vio la placa del policía.

- ¡Ah, no! No quiero problemas con la pasma, si buscas a alguien cógelo y sácalo de aquí.

- En que habitación vive Ray Collins.- guardando la placa.

- En la trece, al final del pasillo.- dijo sin soltar la fregona.- Es extraño, es el único inquilino que parecía normal y no molestaba a nadie. Y paga cuando toca, que eso se agradece.

- Ya, lo que sea.- dijo avanzando por el pasillo del destartalado edificio.

Enfrente de la puerta lo único que pudo pensar era el mal número que tenía enfrente. Aclaró un poco su garganta y golpeo con los nudillos la vieja madera de la puerta.

- Ray, soy yo, ¿Estas en casa? Varias personas han preguntado por ti y...

Al no recibir respuesta acercó el oído, pero el interior estaba silencioso. Se maldijo al no conseguir encontrarlo, por lo que, frustrado, dio media vuelta y empezó a avanzar hasta la salida. Entonces le llamó la atención un muchacho que estaba intentando abrir un buzón. Jake simplemente iba a ignorarlo, pero entonces se percató que ese buzón era el número trece.

- ¡Hey, tú! ¿Qué estás haciendo?

El chico emprendió una rápida huida, que enseguida fue detenida por un disparo por parte de Jake. El disparo fue dirigido al marco de la puerta, pero suficiente cerca de él como para hacer que se tuviera que parar en seco. Jake, agarro al muchacho por el cuello del chaleco por si decidía volver a escapar.

- ¿Quién eres y que coño estabas haciendo en el buzón?

- Soy un amigo de Ray, solo vine a ver si había vuelto.

- ¿Vuelto? ¿De dónde?

- Eso es información confidencial.

- Bueno, así que confidencial... ¿Y qué buscabas en el buzón? Y no me vengas conque buscabas correo.

- La llave de su habitación. Cuando te marchas y no sabes si vas a volver, se suele dejar guardada en el buzón.

- Eso ya lo sé, pero la cuestión es saber el por qué de eso. ¿Cuánto llevas sin ver a Ray?

- Dos meses aproximadamente...

- ¡Me estás diciendo que lleva desaparecido dos meses!- dijo mientras mantenía la ropa del chico fuertemente sujeta.

- ¿Miramos su habitación?

- Bien, pero espero que no hagas nada raro.

- Claro que no comisario Jake Cattleman. – comentó mostrando la placa identificativa de Jake.

- ¿Cómo has...?

Jake lo bajo y palpo su chaqueta. En ningún momento se dio cuenta que aquel granuja le había robado la placa y la cartera. Amablemente el chico le devolvió las pertenencias al policía, sacaron la llave del buzón y volvieron a la habitación.

- ¡Con permiso!- dijo antes de abrir.

- Así que un carterista con educación ¿eh?

- Perdone, es lo mínimo. Es un amigo. Y no soy carterista. Soy informador.

Al entrar la habitación estaba vacía. Como si nadie viviera allí. Había varias cajas, en el salón, al lado de un viejo sofá y la mesa.

- Parece que fuera a mudarse.

- Hay una nota encima de esta caja

Jake se acerca al muchacho que comenzó a leer en voz alta el papel.

- "Hola, a quién lea esto. Lo más probable es que seas Lui o tal vez el gruñón Jake se ha dignado a buscarme. No he sido capaz de contener mi instinto de detective y me he adentrado en una investigación en la cual puede que nunca vuelva. Consciente de eso, he dejado mis pertenencias empaquetadas, para que resulten más fáciles de tirar por ahí. Pero tengo que pedir un favor, aparte de darme de baja en el apartamento, me gustaría que estas cosas fueran dadas a gente que las necesite. Mayoritariamente es ropa y algunas latas de conservas. La verdad es que en esta vida he tenido muy poco a pego a las cosas materiales, de ahí que no tenga nada. Siento que estoy escribiendo una carta de suicido, pero si aparece mi cadáver por ahí, no lo ha sido. Dejo de escribir estas deprimentes cosas. Se despide: Detective privado Ray Collins."

- ¿Quién es Lui?

- Yo. Esto tiene pinta de haberlo escrito cuando aún estaba medio borracho, desde cuando te despides así de tus compañeros... - dijo agachando la cabeza mientras apretaba los puños.

- Pero que se le ha ocurrido a este desgraciado hacer.- dijo Jake pegándole una patada a la mesa.

- Ir tras la pista de unos asesinos- comentó mientras abría una de las cajas.

Ambos se quedaron en silenció en aquel vacío cuarto. Solo el tic tac de un reloj dentro de la caja marcaba que el tiempo pasaba.


Los asesinos de Noir

Ray, el detective y El Pléyades
Conocí a Lui en una de esas misiones que te envían a los barrios bajos de la ciudad, donde encuentras la escoria de la humanidad. Y aun así, es un buen tipo, uno del cual fiarte. Su trabajo puede ser no uno de los más legales, pero tenía una moral justa fuera de serie. Su intuición era certera y tenía mucha suerte, por ello llegó a sobrevivir en los bajos fondos.

Siempre que necesitaba información acudía a él, nunca me fallaba. Pero aquella vez, me hizo cuestionar un poco si su información era de fiar.

No sabía si de esta búsqueda volvería a casa, por lo que empaqueté las pocas pertenencias que tenía. No ocupó mucho más de tres cajas. La habitación no pareció cambiar mucho aun después de haber vaciado todo. Aparte un maletín, donde llevaría lo imprescindible. Finalmente dejé las llaves de la casa en el buzón, por si me llegara a pasar algo, Lui o Jake o quien lo abriera, podría acceder al piso y decidir qué hacer con todo aquello. Dejé una nota de lo que me gustaría que hicieran si desaparezco, pero no me importa si no le hace caso.

Era de noche y decidí llegar a la mitad del tramo en taxi. No me podía creer que el contacto de Lui se encontrara en La Zona Roja, que recibe ese nombre en mención al barrio rojo conocido como Kabukicho en Tokio. Era una enorme red de prostíbulos, clubs y bares de toda clase. La ley no podía entrar en aquel lugar, los que controlan el cotarro son influyentes dentro de los cargos políticos y judiciales e incluso los sobornos a policías son el pan de cada día. Es como una microciudad sin ley. Las malas lenguas dicen que se puede comprar de todo, desde droga y órganos hasta esclavos, pero creo que es exageración.

Comencé a caminar por la calle con la dirección en mente. No pude evitar ojear los alrededores, una costumbre ya muy arraigada entro de mí por mi profesión de detective. Eso me llevó a ver a niños menores, detrás de escaparates de tiendas esperando clientes, ya fuesen mujeres u hombres. La idea de que esos niños tuvieran que experimentar la prostitución a esa edad hizo que las tripas se me revolvieran. Avancé lo rápido que puede por aquellas calles llenas de gente, intentando evitar mirar más de la cuenta, en vano, pues mis ojos se fijan en cada minúsculo detalle. Tanto era así, que desde allí puede ver como se compraban droga, en una esquina oscura, dos hombres vestidos en chándal. Aquello eran las entrañas de la humanidad, lo más feo y negro, y que todos preferimos mirar a otro lado como si no existiera. Pero ahí está, esta es la realidad.

Avanzó por la calle, en el burdel de Hot Kiss giro a la izquierda, desciendo las escaleras y al encontrarme un bar de ambiente hacia mano derecha. Pasando dos calles, en una esquina donde hay un bar con un rotulo que pone Cotic's e filios, ir por esa calle. Llego a una gran plaza donde en ese momento estaban con un espectáculo de stripers. Intento recordar que más seguía de las indicaciones de Lui. Las luces eran tan fuertes que legaban a cegar, a veces me costó reconocer los rótulos y las letras de los locales. No sé cómo esa gente no se mareaba con tanta luz en todos lados, parecía pleno día con tanta claridad. Como una iluminación recordé de nuevo el camino, en la tercera salida seguir por esa calle hasta dar con el local.

