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Los asesinos de Noir

Reaparece Ray, o ya no...

- ¡Jefe! Master- dijo un hombre que casi se tropieza con su propia bata mientras le intentaba alcanzar por el pasillo.- Menos mal que le pillo.
- ¿Y eres…?- arquea una ceja. 
- Ah, sí, perdone. Soy del sector 9, laboratorio de reseteo.- se recuperó.- venía a informarle de malas noticias. Si podría hacerme el favor de seguirme hasta la sala…
- Está bien, aún tengo algo de tiempo- comentó mirando su reloj. 
Avanzaron por los pasillos y algunas compuertas de seguridad. 
- Los cinco individuos que trajo no han soportado el entrenamiento, dos de ellos han perdido la cabeza, suicidándose, otros dos han caído en estado vegetal y el último ha sido reseteado de más, quedado un hombre adulto de cuerpo pero mentalidad de un niño- le pasaba los papeles que contenían fotos y demás información.
Llegaron a la sala y le ofreció una silla al hombre, mientras el científico rebuscaba en uno de los cajones del escritorio.
- ¿Y me traer para esto? Podrías haberme dado los papeles directamente- los arroyó sobre la mesa.
- ¡No!, lo que realmente quería decirle es que el individuo que me trajo ya hace seis meses si ha superado las pruebas. Ha sido un éxito dentro del laboratorio. – extrajo las hojas confidenciales y se las mostraba.
- Hum… ¿Ray Collins? De que me suena- tamborileó en la mesa- ¡Ah! Ya, los laboratorios del profesor Collins, L.E.Collins, cierto, cierto…- observó con más ganas los papeles- si realmente era hijo suyo me creo que haya pasado las pruebas. Ese hombre estaba enfermo.
- ¿Enfermo, señor?- se inclinó curioso.
- No enfermo de salud, hombre. Digo enfermo de la cabeza, si supierais las cosas que le hizo a la hija. Y lo peor es que la mujer lo sabía y allí que estaban como familia perfecta. – se levantó- Por suerte, Crow se deshizo de todo y de todos. Nunca olvidaré los ojos del chico aquel día, no eran humanos. Era lo que el profesor Collins tanto deseaba y anhelaba… Y ahora es mío, solo me obedece a mi.- se paró junto a una sombría sonrisa – Vayamos a ver al sujeto “Ray”
- De inmediato, por aquí- indicó el camino por los estériles pasillos del edificio.
El científico se paró frente a una puerta muy diferente a las anteriores, esta de plomo y muy gruesa tuvo que ser abierta por dos robustos guardias que hacían de centinelas por los pasillos.
- Todo es por seguridad, aún se encuentra algo inestable. Pero puede responder a cientos impulsos o palabras. Hemos dejado el mínimo de recuerdos de los que poder beneficiarnos para que obedezca. – comentó mientras se extraía del bolsillo de la bata una especie de mando.
- Sí, vi que lo ponía el informe. Veamos como esta.
La puerta se cerró tras de ellos y las luces del interior se encendieron. Al fondo de la sala estaba sentado Ray en una silla, atado de pies y manos a esta. Tenía la cabeza agachada. Una pared de cristal los separaba de él. Master abrió la puerta para acercarse, aunque el científico no se lo recomendaba. Ray de inmediato que sintió su presencia alzó la cabeza, pero lo que surgió de él no fueron palabras sino gruñidos primitivos mientras mostraba las fauces como si de un animal se tratara. Forcejeaba con la silla mientras daba bocados al aire. Sus pupilas se habían rasgado. 
- ¡Hola!- dijo mientras avanzaba un poco- Veo que no estas de humor. Pero qué te parece si te digo que se cosas sobre Susan.
De golpe se quedó quieto y su cabeza se volvió a inclinar. Parecía volver a sus cabales. Cuando alzó de nuevo la cara, volvía a mostrar humanidad.
- Su..san- pronunció con la garganta seca.
- Así es, quieres encontrarla ¿no?- se acercó un poco más- Obedéceme a mí y juramente lealtad solo a mí, y yo te daré eso que tanto deseas.
- No está muerta, no estaba muerta- empezaron a correr lágrimas.
- No, no lo está. Todo lo que has sufrido valdrá la pena si aceptas mi ayuda.
- Sí, sí, lo que sea- respondió con el pulso acelerado.
- Así me gusta- sonrió- Dime ¿Cómo te llamas?
- Yo… yo me…- hizo una pausa y su cara cambió a asombro pues no lograba recordar nada de él mismo- No lo sé… ¿Quién soy?
- Eres Garou, de ahora en adelante responderás a ese nombre y a cambió de obedecerme te daré cosas sobre Susan.- se dio la vuelta para salir.
La silla rechinó ante el forcejeo de nuevo, esta vez sí logró soltarse, pero llevaba un colar para esas situaciones y en ver que se abalanzaba sobre el Master, el científico apretó uno de los botones del mando haciendo que el hombre se desplomara en el suelo inconsciente y acalambrado.
- Aun no sirve, está muy inestable- le pichaba con el bastón- Parece que aún no le concuerdan las cosas. De ahora en adelante sigue con las terapias y procedimientos pertinentes, pero siempre dirigiéndoos a él como Garou. ¿Está claro?- dijo cerrando la puerta.
- Sí, señor- respondió el científico feliz por poder seguir su investigación- Mi equipo y yo no le fallaremos con él.
- Eso espero. Eso espero.- se marchó dejando tras él una tétrica risa. 

