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Los asesinos de Noir

Soñando con el pasado


La lluvia embarraba el campo de batalla. Era una noche muy cerrada y llevábamos semanas sitiando el fuerte enemigo sin conseguir avanzar. Esa misma noche nos mandaron retirarnos. Una locura, era tirar nuestros esfuerzos a la basura. Protesté con los altos mandos en vano, me vi forzado a mandar a todos a la retaguardia y ceder terreno. No entendía aquella razón.

Cuando comprobé que mis compañeros se habían dormido, recogí mi rifle de francotirador, unos prismáticos y mi cajetilla de cigarrillos. Con el chubasquero de camuflaje subí a una de las rocas más altas y me cubrí entre algunos arbustos, coloqué el arma y me dispuse a observar el territorio enemigo.

Todo estaba tranquilo, pero podía notar como dudaban sobre nuestra ausencia en las zonas cercanas. Lo más seguro es que aprovecharan para avanzar terreno ahora que no estábamos.

Tuve que cubrir mejor la mira, porque con la lluvia se enturbiaba. Las luces se apagaron en el frente enemigo, rápidamente puse mi mira hacia aquella dirección. No veía nada más que cuerpos caer uno tras otro. Como si la muerte caminara por aquel paraje llevándose a todos los que encontrara con su guadaña. Me pareció ver una sombra e intenté seguirla, pero era veloz, era imposible que hubiera un humano así. La base enemiga tenía que ser ataca por monstruos o espíritus. En pocos segundos ya no quedaba nada. Todos estaban en el suelo inmóviles bajo la tempestad. Las luces ya no se encendieron más. El agua había amortiguado los gritos.

- Tarde o temprano tenías que llevar a ver eso- sonó una voz a mis espaldas. Era mi superior.

- ¡Señor!- me puse en pie firme.

- Descanse. Pronto te dejaré mi puesto y conviene que te hagas una idea de que "eso" existe.

El hombre indicaba que iba a encender un cigarrillo y quería que aguantara su paraguas y así lo hice.

- Pero ¿Qué ha sido eso?

- Un escuadrón de asalto secreto. Rápidos como la luz, letales como la muerte. Nadie sabe que existe y pocos pueden ordenarles misiones.- exhaló- ¿una calada?

- No, gracias.- rechacé- ¿Es por ello que nos retiramos?

- Sí, no todos están bien adiestrados y algunos no diferencian aliado de enemigo. Si hubiéramos estado allí abajo, nos hubieran linchado también. Ahora nos llevaremos el mérito de esta batalla.

- ¿Cómo un escuadrón tan poderoso lo enviaron a una misión tan trivial como esta?

- No lo puedo saber, estas cosas solo lo saben los altos cargos. Pero me aventuraría a hipotetizar que tienen nuevos miembro y los estaban probando en un campo fácil. – tiró la colilla- No me hagas caso y volvamos, que esta lluvia se cala en los huesos. Que ganas tengo de jubilarme, casarme y formar una familia.

- Señor, déjeme decirle que usted es muy joven.

- Ya, pero Leo, te aseguro que si sigo en el campo de batalla no llegaré a vivir mucho más. Un cargo más y podré volver a casa y trabajar desde allí.

Cuando me di cuenta nos encontrábamos en el campo corriendo con las botas llenas de tierra mientras los disparos nos rozaban las ropas. Los gritos de ambos bando eran ensordecedores.

- ¡Leo! No disminuyas el paso- me gritaba

- Eso intento Señor.- jadeaba mientras notaba como el enemigo nos alcanzaba.

- ¡Vamos, Vamos, Vamos!- gritaban desde atrás para que los rezagados espabilaran.- Hay que llegar al fuerte.

- ¿Quién esperaba que nos hicieran una emboscada de esa forma?- protesté cuando me puse a la altura de uno de mis compañeros.

- Si salgo de esta, juro que...- no le dio tiempo a acabar la frase porque un tiro le atravesó el pecho y cayó al suelo en el acto.

Quise pararme pero mi instinto de supervivencia no me dejaba, según subíamos por aquella senda, más de mis compañeros seguían muriendo, uno tras otro. Sonó una granada.

- Daros prisa, yo os cubro.

- ¡Señor! Eso es trabajo nuestro.

- Dejaros de pijadas y llegad a la base. Es una orden.- sonreía hasta el final.

Los pocos que sobrevivimos vimos como aquel hombre seguía sonriendo aun después de caer muerto por el enemigo. Nos salvamos porque él se sacrificó por nosotros. Y yo solo podía gritar su nombre.





- ¡Cariño despierta! Has tenido una pesadilla- me despertó Clarisse.

Me reincorporé en la cama, estaba sudando.

- Has estado murmurando varios nombres y de golpe empezaste a gritar: "Josef, Josef!"- sonaba preocupada- ¿Quién es?


Me tomé un momento para recobrar el aire y pasar mi mano por mi frente.

- Fue uno de mis superiores cuando aún estaba empezando en el ejército, es quien me aficionó al uso del fusil de francotirador. Era un hombre que no se merecía el final que recibió. Él siempre soñó con tener una familia. Tras su muerte fui a llevarle las pertenencias a su familia, fue entonces cuando me enteré que era huérfano y no tenía ningún pariente ni nada que pudiera quedarse con sus cosas.

- ¿No me digas que las has conservado tú?- no reconocí en que tono me lo decía.

- Sí, fue mi mentor, amigo y señor.- me froté la cara- Me voy a dar una ducha.