Por un momento casi me lo paso, las luces me cegaron leerlo, pero llegué. Ante mi estaba el Pléyades, seguía sin creerme que un contacto trabajara en un prostíbulo, pero claro, se conoce de todo en esta vida. El Pléyades era famoso y conocido, y también caro, por suerte había sacado dinero antes de venir aquí, pues los cajeros colocados en la Zona Roja te hacen pagar una comisión para sacar pasta. Los bancos son unos espabilados.

A empujones, para atravesar el mar de gente que avanzaba por la calle de un lado para otro, llegue hasta la puerta. Di un suspiro y entre. Era un recibidor amplio, con sillas y mesas en los lados y en frente una barra donde la Madam estaba atendiendo a varias personas, detrás suya había unas largas escaleras que subían al siguiente piso. Pude detectar varias cámaras de seguridad según me acercaba hacia la barra. La Madam era una señora, yo apostaría por pasado los sesenta años, con un pelo alborotado como un estropajo de color negro con varias mechas de colores, llevaba una bufanda de plumas lilas y un vestido ajustado negro con estampado de flores rosas. No había visto nada más hortera y desaliñado desde que vi un loro al que le había caído pintura encima. Cuando se me acercó estuve a punto de girar la cara, me tuve que contener.

- Hola guapo, ¿en qué le podemos servir?

- Ehm... Si, vera... Busco a Karenet

- Oh! Ya veo, voy a mirar cómo está la agenda- dijo dejándome dos panfletos en frente.- ahí están las tarifas, junto a lo que deseas que haga y si la contratas por horas o por acciones.

- Vaaaleee...- dije agarrando los panfletos mientras la señora se alejaban. Me empezaba a asustar de donde me había metido y más en ver las tarifas. "Esta mujer llega a cobrar más en una noche que yo en un mes de trabajo..." pensé, pero no me refería a que su trabajo fuera más fácil.

Me centré en los papeles, tenía que encontrar un precio que pudiera asumir, pero que me diera el tiempo suficiente para hablar con ella, por si me daba largas. Dos horas parecía un precio asequible o al menos esperaba que valiera la pena.

La Madam llegó poco después y le comenté mi opción. Parece que tuve suerte y estaba disponible en breve.

- Puede esperar en alguna de las mesas. Si desea tomar algo, a la primera consumición invita la casa. –señalo un cartel de la pared donde estaba la carta de bebidas y algunos aperitivos. – Ah! Por favor deme un seudónimo, nombre o algo por lo que llamarle.

- RGP –se me ocurrió espontáneamente.

- Vale- dijo con voz agudísima- Le avisaré cuando pueda subir y entonces le cobrare.

Me aleje de la barra y me senté en una de las mesas vacías. Descanse la mente y observe a mí alrededor. Había bastante gente esperando sentados o de pie. Me llamó la atención un tipo alto y ancho como un armario, vestido de traje negro y corbata. Mi intuición me decía que era un guardaespaldas y que no estaba allí por su día festivo. Los clientes de este local no tenían mala apariencia, bueno, retiro lo dicho al ver a un mafioso entrar, pero por lo demás son gente de dinero que se puede permitir el lujo, porque cuando sales a la calle y te acercas a los burdeles baratos ves toda clase de escoria dentro.

Varios hombres bajaron por las escaleras y la Madam nombro varios nombres, extraños, claramente seudónimos o apodos, y esos nombrados subieron. Por el comentario de la señora, entre ellos había un cliente habitual. Un hombre corpulento empezó a descender las escaleras, iba con un traje blanco impecable a juego con la corbata y una camisa negra. Enseguida cache de quien se trataba, era el presidente del país. "De todos los sitios, te lo encuentras aquí, vamos bien... Sabiendo que está casado, tiene tres hijos y un perro, y se dedica a hacer campaña de lo bien unida esta su familia". Aquel hombre sacó un puro que la misma Madam con toda la delicadeza le encendió e incluso lo acompaño a la puerta junto a su guardaespaldas. Cuando ya estuvieron ambos hombres fuera, la mujer me señalo y me indico ir hacia la barra llamándome por RGP. Pague y pude subir.

Tras subir las escaleras, me encontré un patio interior, muy bonito, con árboles y flores. Toque la barandilla para asomarme mejor, desde allí podría ver que el edificio tenía tres plantas y todas llenas de habitaciones, que prefería no saber que había detrás de cada puerta. Una niña de aproximadamente catorce años y disfrazada de gata, con orejas, cola y una ropa muy escasa, me tiro de la manga de la chaqueta.

Tras un extraño maullido me dijo: - Por aquí señor...

El cascabel que llevaba la niña en el cuello resonaba por todo el pasillo abierto. Me llevó hasta la sexta puerta, en la puerta había unos relieves y dibujos que no alcance a distinguir porque inmediatamente abrieron. Entré algo nervioso y la chica cerró la puerta para dejarme dentro.

La habitación tenía un color rojo, lila, morado... había muy poca luz, la mayoría proveniente del exterior que de las propias bombillas de la sala. Unas cortinas muy finas de ganchillo adornaban la ventana, una mesita de madera marrón en una esquina y al otro lado de la habitación una cajonera. En el centro, un poco más cerca de la ventana, una cama grande con una fina sábana blanca con las puntas de bordados. Al lado había una silla, donde enseguida se levantó una mujer de sinuosa figura. Unos rubios cabellos ondulados descendían más allá de sus hombros. Su blusa roja transparente, vestida únicamente con la ropa interior del mismo color y un liguero que aguantaba sus medias. Por un momento me deje llevar por el ruido se sus zapatos de tacón negro acercándose. Su piel es blanca y lisa, sin impurezas cual porcelana, destacaban sus labios rojos y notaba un dulce olor emanado de ella. Si la sensualidad se tuviera que materializar, se parecería a ella.

Por un poco pierdo la compostura, pero enseguida aclaro mi garganta.

- Ejem... No vengo por estos servicios realmente...

Karenet no pareció sorprenderse, se limitó a seguir bajando sus manos desde mis hombros y desabrochando mi chaqueta.

- Va enserio- dije agarrándole lo más suave y firme que pude de las muñecas- Estoy buscando información y me han dicho que solo tú puedes proporcionármela.

Sus rojizos labios se curvaron medio esbozando una sonrisa, la solté y ella reculó. Sus brillantes y vivos ojos gris plateado se posaron en los míos.

- Vaya, pues tal vez sea una pérdida de dinero, yo soy una de las más caras del Pléyades... Pero no te quedes ahí de pie- me cedió la silla donde ella estaba antes sentada y ella optó por sentarse en la cama.- Veamos buen hombre, ¿Qué es esa gran información que necesitas como para venir y pagar a una meretriz para simplemente hablar? – pasaba sus delicados dedos por su cabellera dorada.

Coloqué en el respaldo de la silla mi chaqueta y encima de mis rodillas, el maletín.

- Tengo muchos cabos sueltos en mi investigación y me gustaría tu ayuda.- mis dedos palpaban nerviosos el cuero del maletín- Vale, hay una famosa multinacional, empresa o lo que esconda, llamada Arribista o Abyss.- No pareció inmutarse mucho, solo paso su frágil dedo sobre su perfilada ceja- Sé que está relacionada con una gran multitud de personas influyentes, pero también, paralelo a ello, hay gran número de asesinatos suicidios y cosas con muchas incógnitas que me escaman...

- ¿Y qué quieres que haga yo al respecto?- cruzó las suaves piernas y se inclinó hacia mí.- Lo mucho que puedo hacer, es decirte que no se sobre esas cosas...