Los asesinos de Noir

Dos Meses después
-¡Hey, tú!- dijo Jake acercándose a un hombre que fregaba el suelo del pasillo.

Aquel hombre, vestido de chándal, levanto un poco la vista sin importarle mucho que lo hubieran llamado, hasta que vio la placa del policía.

- ¡Ah, no! No quiero problemas con la pasma, si buscas a alguien cógelo y sácalo de aquí.

- En que habitación vive Ray Collins.- guardando la placa.

- En la trece, al final del pasillo.- dijo sin soltar la fregona.- Es extraño, es el único inquilino que parecía normal y no molestaba a nadie. Y paga cuando toca, que eso se agradece.

- Ya, lo que sea.- dijo avanzando por el pasillo del destartalado edificio.

Enfrente de la puerta lo único que pudo pensar era el mal número que tenía enfrente. Aclaró un poco su garganta y golpeo con los nudillos la vieja madera de la puerta.

- Ray, soy yo, ¿Estas en casa? Varias personas han preguntado por ti y...

Al no recibir respuesta acercó el oído, pero el interior estaba silencioso. Se maldijo al no conseguir encontrarlo, por lo que, frustrado, dio media vuelta y empezó a avanzar hasta la salida. Entonces le llamó la atención un muchacho que estaba intentando abrir un buzón. Jake simplemente iba a ignorarlo, pero entonces se percató que ese buzón era el número trece.

- ¡Hey, tú! ¿Qué estás haciendo?

El chico emprendió una rápida huida, que enseguida fue detenida por un disparo por parte de Jake. El disparo fue dirigido al marco de la puerta, pero suficiente cerca de él como para hacer que se tuviera que parar en seco. Jake, agarro al muchacho por el cuello del chaleco por si decidía volver a escapar.

- ¿Quién eres y que coño estabas haciendo en el buzón?

- Soy un amigo de Ray, solo vine a ver si había vuelto.

- ¿Vuelto? ¿De dónde?

- Eso es información confidencial.

- Bueno, así que confidencial... ¿Y qué buscabas en el buzón? Y no me vengas conque buscabas correo.

- La llave de su habitación. Cuando te marchas y no sabes si vas a volver, se suele dejar guardada en el buzón.

- Eso ya lo sé, pero la cuestión es saber el por qué de eso. ¿Cuánto llevas sin ver a Ray?

- Dos meses aproximadamente...

- ¡Me estás diciendo que lleva desaparecido dos meses!- dijo mientras mantenía la ropa del chico fuertemente sujeta.

- ¿Miramos su habitación?

