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Las Luces del Mundo (Especial Navidad)

Las luces del mundo


Era la noche de Navidad. En una cálida habitación, había cuatro velas encendidas. Eran cuatro preciosas velas que protegían el mundo. Sin embargo, esa noche, las velas empezaron a hablar con tristeza:

- Mi nombre es Paz. Pero lo único que hace la gente es pelear. Aparentemente, no me necesitan.

Así que dicho eso, su llama chispeó con fuerza y se apagó.

- Mi nombre es Fe. Pero el mundo no trata de creer en Dios. Entonces, pueden seguir siendo ignorantes.

Así que también ella lamentó su desamparo y desapareció.

- Y mi nombre es Amor. Confiaba en que alguien me encontraría, pero la gente se preocupa sólo por sí misma. Enfrentado a la gente que ha perdido de vista a aquel al que aman... Me marcho en tristeza.

Al final, solo quedó una vela. Entonces, un niño subió corriendo y les dijo a las tres velas apagadas:

- ¡No podéis apagaros! ¡Paz, Fe, Amor, no podéis iros! Os necesitamos...

Y, después de que el niño hablar y llorara, la vela que quedaba encendida dijo:

- No pasa nada. Porque mi nombre es Esperanza. Mientras yo esté aquí, todas seguiremos brillando.



El Niño de Tinta

El Niño de Tinta

Erase una vez un niño que dibujaba muy bien. Sus dibujos eran tan reales que a veces cobraban vida.
Un día, el niño  dibujo una preciosa águila que en pocos segundos salió volando del papel. El niño fue detrás del águila. El ave se posó en un pino y el chico trepo. Al llegar arriba se dio cuenta de que aquella vista era bonita. Al dirigir una mirada al águila, está ya no estaba. Para poder buscarla, volvió a casa. Y en la puerta de casa estaba el pájaro sentado en el tejado. El chico se dio cuenta de que el pobre animal parecía triste. Así que rápidamente cogió muchos papeles y lápices, y se tumbó en el césped de la entrada, bajo la mirada del águila. El niño dibujo y dibujo muchos animales de todo tipo. Esa tarde se volvió brillante bajo tantos pelajes de diferentes colores. El niño jugo con todos los animales: águilas, tigres, zorros, perros, cocodrilos…

Cuando se volvió de noche, unas nubes negras empezaron a asomar en el cielo. Pronto empezó a llover, y todos los animales empezaron a volverse borrosos y a correrse la tienta de sus pelajes. El niño metió a los animales en casa, pero los papeles quedaron en blanco. El niño también estaba mojado, así que se fue a cambiar de ropa, pero se dio cuenta de que no se podía sacar la ropa, y que poco a poco él también se estaba borrando. El chico cogió rápidamente lápices para volver a dibujarse, pero las pinturas no pintaban encima del papel mojado que era su ropa. Entonces cuando pensaba que se iba a borrar completamente, un grito lo hizo despertar. Su madre lo llamaba para desayunar, que llegaría tarde a clase.