- Me interesa saber si realmente hay asesinos contratados por el desconocido jefe de Abyss o si hay realmente alguna razón para tanta casualidad... Y no me digas que no sabes de lo que hablo.- dije abriendo el maletín pero sin sacar nada.

- Bien, está bien... Tienes pruebas o cosas que reafirmen esos argumentos... ¿O solo estas barrenando como un loco esperando atinar en algo gordo y hacerte famoso?- Su voz era muy tranquila e inmutable.

- No busco, ni fama ni la fortuna, y tal como van las cosas ya me da igual que no se sepa la verdad...- ojee el maletín y saque una carpeta donde rezumaban muchas hojas, por lo que intente no agitarla mucho.- Estas son mis pruebas e investigaciones.

- Válgame Dios –dijo llevando una mano a la boca- ¡Un momento!- dirigiéndose a otra persona.

Y un momento antes de girarme para ver con quien hablaba, recibí un fuerte golpe en la nuca. Después de eso silencio y oscuridad.






Los asesinos de Noir

Ray, el detective


- ¡Camarero! Otra copa aquí- dije haciendo resonar los hielos.

- No ves que las soluciones no las vas a encontrar en el fondo de un vaso de alcohol.

Chasqué la lengua y decidí ignorarle.

- ¿Sigues mosqueado por eso de los asesinatos y locuras?

- Tú también me vas a dar la espalda.

- No, tampoco es eso. Solo sé que hay cosas donde uno no debe meterse.

El barman se acercó desde el otro lado de la barra dejándome un whisky con hielo y llevándose el vaso vacío.

- Me duele verte así, hombre. Como amigo te diría que lo dejaras estar, pero te conozco bien y sé que no lo harás. Por ello te voy a contar que un tipo también me comentó paranoias de esas, le di cierta información de un contacto y en menos de dos semanas lo encontraron muerto.

"Eso puede ser una pista"- pensé mientras posaba mis ojos en él. Debió ver mis intenciones a través de mi cara porque acto seguid respondió:

- Mira Ray, no quiero perder más amigos. Esto es una mala idea, por ello quiero que lo pienses sobrio. Llámame cuando estés mejor.

Enseguida abandonó el bar, dejándome solo en la barra mientras sostenía mi tercer vaso de Whisky de la noche.





Me había dormido en el sofá de casa y sorprendentemente no tuve una resaca muy fuerte. Me senté en el viejo sofá de cuero, ya quemado por el sol que siempre se filtraba por la ventana, nunca me acordaba de cerrar las cortinas al marcharme de casa. El café de hoy me sabia enormemente amargo aun así me lo bebí para no salir de casa a buscar azúcar. Deje la taza sobre la mesa y recogí el móvil. Medite si había algo que me retuviera a hacer la locura que todos querían que evitara hacer. Observe mi apartamento, pequeño, con las cosas justas y necesarias, mejor dicho, con lo que podía alcanzar mi sueldo. El último trabajo que cobre, recuerdo que fue hace una semana, no gane mucho. No era precisamente un detective muy famoso, pero al menos era eficiente o eso decían mis clientes. La mayoría de mi trabajo era espiar a otras personas, eso me llevó a entender que los humanos somos desconfiados por naturaleza. Bueno, también participe en algunas actividades junto a la policía pero se podrían contar con los dedos de una mano.

Suspiré y empecé a marcar el número de mi compañero y amigo de barra, Lui. Suena, suena... y cuando pensaba que saltaría el mensaje de voz, lo coge.

- Dime, Ray. Si me llamas es porque ya lo has decidido ¿no? –Su voz sonaba distante

- Dime donde y cuando me puedo encontrar con ese contacto tuyo.

- Vale, te deseo lo mejor... - se escucha como revolver algo- ¿tienes donde apuntar? te dicto.

Me levante apurado y rebusque por los cajones poniendo todo patas arriba hasta dar con un blog de notas y un lápiz.

- Te escucho.- me apoyé en la madera vieja mientras apuntaba.




Los asesinos de Noir

Secuestro


-¡SOCORRO! ¿Hay alguien ahí?- digo mientras golpeo la puerta.

- Calla, de una puta vez. Nadie te va a oír aquí. Hasta que tu queridísimo marido no pague tu rescate te quedas aquí. Y si no paga en hoy tal vez tendríamos que enviarle un dedo tuyo o algo así para que se apure JAJA- resonaron sus pasos al marcharse.

No pude vociferara nada más, pues las lágrimas y los llantos me atragantaban. Mis manos estaban atadas con cinta aislante negra al igual que mis piernas. Me dejé caer sobre la pared mientras observaba la estancia, no había nada. Levanté la vista para ver una minúscula ventana con barrotes donde entraba la luz del día.

"Al menos aún es de día" me dije mientras intentaba recordar cómo había llegado aquí.

Me había levantado a la hora de siempre, había hecho lo típico de cada día... Cierto, cuando estaba tendiendo la ropa tuve una sensación rara y decidí entrar en casa, pero no llegue a la puerta, alguien me agarró y creo recibir un golpe, sí, después todo negro. Finalmente me despierto aquí. Sí creo que fue así. Pero me pregunto qué rescaten piden, no tenemos dinero.

- Dirigimos un orfanato, no podemos permitirnos un rescate...- dije en vano- Los niños deben de estar preocupados. Me pregunto si se recordaran de recoger la ropa tendida, el tiempo decía que hoy iba a llover.

El tiempo pasaba y no tenía más forma de calcularlo que mirando como el sol abandonaba la sombría celda. "Tengo que escapar" me mentalicé. Busque algo con lo que poder cortar la atadura. No había nada, ni una piedra sobresalía de su sitio. La sala de cada vez estaba más obscura, entonces note un aleteo proveniente de la ventana, algo entró. Se lanzó a mí e instintivamente me cubrí la cabeza mientras agitaba los brazos. Un graznido y pude separar mis manos. Me atreví a mirar, mis manos estaban liberadas y, después del segundo graznido, mis pernas también. Un cuervo esperaba en el suelo, sus garras brillaban, con ellas debió de cortar la cinta aislante. Me levante y corrí a la puerta, cerrada, sería extraño que fuera lo contrario. Se oían gritos provenientes del pasillo, pero yo no podía ver nada ni salir de aquí.

- No me puedo creer que me hayas llamado para hacer esto, como se entere el líder nos la vamos a cargar.- oía la voz de alguien acercándose- ¿Cómo que me has llamado porque soy el mejor ladrón? Ahora no me vengas con cumplidos...

No parecían ser las personas que me secuestraron por lo que empecé a pedir ayuda. Enseguida que se abrió la puerta me encontré un "médico de la peste"*, con su capa de plumas y su máscara picuda de cuervo. Retrocedí por un momento. Aquel ser, persona o lo que sea, se apartó para dejarme salir. Luego me indicó hacia donde tenía que ir. Algo asustada, intenté fiarme. No quise perderle de vista por si de caso. Entonces pude ver que iba acompañado, algo vestido con una capa de pelaje gris y mascara de mapache, se despedía de mí agitando su mano. Totalmente confusa avance por el pasillo, donde me encontré con varios cuerpos en el suelo, simplemente por el olor, preferí ni pararme a mirar. Corrí casi sin saber hacia dónde iba, pero entonces volvió a aparecer aquel cuervo y me guio hasta la salida. El ave, tenía paciencia y se posaba esperándome cuando lo perdía de vista o me paraba un momento a recobrar el aliento. Por fin llegue a la salida, al abrir me encontraba en una casa en runas perdida en medio de la nada. Mire a mi alrededor, no se veía rastros de civilización, entonces allí volvían a estar los enmascarados. Me asustaba más su apariencia que lo que hacían, en especial el médico de la peste, que siempre dejaba espacio entre él y yo. En cambio, el mapache era como más alegre y el único que hablaba.