Los asesinos de Noir

Trabajo a sangre fría


Después de desactivar la alarma de la casa, Leo entró silenciosamente y cerró a su espalda la puerta con suavidad. Las manchas de sangre ya llegaban hasta la puerta. Fue peligroso haber disparado al hombre cuando estaba tan cerca de la entrada. Esquivó el cuerpo y acabó de registrar la planta baja. El hombre fue el primero en caer y la mujer que estaba en el salón fue la segunda. Subió silenciosamente los peldaños de la escalera y empezó a explorar el primer piso. Según su información tenía que eliminar a todos los habitantes de la casa. Una matrimonio que vivía con su hijo y un anciano. Acabó de registrar la casa pero no halló a los dos últimos integrantes. Desde el pasillo se asomó cuidadosamente a una ventana que daba a la calle. Allí vio cómo, el anciano y el niño, estaban de camino a la casa. Entonces, a Leo, le empezó a vibrar el móvil.
- ¿Sí? - descolgó
- Hola cariño. Te recuerdo que hoy me prometiste que nos acompañarías a mí y a Mirai a ver a mis padres.
- Lo sé, allí estaré.
- Ya sabes que a Mirai siempre le hace ilusión ir a ver a sus abuelos. No te retrases. Mi padre ha dicho que él se encargaba de hacer la cena y ya sabes cómo es él con respecto a la puntualidad.
- Lo recuerdo. Termino esto rápido, déjame archivar los últimos encargos y voy.- miró como las dos últimas personas de la lista se acercaban a la puerta de entrada.
- Siento haber molestado. Un beso, nos vemos ahora pues.- y colgó.
Leo se pegó a la barandilla de las escaleras y cuando el anciano cerró la puerta tras de él, al entrar, se desplomó en el suelo por el disparo de Leo. El niño corrió a socorrer a su abuelo que yacía desangrándose. El hombre descendió las escaleras y entre las lágrimas del niño y su expresión de terror, disparó la última bala, acabado con su sufrimiento.
- ¡Dios! Porque tienen que ser así las cosas- protestaba mientras recogía los dos casquillos de bala que disparó.- Tener que disparar a civiles, para proteger a mi familia... En qué momento de mi vida me habré confundido de camino... En qué momento Noir puso sus ojos sobre mí...
Aun refunfuñando un poco, salió de la casa de nuevopor la puerta trasera. Conforme salió activó la alarma y se marchó sin hacermás ruido ni presencia.    

Los asesinos de Noir

Fragmento extra


- ¿Dónde está Mirai?

- En cama. Esta semana solo ha querido dormir en su habitación si dejábamos que Lucca y Zeke durmieran con ella.

- Los va a malcriar.

- Bueno, cariño, para ella esos perros han sido sus salvadores.- dijo Clarisse metiéndose en la cama.

- Por suerte todo ha salido bien, pero voy a cambiar las vallas por otras más altas. O a lo mejor las electrifico...- se metió también en cama

- No te pases Leo. Que esto tampoco tiene que parecer un campo de concentración.

- Solo quiero vuestra seguridad.

- Pues, con tenerte a ti cerca, y a Lucca y Zeke, ya estamos más que felices y seguras- sonreía mientras se arrimaba a su marido- pero al final todo fue culpa mía, si no hubiera dicho aquella palabra que empieza por "t" de la cual me dijiste que solo lo dijeran en casos extremos... A lo mejor aquellos hombres aun estarían vivos...

- No te fustigues. No es culpa tuya, eran malas personas que solo querían haceros daño. Esa palabra os protegió y ya está. No le des más vueltas

- En verdad pasé mucho miedo... Que se llevaran a Mirai, que hubieran ahorcado a Lucca... Pero en ese momento, la adrenalina me pudo, supe que la única forma de salir de allí era confiar en los perros. Esos que tú entrenaste, de los que dan hasta su último soplo de vida por sus dueños.

- Así es cariño, ellos están aquí para ser amigos de Mirai y a la vez sus guardianes. Mientras estéis con ellos, nunca os pasará nada. Os defenderán hasta que no puedan vivir más.

- Son un tesoro, es imposible que existan otros como ellos.

Leónidas acarició la cabeza de Clarisse hasta que ella se quedó dormida.


Los asesinos de Noir

Continuación: Intento de secuestro


Habíamos recibido la llamada de un intento de secuestro y allanamiento de morada, así que lo más pronto que nos fue posible, fuimos al lugar indicado. Acordonamos la zona para evitar posibles cotillas e hicimos que una pareja de policías vigilara el sitio.

La valla del jardín estaba abierta, mi compañero empezó a avanzar pero se paró en ver que a su derecha yacían en el suelo dos cuerpos entre manchas de sangre. Nos acercamos para verificar que claramente estaban muertos. Tocamos al timbre de la casa.

- ¡Policía! Puede salir tranquila.- gritó mi compañero.

Observé que a la izquierda, tumbados a la sombra estaban dos enormes perros.

- Pasen, por favor...- abrió una hermosa mujer de pelo rubio.- por aquí.

Entramos hasta el salón y nos ofreció sentarnos, pero rechazamos la oferta. El interior estaba amueblado de forma muy refinada y cara.

- ¿Puede contarnos que ha sucedido?- dije sacando cuaderno y lápiz.

- No estoy segura, no estaba allí, pero en algún momento empecé a escuchar a mis perros. Cosa muy rara porque a no ser que sean amenazados, no hace nada. Así que rápido salí fuera y vi dos hombres rodeando a mi hija. Uno de mis perros atado por una cuerda del cuello y el otro intentando defenderse de los agresores. – le temblaban las manos y la voz- no sabía que hacer... Sola contra ellos no podría, así que fui a desatar al perro. Mientras ellos nos defendían, yo cogí a Mirai y salimos de allí. De inmediato llamé a la policía y a mi marido.

- ¿Así que fueron los perros quienes acabaron con los secuestradores?- preguntó mi acompañante- ¿a lega que fue en defensa propia?

- ¿Perdone?- se veía confundida.

