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Nieve en el bosque

Capitulo 2


-Tal vez paso algo ese día, ahora recuerdo más o menos lo que hice por la mañana, pero aún queda la tarde y la noche…- me decía mientras me sentaba en la silla de mi escritorio.

El escritorio estaba perfectamente recogido, pero había una llamativa caja negra en una esquina. Decidí pasar el rato ojeando su interior, en ella guardaba cosas relacionadas con la fiesta o conocido como ritual del sellamiento, por mi abuela. Tenía una foto de los que hicieron el baile del año pasado. Triana, Roger y Ray fueron los protagonistas cuatro años seguidos, y tan bien les salía, que les contrataron para hacer rituales fuera del pueblo, bueno quien dice rituales se refiera a bailar la historia del lugar, algo así como un teatro. Este año hay nuevos actores, Iris representaría el sacrificio, el lobo será Rian, mi hermano y el sacerdote Alex, para así impresionar a Riza. Por eso pasamos mucho tiempo juntos, pues entre todos nos ayudábamos a preparar el baile. Bueno, mi hermano iba por su cuenta. Lo que más me gustaba no es el baile en sí, ni su obra teatral, sino los trajes y las máscaras. Las máscaras las hacen la familia de Suluk y Riza y cada año se superan, pero los trajes, hecho a medida y con todo detalle que prepara la familia Ginita son increíbles, son grandes sastres.

Encontré varios recortes de diarios de otros pueblos sobre comentarios de nuestra fiesta, pues atraía mucho al público de fuera incluso. En el fondo esta, algo gastado y muy atesorado, la historia de Singajik. Explica la historia del demonio, el sacerdote y el sacrificio, no parece ser siempre una mujer joven, pues en la historia también hay una sacerdotisa.

Me decante por leerme de nuevo la historia. De pequeña me gustaba mucho que me la contaran o leyeran, siempre variaba dependiendo quien te la dijera. Siempre hay muchas versiones de las historias. No tarde mucho en acabar de leerla, pero en la última página note que había un relieve. La contraportada, parecía haber un dobladillo. No quería estropear este libro antiguo pero la curiosidad siempre me ha podido. Poco a poco fui despegando la contraportada y en ella encontré unas hojas ya amarillentas. Pero las guarde enseguida al escuchar la puerta.

-No sé cuántas veces te he dicho que no dejes tu cazadora en la sala. – dijo mi madre mientras la colgaba detrás de la puerta.

-¿No te ha parecido el entierro algo rápido y extraño?

- ¿Eh? Bueno, es cierto que ha sido muy rápido, pero de extraño no lo es tanto, ese muchacho ya era extraño de por sí. No quiero ser mala, pero me alegra de que su salieras viva.

Al salir mi madre, la cazadora se cayó al suelo. Al recogerla para volver a colgarla, note algo en el bolsillo. La gema gris aquella. Estuve un rato observándola y me di cuenta de que no era gris, sino que estaba sucia. Empecé a rascar el colgante con las uñas, y el tono gris dejo entrever el verdadero color, un verde opaco. Lo estuve limpiando y puliendo un rato, no me parecía tener nada extraño, pero entonces la alcé hacia la luz y la gema empezó a brillar, transparentada por la luz, muy llamativamente. La habitación se tornó verde. Un puntazo me hizo esconderla de la luz. Mi cabeza empezaba de nuevo a doler. Unos vagos recuerdos volvían a mi mente: Estaba en el bosque, un chico con este colgante, me lo colocaba, mucha oscuridad, la nieve era lo máximo que veía y entonces unas voces a lo lejos. ¿Serian esto recuerdos de la noche de aquel día?
Con el fuerte dolor de cabeza, ya no tenía ganas de curiosear más, así que guarde el colgante en un cajón y deje la caja donde estaba antes.




Hoy por la mañana me entere de una noticia espantosa, Iris se había puesto enferma. Nada más enterarme fui allí a ver como estaba. Cuando pase por “La Placita” de camino a su casa, oí comentarios raros sobre la muerte de Poxle, de la enfermedad de Iris e incluso de la preocupación del festival ahora que la que hacia el papel de sacrificio se había puesto enferma.

La casa de Iris estaba en silencio, así que estuve un rato delante de la puerta, pensando si llamar o no. Entonces del interior se escuchaban las voces de los padres de Iris e incluso de Suluk, parecían susurros de alivio. Toque a la puerta. Me abrió la puerta Violet, es la médica del pueblo. Llevaban en brazos su maletín.

-Recordad en dale la medicina las horas asignadas y vigilad su temperatura. Si veis que cambia o pasa algo, llamadme- dijo mientras salía- Buenos días Hana, veo que ya estas mejor. Me marcho que me esperan en otro lado.

Yo me limite a asentir, entre en la casa y cerré la puerta.

-Buenos días- dije sin gritar mucho, como hacia algo de calor dentro me desabroche la chaqueta.– ¿Que tal esta Iris?- dije al ver a Suluk bajando las escaleras.

- Mejor que ayer al menos. Ayer le probamos en traje y no traía buena cara y en la sesión de arreglo se desmayó. Según Violet, no tiene nada grabe, aunque se ve que ha sido algo que ha ingerido. Que por ahora repose y tome medicinas.-dijo – Sus padres ahora están descansando, se han pasado toda la noche cuidándola, pues la fiebre no le bajaba. – dijo acercándose a mí y desviando algo la vista- No es que intente justificar el que yo este aquí…

No pude dejar escapar una leve risa al escuchar esas palabras con tanta timidez, tan impropia de él. No le hizo gracia que me riera por lo bajo.

-¿Podría ir a ver a Iris?

-Solo un poco, ahora está algo estable, pero no sé si ha despertado ya…-dijo mientras miraba hacia las escaleras.