- Bien, pero espero que no hagas nada raro.

- Claro que no comisario Jake Cattleman. – comentó mostrando la placa identificativa de Jake.

- ¿Cómo has...?

Jake lo bajo y palpo su chaqueta. En ningún momento se dio cuenta que aquel granuja le había robado la placa y la cartera. Amablemente el chico le devolvió las pertenencias al policía, sacaron la llave del buzón y volvieron a la habitación.

- ¡Con permiso!- dijo antes de abrir.

- Así que un carterista con educación ¿eh?

- Perdone, es lo mínimo. Es un amigo. Y no soy carterista. Soy informador.

Al entrar la habitación estaba vacía. Como si nadie viviera allí. Había varias cajas, en el salón, al lado de un viejo sofá y la mesa.

- Parece que fuera a mudarse.

- Hay una nota encima de esta caja

Jake se acerca al muchacho que comenzó a leer en voz alta el papel.

- "Hola, a quién lea esto. Lo más probable es que seas Lui o tal vez el gruñón Jake se ha dignado a buscarme. No he sido capaz de contener mi instinto de detective y me he adentrado en una investigación en la cual puede que nunca vuelva. Consciente de eso, he dejado mis pertenencias empaquetadas, para que resulten más fáciles de tirar por ahí. Pero tengo que pedir un favor, aparte de darme de baja en el apartamento, me gustaría que estas cosas fueran dadas a gente que las necesite. Mayoritariamente es ropa y algunas latas de conservas. La verdad es que en esta vida he tenido muy poco a pego a las cosas materiales, de ahí que no tenga nada. Siento que estoy escribiendo una carta de suicido, pero si aparece mi cadáver por ahí, no lo ha sido. Dejo de escribir estas deprimentes cosas. Se despide: Detective privado Ray Collins."

- ¿Quién es Lui?

- Yo. Esto tiene pinta de haberlo escrito cuando aún estaba medio borracho, desde cuando te despides así de tus compañeros... - dijo agachando la cabeza mientras apretaba los puños.

- Pero que se le ha ocurrido a este desgraciado hacer.- dijo Jake pegándole una patada a la mesa.

- Ir tras la pista de unos asesinos- comentó mientras abría una de las cajas.

Ambos se quedaron en silenció en aquel vacío cuarto. Solo el tic tac de un reloj dentro de la caja marcaba que el tiempo pasaba.


Los asesinos de Noir

Ray, el detective y El Pléyades
Conocí a Lui en una de esas misiones que te envían a los barrios bajos de la ciudad, donde encuentras la escoria de la humanidad. Y aun así, es un buen tipo, uno del cual fiarte. Su trabajo puede ser no uno de los más legales, pero tenía una moral justa fuera de serie. Su intuición era certera y tenía mucha suerte, por ello llegó a sobrevivir en los bajos fondos.

Siempre que necesitaba información acudía a él, nunca me fallaba. Pero aquella vez, me hizo cuestionar un poco si su información era de fiar.

No sabía si de esta búsqueda volvería a casa, por lo que empaqueté las pocas pertenencias que tenía. No ocupó mucho más de tres cajas. La habitación no pareció cambiar mucho aun después de haber vaciado todo. Aparte un maletín, donde llevaría lo imprescindible. Finalmente dejé las llaves de la casa en el buzón, por si me llegara a pasar algo, Lui o Jake o quien lo abriera, podría acceder al piso y decidir qué hacer con todo aquello. Dejé una nota de lo que me gustaría que hicieran si desaparezco, pero no me importa si no le hace caso.

Era de noche y decidí llegar a la mitad del tramo en taxi. No me podía creer que el contacto de Lui se encontrara en La Zona Roja, que recibe ese nombre en mención al barrio rojo conocido como Kabukicho en Tokio. Era una enorme red de prostíbulos, clubs y bares de toda clase. La ley no podía entrar en aquel lugar, los que controlan el cotarro son influyentes dentro de los cargos políticos y judiciales e incluso los sobornos a policías son el pan de cada día. Es como una microciudad sin ley. Las malas lenguas dicen que se puede comprar de todo, desde droga y órganos hasta esclavos, pero creo que es exageración.