- ¿Tiene cámaras de seguridad?- me adelanté- y agente Rick, por favor vaya a encargarse de los cadáveres.- mi compañero asintió y abandonó la sala.

- Me parece que si las hay, pero las debe de tener mi marido en su despacho. Espero que llegue pronto...- sus ojos estaban algo rojos.

- Y su hija ¿Qué tal se encuentra?

- Bien, está en su habitación.

- Mamá...- sonó una voz casi a llanto. - ¿Dónde están Lucca y Zeke?

- Fuera, cariño- la sostuvo entre los brazos.

- ¿Puedo ir a verlos?- preguntó y la madre me dirigió una mirada.

- Que te parece si primero me respondes unas preguntas ¿bien?- intenté sonar lo más amigable posible. La niña asintió- ¿Me contarías que pasó mientras estabas con esos hombres?

- Estaba jugando con Zeke y mis muñecos. Luego había como ruidos en la entrada y fue Lucca a mirar- La madre hizo un inciso para decirme que Zeke era el dóberman y Lucca el rottweiler – Como seguía, fui a miras que había. Entonces apareció un hombre muy alto, no veía su cara. Tenía miedo y empecé a retroceder. Zeke se quedó a mi lado así que intenté ser fuerte pero entonces apareció otro y vi a Lucca ahogándose por una cuerda y y y...- empezó a llorar.

- Ya está, ya está... - acarició su cabeza.- ¿Puede dejarnos un momento a solas?

- Claro- salí al jardín de nuevo.

- Los forenses se han llevado los cuerpos.- aparecido el agente Rick

- Bien.

- ¿Las crees?

- Entonces, ¿crees que una mujer así y una niña habrían matado a dos hombres de esas características?

- Ellas no, pero bien que sus perros...- señaló hacia los animales.

- ¿Qué quieres decir?

- Voy a mirar si son agresivos.- se empezó a acercar a ellos.

- ¡¿Qué haces?!- quise detenerle, pero de nada serviría, a este chaval nunca le gustaron los perros.

- Oye chuchos, que pasa, ¿estáis asustados?- se les acercó con las manos cerradas y por encima de su cabeza mirándolos a los ojos.

Los perros alzaron la cabeza pero ni se movieron, entonces, mi compañero chasqueó la lengua y se pasó de la raya al patear al rottweiler.

- ¿¡Pero qué haces?!- dije al ver que incluso sacó el arma por si se lanzaba, pero nada.

- ¿Qué le pasan a estos perros? ¿son de piedra o qué?- parecía que la poca paciencia que tenia se le había acabado.

- No, solo que están mejor educados que tú.- dijo una voz poderosa desde la entrada del jardín.- Lucca, Zeke. ¡Aquí!- Ambos perros en nada se plantaron frente al hombre.

Imponente como era, se agachó a observar a los animales y de paso a limpiar algunas manchas de sangre que aun tenían. Les estiró del morro, les miró las mandíbulas y las patas.

- Usted debe de ser el marido, perdone la falta de cortesía de mi compañero. Es nuevo y esta de prácticas- intenté excusar los hechos.

El hombre sin mediar palabra se acercó a Rick y él agarró el arma. Desde donde estaba pude sentir una poderosa aura, los perros se habían puesto de pie y gruñían enseñando sus colmillos.

- Estos perros solo enseñan los colmillos ante el peligro, sin una amenaza contra su dueño, ellos no atacaran por muchos golpes que les des. Que te quede claro.

Rick enfundó el arma con las manos temblorosas. Los animales se calmaron entonces y se pusieron junto a su dueño.

- Las presentaciones empiezan tarde pero, soy el agente Friedrich y él, el agente Rick.

- Aquí tiene- dijo dándome el pañuelo con el que limpio la sangre de la boca de los perros- supongo que lo querrán junto con las grabaciones ¿no es así? Creo que es usted quien manda. Sígame a mi despacho.- empezó a caminar hacia la casa seguidos por los dos perros.

- Rick, quédate aquí, que buena la que has liado- le susurré.

Entramos en la casa y el hombre se pasó un momento al salón.

- ¡Cariño! ¡Papá!- dijeron a la vez abalanzándose sobre él.

- Que miedo he pasado, creía que nos quitarían a Mirai- comentó la mujer.

- Ya ha pasado, ya estoy aquí.- le besó delicadamente la frente.

- ¡Gracias!- abrazaba la hija a los dos perros con sus cortos brazos y pequeñas manos. Ellos empezaron a lamer su cara.- Me hacéis cosquillas.

- Voy a por las cámaras, ahora vuelvo- se separó.

- Voy con usted- fui detrás de aquel hombre mientras subía las escaleras.

Su despacho era formidable, muebles de madera, largas estanterías llenas de libros, una mesa amplia con papeles con un ventanal a su espalda. El hombre lucia inmenso y poderosos cuando la luz del atardecer reflejaba su sombra sobre la sala. Encendió el portátil que había sobre un escritorio, cerca de unas butacas y extrajo un CD.

- Aquí tiene- me lo pasó.

- Gracias por su colaboración- respondí, pero mis ojos se desviaron hacia un marco donde había toda clase de medallas, placas y de más.- Así que fue militar...

- Así es, esta clase de cicatrices no las consigue un oficinista- comentó, pero no sabía si en tono de broma o de sarcasmo.

- ¿Cree que el ataque podría haber sido por resentimientos o hechos del pasado en el ejército?

- Espero que no, que solo haya sigo un intento de secuestro por el dinero y no por represalias de mis actos pasados.- parecía angustiarle el tema.