Subí al piso de arriba y entré silenciosamente en la habitación de Iris. Todo extremadamente ordenado como siempre, con posters de caballos e incluso una escultura de ese animal que Suluk le regalo en un cumpleaños. Acerque una silla hacia su cama y me senté. Iris respiraba pausadamente.  Agarre su mano, y ella entreabrió los ojos. No me dio tiempo a decir “hola” e Iris empezó a llorar. Me alarme por un momento, pero ella no me soltaba la mano. Suluk estaba fuera de la habitación y pensaba llamarle, pero Iris me lo impido. Con un hilo de voz empezó a hablar muy bajito, no sé si porque estaba se encontraba muy mal o porque no quería que la escucharan.

-No llames a nadie… Yo lo siento Hana… De verdad lo siento…- dijo mientras sus lágrimas corrían por su cara y caían en la almohada.

-Tranquila Iris, que pasa… Relájate y no llores por favor.- dije sin levantar mucho la voz.

-No tendrías que ser tan buena conmigo… Con la conspiración que trame ese día, deberías odiarme y no tratarme tan bien. Viniste tan temprano solo para saber cómo estoy…. Y yo ese día por celos te hice algo muy cruel…- hablaba entrecortado y flojo, me costaba entender todo lo que me decía.

-De que hablas, no te preocupes, sabes que siempre te perdono, seguro que lo hiciste por alguna razón, ya está…- dije mientras le acariciaba la cabeza con mi mano libre.

-Tú no lo recuerdas… por eso me perdonas, pero yo no descansaré en tranquila, hasta que cesen mis remordimientos… no sé si será porque estoy enferma o porque realmente eres alguien a quien aprecio…- dijo mientras cerraba los ojos.

Pensé que se había vuelto a dormir, así que pensé en levantarme y dejarla descansar, pero volvió a tirar de mi mano.

- El día que Alex se te confeso, sentí que mis celos hervían por dentro. Los escondí hasta que llegue a casa. Entonces enfurecía fui a molestar a mi hermano. Yo no sabía que él estuviera enamorado de ti. Y dije una tontería sin pensar… Quien pensaría que mi hermano la acataría como quien no quiere la cosa.- dijo mientras sus manos empezaban a temblar. – le dije: “Si tú te quedaras con Hana yo podría quedarme con el destrozado Alex” No sé en qué pensaba, lo siento. Esa tarde se citó contigo en mi casa, le vi preparar no sé qué en su habitación. No le di importancia, pues él siempre preparaba experimentos raros. Tú llegaste algo tarde, estuve con vosotros, pero Poxle dijo de dar una vuelta tú y él solos. Empecé a sospechar. Al marcharos note algo raro en tu bebida, era de un color raro. Creo que te echo alguna clase de droga en la bebida. Te debió arrastrar hasta el bosque de las sombras. Creo que había una casa abandonada cerca que mi hermano solía frecuentar. Salí en tu busca, pero no llegue a encontraros. La siguiente vez que nos vimos fue el “La Placita” aunque te fui a visitar mientras estabas inconsciente, no tenías rastros de violencia ni nada, así que me sentí aliviada…- dijo ya con la garganta seca seguro.

Yo me quede estupefacta. Un montón de pensamientos pasaron por mi cabeza pero ningún sentimiento de ira o enfado contra Iris. Aun no conseguía recordar eso que Iris dijo, pero sentía que era real. Inspire y con el tono más sereno posible dije:

-No te preocupes por nada, ya todo paso, y yo no te odio ni nada, tú siempre serás una gran amiga para mí. Y por cierto, Alex no se me declaro, todos lo malinterpretasteis… Pero me gustaría que vieras, quien es realmente quien te aprecia…- dije justo cuando Suluk entraba con una jarra de bebida y un vaso.

- Ya estas despierta, estas mejor, seguro tienes sed- dijo mientras se acercaba a la cama y le ayudaba a tomar la bebida. – también he traído la medicina, tiene un olor a limón jeje seguro que sabrá ácido.

Salí de la habitación para dejarlos a solas. Silenciosamente me acerque a la habitación de Poxle, su familia ya había empaquetado la mayoría de cosas. Pero en las estanterías y mesas, aún estaban las jaulas de serpientes y arañas de varias clases. Un olor extraño me hizo recordar las palabras de Iris y pude recordar viene a su casa, que estuvimos hablando y que ciertamente la bebida estaba algo mala. Pero a partir de ahí no conseguía recordar nada más. Con esto había conseguido reconstruir ese día, pero ¿Cómo sabría que pasó cuando me fui con Poxle, si él está muerto y nadie más nos vio?

Estuve un rato más en casa de Iris, hasta que fue hora de comer. Suluk se quedó, así que me despedí de los padres de Iris y me marche. Mi hermano me esperaba en la puerta.

-Llegas algo tarde- dijo, no era muy dado a las palabras- El sacerdote ha dicho que tú sustituyas a Iris.

-¡¿EH?! Imposible- dije mientras veía como entraba dentro de casa.

-Así es cariño, al ver que Iris no está bien para el día de la función, han decidido que tú, quien ha visto todo el baile y has ayudado, sustituyas a Iris en el papel.- dijo mi madre saliendo de la cocina.

-Pero si sabéis que eso requiere tiempo, y cuanto falta… ¿¡¿cinco días?!?- dije alarmada, por el trabajo que supone todo eso y el poco que quedaba.

-En realidad quedan dos- dijo con mucha tranquilidad Rian.

-Genial, aún menos, y han pensado en el traje. Iris y yo tenemos contexturas corporales diferentes.- ahora si notaba que me iba a dar algo.

-No te preocupes, los Ginita ya están informados del cambio, así que mañana tienes la sesión de preparación del vestuario.- dijo mi madre colocando la mesa.

-No te agobies, seguro que lo consigues, siempre has tenido mucha facilidad a la hora de aprender cosas- dijo mi padre hojeando un panfleto de la programación del festival.

-¡Ay, dios la que me espera! Vaya familia más relajada…- me dije me sentaba a mesa.