- Mira, señora, le he conseguido transporte- dijo encendiendo los faros de un coche. – Alé, suba, que la llevó.

Yo no pude decir ni pio, por lo que me subí. El que iba de cuervo se quedó allí, sentía que lo conocía, pero debió ser mi imaginación.

El mapache me hizo bajar una calle antes del orfanato, camine apresuradamente y allí estaba mi marido esperándome en la puerta. No pude evitar abalanzarme sobre él y llorar por haber podido volver. Él tampoco me quiso soltar.

- Me nos mal que estas a salvo. Habían pedido un rescate desorbitante o sino me obligaban a darle el terreno del orfanato. Es lo único que tenemos

- ¿Para qué iban a querer los terrenos?- Me pregunté desconcertada.

- Esta misma tarde me llegó otra carta diciendo que tuviera paciencia y que esperara a la noche en frente del orfanato y mira, volviste.

Entramos dentro, los niños dormían y les ocultamos el secuestro. Al final no supimos quienes me habían rescatado ni porque lo hicieron.

Días después, apareció en las noticias donde supuestamente estuve secuestrada. El reportero decía que era el cuartel de un grupo de extorsionadores que se estaban adueñando ilegalmente de varios terrenos para usos aun no identificados. Todos los de interior habían sido asesinados y despojados de toda documentación.



*Médico de la peste negra: era un médico especialista que trataba a aquellos que padecían de peste durante el siglo XVII y XVIII Su traje de protección consistía de una túnica de tela gruesa encerada, una máscara con agujeros con lentes de vidrio y una nariz cónica con forma de pico, que era rellenada con sustancias aromáticas y paja. (Es una comparación que hace la mujer al ver al Crow)




Los asesinos de Noir

En Clase
Cuando pensaba que mi vida siempre sería una monótona rutina, un chico nuevo se transfirió a nuestra clase.

Era un martes cualquiera, con las mismas asignaturas y lo de siempre. Pero en hora de tutoría, se presentó en clase nuestro profesor junto a un nuevo alumno. Era raro que alguien se matricule ya entrado el curso. Aunque no se le dio mucha importancia tras ver al nuevo compañero. Un chico alto, yo me arriesgaría por un 1,70m por ahí, de piernas largas, piel clara y pelo de azabache bríllate. Con el uniforme medio desabrochado, su camisa dejaba volar a la imaginación. Cuando levantó la vista pude ver sus ojos color marrón, aunque la verdad me esperaba algo más llamativo. En comparación a su físico, era un rasgo de lo más normal.

-A partir de hoy tendremos un nuevo alumno, así que sed amables con él. Si quieres presentarte y comentar algo, adelante. — Introdujo el profesor.

-Me llaman Caín. Caín Luján Huestes y no soy muy dado a las palabras.- y no añadió nada más.

Todos mantuvieron la mirada en él. Su voz grave y algo fría, hizo que se me pusiera la piel de gallina, aunque por lo visto no solo a mí. Tenía media clase babeando a sus pies.

El profesor le indico, un asiento al final de la clase al lado de la ventana. Único sitió vacío, por cierto, somos unos treinta en clase. La hora de tutoría suele ser una hora bastante libre, así que me dispuse a hacer tarea. Aunque casi fue imposible, pues los de la clase son muy habladores y ahora todos estaban pendientes del alumno nuevo. Algunos compañeros se levantaron e intentaron entablar conversación con él pero parece que no funciono. Entonces un grito, proveniente del grupo pijo de clase, hizo que nos giráramos todos hacia ella. Eleonor siempre intentaba descartar y con ese grito acaparó todas las atenciones, incluso la de Caín. Se levantó de golpe junto con su grupo y se acercaron al chico, que no pareció ni inmutarse.

-¿Podrías firmarme aquí, por favor?- dijo pasándole una revista.

Yo me levante también para saber que estaba pasando.

-¿Qué es lo que pasa?- dijo el profesor, también levantándose.

-Pero... Es que no sabéis quien es él. Es uno de los modelos de la revista ^NewStyle^. Tiene de sobrenombre Karas, empezó de modelo desde muy joven y actualmente es uno de los chicos más buscados por las agencias de ropa e incluso parece que le han ofrecido para actuar como actor.

Fuertes gritos se alzaron al enterarse que había alguien del mundillo en su clase. A mí me daba la sensación que los días aburridos por fin iban a desaparecer.

Las clases siguientes fueron imposibles por la revolución que había en el aula.

Caín falto dos días después de eso, pero Eleonor nos enseñó una revista de París donde Caín estaba modelando.


Nieve en el Bosque

Capitulo 5
-Un sueño... hum...-me dije al verme flotar en la oscuridad.

Una luz me atrajo, llevándome a través de mis recuerdos, algunos que ni recordaba.

-¿Quién es toda esa gente, no las conozco?- dije llegando al final del sueño.

Note como si cayera al vacío y entonces me desperté sobresaltada. El corazón me latía a gran velocidad, mire a mi alrededor alarmada. Me tranquilice al verme en la habitación del santuario. Di un leve suspiro y me levante. Yo no recordaba haberme metido en la cama y aun así ahora me encontraba incluso tapada. ¿Cuánto llevaría durmiendo?

Abrí ligeramente la puerta, algo nerviosa sin razón aparente. Allí en medio de la sala se encontraban el guardián, con un tamaño más reducido y aquel chico de pelo blanco. Parecían hablar de algo muy seriamente.

-Que te he dicho de no molestar ni perturbar la tranquilidad de Hana

-Yo no he hecho absolutamente nada.

-Mira que ya te he explicado que las féminas son muy delicadas y sensibles, enseguida se las puede molestar o herir.

-Claro, me lo dice la voz de la experiencia, verdad, mujeriego...

Bueno, parece que no tan importante. Así que abrí la puerta y los salude.

-Buenos días o tardes- dije mirando al exterior sin reconocer que hora era en el cielo.

-Vaya siesta te has echado, pensé que ni un terremoto sacudiera los cimientos del santuario te desper...- dijo antes de que el guardián le mordiera.

-Ni caso, es normal, este lugar es perfecto para recuperar tus poderes y espíritu. Me gustaría presentarme como es debido, mi nombre es Jerome y este es mi hijo Ginrou.

-Psé- dijo girando la cabeza- no me da buena espina esta humana.

-Ajá- dije asintiendo- Espera, ¡Ginrou!

Ambos asintieron extrañados.

-Ul·la quiso que te diera las gracias. – Dije, hice una pausa y seguí- Pero ¿Qué ha hecho para ayudarla? Porque que yo recuerde, yo deje mi cuerpo para que pudiera hablar con Singajik... Así que...- dije con curiosidad.

-Si no hubiera sido por mí, no se hubieran ni encontrado. Fui a buscar el sagrado colgante que retenía a Ul·la a otros territorios. Siguiendo múltiples pistas que llevaban a caminos sin salida.

Jerome le interrumpió.

-Esa era tu misión y el resto era de Hana. Gracias a la colaboración de ambos, tanto la sacerdotisa Ul·la como el primer guardia Singajik se pudieron reunir finalmente.

- Sí, me alegre por ellos.- entonces me abarcó una pregunta- ¿Qué fue al final de su hijo Lycaon? ¿Lo sabéis?

- La verdad es que se sabe poco, solo rumores- comentó Jerome.- Pero dejemos eso de lado, te traje ropa de sacerdotisa. Mientras aprendes lo básico, tienes que quedarte aquí. Después de que aprendas varias cosas te llevare conmigo a ver los dominios y ver desde los Mushi hasta los demonios que los habitan.

- Vale- dije dando la vuelta, no sin antes despedirme de Jerome. Este se marchó junto a Ginrou para darme privacidad.