Comencé a caminar por la calle con la dirección en mente. No pude evitar ojear los alrededores, una costumbre ya muy arraigada entro de mí por mi profesión de detective. Eso me llevó a ver a niños menores, detrás de escaparates de tiendas esperando clientes, ya fuesen mujeres u hombres. La idea de que esos niños tuvieran que experimentar la prostitución a esa edad hizo que las tripas se me revolvieran. Avancé lo rápido que puede por aquellas calles llenas de gente, intentando evitar mirar más de la cuenta, en vano, pues mis ojos se fijan en cada minúsculo detalle. Tanto era así, que desde allí puede ver como se compraban droga, en una esquina oscura, dos hombres vestidos en chándal. Aquello eran las entrañas de la humanidad, lo más feo y negro, y que todos preferimos mirar a otro lado como si no existiera. Pero ahí está, esta es la realidad.

Avanzó por la calle, en el burdel de Hot Kiss giro a la izquierda, desciendo las escaleras y al encontrarme un bar de ambiente hacia mano derecha. Pasando dos calles, en una esquina donde hay un bar con un rotulo que pone Cotic's e filios, ir por esa calle. Llego a una gran plaza donde en ese momento estaban con un espectáculo de stripers. Intento recordar que más seguía de las indicaciones de Lui. Las luces eran tan fuertes que legaban a cegar, a veces me costó reconocer los rótulos y las letras de los locales. No sé cómo esa gente no se mareaba con tanta luz en todos lados, parecía pleno día con tanta claridad. Como una iluminación recordé de nuevo el camino, en la tercera salida seguir por esa calle hasta dar con el local.

Por un momento casi me lo paso, las luces me cegaron leerlo, pero llegué. Ante mi estaba el Pléyades, seguía sin creerme que un contacto trabajara en un prostíbulo, pero claro, se conoce de todo en esta vida. El Pléyades era famoso y conocido, y también caro, por suerte había sacado dinero antes de venir aquí, pues los cajeros colocados en la Zona Roja te hacen pagar una comisión para sacar pasta. Los bancos son unos espabilados.

A empujones, para atravesar el mar de gente que avanzaba por la calle de un lado para otro, llegue hasta la puerta. Di un suspiro y entre. Era un recibidor amplio, con sillas y mesas en los lados y en frente una barra donde la Madam estaba atendiendo a varias personas, detrás suya había unas largas escaleras que subían al siguiente piso. Pude detectar varias cámaras de seguridad según me acercaba hacia la barra. La Madam era una señora, yo apostaría por pasado los sesenta años, con un pelo alborotado como un estropajo de color negro con varias mechas de colores, llevaba una bufanda de plumas lilas y un vestido ajustado negro con estampado de flores rosas. No había visto nada más hortera y desaliñado desde que vi un loro al que le había caído pintura encima. Cuando se me acercó estuve a punto de girar la cara, me tuve que contener.

- Hola guapo, ¿en qué le podemos servir?

- Ehm... Si, vera... Busco a Karenet

- Oh! Ya veo, voy a mirar cómo está la agenda- dijo dejándome dos panfletos en frente.- ahí están las tarifas, junto a lo que deseas que haga y si la contratas por horas o por acciones.

- Vaaaleee...- dije agarrando los panfletos mientras la señora se alejaban. Me empezaba a asustar de donde me había metido y más en ver las tarifas. "Esta mujer llega a cobrar más en una noche que yo en un mes de trabajo..." pensé, pero no me refería a que su trabajo fuera más fácil.

Me centré en los papeles, tenía que encontrar un precio que pudiera asumir, pero que me diera el tiempo suficiente para hablar con ella, por si me daba largas. Dos horas parecía un precio asequible o al menos esperaba que valiera la pena.

La Madam llegó poco después y le comenté mi opción. Parece que tuve suerte y estaba disponible en breve.