La investigación no duró mucho, aquellos hombres era famosos secuestradores buscados en muchos países por actos de secuestro, asesinato y chantaje, no tenían familiares ni nadie que quiera hacerse cargo de los cuerpos. No se pudo acusar a la mujer de asesinato, fue una defensa propia ejercida por sus perros, pero tampoco condenaron a los animales tras mostrar las grabaciones y los testimonios. El juez no declaró culpable a nadie ni dio sentencia a nada, todo quedó impune. A Rick aquello le olía mal, pero no se podía hacer nada más. No se les podía acusar de tener animales peligrosos pues estaban permitidos y tenían los papeles en regla además de que mostraron el vídeo de Rick pateándolos y como ellos no hicieron nada. Por eso odio a los abogados, siempre lo arreglan todo a su manera. 


Los asesinos de Noir

Intento de secuestro

-¿Esa es la niña?- preguntó el copiloto.

- Sí, parece un buen objetivo. Escuela prestigiosa, ropas caras.- observaba desde el retrovisor a los niños que salían de la escuela- Dinero seguro. Vamos a seguirla.

- Creo que acaba de llegar su madre.- silbó

- Wow, que buena esta la madre, a lo mejor nos deberíamos llevar a ella.

- Bueno, tú tira que las perdemos de vista.

Ellos arrancaron y disimuladamente siguieron el coche de la madre y la hija. Aparcaron en las proximidades y se acercaron a la valla blanca donde en el interior había un precioso jardín y una casa al estilo película estadunidense. Un paseo de piedras hacía de camino hasta la puerta de aquella casa.

- Con estés nos hacemos de oro.- se frotaban ya las manos pensándolo.

Ambos hombres estuvieron rondando a la familia para buscar una pauta, el ritmo de su rutina, para intentar atacar. Al cabo de unos meses pudieron encontrar una abertura. Las tardes de los viernes, durante unos minutos, la niña quedaba en el jardín jugando sola. La madre seguía en casa pero calcularon que no lo suficiente como para llegar a tiempo. Esperaron unas semanas más acabando de perfilar el plan.

- Te acuerdas del plan ¿no?

- Sí, apúrate que vamos contratiempo.

Había perros en la casa así que lo primero que hicieron fue hacer una distracción en la punta opuesta de la casa. Mientras uno atendía a los perros el otro cogía a la niña. No era difícil, no había nadie y tenían todo lo preparado. Lo que no se esperaban es que los perros no reaccionaran por nada, ni por ruidos, ni el silbato de perros ni comida...

Algo presionados por el tiempo decidieron golpear la valla de la entrada, eso no se podría oír desde el interior de la casa, pero si lo pudo oír la niña, quien, curiosa, se acercó a la parte delantera del jardín a ver qué era eso. El primero en acercarse fue el poderoso rottweiler que tenían. El hombre ya había preparado la soga así que cuando lo tuvo a tiro le ató el cuello con un nudo corredizo. El animal empezó a forcejear. Con esto esperaban distraer al otro perro y así su compañero pudiera coger a la niña, pero cuando el segundo hombre se había acercado a atraparla por detrás, el dóberman seguía sentado pegado a las faldas de la niña. Paso que daba ella, movimiento que seguía él. Se puso en modo defensa, con la cabeza siempre mirando hacia el enemigo no se separaba de su dueña. El hombre que se había encargado de atar al primer perro entró al jardín para ayudar a su camarada.

- Va, hombre, que es un puto perro. No un oso- decía, pero con la máscara que llevaban no se les entendía nada.

- ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?- habló la niña mientras se encogía detrás del perro.

Viendo que la víctima iba a gritar, se abalanzaron para amordazarla. Uno de los dos fue el atacado por el dóberman, este agarró el brazo del hombre y zarandeaba la cabeza sin soltarle.

- ¡Ah! Mi brazo- intentaba ahogar los gritos.

- Ya la tengo ¡Vamos!- se giró hacia la salida.

Fallaron en el tiempo, frente a la valla de la salida estaba la madre desatando al rottweiler.

- Lucca, ¡Ataca!- señaló.

El animal no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre el que agarraba a la niña.

- ¡Mirai! Ven aquí.

Mirai corrió hasta su madre y escondió la cabeza contra su pecho. Delicadamente la mujer cubrió los oídos de su hija.

- Töten- dijo mientras daba un silbido.

Entonces los perros se dejaron de juegos y forcejeos con los asaltantes. Dejaron la parte que estaban atacando y, aprovechando eso, los hombres se levantaron para intentar escapar, en vano porque los animales se habían lanzado a sus cuellos, directos a acabar con ellos.

Clarisse levantó a su hija y la metió en casa para que no viera los dos cadáveres que quedaban fuera. Sin apartarse de su retoño, acariciando suavemente su cabeza, llamó a la policía e inmediatamente después a su marido.