Encima de la mesita baja había varias telas. Las recogí y las observe con detalle. Todas ellas eran preciosas y muy cuidadas, pero se veía que el gusto a la hora de vestirse era algo anticuado. Así que decidí mezclar un poco de cada traje. Una túnica blanca larga, la recorté pues me arrastraba, me hice unos pantalones cortos negros, conservé el lazo rojo que se ata a la cintura, y dejé que las mangas fueran acampanadas y algo largas para esconder cosas en ellas. Como parecía que no llegaba nadie, prepare con la tela de los trajes sobrantes otro traje por si ocurre alguna urgencia y había que cambiarse. Lo guarde en el armario. También deshice lo poco que traje en a maleta y lo guarde. Aquella habitación pequeña quedó como mi habitación, así que moví la mesa baja para que hiciera de mesita de noche. Como el armario veía difícil moverlo lo deje donde estaba. Algo cansada con la preparación de la sala, me senté en el suelo.

- Cuando pueda salir supongo debería reunir algo para que me sirviera de sofá o al menos una silla... o algo para no sentarme en el suelo.

Di un suspiro y me tumbé, entonces puede ver en la esquina dos Pox que me observaban con sus grandes ojos blancos. Me fui acercando hacia ellos, pero se espantaron, escondiéndose en una rendija de la pared. Entonces me acorde, fui a la maleta y saque uno de los frascos de azúcar, y cogí unos granos en la palma. Volví rápido y se los enseñe. Por un momento solo dejaron salir sus filamentos negros, dudosos cogieron uno de los cristales dulces y se lo llevaron. No tuve que esperar mucho hasta que decidieron salir. Al principio eran dos, pero después aparecieron cuatro, ocho, doce... Cuando me quise dar cuenta había un montón de diminutos Pox saltando por mis alrededores. Al principio reía con ellos al jugar, pero poco a poco empecé a notar que perdía fuerza, algo la drenaba. Estaba a punto de desmayarme cuando Smilodon llegó y de un rugido espanto a los Pox que volvieron a la pared asustados.

- Hana, estar tú bien. Oler rico- dijo olfateando mi pelo.

- Creo que si, al menos ahora- dije sentándome y agarrándome la cabeza, sentía como si me fuera a desmayar en cualquier momento.

- Eso sido peligroso. Pox absorber energía sacerdotisa ser fuente energía.- dijo, pero solo puede fijar mi vista en sus largos colmillos de dientes de sable.

- Así que yo doy mi energía a los Mushi...- me sentía más incorporada.- Pero parece que tiene un límite...

- Claro que lo tiene, estúpida humana. Nunca lo has intentado y ahora te dejas tocar por esa enorme cantidad de microbios. Los Pox son inofensivos si son pocos, pero en tal cantidad están para matarte.- dijo Ginrou entrando por la puerta.

- Bueno, hasta que no pasan cosas como estas no se sabe. Ahora tendré más cuidado. Muchas gracias Smilodon- y le di un ligero beso en la mejilla.

El pequeño se sonrojo de forma muy adorable, pero entonces me pareció que su cabellera anaranjada se volvía más brillante, y no solo era cosa mía porque Ginrou también pareció sorprenderse. ¿Le habría cedido energía? Me pregunté, pero no me atreví a preguntar. Porque Smilodon me enseñó la fruta que había traído para mí.

- Muchas gracias, sobre todo por no traerme un animal muerto...- dije sin querer en voz alta.-Perdón...

- Yo saber tú no comer pájaros pequeños, solo rica carne... Pero Smilodon no saber cazar presa grande... Demonios fuertes tener territorios de presas ricas.

- En resumen, que si quieres que cace un ciervo tiene que adentrarse en el territorio de algunos demonios muy fuertes, y él no está para eso. Así que con la fruta te apañas... Sino, ves a cazar tú.

- ¿Ya basta no, Ginrou? Yo no me he quejado de la comida, agradecida estoy. Y no voy a pedir nada. Si me quedo aquí me ganare la comida.- protesté.

Como nos pusimos a discutir, Smilodon se escondió en mis brazos agachando las orejas. El lobo cedió y se marchó. Con algo más de paz pasé el resto de la tarde jugando con el pequeño tigre dientes de sable.

El día siguiente empecé a escribir todo lo que iba aprendiendo, o al menos lo que descubrí desde que estoy en el templo. Y también para explorar los alrededores, o hasta donde podía ir, pues la barrera aun no la podía atravesar. No lo supe hasta que lo vi, pero Ginrou estuvo durmiendo en un árbol próximo al santuario mientras yo vivía dentro. Es un enorme sauce llorón. Contrastaba con la imagen del lobo durmiendo en una de sus ramas. No lo desperté, pero estaba segura de que él estaba consciente de que me encontraba allí abajo observándolo, puesto que sus orejas se movían al ínfimo ruido.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

Él no respondió.

- ¿Tanto odias a las personas? ¿o es solo a mí?

- Los humanos son extraños, efímeros, frágiles... Corruptos, malévolos... Da igual mis razones. Cada cual que piense lo que guste.- y se volteó.

- Entiendo...- le dejé solo.

Al volver a la entrada del santuario estaba el guardián Jerome allí.

- Siento que tengas que lidiar con su mal comportamiento, pero no se lo tengas mucho en cuenta. Mi pareja fue, ejem... "Cazada" por las personas... Supongo que tiene un poco de rencor por ello.

- Yo, no lo sabía... Así que le traigo sufrimiento...- me arrepentí de ser dura con él.

- No te sientas así. Si todos le tuvieran compasión por ello, se hundiría más. La naturalidad le ayuda a mejorar. Por otro lado, fue él quien te salvó cuando un joven humano te cargaba bosque adentro. Detectó tu presencia y de inmediato te reconoció. Por ello te rescató y te dejó el colgante, pues estaba en mitad de la misión, así puedo terminarla.

- Eso tampoco lo sabía, tendría que agradecerle, supongo... Aunque seguro protestaría como siempre hace... Espera, ¿entonces fue Ginrou quien mato a Poxle?

- No, no fue él. Aunque si lo espantó y algún arañazo se llevó. No es un lobo tan sanguinario.

- Ya veo. Supongo que eso me tranquiliza, aunque me sigue inquietando quien pudo ser...

- Sabes, Klok ha venido varias veces a dejar ofrendas, así como varios humanos más a reparar el pequeño templo del mundo humano.

Eso me alegro, pero al mismo tiempo me inquietaba, pues se estaban adentrando en el bosque para probar de verme de casualidad.

- Al menos están bien... Espero que nunca les ocurra nada por hacer ese viaje por el bosque.

- No te preocupes, si la Klok va con ellos no tienen tanto peligro. Por otro lado, mañana empezare tu adiestramiento. Así que descansa.

- De acuerdo, lo espero con ansia.

Capitulo 6->


Nieve en el Bosque

Capitulo 4
El último día de la semana, la sabia vino a saber mi respuesta. Con decisión y sin titubeo accedí ante la petición del nuevo guardián del bosque. Mis padres protestaron y me decían que cambiará de opinión, pero yo ya estaba decidida.

Mi abuela me dijo que al principio, en el bosque de las sombras, me trataran como una humana, así que llenara una pequeña maleta con un poco de todo lo que fuera a necesitar. Siguiendo sus indicaciones, metí algo de comida y ropa. Por parte de mis padres añadieron algún libro, papeles y lápices, decían que escribiera mucho, por si olvidaba como escribir en nuestra lengua. Eso me hizo gracia, tampoco es que me fuera a la edad de piedra y olvidara todo. Mi hermano aportó la máscara que uso el día de la función. No entendí muy bien porque, pero la acepte. Y finalmente, yo guarde unos pequeños frascos de azúcar. Quería hacerme amiga de los Pox del bosque.

Esa misma tarde me marche.  Todo fueron lágrimas, besos y abrazos. Toda esa escena se alargó hasta llegar a la entrada del bosque de las sombras. A partir de ese punto solo la sabia y yo entramos. Y nada más entrar solté al Pox, que me dio la abuelita, que ya deseaba flotar entre los árboles.