- Puede esperar en alguna de las mesas. Si desea tomar algo, a la primera consumición invita la casa. –señalo un cartel de la pared donde estaba la carta de bebidas y algunos aperitivos. – Ah! Por favor deme un seudónimo, nombre o algo por lo que llamarle.

- RGP –se me ocurrió espontáneamente.

- Vale- dijo con voz agudísima- Le avisaré cuando pueda subir y entonces le cobrare.

Me aleje de la barra y me senté en una de las mesas vacías. Descanse la mente y observe a mí alrededor. Había bastante gente esperando sentados o de pie. Me llamó la atención un tipo alto y ancho como un armario, vestido de traje negro y corbata. Mi intuición me decía que era un guardaespaldas y que no estaba allí por su día festivo. Los clientes de este local no tenían mala apariencia, bueno, retiro lo dicho al ver a un mafioso entrar, pero por lo demás son gente de dinero que se puede permitir el lujo, porque cuando sales a la calle y te acercas a los burdeles baratos ves toda clase de escoria dentro.

Varios hombres bajaron por las escaleras y la Madam nombro varios nombres, extraños, claramente seudónimos o apodos, y esos nombrados subieron. Por el comentario de la señora, entre ellos había un cliente habitual. Un hombre corpulento empezó a descender las escaleras, iba con un traje blanco impecable a juego con la corbata y una camisa negra. Enseguida cache de quien se trataba, era el presidente del país. "De todos los sitios, te lo encuentras aquí, vamos bien... Sabiendo que está casado, tiene tres hijos y un perro, y se dedica a hacer campaña de lo bien unida esta su familia". Aquel hombre sacó un puro que la misma Madam con toda la delicadeza le encendió e incluso lo acompaño a la puerta junto a su guardaespaldas. Cuando ya estuvieron ambos hombres fuera, la mujer me señalo y me indico ir hacia la barra llamándome por RGP. Pague y pude subir.

Tras subir las escaleras, me encontré un patio interior, muy bonito, con árboles y flores. Toque la barandilla para asomarme mejor, desde allí podría ver que el edificio tenía tres plantas y todas llenas de habitaciones, que prefería no saber que había detrás de cada puerta. Una niña de aproximadamente catorce años y disfrazada de gata, con orejas, cola y una ropa muy escasa, me tiro de la manga de la chaqueta.

Tras un extraño maullido me dijo: - Por aquí señor...

El cascabel que llevaba la niña en el cuello resonaba por todo el pasillo abierto. Me llevó hasta la sexta puerta, en la puerta había unos relieves y dibujos que no alcance a distinguir porque inmediatamente abrieron. Entré algo nervioso y la chica cerró la puerta para dejarme dentro.

La habitación tenía un color rojo, lila, morado... había muy poca luz, la mayoría proveniente del exterior que de las propias bombillas de la sala. Unas cortinas muy finas de ganchillo adornaban la ventana, una mesita de madera marrón en una esquina y al otro lado de la habitación una cajonera. En el centro, un poco más cerca de la ventana, una cama grande con una fina sábana blanca con las puntas de bordados. Al lado había una silla, donde enseguida se levantó una mujer de sinuosa figura. Unos rubios cabellos ondulados descendían más allá de sus hombros. Su blusa roja transparente, vestida únicamente con la ropa interior del mismo color y un liguero que aguantaba sus medias. Por un momento me deje llevar por el ruido se sus zapatos de tacón negro acercándose. Su piel es blanca y lisa, sin impurezas cual porcelana, destacaban sus labios rojos y notaba un dulce olor emanado de ella. Si la sensualidad se tuviera que materializar, se parecería a ella.

Por un poco pierdo la compostura, pero enseguida aclaro mi garganta.

- Ejem... No vengo por estos servicios realmente...

Karenet no pareció sorprenderse, se limitó a seguir bajando sus manos desde mis hombros y desabrochando mi chaqueta.

- Va enserio- dije agarrándole lo más suave y firme que pude de las muñecas- Estoy buscando información y me han dicho que solo tú puedes proporcionármela.