Los asesinos de Noir

Reporte + Inu

En una sala de decoración algo rural, está Leo sentado en una butaca leyendo un diario. Entra Yuki tatareando una canción alegre. Debido a que el grupo de Noir siempre lleva sus máscaras incluso en presencia privada de los suyos, la única forma de poder saber qué estado de ánimo tenían era expresándolo. Muchas veces había malentendidos, sobre todo entre aquellos integrantes que tienen cero capacidades de expresar emociones. 
- Te noto bastante alegre- comentó Leo girando la página.
- ¿Se me nota mucho?- respondió dando un brinco para ponerse a su lado- Gracias a tu ayuda en la misión anterior, el Master, me ha dicho que podré tener una mascota para que me ayude. ¿tú estás aquí esperándole también?
- Me alegro de que pasaras las pruebas y te den un compañero- cerró el periódico.- Vengo a informarle de un incidente. Pero no es nada grabe, no te preocupes.
Leo palmeó la cabeza enmascarada de la chica. Yuki colocó su mano en el sitio donde la habían acariciado y se sentó en otra de las butacas al mismo tiempo que cogía el diario de Leo.
- Oye, Leo. Si los demás tienen un animal según la máscara que usan… ¿Tú tienes un león de verdad?
Leo sorprendido por la pregunta empezó a reír con cierta fuerza.
- Estaría bien, pero animales como eses son muy difíciles de adiestrar. Y no digamos llevarle por una ciudad durante alguna misión. Llama demasiado la atención.
- ¿Eso es un no? ¿Es por eso que me han asignado al “perro”? Un animal fácil de adiestrar y discreto…- abrió el diario sin prestarle mucho caso a las noticias.
- El perro es un animal increíble, es todoterreno, puede ayudar a las personas en la mayoría de tareas. Desde militares a médicas. Pasando incluso por mascotas y amigos.
- ¿Has tenido perros antes?
- Bastantes, muy leales y obedientes.- se peinaba la melena de la máscara.- Adiestré a otro tanto de ellos.
Antes de que dijeran nada más la puerta se volvió a abrir. Cancerbero entró con una maleta en una mano y un cachorro de perro en la otra.
- El Jefe está ocupado ahora, así que he venido yo- comentaba cerrando la puerta con el pie y caminando hacia el centro de la sala.- Vayamos por partes. Yuki, este será tu compañero, es un Akita Inu, aunque por ahora está en entrenamiento y no te lo puedes llevar. Pero tienes que empezar a hacer contacto con él para que te tenga estima- dijo pasándole al cachorro.
- ¡¡Que cosa más mona!!- casi chillaba mientras lo sobaba- Aunque por mi mascara pensé que sería un pastor alemán o algo así.
- Eso, en todo caso, más adelante.- posó el maletín en la mesa- Con tu nivel, primero mejor que manejes un perro algo más fácil, más adelante tendrás uno con un potencia más peligroso. Pero no subestimes a un Akita Inu, son más listos que el hambre. Así que tienes mucho trabajo con él.
- ¿Cómo se llama?- seguía Yuki acariciando al pequeño que parecía encantado con los mimos.
- No tiene, puedes ponerle el que quieras- respondió el hombre mientras abría el maletín- Ya he terminado de arreglarlo y te lo he traído- hablaba hacia Leo.
- Gran trabajo, si…- comentó Leo alzando el rifle y mirando por la mira.
- Daiki, así te llamaras. Elegante, excelente, gran gloria… Sí, cosas así le quedan bien- sonreía bajo su máscara mientras levantaba hacia arriba el cachorro que bostezaba con la cola entre las patas.
- Me he fijado que tú estás con el japonés a vueltas- comentaba Cancerbero acercándose a Yuki.- Y estamos lejos.
- Lo sé, me crie allí pero no soy japonesa. Aun así, me es más cómodo.
- Así que tu nombre en Noir, viene de allí. –Comentó Leo mientras guardaba el arma en el maletín. – ¿Cómo puedo hablar con el Master? 
- Me ha dejado este teléfono, en nada sonará y será para ti- respondió Cancerbero pasándole el móvil.- Yuki, ven conmigo, tengo que enseñarte más cosas sobre Daiki.
Cuando ambos hubieron abandonado la habitación, Leo se volvió a sentar en la butaca con el teléfono móvil en manos y observando la noticia del diario que hablaba sobre un accidente de coche. Perder un camarada era algo doloroso. El móvil empezó a sonar.
- ¿Leo?- habló primero el emisor.
- Sí.- hizo una pausa.
- ¿Y bien? ¿A que venía esta inesperada llamada? Nunca has sido el primero en querer contactar conmigo por voluntad propia. Algo gordo ha debido pasar ¿Estoy en lo cierto?
- Así es. Un excompañero mío, militar, consiguió dar con mi casa nueva. Con él traía información confidencial y muy peligrosa para Noir.- la voz de Leo sonaba monótona.
- Eso es peligroso, te habrás encargado de él ¿Verdad?
- Si, destruí las evidencias y a él también.- no pudo seguir con la frase.
- Bien, muy bien hecho. ¿Qué información contenía?
- Hablaba sobre diferentes relaciones de Noir con una especie de laboratorio. 
- Ya veo, eso ha sido muy peligroso.- parecía sonar aliviado el jefe- Pero me traes un “pero” ¿no es así?
- Por desgracia sí. La letra no era ni de esa persona ni de ninguno de sus cercanos. Por lo que quien le ha dado esa información ha debido ser un tercero.
- De acuerdo. Mandaré a Carcelero que busque información sobre quienes podrían estar involucrados y si Nathan está libre mejor. Solo para prevenir. Haré que se ponga en contacto contigo pronto. Tienes que darle toda la información que te pida sobre el hombre muerto para suplantar su identidad. ¿Ha quedado claro?
- Sí, señor.- respondió.
- ¡Ah! Una última cosa, Leo. Tienes prohibido meterte más en este caso.  Mantente al margen. Cuando se mezclan asuntos personales, las personas tienden a perder la mente fría.- después siguió el pitido de haber colgado.
Leo suspiró mientras se dejaba caer del todo sobre el respaldo y notaba como un enorme peso empezaba a oprimirle el pecho. Alzó pesadamente su mano izquierda y la dejó caer donde se encontraba su ojo derecho, bajo la máscara.