-¿A dónde vamos?- dije mirando nuestro alrededor.

- A un pequeño santuario abandonado que ahora usa el guardián del bosque de vez en cuando. – dijo la sabia avanzando con mucha soltura por el bosque.

-Vaya, sí que hay de cosas abandonadas dentro de este bosque- dije sabiendo que también había una pequeña caballa cerca de la entrada del bosque.

Cuanto más avanzábamos más espeso y oscuro era el bosque. Mi abuelita me guiaba con mucho cuidado de que no me separara demasiado. Ella parecía conocer con todo detalle cada arbusto del lugar, mientras que para mí todo era exactamente igual.  Empezaba a temer quedarme sola allí, sin nadie conocido y con esa facilidad de perderse en el bosque.

Menos mal que la maleta de mano que llevo no pesa mucho, porque estuvimos caminando sobre una media hora, y era impresionante ver como yo me empezaba a cansar y la sabia seguía caminando tan fresca como una rosa.

Por fin llegamos a un pequeño claro donde suaves rayos del sol escapaban de las hojas de los grandes árboles, iluminando un pequeño y humilde santuario de madera. Dos pilares que formaban un arco, precioso seguro en su época, nos hacían de entrada. Caminamos por un pequeño camino de piedra, que ahora estaba plagado de pequeñas plantas entre las grietas. Nos paramos justo en frente de la entrada del maltrecho santuario. Lo único impoluto es la figura de un espléndido lobo.

-Este santuario se construyó hace muchos, muchos siglos para venerar al guardián del bosque. Tan querido y protector que le llegaron a catalogar de dios.

-Así fue Klok, y bien hecho al traerla y no resistiros a los pedidos del guardián- dijo una potente voz que resonó por el claro.

Me acerque más a la sabia, con temor de que atacaran o algo.

-Aún no me has dicho que vas a hacer con ella.- dijo alzando más la voz.

-Si lo hice, le enseñaremos su verdadera naturaleza. – tras esas palabras el claro se oscureció, dejando paso a brillantes ojos entre esa obscuridad.

-¡¡Fuera demonios!!- dijo lanzando algo mientras me protegía de la oscuridad que parecía moverse.

-Abuela…- dije tocando su hombro.

-No te preocupes- me dijo- aquí tienes, es sal, creo que la vas a necesitar si te quedas por aquí…- dijo mientras me dejaba un pequeño saco.

La oscuridad se volvió sombra y se disipo como si nunca hubiera estado allí.

-Klok, te puedes marchar ya. Nosotros cuidaremos de ella.

A la sabia no le quedó más remedio que acatar el mandato. Aunque lo hizo a regañadientes y sin apartar la vista de mí mientras se alejaba. Yo me quede inmóvil viendo como la anciana se alejaba y me quedaba sola en aquel claro totalmente en silencio.

-Por el amor de Ul·la que complicados llegan a ser los humanos. Ni que fuéramos a comerte.- dijo aquella voz detrás de mí.

Poco a poco me gire con miedo a ver al guardián. Un rayo de luz me deslumbró, haciendo que tardara un poco en distinguir algo. Frente a mí, una especie de perro-lobo, con un curioso pelaje, gris claro a excepción de: el lomo y parte del hocico que era negro, y un color marrón alrededor de los ojos y el morro que formaban tres triángulos en cada lado de la cara. Como si llevara una máscara. Su tamaño era considerable, más grande que un lobo, pero más pequeño que Singajik. Sus ojos, un azul y otro verde, se posaron en mí. Quise escapar, pero no sentí ninguna clase de peligro.

-Eh… em… Eres el nuevo guardián…- dije algo entrecortada.

-Bueno, actual ahora, ha habido unos cuantos más después de la desaparición de Singajik, el sagrado. – dijo sin moverse. – No temas, siéntete como en casa. Vivirás en el santuario hasta que te costumbres al lugar o dejes esa piel humana atrás.

Aparté ligeramente la vista para ver el santuario, que era mejor que nada. Entonces me percate de algo, mire a mí alrededor algo alarmada. Ya no estaba en el bosque, sino dentro de una especie de burbuja. Volví la vista hacia el santuario, que ahora estaba totalmente arreglado y lucía un color rojo madera precioso.

-Ahora estamos dentro de mi barrera, mientras no te acostumbres, aquí estarás a salvo. Así que no salgas fuera. No todos los demonios somos simpáticos- dijo mientras se acercaba al final de la barrera.- ves acomodándote- entonces salió fuera.

No respire tranquila hasta que vi como su último mecho de la cola salía fuera de la esfera. Después de dar un leve respiro mire hacia el restaurado templo y decidí echarle un vistazo.

Mire un poco por los alrededores, ahora estaba totalmente arreglada y limpia. Los pilares tenían un ilustre color marrón oscuro que contrastaba con el santuario.

Camine hasta la puerta y me la encontré medio abierta, entrando muy despacio, tocando a la puerta y añadiendo un “ahí alguien”. Acabe infiltrándome en el interior. La sala del interior era enorme, no había muchos muebles, solo una especie de armario, una mesita baja y una cama si le podías llamar así a un colchón de lino en el suelo. No me pregunte como, pero había pasado por alto que justo encima de la cama había un chico durmiendo. Deje silenciosamente la maleta de mano en el suelo, aunque si no se despertó cuando hable desde la puerta, no se despertaría ahora. Me acerque hacia el muchacho. Me incline un poco para observarle. Su pelo era de un blanco puro y sus pestañas eran largas, su rostro parecía algo irreal, demasiado perfecto para ser real. Algo en él me empezaba a hipnotizar y a sumirme en ese blanco, por suerte un ruido a mi espalda me hizo regresar a la realidad. Supuse que era un demonio aquello que estaba intentando abrir la maleta a la fuerza, sin mucho resultado. Pensé que podría ser un niño, hasta que se giró hacia mí y pude ver su rostro. Dos colmillos sobresalían de su boca y las orejas anaranjadas como su pelo se movían captando los silenciosos sonidos.

-Es una cría de dientes de sable, yo que tú tendría cuidado con ella, chica humana- dijo una voz detrás de mí.

El chico se había levantado y me miraba con unos fríos ojos azules. Su cabellera era larga y se movilizo cuando dio un sonoro bostezo donde se pudieron vislumbrar dos peligrosos colmillos. El niño dejo por fin la maleta, desistiendo de imposible, y salto en tres agiles saltos hacia la cama, donde se acurruco en el regazo del muchacho.

Recogí mi maleta, con enormes arañazos, del suelo. Aquellos dos se quedaron sentados en la cama mirándome ir y venir, mientras examinaba otras dos habitaciones más pequeñas y un baño, que componían todo ese trozo de santuario. No me cuadraba que en el interior no hubiera la zona de rezo y todas esas cosas típicas.

Me paré enfrente de ellos y señale la cama añadiendo un: -No estoy dispuesta a compartirla.

- Normal, tú en el suelo- me respondió el chico sin ni siquiera inmutarse- llevamos más tiempo que tú aquí.- Y se volvió a tumbar.

Ya con el enfado a flor de piel, se me ocurrió una brillante idea, saque de mi bolsillo unos trozos de tela y las enrolle formando algo similar a una pelota.  La pase de una mano a la otra mientras las expectantes miradas de aquellos chicos la observaban.

-A por ella- dije tirándola lejos.

Cuando vi que saltaron de la cama, rápidamente la empuje a la otra habitación vacía. Por si acaso me quede delante de la puerta para que no pasara.

-¡¡Qué me has visto cara de chucho!! ¡¡Soy un L-O-B-O!! A ver si te queda claro humana estúpida- dijo volviendo con el niño en brazos.