Me pase la tarde y la noche ensayando con mi hermano. Al día siguiente por la mañana fui a casa de los Ginita, cerca de donde vive Iris, para probarme el traje. Hicieron muchos arreglos, pero por la tarde lo tuvieron preparado. Al salir, me fui a casa de Iris para ver que le parecía ese cambio de papeles, ella dijo que le daba igual, y que esperaba ponerse bien para verme actuar, que el año que viene ella sí o sí hará ese papel y que cuando este mejor se replanteara la idea de enamorarse de forma tan tonta. Note un  gran progreso entre Iris y Suluk, espero que sigan adelante. El resto de tarde y un trozo de noche la pase en el taller de Riza, pues tenían que prepararme la máscara.

-Es una pena cubrir tu rostro, porque eres blanca cual porcelana- dijo Riza examinando mi cara.- La verdad es que así tal cual te parecerías al sacrificio jeje

- ¿A la sacerdotisa de la historia?

- Bueno, esa es otra versión, en la que conocí yo solo estaban el  Singajik y el sacerdote, la chica que sacrificaban no tenía mucha importancia, era una del pueblo y ya.

- Vaya, Y tú que piensas de este ritual, festival o teatro, depende el punto de vista…

- Que solo es una fiesta más, eso del demonio y tal es más publicitario y el baile es lo que realmente atrae para la fiesta, lo importante es el espectáculo- dijo mientras trabajaba sobre el material.- Me parece que así te dirá bien… Que colores pondré esta vez…







Ya solo quedaba un día para el festival, día entero que me dedique a ensayar. Mi hermano era muy estricto, pero así él también podía practicar.

-Rian, porque el demonio de la historia, ¿en esta obra lo interpretan como un lobo? – dije haciendo una pausa para beber.

-Hay varias teorías, pero como se remonta de hace mucho tiempo el festival, como que se desconoce la razón. Yo creo que tiene alguna relación con alguna historia de los alrededores, o por el mero hecho de que el animal más peligroso del bosque es un lobo.- dijo volviendo a colocar las cosas para empezar de nuevo el baile- Venga desde el principio de nuevo.

-¡¡Que!! Otra vez… para mañana estaré destrozada… Por eso hay que avisar con más tiempo…- protestaba colocándome en mi sitio.




Y el día de festival llego. La mañana fue intensiva, clase intensiva del baile con los trajes ya preparados… O al menos el intento, pues me tropezaba con las telas y tuvieron que recortarla para que dejara de pisarlas. Cuando ya dominaba los movimientos con las ropas, el sacerdote los dio su visto bueno, así como algunos de los espectadores presente. Nos dejaron comer más relajadamente e incluso un trozo de tarde para poder ir a dar una vuelta por el festival. Fui yo sola a dar una vuelta por el templo que estaba plagado de gente y de chiringuitos. Alex y Rian se quedaron a ensayar más. Riza tampoco me pudo acompañar, pues tuvo que hacer unos arreglos de última hora en uno de los escenarios de la obra. Así que fui sola y no estuve mucho tiempo, me preocupaba que se me olvidaran los pasos si me distraía en la fiesta, así que primero haría la obra teatral y después ya me iría a disfrutar del festival.

Estuve leyendo las pocas líneas que tenía que decir, aunque la mayor parte solo es baile y música, hay trozos donde hay que decir una frase o un comentario para que se entienda la escena.

Ya solo quedaba una hora para que empezara la función, estaba nerviosa. Todos ya estábamos detrás del telón, recibiendo las explicaciones de cada detalle del escenario. Entonces nos indicaron que nos preparásemos. Me puse mis ropas de sacrificio, que la verdad eran bastante elegantes aunque su único color era el blanco, y también me ajuste la máscara. En las practicas me costó adaptarme a ver por los agujeros pero ya lo dominaba. Había traído aquel extraño colgante conmigo, pensé que si me habían encontrado gracias a él, me traería algo de suerte para este momento. Lo escondí entre las telas así no se veía ni se notaba, pero yo sabía que estaba ahí.

No me cansaba de ver a mi hermano disfrazado de lobo, su máscara es de lo más realista, su traje se componía de ropa normal, muy peluda, y una capa, de pelaje negro y marrón. Alex lo tenía más fácil, era los típicos hábitos de sacerdote. Aunque también tenía que usar una máscara. Suluk fue el encargado de hacer el cetro, parecía tan real que sentías su poder de purificación de demonios.



La función iba a empezar, todos ya estaban colocados, las luces se apagaron y solo quedaron la iluminaria del escenario. Safira, conocida por su gran voz en el pueblo, hizo de narradora para la historia. No tenía que salir al escenario, solo leer la historia. Los músicos empezaron a tocar y ella a leer. Mientras hacia la introducción salieron al escenario las personas que interpretaban el papel de pueblo y de demonios. En el siguiente acto apareció mi hermano entre una densa bruma y con voz, lo más grave posible, empezó a decir sus líneas. El siguiente acto ya era la llegada del sacerdote al pueblo. Alex interpretaba lo que Safira iba diciendo. Empezaron una danza para representar la felicidad y la abundancia del pueblo. En el siguiente retumbe del tambor y las líneas dichas por la narradora, me tocaría entrar. Muy nerviosa me coloque lo más fuerte posible la máscara e inspire y expire varias veces. Entonces desde el escenario un chico del pueblo me extendía la mano invitándome a bailar, inspire fuerte y pose la mía sobre la suya. Salí al escenario y lo hice lo mejor que pude, creo que mejor incluso que en los ensayos. Entonces me tocaba el último trozo del acto junto a Alex, no le pise de milagro. Bajaron el telón y una voz masculina anuncio el nuevo sacrificio. La gente que interpretaba a los aldeanos hicieron un grito de sorpresa y desconcierto. La siguiente escena era Alex intentando convencer a los sacerdotes de ser el encargado de acompañar al sacrificio, de quien se había enamorado. Acto siguiente, el sacrificio (o séase yo) y el sacerdote (es decir Alex) danzan un último baile con el pueblo antes de partir hacia la guarida del lobo. Cuando la música cesó, ambos empezamos a subir unas escaleras que había detrás del escenario que conducían hacia el templo, donde nos esperaba mi hermano para interpretar la última escena. Los espectadores veían como subíamos y a cada escalón que avanzábamos unas antorchas a sus extremos se encendían. Alex llevaba una especie de cascabeles en el cetro, y los hacía sonar golpeando los escalones al subir.