Los asesinos de Noir

Una pausa


- Crow… Sé que no debería de preguntar pero… ¿¡Qué narices haces con tus armas?! Cascas nueces, abres avellanas, cortas árboles- protestaba Cancerbero mientras revisaba el filo del cuchillo- No, espera, no me digas. ¡Partes piedras!
Crow se sentó en uno de los taburetes de la armería y se encogió de hombros sin dar más explicaciones.
- Todos usan las armas que les preparo y nadie viene con ellas tan dañadas…- protestaba mientras sacaba las herramientas para arreglarla.- Tardaré un rato. En aquel cajón tienes unas cuantas de repuesto. Sírvete tú mismo. 
- Cancerbero, ¿estas por aquí?- se oyó una voz mientras se abría la puerta.
- Sí, estoy aquí- dijo mientras se asomaba entre las estanterías de armas para que le viera.- ¿Qué te trae hoy por aquí?
- Pues verás- avanzó por el pasillo en dirección al hombre- Venia a traerte la mira de mi rifle.
- ¿Qué le ha pasado?
- He tenido un inesperado contratiempo y se ha dañado durante la trifulca.- le dejó el arma sobre la mesa.- Vaya, no sabía que estaba Crow aquí.- sonó distante- Me marcho ya.
Crow se colocó los nuevos cuchillos en sus correspondientes lugares y se vistió con su capa de plumas. No medió palabra y abandonó la sala.
- Parece que tú y Crow no os lleváis muy bien.- sonreía bajo su máscara de lobo.
- No es que nos llevemos mal. Pero raro seria que nos lleváramos bien.
- Ya sabes que él es un asesino porque le enseñaron a ser eso, pero no significa que no siga siendo un crío comparado a lo que tú y yo hemos vivido. 
- Por ahora no lo odio, pero cuando empiece a sentir placer por lo que hace es cuando tendríamos que preocúpanos.
- ¿Tienes miedo de que Crow se vuelva como Travis?- comentó mientras soltaba una ligera risa.- No creo que pase, porque Crow sí que odia a Travis. 
- No es un consuelo, pero algo es algo- se acariciaba la peluda máscara de león que llevaba- bueno, voy a volver. Aún tengo cosas que hacer.
- Que vaya bien, intentaré tenerlo apunto lo más pronto posible.