- Pelota tuya – dijo el niño a largando su mano con la pelota de tela en ella.

Me incline un poco, para ponerme a su altura, sonreí ligeramente al ver sus nítidos ojos de niño pequeño.

-Puedes quedártela

- ¿Tú dar pelota a mí?- dijo inclinando la cabeza

-Sí, así puedes volver a jugar con ella.

El niño hizo una agradable sonrisa agarrando las telas mientras movía las orejas y la cola alegre.

-¿Cómo te llamas?

- Smilodon  y ¿tú?

-Soy Hana- me enderece- Llámame así, nada de humana, que dicho por ti, parece que me desprecias.

-¡JA! Pues espera sentada, si necesitas algo, procura no llamarme y dejar que te devoren los demonios en silencio- dijo mientras salía fuera del templo.

Al ver que me habían dejado sola, entre en la habitación, cerré la puerta y me tumbé en la cama molida y cansada por la experiencia de haber conocido a alguien tan desagradable como aquel chico de pelo blanco.


Utopía

Utopía 


Soy una persona muy afortunada. Tengo un padre, una madre y un hermano mayor. Voy a clase y estudio mucho. Y vivo en un país con enormes muros que nos protegen del mundo exterior, lleno de personas salvajes. Nuestras vidas ya están organizadas desde que nacemos y nunca hay mal en este lugar. Pero un día quise empezar a preguntarme el porqué de las cosas que me rodeaban. Lo malo fue que no me gustaron sus respuestas:

<< ¿Por qué las mujeres tienen que cuidar la casa? Porque es el trabajo de una mujer y siempre ha sido así; ¿Por qué las niñas no hacen las mismas clases que yo? Porque no lo necesitan; ¿Por qué los sirvientes tienen otro color de piel? Porque eso los distingue de los demás; ¿Por qué esos enormes muros? Para no mezclarnos con los salvajes; ¿Por qué todos hemos de vestir igual? Porque solo los raros destacan. >>

Insatisfecho con las respuestas y queriendo ver algo más que este maravilloso mundo que decíamos vivir, atravesé el muro y al otro lado no encontré bestias salvajes ni nada parecido. Lo primero que me encontré fue una calle donde había niños y niñas jugando todos juntos. Ellos vestían ropas, para mí, extrañas y sus pieles eran diferentes, y aun así estaban todos juntos jugando y divirtiéndose. Uno de los chicos se acercó a mí y me invitó a jugar. Él sería el primer amigo que haría aquí fuera. Jugué con ellos hasta tarde.

Al día siguiente y al otro, volvía para seguir jugando y viendo aquel mundo. Era grande, sin límites, no había muros ni barreras. Todos eran muy simpáticos y amables entre todos. Nadie era superior por color o género, y eso me gusto porque pude estar en conversaciones y juegos con todos sin que nadie te mirara raro. Poco a poco fui prefiriendo el exterior. Llegó el momento en que ya no volví a entrar por aquellos muros. Y entonces empecé a vestir a mi gusto, a hacer cosas que yo quería y a luchar para intentar cambiar el interior. Un día le pregunte a mi amigo:

<< ¿Por qué han puesto un muro tan alto?

- Fue construido sobre incomprensión e ignorancia. Se sostiene porque hay gente que quiere sentirse superior a otros. >>


Por una vez pude decir que estaba de acuerdo con aquellas palabras y sugerí la idea de cambiar ese lugar que era tan pequeño en comparación al exterior, pero suficiente grande para los que había dentro. Mi amigo se rio pero yo no perdía la esperanza de abrirle los ojos a aquellas personas.

Las Luces del Mundo (Especial Navidad)

Las luces del mundo


Era la noche de Navidad. En una cálida habitación, había cuatro velas encendidas. Eran cuatro preciosas velas que protegían el mundo. Sin embargo, esa noche, las velas empezaron a hablar con tristeza:

- Mi nombre es Paz. Pero lo único que hace la gente es pelear. Aparentemente, no me necesitan.

Así que dicho eso, su llama chispeó con fuerza y se apagó.

- Mi nombre es Fe. Pero el mundo no trata de creer en Dios. Entonces, pueden seguir siendo ignorantes.

Así que también ella lamentó su desamparo y desapareció.

- Y mi nombre es Amor. Confiaba en que alguien me encontraría, pero la gente se preocupa sólo por sí misma. Enfrentado a la gente que ha perdido de vista a aquel al que aman... Me marcho en tristeza.

Al final, solo quedó una vela. Entonces, un niño subió corriendo y les dijo a las tres velas apagadas:

- ¡No podéis apagaros! ¡Paz, Fe, Amor, no podéis iros! Os necesitamos...

Y, después de que el niño hablar y llorara, la vela que quedaba encendida dijo:

- No pasa nada. Porque mi nombre es Esperanza. Mientras yo esté aquí, todas seguiremos brillando.



Historias finalizadas

Aquí está la lista de mis historias acabadas :D Espero que os gusten ^^
(Como están terminadas no tenéis que esperar a que las escriba y suba x'D )


La Hechicera y el Aprendiz
Acto 1: Introducción
Acto 2: Primeras impresiones
Acto 3: Primeras preguntas
Acto 4: Siguen las preguntas
Acto 5: Ronda de cuestiones
Acto 6: Se acaba el interrogatorio hora de decisiones.
(Ahora según lo que has leído en los actos anteriores, decide el final correcto ^^)
Final Leo Rojo
Final Leo Amarillo
Final Leo Verde
Final Leo Azul
Final Leo Lila
Final Leo Raro ...
Extras:
Secuela
Precuela

La Marca del Destino



CAPÍTULO 11

Después de un corto descanso, volaron en dirección al refugio del que hablaba Zess. Livius se sentía más cómodo ahora que montaba a Darklore con la silla. Traía unas cintas de cuero y una especie de estribos que permitía que se quedara bien agarrado al dragón. Ahora, aunque se inclinara o se balanceara, permanecía bien sujeto. Todos estaban muy cansados, pues pronto se haría de día y no habían dormido nada. Aunque Livius sintió que en algunas ocasiones cerraba los ojos. En la noche, tanto el dragón negro como el ave pasaban desapercibidos, pero ahora que empezaba a despuntar el sol, serian un blanco fácil para cualquiera que alcé la vista.

-Por cierto, donde está el refugio ese al que nos dirigimos- dijo Livius para mantenerse algo despierto.

-Desde aquí casi se empieza a ver el lugar, está escondido en la sierra que recibe el nombre de los colmillos del demonio. 

- Es un buen sitio, eso está lleno de montañas altas y todas muy juntas que hacen difícil acceder muy dentro, a aparte el nombre ya da mal rollo.

-Exacto, y el refugio es también una montaña, algo particular en el interior, pero que por fuera es igual a las otras, por eso es difícil encontrarla si no eres de allí jeje

- ¿Tú eres de allí?

-No, pero si tengo amigos allí.

Avanzaron entre Letere y Ledere, por encima del Valle de Nero, cruzaron el río Leviathen y llegaron a los colmillos del demonio cuando el sol ya estaba sobre el horizonte. En esa sierra, Zess se ocultó entre las montañas, volando bajo. Así que, tanto Darklore como Alice, tuvieron que hacer maniobras y movimientos precisos para no chocar contra las montañas y rocas del camino. Entonces después de ese camino de obstáculos, Alice empezó a subir verticalmente por una montaña bastante alta. Livius tuvo que sacar de su zurrón una manta, pues cuanto más subían más frío hacía. Aunque esta no era una de las montañas más altas, hacía un frío muy raro al acercarse a la cumbre. Zess y Chisa también se taparon. Pero llegaron a la cumbre, sin pasar mucho frío, pues Alice se encargaba de alejar la nieve que se formaba y Darklore calentaba el ambiente con sus llamas. Livius se sorprendió al ver que la cumbre de aquella montaña tenía un agujero hacia dentro. Alice plegó las alas para poder entrar y empezó a descender. El dragón no tuvo problemas para entrar. Según descendían, en las paredes del agujero asomaban palos, que Darklore y Alice tenían que ir esquivando para seguir descendiendo. Livius se paró a mirar que esos palos eran para posarse en ellos, pues al otro extremo se abrían agujeros y grietas que parecía refugios, madrigueras o cuevas.