No estaba muy lejos y cuando llegamos al final de la escalera, Alex se petrifico ante la escena, pero volvió en sí, cuando yo asustada pegue un grito. El anciano sacerdote estaba frente a las puertas del templo, tirado en el suelo sobre una enorme mancha de sangre. A su lado una especie de estatua se empezaba a agrietar. Alex gritaba por un médico y caí de rodillas en el frío suelo, mi máscara se desprendió, cayendo y partiéndose en trozos. Aturdida pude divisar a mi hermano también tirado en el suelo, algo lejos de nosotros. Violet llego y aunque hizo lo que pudo, el sacerdote ya había muerto, entonces se acercó a mi hermano, por suerte él solo estaba inconsciente. Todos estaban muy alarmados y agitados, entonces una voz anciana se impuso sobre las otras pidiendo tranquilidad. Mi abuela acababa de llegar junto con el aprendiz a sacerdote, quien ayudaba a la anciana a subir los peldaños.

-Todos tranquilos- solo con decirlo, todos se callaron- Que todas las familias, rápido, vuelvan a sus casas. Violet atiende a mi nieto, pero mejor lejos de aquí. Aoba, llévate a tu hija.- dijo mi abuela, que el pueblo la consideraban una sabia y nunca nadie dudaba de lo que decía- muchacho, te tocara hacer de sacerdote y sellar de nuevo al demonio.- dijo hablando con el muchacho que le ayudo a subir.

Yo aún estaba de rodillas en el suelo. Mi madre acato la orden y me ayudo a incorporarme. Todos se reunían con sus familiares y se marchaban. Entramos en casa y no satisfechos con eso, mis padres me hicieron bajar hasta el sótano de la casa. Violet había venido con nosotros para atender a Rian.

No habían pasado ni unos minutos desde que me senté en el sótano, cuando un estremecedor aullido retumbo por toda la casa. Asustada vi como mis padres se quedaron dormidos. No sabría si dormidos o inconscientes. Lo que si note fue algo que me llamaba, me decía que saliera al exterior. Por un momento intente resistirme, pero mi cuerpo y mente empezaron a moverse involuntariamente. Salí del sótano, camine por el pasillo y abrí la puerta. Un fuerte frío cargado de algo de nieve hizo que mis ojos se cerraran momentáneamente. Cuando ese aire se calmó, pude ver que a pocos pasos de la puerta había una enorme sombra. Alcé la vista para encontrarme con dos ojos color rubí. La luna consiguió salir de la nube, volviendo a iluminar la tierra. Enfrente de mí, con un preciosos pelaje carmesí, un lobo de gran tamaño observaba sereno.

-Han pasado tantos siglos desde la última vez que te vi, siento haberte hecho esperar tanto- dijo aquel ser con una voz extremadamente grave y poderosa.- Sacerdotisa Ul·la.

Algo en mi me decía que hablaba con la persona correcta, pero también algo no me encajaba. Entonces la gema, escondida entre mi ropa, empezó a brillar. Yo la saque y de ella salió una voz.

-Singa tu siempre tan tardón como de costumbre. Ahora ya da igual, por fin podremos irnos juntos.- su voz era extremadamente dulce y suave.

-Si…

Y entonces ante mis estupefactos ojos, aquel imponente ser empezó a adopta forma humana, aunque conservaba orejas y cola. Llevado únicamente un trozo de piel tapándole, se acercó a mí y me abrazó. Yo quería hacer algo, pero mi cuerpo no se movía. Entonces presencie como, tanto la gema como aquel ser, desaparecían entre polvo rojo y luces blancas. Lo único que quedo fue el fino hilo que ataba la gema que ahora era llevado por el aire y la nieve.


-Gracias por prestarme tu cuerpo, para este encuentro, te estoy muy agradecida. Dale gracias a Ginrou por encontrar el collar. Gracias a los dos, por fin puedo descansar en paz junto a mi amado- dijo aquella dulce voz alzándose como una luz hasta desaparecer junto a los suaves tonos lunares.

Nieve en el bosque

Capitulo 1

Hacia frío, y la nieve tapaba las últimas huellas que había del camino. Entre los arboles blancos, cálidas luces bailaban, parecían perderse en viento. Hacia frío y yo no las podía alcanzar. Solo deseaba llegar de nuevo hacia esa luz cálida y reconfortante. Y lo intentaba una y otra vez, quería avanzar y no podía, algo me impedía moverme. No quería perder de vista esas luces, pero mis ojos se movieron instintivamente al escuchar un ruido a mi lado. Lo último que vi fue una fugaz sombra entre destellos blancos. Todo estaba oscuro ahora.




Me reincorporé de un susto en mi cama. Mi aliento se condensaba en el aire volviéndose blanco, y estaba sudando bastante.  Mi mano paso instintivamente por mi frente, haciendo que se cayera una toalla húmeda. Me frote los brazos con las manos, empezaba a tener frío. Entonces la puerta se abrió y entro mi madre cargando una bandeja.

-Que haces levantada,¡¡ túmbate ahora mismo!!- dijo mientras dejaba la bandeja encima del escritorio y me tumbaba de nuevo en la cama. –Te das cuenta de la fiebre que tienes.

Yo no pude responder, solo me deje tratar por mi madre, quien me coloco una nueva toalla húmeda y me tapaba bien. En la  bandeja asomaban unas sopas de leche humeantes y un zumo de frambuesas. Me lo tuve que comer todo.

-Haber si mejoras pronto, porque ya quiero echarte la bronca… Creí que te perdíamos para siempre- dijo agarrando mi mano con fuerza entre las suyas.