Sus rojizos labios se curvaron medio esbozando una sonrisa, la solté y ella reculó. Sus brillantes y vivos ojos gris plateado se posaron en los míos.

- Vaya, pues tal vez sea una pérdida de dinero, yo soy una de las más caras del Pléyades... Pero no te quedes ahí de pie- me cedió la silla donde ella estaba antes sentada y ella optó por sentarse en la cama.- Veamos buen hombre, ¿Qué es esa gran información que necesitas como para venir y pagar a una meretriz para simplemente hablar? – pasaba sus delicados dedos por su cabellera dorada.

Coloqué en el respaldo de la silla mi chaqueta y encima de mis rodillas, el maletín.

- Tengo muchos cabos sueltos en mi investigación y me gustaría tu ayuda.- mis dedos palpaban nerviosos el cuero del maletín- Vale, hay una famosa multinacional, empresa o lo que esconda, llamada Arribista o Abyss.- No pareció inmutarse mucho, solo paso su frágil dedo sobre su perfilada ceja- Sé que está relacionada con una gran multitud de personas influyentes, pero también, paralelo a ello, hay gran número de asesinatos suicidios y cosas con muchas incógnitas que me escaman...

- ¿Y qué quieres que haga yo al respecto?- cruzó las suaves piernas y se inclinó hacia mí.- Lo mucho que puedo hacer, es decirte que no se sobre esas cosas...

- Me interesa saber si realmente hay asesinos contratados por el desconocido jefe de Abyss o si hay realmente alguna razón para tanta casualidad... Y no me digas que no sabes de lo que hablo.- dije abriendo el maletín pero sin sacar nada.

- Bien, está bien... Tienes pruebas o cosas que reafirmen esos argumentos... ¿O solo estas barrenando como un loco esperando atinar en algo gordo y hacerte famoso?- Su voz era muy tranquila e inmutable.

- No busco, ni fama ni la fortuna, y tal como van las cosas ya me da igual que no se sepa la verdad...- ojee el maletín y saque una carpeta donde rezumaban muchas hojas, por lo que intente no agitarla mucho.- Estas son mis pruebas e investigaciones.

- Válgame Dios –dijo llevando una mano a la boca- ¡Un momento!- dirigiéndose a otra persona.

Y un momento antes de girarme para ver con quien hablaba, recibí un fuerte golpe en la nuca. Después de eso silencio y oscuridad.






Los asesinos de Noir

Ray, el detective


- ¡Camarero! Otra copa aquí- dije haciendo resonar los hielos.

- No ves que las soluciones no las vas a encontrar en el fondo de un vaso de alcohol.

Chasqué la lengua y decidí ignorarle.

- ¿Sigues mosqueado por eso de los asesinatos y locuras?

- Tú también me vas a dar la espalda.

- No, tampoco es eso. Solo sé que hay cosas donde uno no debe meterse.

El barman se acercó desde el otro lado de la barra dejándome un whisky con hielo y llevándose el vaso vacío.

- Me duele verte así, hombre. Como amigo te diría que lo dejaras estar, pero te conozco bien y sé que no lo harás. Por ello te voy a contar que un tipo también me comentó paranoias de esas, le di cierta información de un contacto y en menos de dos semanas lo encontraron muerto.

"Eso puede ser una pista"- pensé mientras posaba mis ojos en él. Debió ver mis intenciones a través de mi cara porque acto seguid respondió:

- Mira Ray, no quiero perder más amigos. Esto es una mala idea, por ello quiero que lo pienses sobrio. Llámame cuando estés mejor.

Enseguida abandonó el bar, dejándome solo en la barra mientras sostenía mi tercer vaso de Whisky de la noche.