La Hechicera y el Aprendiz

Acto 1: Introducción

Una gran sala donde en el centro hay una marmita al fuego, seis pilares sostienen el techo de piedra. Estanterías llenas de libros y apuntes de papel. A la derecha cestas con plantas y botellas de colores. Entre los pilares una mesa redonda, llena de tubos de ensayo. Por el suelo hay jarrones y barriles. Hay una pequeña ventana en el techo que deja ver un cielo estrellado. Encima de la marmita, una gran lámpara con cristales azules que alumbran la estancia, ayudan también las velas que cada pilar tiene colgadas. Karla, la hechicera, esta junto a la gran olla, vestida con su corta capa marrón y su vestido favorito.
Karla: Dos escamas de dragón perlado, un pimpollo de flor de nieve, una lágrima de mariposa negra… Y, por último, un poco de harina para ver el futuro. Que la bendición le sea otorgada a los valientes.
Dijo conjurando y el brebaje brilló.
Karla: Bien, ya está lista. Con esto, ya tengo preparado todos los pedidos hasta la semana que viene…
Comienza a sonar la campana de la iglesia anunciando la media noche.
Karla: No me había dado cuenta de que ya paso la medianoche. Bueno, con esto podre relajarme por un rato. Iré a ver cómo le está yendo a mi aprendiz. A pesar de que tiene mucho poder mágico y técnica le falta encontrar un equilibrio entre ellas. Si dejará de fallar tanto… Podría convertirse en un buen hechicero. Me preocupa porque es un tanto excéntrico pero, dado que es mi único aprendiz, debo de ocuparme de él.
Alguien baja corriendo las escaleras a grito de “¡¡Maestra!!” al mismo tiempo se oyen más pisadas bajando.
Karla: Hablando del rey de Roma… Sigues despierto. ¿Qué ocurre, Leo?
Leo: Hm… Acabo de fallar…
Karla: ¿Fallaste? A pesar de que lo que te pedí no era nada complicado…
Aparece un segundo Leo idéntico al primero.
Leo2: Lo sé, pero cometí un error al trazar el círculo mágico…
Karla sin percatarse de ello sigue hablando de brazos cruzados.
Karla: ¿Te equivocaste al invocar? Que desperdicio de materiales…
Se asoma un tercer Leo, igual a los anteriores.
Leo3: Sí, perdón.
Karla a lo suyo sigue la charla ignorante a lo sucedido a su alrededor.
Karla: Eran cosas bastante difíciles de encontrar, y ahora tengo que volver a conseguirlas…
Otro Leo aparece.
Leo4: ¡Yo lo hare!
Karla: Te lo pido.
Leo5: ¡Déjamelo a mí!
Karla: Pero, el que hayas fallado intentando invocar un hada del agua… Eres mi único aprendiz, por lo que debes esforzarte…
El ultimo Leo aparece, esté a diferencia de los demás tiene una cara diferente, con rayas en las mejillas y ojos anaranjados. Karla por fin se da cuenta.
Leo-raro: Si
Karla y los Leo se miran. Ella sería pero ellos con sonrisa en boca.
Karla: ….
Leo: …
Karla: …
Leo: …
Karla (Asombrada): ¿¡Hay más de uno?! 1, 2, 3, 4,5,...6…?!
Leo: Ah, sí.
Karla: ¡Nada de “ah, sí”! ¿¡Cómo?! Leo… ¿¡Tienes 5 hermanos gemelos?!
Leo-raro: Claro que no. Es porque fallo la invocación… Gyajiji
Karla: ¿¡Gyajiji?! “Porque fallo”… nunca había visto que una persona se dividiera al equivocarse en una invocación.
Leo2: No me dividí, me multiplique.
Karla: ¿Te multiplicaste…?                    
Leo3: Sí, hay 5 copias de mí.
Karla: ¿Qué clase de error cometiste? No creo que haya una investigación sobre como revertir este resultado.
Leo4: Yo sé cómo hacerlo.
Karla: ¿Ah, sí?
Leo5: Debes encontrar a mi yo verdadero. Si lo haces, volveré a ser uno solo.
Leo3: Es muy fácil.
Karla: ¿Encontrar al verdadero…?
Leo: Sí. Estoy en tus manos, Maestra.
Karla: ¿Te-tengo que hacerlo yo?
Leo 5: Sí.
Karla: (Lo dicen todos juntos… no puedo creer que se haya creado 5 copias)
Leo-raro: Entonces, esfuérzate… Gyajiji.
Karla: ¡¿Qué es esa risa?! Tu rostro también se ve extraño, estoy segura de que tú no eres el “original”
Leo2: ¿Y si esta fingiendo?
Karla: ¡No lo creo! Qué problema… Entiendo, los errores de mi aprendiz son responsabilidad mía. ¡Encontrare al Leo original!
Leo3: ¡Yay! Esfuérzate, ¡Maestra!
Karla: Esto, tu eres Leo1, tu Leo2… ¡Estaros quietos!
Karla se empieza a desesperar intentando numerar a los diferentes Leo.
Leo4: ¿No sería mejor si usáramos una marca?
Karla: Es verdad, usaremos colores. Además… ¿Hay alguna diferencia entre el original y las copias?
Leo: Hm… Creo que los recuerdos.
Karla: ¿Los recuerdos?
Leo2: Cuando me multiplique, se crearon copias que son exactas a excepción de los recuerdos. Por eso, es probable que las copias tengan recuerdos incorrectos.
Karla: Ya veo. Entonces, aquellos que tengan recuerdos que no son verdaderos, son las copias.
Leo5: Por lo cual, debes hablar con nosotros.
Leo4: Yo creo que deberías buscar entre mis cosas, por ejemplo, sobre mi escritorio.
Karla: ¿No te molesta que toque tus cosas?
Leo: Para nada.
Karla: Ya veo.
Leo3: Maestra, yo soy el verdadero.
Leo2: No, yo lo soy. Es obvio, ¿Verdad?
Leo4: No, yo soy el aprendiz de la Maestra.
Leo: Maestra, sabes que yo soy el Leo original, ¿cierto?
Karla observa a todos aquellos Leos que se pelean diciendo ser el original.
Karla: (No tengo la más mínima idea... Escuchare atentamente lo que dicen)
Leo-raro: Por supuesto que soy yo, Maestra… Gyajiji…
Karla (gritando): ¡Callaros, estoy pensando!
Karla agarra 6 cintas de diferentes colores y se las ata a las muñecas de cada Leo. Dejando así a los Leo con un color asignado: Rojo, Amarillo, Verde, Azul, Lila, y al Leo-raro, rosa.
Antes de ir a inspeccionar la habitación de su aprendiz, Karla decide hablar con los Leo de uno en uno para intentar sacar más información.
Karla (Habla con el Leo-Rojo): (Intentare hacerle algunas preguntas) Leo, ¿Cuál es tu sueño para el futuro?
Leo-Rojo: Que dé frutos la planta que estoy cuidando.
Karla: Ah, eso sucederá dentro de poco… Pero, no me refería a eso. (Ahora que lo pienso, Leo siempre respondía cosas como esta. No sabría si este es una copia…)
Karla (Habla con el Leo-Amarillo): Leo… Ah (Se me acabo el pan, me pregunto qué hare para el desayuno de mañana…)
Leo-Amarillo: Maestra, si estas preocupada por o del pan, fui a comprar más esta mañana…
Karla (Sorprendida): Ya veo, gracias. Un momento, ¿cómo lo supiste?
Leo-Amarillo: Por tu expresión.
Karla: ¿¡Mi expresión..?! (Me pregunto si se refiere a que parecía hambrienta…)
Karla (Habla con el Leo-Verde): Ya guarde los utensilios.
Leo-Verde: Ah, gracias. Estaba pensando en si debía hacerlo.
Karla: Sí (Es una conversación normal. Es el Leo de siempre…)
Karla (Habla con el Leo-Azul): (Probare engañándolo) Leo, ¿Hiciste lo que te pedí?
Leo-Azul: ¿Eh? Si te refieres a las flores, las fui a encargar a una tienda de segunda mano. Me dijeron que las traen la semana que viene.
Karla (Animada): ¡Gracias! (…He metido la pata, me había olvidado de eso)
Karla (Habla con el Leo-Lila): Leo, quiero preguntarte algo.
Leo-Lila: ¿Qué cosa, Maestra?
Karla: …
Leo-Lila: …
Karla: … No se me ocurre nada.
Leo-Lila deja fluir una leve risilla.
Finamente Karla habla con el último Leo, el más diferente y que lleva la cinta rosa.
Karla: ¿Tú que eres? Sin importar por donde te mire, no te pareces a Leo.
Leo-Raro: Eso no es cierto. Tengo su estatura, su pelo, su cuerpo… Gyajiji.
Karla: Pero tu forma de hablar es sumamente extraña…
Leo-Raro: Prefiero decir que es “particular”. Gyajiji.
Karla (con desconfianza): Tu rostro también es “particular”

Leo-Raro: Que sincera eres, Maestra. Jijiji.

Los asesinos de Noir

Día "apacible"

- ¡Papá, papá! Despierta, me prometiste que me contarías una historia- protestaba una pequeña niña agarrando del brazo de aquel hombre.

- Mirai no molestes a tu padre, está cansado y quiere dormir un rato- comentó la mujer sentándose en la silla de la terraza.

- No pasa nada, ya estoy despierto- dijo el hombre cogiendo a la niña- A parte se lo he prometido ¿no?

- ¡Bien!- le abrazo.

- ¿Qué historia quieres?- se acomodó el hombre en la hamaca.

- Cualquiera está bien, alguna realista pero que no haya escuchado nunca.- comentó Mirai.