Note varias gotas frías sobre la mano y suaves sollozos, con tonos más alegres que de pena. No estaba muy segura de lo que hice, mi mente estaba muy densa y no lograba recordar nada.

-Una y otra y otra vez se te pido que te sacaras esas ideas locas de la cabeza. Ya desde pequeños se les cuenta a todos los niños que no se pueden adentrar en el bosque de las sombras. Los que entraron nunca más volvieron y tú quisiste ir …- sus llantos aumentaron- Me alegro tanto de que te encontraran antes de que fuese demasiado tarde…

Padre entro al escuchar los llantos. Le indico que saliera de la habitación y que me dejara descansar, que hasta que no mejorara no me atormentara, que tendría que estar alegre de que este sana y salva. Cerraron la puerta y la oscuridad volvió a invadir la habitación. Quise llamarles para que me dejaran al menos la luz encendida, algo de esa oscuridad me aterrorizaba, pero ni un leve sonido conseguí pronunciar. Con mi respiración irregular debido a la fiebre gire la cabeza ligeramente hacia la ventana, donde entraba unos diminutos síntomas de claridad. Estaban las contraventanas cerradas.




Estuve una semana en cama, pero ahora ya me sentía mejor, así que me levante de cama y rebusque en mi armario para encontrar la ropa más abrigada que tuviera. Un básico, un jersey largo encima de otro fino, unas mallas y encima un pantalón… Salí del cuarto, abrigada cual esquimal. Devore el desayuno preparado por mi hermano mayor y salí a dar una vuelta entre los refunfuños de negación de mi madre.

La nevada había parado la noche anterior, pero el cielo oscurecido solo propiciaba otra lluvia blanca. Avancé por la nieve con ligeros saltos, viendo como las marcas de mis botas quedaban en el delicado blanco. Las chimeneas de las casas soltaban humantes tonalidades de grises, que hacían de aquella imagen, una postal de recuerdos nostálgicos. Las casas eran de un tono marronoso, los tejados eran negros, pero siempre estaban llenos de nieve así que pocos se fijan. No tenían una distribución exacta, había un vecino aquí y otro un poco más allá. Me dirigí hacia lo que nosotros llamamos “La placita”. A esa hora debería haber algo de bullicio, pues había mercado. Nuestro pueblecito estaba algo asilado de los demás, y se tardaba uno o dos días a pie para llegar. A caballo se tardaba algo menos. Los mercaderes eran los únicos capaces de llegar hasta aquí, pero sabían que éramos compradores fieles y buenos a la hora de pagar.
La mayoría de los habitantes estaban aquí comprando los suministros, pues nadie podría garantizar la vuelta de los comerciantes, si una fuerte nevada aislaba el pueblo. Era algo que pasaba muy a menudo.

-¡¡Hana!!- dijo una voz abrazándose a mi espalda.  

-Iris, ¿qué tal?- dije volteándome.

- Eso tendría que preguntarlo yo, ¡¡sabes lo preocupados que tenías a todos!!- dijo haciendo pucheros- Realmente te metiste en el bosque de las sombras, solo a ti se te podría ocurrir semejante locura. Y bien- dijo mirando de lado a lado- ¿Cómo era?- sus ojos brillaban con ilusión.

-Se sabe mal decepcionarte pero… No recuerdo nada de ese día.- dije bajando la mirada.

-No te preocupes, lo importante es que estas sana y salva… Espera, ¿no te acuerdas de nada de nada?

-No… ¿Por? Paso algo importante.

-Bueno… Da igual, mejor así.- dijo separándose de mí.

Quede algo traspuesta, y cuando me di cuenta, estaba sola entre la gente. Me puse a caminar sin tener claro hacia dónde ir, y acabe frente al templo del pueblo. Pronto se iba a celebrar la fiesta patronal, y la gente estaba ocupada con los preparativos. Hay cajas, luces, adornos por todos lados, aun sin colocar, pero ya se percibía la alegría de esa fiesta. Aunque realmente, según mi abuela, antiguamente no era una fiesta, sino un ritual de sellamiento. Me empezó a doler la cabeza al intentar relacionar ese ritual y el bosque de las sombras. Entre algún tambaleo, intenté despejar la mente y me dirigí hacia casa. Mi madre me esperaba en la puerta preocupada y cuando me vio llegar dando tumbos rápidamente se ayudó a entrar en casa.



La taza de chocolate caliente y la chimenea me ayudaron a entrar en calor, tras quitarme algo de la abrigada ropa. Mi madre se sentó en la silla y apoyándose bien, con su té entre las manos, pude sentir como empezaba a meditar la bronca.

- Tu hermano se ha encontrado con Iris, y me comento que has perdido todo recuerdo del día que entraste en el bosque.

Asentí levemente con la cabeza mientras veía la madera chispear. Ella siguió.

- No te vas a librar de un trozo de bronca, sabes lo peligroso que es ese tramo del bosque. Dejando la leyenda, supersticiones, cuentos, fantasías y esas cosas… Ese tramo hay muchos agujeros en el suelo, hoyos, precipicios y terraplenes. Con la nevada que hubo ese día, todo estaría llano, pero pones un pie en mal sitio y caes por desgracia en un agujero profundo y no te hubieran encontrado…

Mi madre siempre ha sido muy dramática, pero supongo que en parte tenía razón, es algo peligroso caminar por esa parte del bosque. Si te perdías y por desgracia te enterrabas en algún lado, hasta que llegara el corto verano, la nieve cubre todo y no te pueden encontrar.

-Pero a lo que estábamos, no se a quien le debería agradecer que volvieras con vida de ese maldito bosque. Tantas vidas se ha llevado ya…

-Pues preguntar ¿quién me encontró?