Me había dormido en el sofá de casa y sorprendentemente no tuve una resaca muy fuerte. Me senté en el viejo sofá de cuero, ya quemado por el sol que siempre se filtraba por la ventana, nunca me acordaba de cerrar las cortinas al marcharme de casa. El café de hoy me sabia enormemente amargo aun así me lo bebí para no salir de casa a buscar azúcar. Deje la taza sobre la mesa y recogí el móvil. Medite si había algo que me retuviera a hacer la locura que todos querían que evitara hacer. Observe mi apartamento, pequeño, con las cosas justas y necesarias, mejor dicho, con lo que podía alcanzar mi sueldo. El último trabajo que cobre, recuerdo que fue hace una semana, no gane mucho. No era precisamente un detective muy famoso, pero al menos era eficiente o eso decían mis clientes. La mayoría de mi trabajo era espiar a otras personas, eso me llevó a entender que los humanos somos desconfiados por naturaleza. Bueno, también participe en algunas actividades junto a la policía pero se podrían contar con los dedos de una mano.

Suspiré y empecé a marcar el número de mi compañero y amigo de barra, Lui. Suena, suena... y cuando pensaba que saltaría el mensaje de voz, lo coge.

- Dime, Ray. Si me llamas es porque ya lo has decidido ¿no? –Su voz sonaba distante

- Dime donde y cuando me puedo encontrar con ese contacto tuyo.

- Vale, te deseo lo mejor... - se escucha como revolver algo- ¿tienes donde apuntar? te dicto.

Me levante apurado y rebusque por los cajones poniendo todo patas arriba hasta dar con un blog de notas y un lápiz.

- Te escucho.- me apoyé en la madera vieja mientras apuntaba.




Los asesinos de Noir

Comisaria

Comisaria de Fectur Stain.

-Jake, ¿has leído el diario?- entraba un hombre con gabardina marrón oscuro y zarandeando en diario en la mano.

Jake, comisario, sentado en su silla y mirando unos informes no se molestó en alzar ni la cabeza.

-¿Que traes ahora? Viendo como vienes seguro es una de tus paranoias sobre organizaciones secretas y asesinos.

-Lo es, mira, lo has leído.

Jake suspira y posa su café. Con el diario en mano procede a lee en voz alta:

“23 de abril del xxx5

Encontrado el cuerpo del reportero Edil Milán de 32 años de edad y trabajador de este diario, asesinado en su habitación de hotel, cuando se encontraba en medio de una investigación periodística. Fuentes policiales afirman que podría haber sido fruto de un forcejeo con un ladrón callejero armado con un arma blanca. No se han encontrados rastros del asesino ni testigos que puedan identificarlo. El cuerpo fue encontrado por la señora de la limpieza quién también llamó a la policía[…]”

-¿Y qué con esto? Aquí no hay nada…- Jake arrojó el diario y dio un sorbo de café.

-Un asalto así, que mate y no deje huellas no puede ser un ladrón callejero.- dijo emocionado el hombre apoyando sus manos sobre la mesa del comisario.

-Hoy en día, los criminales son bastante sutiles.

-Bueno, si tú lo dices… ¡Lo bueno es lo que estuvo investigando!

-No me digas que has usado tú influencia para investigar al reportero…- dijo pasando la mano por la cara- Te volverás a meter en problemas, ¿Cuántas veces te tendré que salvar el culo, por tus paranoias?

-Pero esta vez es algo bueno, una pista segura. El tal Edil estaba investigando esa nueva y poderosa empresa que apareció de la nada y ahora es la más influyente… ¡Si hombre! esa que no se conoce quien la dirige…

-¿Te refieres a Arribista, conocida como Abyss?

-¡¡Sí, esa misma!! Tiene grandes contactos con gente muy influyente. Pero al mismo tiempo que es famosa, nadie sabe nada de ella. ¿Curioso? Lo bueno es que seguro el periodista se enteró de algo que no debía y lo liquidaron. Seguro tienen un grupo de asesinos o incluso trafican con armas…

-¡¡YA BASTA, Ray!!- dijo levantándose.- Vete, y no la líes más. Ya he tenido suficiente de este tema, lo único que consigues con esas historias tuyas es que yo tenga que sacarte de los apuros donde te metes. Ves a refrescar tu cabeza y ponte a trabajar. Déjate de tonterías.

Jake se cerró en su despacho y Ray salió de la comisaria.