Por fin después de tanta bajada, Alice se posó en uno de esos palos. Darklore siguió su ejemplo y se posó, pero en otro un poco más alejado. Zess y Chisa bajaron del ave y avanzaron por el palo hasta la cueva que se abría al otro extremo. Livius no sabía qué hacer, pues estaba lejos de poder alcanzar el otro lado.

Podías haberme dejado con ellos…

Hum… Podría, pero casi como que no… Solo tienes que entrar por esa grieta, seguro hay unas escaleras o algo para bajar, y ya los verás abajo.

Livius refunfuñó y se metió en la cueva. El espacio era grande, pues Darklore entro también con él. Había lino en el suelo, en mucha cantidad. El dragón lo tomo como una invitación y se tumbó encima.

-Bueno, veo que no me tengo que preocupar de que vayas a esta bien.- dijo Livius al divisar las escaleras para bajar.

El muchacho dejo al dragón disfrutar de esa mullida cama y empezó a descender por las escaleras. Era muy larga y en forma de caracol, así que incluso se le paso por la cabeza saltar por el centro para acabar antes. El final le esperaba un enorme salón, con una larga mesa en el centro. Zess y Chisa también acababan de bajar las escaleras.

-¿Que es este lugar? – su voz se hizo eco por lo espacioso del lugar.

-Este lugar se llama el refugio, aunque en sus buenos tiempos recibiera el nombre de Ouga, cuartel general de los candenza de la segunda capital del reino.- la voz de una persona mayor resonaba por la sala, así que Livius no estaba seguro hacia dónde mirar para saber quien hablaba.

El chico observo el lugar. Cuatro grandes pilares, que escondían en su interior las escaleras por donde bajaron, sostenían un gran techo de un pálido azul casi transparente. Todo, tanto paredes, pilares, techo… estaba recubierto de dibujos y grabados. Todo extremadamente decorado. Aunque en esa sala solo había una larga y gran mesa y muchas sillas, como muebles.

-Buenas señor Ortus, ¿qué tal está?- dijo Zess mientras se acababa de acercar a Livius.

-Pues no me quejo, aun me queda rato de trote jeje- dijo de nuevo la voz.

Esta vez si la pudo localizar, una puerta se abrió y de ahí salió un hombrecillo algo encorvado que se mecía una larga y blanca barba. Se apoyaba en un bastón y parecía temblar a cada paso que daba. Livius temía que ese hombre fuera a caerse o algo antes de llegar hasta donde estaban ellos.

-Oy, joy ,joy ¿quiénes son tus jóvenes acompañantes?

-Soy Livius, señor- dijo rápidamente.

-Chisa- dijo la niña aun observando la estancia.- Es verdad que este lugar es el legendario sitio, Ouga. Del que hablan tanto las historias.

- Bueno, tuvieron que reconstruirla, pero sí. Intenté que más o menos que las reparaciones no cambiaran como era el antiguo lugar.

-Vaya, así que es esta… Impresionante…– dijo Livius.- Cuando nos la contó Teresa, no me creí que existiría y menos con tanta esplendidez.

 -Seguro que estáis hambrientos, cuando lleguen mi mujer y mi hija, os prepararemos algo rico para comer.

-Que bien- dijo Chisa acompañada de un rugir de estómago.

Los presentes empezaron a reír un poco, y Chisa se avergonzó un poco.

Entonces una voz alarmada y nerviosa gritaba desde la nada:

-Ortus, cariño, ¡¡¡ven rápido!!! Hemos encontrado a Karla muy mal herida, ¡¡sangra bastante!! ¡¡Rápido!!

-Viene del recibidor, vamos…- dijo Ortus girándose y avanzando rápido, no lo parecía pero cuando se puso en movimiento, pareció rejuvenecer unos cientos de años.- Vosotros esperad aquí.

Zess ya ni estaba en la sala, nada más oír el mensaje salió pitando. Chisa y Livius se quedaron solos en la enorme estancia. Decidieron sentarse, mientras esperaban.

Que ha pasado, tu mente esta algo agitada.

¡Darklore! Pues veras, por lo visto han encontrado a Karla muy malherida.

-Livi, cuando podamos descansar en cama, ¿me contaras de nuevo la historia de este lugar?

-Claro, espero acordarme bien…

Pasaron unas horas, suficientes para que los niños se quedaran dormidos. La voz de Zess los despertó suavemente.

-  Buenos días, que tal si vais a desayunar algo caliente, seguro tenéis muchísima hambre.

Chisa y Livius se reincorporaron y siguieron a Zess. Salieron de esa sala y llegaron a un largo pasillo que parecía descender. Livius toco la pared, que era de piedra y estaba fría y húmeda. En ella había algo similar a registros de historias, grabados y escrituras, para él ilegibles. Cada ciertos pasos había puertas, el muchacho pregunto a donde conducían las puertas y Zess le respondió que eran habitaciones. Al final del pasillo había una enorme y colosal puerta. Los niños la observaron atónitos, parecía de mármol pulido, de lo blanca que era. Pensaron que se necesitarían muchas personas para abrirla, pero Zess apoyo un poco su mano, y esta se deslizo suavemente. Ante ellos una sala el doble de grande que la anterior servía de salón-comedor. Una gran mesa de granito ocupaba el centro de la sala y filas de bancos alrededor.

-Aquí es donde se come y se reunían antiguamente los candenzas- dijo Ortus, saliendo de una puerta lateral, acompañado de una mujer.

De esa puerta salía un dulce aroma a comida, y la mujer traía en cada mano un gran bol de algo humeante. Chisa y Livius se sentaron en el banco frente a la mesa, y la mujer les sirvió la comida.

-Chisa, Livius, esta es mi hija Urla.- hizo las presentaciones Ortus.

-Encantada- dijo la mujer.

-Igualmente.

Aquella mujer no era muy alta, estaba algo rellena y tenía unos musculosos brazos. Lleva un delantal marrón y cargaba una especie de cuchillo en un costado. Su pelo negro estaba muy mal cuidado y rizado.

Chisa y Livius devoraron la leche de cabra e incluso repitieron con algo de timidez. Al finalizar el segundo bol de leche, Livius no pudo retener más la pregunta y ataco a Zess.

- ¿Cómo esta Karla? ¿Qué le ha pasado? ¿Está muy grave? ¿Dónde está?

- Llegó con alguna herida grave, pero ahora está mejor. Se alarmaron mucho, pero no fue tan grave con para amenazar su vida, ella se las sabe apañar para escapar en situaciones difíciles. Ahora está en una habitación descansando. Aunque parece que tiene algo de fiebre.

- Mi madre está vigilándola, por si empeora o algo- dijo Urla.

- ¿Ya sabéis que le ha pasado, o quien la ha atacado?

- No, cuando llegó estaba inconsciente y aún no ha vuelto en sí.

- Bueno lo importante es que ya está en casa y bien- dijo Ortus alzando muy temblorosamente la mano.

-¿Cuánta gente vive aquí?

-Actualmente, pocos conocen este sitio. Así que oficialmente solo viven el señor Ortus, su mujer y su hija. Después están algunos que otro conocido que se deja caer por aquí, como es nuestro caso.

-Claro que antiguamente este lugar siempre estaba lleno y abarrotado, por eso son tan grandes las salar.

Livius noto la nostalgia y tristeza en la voz del anciano.
Capitulo 12->