-Fue tu padre, junto con tus dos amigos, Suluk y Alex. Estuvieron buscándote desde la mañana, No te vimos en todo el día, cuando fui a tu habitación y no estabas, nos alarmamos, buscamos y buscamos en el pueblo y tus amigos sugirieron la idea de hojear el bosque de las sombras. Eso nos recordó que estuviste mucho tiempo buscando mucha clase de información relacionada con el bosque. Así nos pusimos en tu busca, como dije ellos tres fueron quienes te encontraron, me comentaron que fue algo raro. Se pasaron muchas horas revisando todo lo posible, con el cuidado de no perderse ellos. Entonces algo les llamo la atención y allí te encontraron. – dijo mientras posaba su té, se acercaba al mueble que había en la salita y rebuscaba en un cajón. – Te encontraron gracias a esto, pero no te lo voy a devolver hasta que el sacerdote me asegure que no es peligroso. Por lo visto esto brillaba, pero suponen que fue por la luz…

Una especie de colgante asomaba de su mano, al abrirla este descendió suavemente y mis ojos se posaron en el balanceante movimiento de la gema gris. No me sonaba de nada. Pero un destello casi imperceptible de tonalidad verde, hizo reaccionar algo dentro de mí, haciendo que de nuevo volviera el dolor de cabeza.





Las mantas de mi cama eran suaves y calientes. Me había desmayado. Ahora me desperté en cama. Algo no anda bien, y que me pasen estas cosas solo hace aumentar mi curiosidad. Cuando sentí que mi cabeza estaba estable, me levante lentamente. Abrí la ventana para sentir el frio aire en la cara. Me llamaron para comer.

Mi hermano masticaba la comida con mucha lentitud, mientras observaba el diario que mi padre tenía entre manos. Pocas veces llegaban diarios del mismo día, así que era una novedad tener uno reciente. Mi madre parecía escavar en el plato en busca de un tesoro enterrado, perdida en sus pensamientos. Quería terminar rápido para poder ir a ver a mis amigos, pero la comida no quería bajar. Tarde bastante, pero por fin termine. De nuevo me marche, sin esperar la aprobación de mi madre.

La casa de Suluk no quedaba muy lejos de la mía. Aunque las casas se suelen parecer y los nuevos se pierden, cada casa tiene algún detalle que la personaliza. En este caso, tanto Suluk como su familia son muy buenos artesanos y escultores, en los alrededores de su casa hay figuras de toda clase y materiales. Él hizo una impresionante estatua de piedra de un oso, de pie cazando un salmón. Justo está al lado de la entrada y cuando llego, suelo chocar los cinco con su gran garra de piedra. Toque a la puerta y tardaron un rato en abrir. Riza, su hermana mayor, fue quien me recibió.

-¿Qué tal Hana? Nos has tenido a todos muy preocupados.- dijo mientras me hacía un gesto para invitarme a entrar.- Ahora mismo todos están en el taller, preparando los adornos y máscaras para el ritual del templo.

-Bien, gracias…Vaya, pues no quiero molestar…- dije sin entrar- espero que este año sea igual de impresionante que el año anterior.

-No sé, la verdad es que el año pasado fue Triana quien hizo el papel de sacrificio, Roger de lobo y Ray de sacerdote, la verdad es que es difícil superar a ese trío. Es una pena que este año no lleguen para la celebración…- dijo mientras se recolocaba los utensilios que colgaban de los bolsillos del mandil de trabajo.- ¿Y que le respondiste a Alex? Que ya me contaron que se te declaro. ¿Aún no le has visto desde el incidente del bosque?

-Que ¡¿qué?! – quede algo trastocada tras oír que uno de mis amigos se me declaro. No recuerdo nada de eso.

Antes de que tuviera tiempo a decir algo más Suluk apareció y le dijo a su hermana que nos dejara a solas. Me volvió a indicar si quería entrar, pero volví a negar con la cabeza. El chico traía el pelo atado con una coleta, pero se notaba que no se había peinado. Su delantal estaba manchado de marrón y negro. Los utensilios que asomaban de los bolsillos estaban llenos de polvo marrón.
El muchacho se rasco la cabeza y miro de lado alado, no pasaba nadie, lo normal, se acercó a mí.

-El día que desapareciste, ¿Qué fuiste a hacer con Poxle?

-¿Eh?- me dije ya harta- ¿Cuántas cosas me paso ese dichoso día…?

 Viendo el desconcierto de Suluk, decidí aclarar el asunto.

-No recuerdo nada del día en que me metí en el bosque. Pero nada de nada… Ni lo que quería Iris, ni lo de la declaración de Alex, ni que hacía con Poxle…

-¿Eso será por el mito del bosque? Aunque es la primera vez que oigo que borre la memoria…

-Entonces ¿me podrías ayudar y explicar detalladamente todo lo que haya sucedido conmigo ese día?

-Hum… Ese día estuve poco contigo- dijo apoyándose en el marco de la puerta. Él media dos palmos más que yo.- Por la mañana estuvimos nosotros cuatro juntos, fue entonces cuando yo distraje a Iris para dejaros un momento a solas y así Alex se pudo declarar. No sé qué le dijiste, al volver no estaba Alex. Y tú no comentaste nada. Luego ya no nos vimos… El resto del día lo pase en el taller, pero a la noche salí a tomar algo de fresco y me senté ahí donde ahora mismo estas tú. Entre las pocas luces de las casas a esa hora, pude verte a ti y a Poxle. Creo recordar que él te llevaba de la mano y tú parecías no andar bien. Fui hacia vosotros, pero os perdí de vista. Creo que no me visteis.

Mi cabeza daba vueltas al intentar recordar esas cosas.

-No tienes buen aspecto, tal vez deberías volver a casa. ¿Te acompaño?- me dijo mientras se ponía a mi altura inclinándose un poco.

-No gracias, me gustaría ver a Poxle o a Alex. Tal vez ellos sepan algo…- dije aún notando un punzante dolor de cabeza.

-Como quieras… Aunque Alex se ha encerrado en casa y lleva una semana actuando raro. Y en cuanto a Poxle… Esta desaparecido. Hay mucha gente en su busca, pero por ahora no se ha encontrado nada.