- Eso está difícil, ya te he contado muchísimas historias diferentes, pero que tal esta- dijo el hombre aclarándose la voz- Hace tiempo, un hombre se alistó en la guerra...

- ¡Leonidas! No le cuentes esas cosas a la niña- se alarmó la mujer.

- Guau, asustas cuando me llamas por el nombre entero...- comentó Leonidas.

- Da igual mamá, me gustan esas historias de papá.- sonrió la niña haciendo que su madre suspirara resignada.

- Bien por donde iba... ¡Ah! Sí, se alistó por el bien de su familia para que estuviera orgullosa. Allí batalló y consiguió algo de renombré. Pero seguía bajo las órdenes de un tirano coronel, ese hombre veía a nuestro protagonista como un rival peligroso y en medio de una batalla... El coronel convocó al protagonista y le dijo que no le gustaban esos ojos que mostraban rebeldía y poder por lo que le rajó un ojo.

- ¡Que cruel! Pobre protagonista, Si no había hecho nada... ¿Solo por sus ojos?

- Así es. El protagonista sabía que no podía hacer nada contra un superior. Así que ¿tú qué harías?

- No sé, ¿Cómo sigue la historia?

- Nuestro protagonista no le quedó otra que decir que fue un trozo de metralla lo que araño su cara. El tiempo pasó y nuestro protagonista llegó a ser general. Y entonces le mandaron prepararse para ir a buscar un coronel secuestrado.

- No me digas, ¡Ese coronel es el que le hizo daño al protagonista!

- Así es, eres muy lista. – acarició suavemente la cabeza de Mirai- Preparó soldados y se fue a buscarle. No tardó en dar con él. Mientras los soldados se encargaban de los enemigos, el protagonista entró y se encontró con el coronel magullado y alegre por ver a uno de sus aliados. Pero ¿qué crees que hizo el protagonista?

- ¿No lo salvó?

- No, la realidad no es tan bonita. El protagonista se cobró la venganza de su ojo y usando una de las armas enemigas- comentaba el hombre alzando la mano como si apuntara a algo invisible- bueno, dejémoslo aquí o tu madre se enfadara.

- ¡Joo! Ahora que llegaba la parte emociónate...

- Ya está Mirai, al final no lo mata, le perdona y listo- concluyó la mujer sonando algo enfadada.

- Vamos Clarisse, no te enfades- bajó a Mirai de su regazo.

- No tendrías que contarle cosas como esas a la niña...- protestó- Por cierto, hoy se ha pasado el señor Greef, y nos ha traído algunos regalos. Tu jefe es tan generoso. Da gusto que hayas dejado ese camino militar de guerras y muerte y te hayas asentado en una buena empresa- se acercó la mujer a su marido y se sentó en su regazo.

- Sí, mira- comentó la niña levantando un gran león peluche- Me ha regalado esto, ¿A qué se parece a papá?

- Sí, así es- sonrió suavemente y entonces sonó el teléfono- Voy a responder.

- Vale- se levantó Clarisse y se llevó a Mirai al interior de la casa- Vamos Mirai, Papá tiene que hablar por teléfono.

- ¡Vale!

Leonidas suspiró a verlas entrar y descolgó.

- Hola, Leo. ¿Ya te comentaron que fui a ver a tu mujer y tu hija?

- Buenas Master. Sí y gracias por los regalos.

- No fue nada, solo un recordatorio. Por cierto tienes trabajo, muy importante la verdad. Te llegará de inmediato la información. No me falles o ya sabrás cuáles serán las consecuencias.

- Entendido.

Leo dejó el teléfono y descargó su rabia con una maceta próxima, que se rompió en mil pedazos contra el suelo. Alzó la mano hasta su ojo derecho el cual mostraba una larga cicatriz.

- ¿Cariño estás bien? He oído algo cayendo.- se escucha a Clarisse mientras sale de nuevo a la terraza.

- Sí, no ha sido nada. Un despiste, golpee si querer el tiesto.

- ¿Seguro que estas bien? ¿Quieres descansar un rato?

- Tranquila estoy bien. Me tengo que marchar, ha pasado algo en la oficina y tengo que ir de inmediato.

- Está bien. Ten cuidado por favor, está oscureciendo ya.

- Dile a Mirai que mañana le contare otra historia y esta vez más alegre- dijo mientras recogía su chaqueta del perchero y se marchaba.


Los asesinos de Noir

Una Pausa

-¿Que estás leyendo?- dijo una voz a su espalda.

Esa voz la sobresalto, pero enseguida se volvió a acomodo de nuevo en el sillón.

-Como soy la más nueva en este grupo, estaba leyendo recortes y cosas sobre casos de asesinato anteriores.

-Hum… Tampoco tienes que obsesionarte con ello. Si estás aquí es porque eres buena en lo que haces Yuki.

-Jeje gracias Leo, siempre eres muy amable.

-Por cierto ¿de dónde has sacado esos textos?

-Bueno, pues la verdad es que me los ha dado Crow, aunque no me ha dicho de donde los ha sacado.

-Mal asunto involucrarse con Crow, no creo que sea alguien de fiar. En especial si son cosas que hablan sobre nuestros modos de actuar. Eso significa que él ha debido eliminar a la persona que estaba redactando dicha información.- empezó a suponer con bastante facilidad Leo.

-Oh! No lo había pensado así…- bajo la cabeza Yuki

Es difícil ver que caras ponían, pues incluso entre ellos, llevan las máscaras puestas.

-Bueno, dejemos el tema a parte. Me han encomendado una nueva misión, y el maestro me ha pedido que te lleve conmigo.

Yuki levanto la cabeza rápidamente y, aunque en su rostro no se podía ver, sus dos ojos verdes brillaban sobre su máscara de pastor alemán.