No podía creerme las palabras de Suluk, pero algo me decían que estaban en lo cierto. Aunque Iris no me dijo que su hermano haya desaparecido, ella parecía estar normal, bueno, nunca se llevaron muy bien.


Me dirigí a casa de Alex, por suerte por el camino, mi dolor de cabeza disminuyo. Su casa estaba algo alejada de la mía. En la otra punta del poblado, menos mal que es pequeño. Los relinchos de los caballos me anunciaban que las cuadras estaban cerca y por lo tanto su casa también. Ellos eran comerciantes. Él es hijo único y por lo tanto su familia le presiona mucho para que se haga comerciante y se dedique a viajar de pueblo en pueblo a vender mercancías. Alex no está muy convencido de la idea.
Estuve un buen rato llamando, pero nadie respondía. Mire en la cuadra y comprobé que faltaban dos caballos.

- Tal vez estaban en “La Placita”- me dije intentando calentar las manos con mi aliento.

Los caballos parecían alterados, así que pensé en salir de las cuadras, pero entonces me decante por acercarme a uno de los boxes. El animal estaba tumbado, pero vi que había una persona tumbada a su lado. Las puertas de los boxes solo se pueden abrir si tienes la llave, pero en este caso no la necesite, pues reconocí enseguida de quien se trataba.

-¿Alex, echando una siesta con Tormenta?-Dije con pasmosa naturalidad

El chico se giró apoyando la cabeza en el lomo del animal tumbado.

-Vaya, tiempo sin vernos. Me alegra que consiguiéramos encontrarte. ¿Qué tal estas?

Algo me parecía extraño, tanto él como yo hablábamos con mucha normalidad como si no se hubiera declarado.

-Venga Tormenta, creo que hemos descansado suficiente, va siendo hora de levantarse- dijo Alex levantándose y haciendo que la yegua también se levantara.-Buena chica.

Me aparte para que Alex pudiera salir y cerrar el box. Descolgó una chaqueta y se la colocó.

-Que bien se estaba allí tumbado…- parecía lamentarse.- Como desapareciste aquel día, no pude agradecerte aquellas palabras. Gracias.- me dijo.

Yo mantuve el silencio, pero no estaba para nada segura de que me estaba hablando. ¿Qué es lo que le dije que tanto parecía agradecerme?

-Siento tener que decirte esto Alex, pero… No recuerdo nada de lo que hice ese día… Riza y Suluk dicen que te me declaraste…- dije algo entrecortada por la vergüenza.

Alex pareció enmudecer, pero enseguida el silencio se rompió con sus carcajadas.

-Ya me parecía a mí que estaban muy raros los demás. Han malinterpretado la escena jaja – dijo mientras se dirigía a la salida de la cuadra.

Medite unos segundos esas palabras y llegue a la conclusión de que no hubo declaración alguna. Viva los malentendidos que casi hacen que me dé he un infarto del susto. Le pedí que me contara que paso.

-Pues no sabría decir lo que tú me dijiste con tanta profundidad… Pero bueno. Por la mañana estuvimos los cuatro en tu casa, después Suluk e Iris se ausentaron un rato. Creo que ahora entiendo porque jeje, vaya malentendido. Sabes que la situación con mis padres es algo delicada pues quieren que me dedique al comercio, pero eso me aleja del pueblo mucho tiempo. De esa clase de cosas te hable, preguntándote que clase de soluciones me darías. Así como algún tema de amorío, del tipo Romeo y Julieta jeje- dijo mientras pisaba la blanda nieve que recubría el camino hacia su casa.

Algo en mi mente empezó a activarse, pues poco a poco fui recordando ese momento y las preguntas que Alex me hizo a solas. Él se había enamorado de Riza, pero no se veía capaz de declararse. De golpe me vino uno de los diálogos que tuve a la boca y lo dije en voz alta:

- Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.

Alex se giró sorprendido, también parecía recordar, pues respondió algo similar a lo que recordaba:

-Creo que solo tengo ojos para Riza, pero ella no creo que quiera a un comerciante como novio.

- Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender. No dejes que tu propio pesimismo te envíe a la oscuridad, pues si aún no has dado el paso, no pienses lo siguiente.

- Creo que puedo reunir el valor y declárame. Pero temo que por la respuesta sufra…

-El amor es duro, áspero y violento, y pincha como el espino.

-Sí, cosas como esas fue las que me dijiste- dijo Alex, mientras alzaba la vista, había empezado a nevar.

- ¿Y que tal fue la cosas?- dije. Yo le comente todo eso a él, porque Riza ya daba indicios de sentirse atraída por Alex. Creo recordar que en ese momento me sentí como una celestina o cupido incluso. Todo lo que dije fue para darle un empujón al asunto. Pero entonces recordé que Riza me pregunto si se me había declarado Alex…

- Pues nada, no me atreví. A parte luego tú desapareciste. Pero he decidido que el día del festival, la voy a invitar y ahí si lo conseguiré.- dijo cerrando los puños con decisión.

-Riza siempre ha sido muy madura, tendrás que buscar un buen momento, pues ahora esta liada con los preparativos del festival.- dije mientras veía el vaho que se formaba en las ventanas de la cuadra.

Alex y yo estuvimos un rato más hablando de cosas sin relevancia, aunque le pregunte si sabía algo de Poxle, pero parecía saber tanto como Suluk. A la vuelta, la nevada parecía intensificarse, eso me hizo desviarme un poco de mi camino, y acabe cerca del bosque de las sombras. No me sorprendí, pues ya pase por aquí cuando fui a casa de Suluk, pase cerca, y el templo donde se celebra el festival está justo en la entrada el bosque. Pero en este caso algo era diferente, me sentía atraída a entrar, pero entonces apareció mi padre, sorprendido incluso de verme. Se acercó rápidamente y me dijo que me girara. Yo me vi forzada a hacerlo.

-¿Qué pasa?- dije desconcertada.

-Pues pasa que llegas en mal momento, justo ahora llego de la busca de Poxle, con otras personas del pueblo. Y tenemos una buena noticia y otra mala.

Casi prefería no saber ninguna…- me dije, no sé si lo pensé o lo dije al final.

-La buena es que encontramos al chaval, la mala que habrá que celebrar un funeral…

Me quede de piedra ante aquellas palabras. Paralizada por el momento, mi padre y yo volvimos a casa juntos.





La mañana fue muy pesada y bochornosa. Asistí al funeral, la verdad es que lo prepararon enseguida, por lo visto sus padres no apreciaban mucho a su hijo mayor. Yo no pude hablar en muchas ocasiones con Poxle. Pero todos los describen como una persona cerrada, de mente retorcida y perversa, era bastante fanático a los animales y plantas venenosas. Nadie parecía estar triste por su pérdida. Cuando fui a darle el pésame a Iris, ella no parecía estar triste, pero simplemente me dijo que yo lo había matado y se marchó. No entendía nada, Iris actuaba de una forma muy rara. Cuando le pregunte a mi padre acerca de la muerte de Poxle, no me pudo decir gran cosa, por lo visto fue atacado por animales salvajes, así que sin autopsia nadie sabe el origen de la muerte, pero parece ser que los padres se negaron a hacer autopsia alguna. Así que, se murió y punto. Que familia más fría. Aunque siempre me había parecido simpáticos e Iris también. El viejo sacerdote del templo fue quien hizo unos cánticos y nada más acabó, todos se marcharon. Mi madre aprovecho para enseñarle el colgante del que tanto parecía estar preocupada. Cuando el sacerdote dijo que no había nada raro me lo devolvió. Por ahora lo guarde, lo examinaría al llegar a casa.

La leyenda de Singajik

La leyenda del demonio Singajik y el Sacerdote extranjero

Hace mucho, mucho tiempo en un pueblo muy asilado, unos demonios lo asediaban constantemente. El poderoso demonio Singajik, con sus astutos y enrevesados pensamientos, hizo un pacto con los pueblerinos. Él alejaría a los demonios inferiores de esas tierras y a cambio, cada tres semanas se ofrecería como sacrificio a una muchacha del pueblo. Así lo aceptaron. Los meses pasaron y el pueblo prosperó sin el ataque de ningún demonio. Aun así su población femenina disminuía. Cuando tocaba elegir el sacrificio, lo hacían por sorteo. Muchas muchachas quisieron escapar antes de que les pudiera tocar, pero cuando se adentraban en el bosque no volvían a aparecer. Si se marchaban con su familia, conseguían volver todos los integrantes a salvo excepto la chica. Los habitantes atribuían al demonio esas desapariciones de chicas en el bosque. Los sacerdotes del pueblo temían al poderoso demonio, así que no podían hacer nada al respecto y eran ellos quienes solían guiar a las sacrificadas por el bosque de las sombras hasta la guarida de Singajik, donde las dejaban dentro y se volvía al pueblo solos.

Un día, quiso el destino, que llegara al pueblo un sacerdote joven. Esté llegó tras oír los rumores de los sacrificios de un poderoso demonio. Se instaló en el pueblo. Era un hombre alegre y simpático, rápidamente se hizo amigo de todos los habitantes del pueblo. Este sacerdote tuvo el placer de conocer a la única sacerdotisa reconocida como tal. Era una chica guapa y bella, educada y de fina contextura física. Era muy apreciada por todos, casi la trataban de deidad, pues había hecho muchas cosas en beneficio del pueblo e incluso se le atribuían poderes. Era la única que no participaba en el sorteo. Pero después de mucho pedirlo, pues ella no quería ser especial, quería ser tratada como las demás chicas, entro en el sorteo del sacrificio. El joven sacerdote que se había enamorado de ella, intento hacerla recapacitar, pero ella no cambio de parecer.

El destino, juguetón como es, quiso que esa semana la elegida para sacrificio fuera la sacerdotisa. Cambio sus hábitos de sacerdotisa, por las ropas del sacrificio. Su belleza, aún con esa ropa tan normal, seguía reluciendo sobretodo. El sacerdote extranjero quiso hacer el papel de entregarla al demonio, los demás sacerdotes no se veían capaces de hacer algo tan cruel, así que aceptaron.

Ambos se adentraron en el bosque, el día anterior le habían explicado el camino, así que no se perdieron. El hombre se pudo percatar de que el bosque estaba plagado de demonios inferiores, que esperaban poder cazar al sacrificio, por eso tenían que acompañarlas un sacerdote que las protegiera de esos ataques. Llegaron a una cueva, con una enorme abertura como entrada. El sacerdote saco unas ropas similares al de la chica. Le dijo a la joven que se marchara, que él la sustituiría y se encargaría del demonio. Ella se negaba, pero él no la escucho y entro disfrazado de mujer. 
La cueva era ancha y algo profunda, al llegar al final, el camino por donde entro quedo bloqueado. Un demonio de gran envergadura, había bloqueado la salida. El sacerdote le lanzó un poderoso hechizo, que atravesó el abdomen del Singajik. Este se lanzó contra el sacerdote y empezó una cruenta batalla. El demonio no parecía cansarse y el sacerdote no quería rendirse. Entonces algo de luz ilumino la estancia. La sacerdotisa, quien no había escapado sino que intentaba ayudar a salir de ahí al sacerdote, abrió un pequeño espacio en el camino bloqueado, el joven hombre salió por los pelos, antes de que el demonio descargara otro violento ataque. Entonces, la sacerdotisa cerró el camino y el sacerdote sello esa cueva para que no pudiera salir nunca más.

Al volver al pueblo, todos los recibieron entre aplausos y victorias, pues con el sellamiento del poderoso Singajik, los demonios inferiores también habían desaparecido y ya no habría que sacrificar a nadie más. Ambos decidieron casarse y cada año renovar el sello para así no tener que volver a sufrir el poder de Singajik. Y finalmente el pueblo vivió feliz y en paz.


~Fin~