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Los asesinos de Noir

Ojo morado


Brath abrió la puerta de casa y, arrastrando los pies, se dejó caer en el sillón del salón junto a un suspiro. Nathan, que también estaba en el salón, dejó lo que estaba haciendo y miró al chico.

- ¡Guau! Menudo morado que llevas en el ojo- comentó- ¿Te has peleado?

- Pues los otros no estaban mejor.- puso la mochila a un lado.

Lo pasos de Gabriel resonaron por el pasillo.

- ¿¡Qué es eso de que te has peleado?! ¡Qué son esas magulladuras!- Exclamaba mientras le agarraba del brazo.- ¿Pero qué ha pasado? Tú no eres esa clase de niño...

- ¿Se metieron contigo?- se acomodó Nathan. –Puedes contarnos lo que pasó si quieres.

- Un grupo de chicos en el patio se acercaron a mí y me dijeron que mi madre me había abandonado. Yo les dije que no era eso. Y entonces me dijeron que era adoptado, que seguro que mi padre era un "mariquita de esos"- Brath bajó la mirada- Yo les dije que no, que no era adoptado. Y les argumenté las cosas como siempre me dices que haga, papá. También que me daba igual si eras o no gay, pero aun así... Siguieron diciendo cosas feas y al final...

- Recurriste a la violencia.- sentenció Gabriel intentando no alzar mucho la voz.

- Hablar con los puños es un instinto básico. Y a su edad no se puede evitar. No seas duro con él- apaciguó Nathan- Recuerda que también se metían mucho con nosotros.

- Iré hablar con los padres de esos chicos. ¿Quiénes eran?

- ¡No! Si lo haces empeoraran las cosas.

- ¡¿Y qué quieres que haga?! Que deje pasar que te han pegado y que has pegado a otros chicos.- alzó la voz.

- ¡Papá!- se levantó Brath.

- ¿Qué tal si hacemos una cosa? Pasamos esto por alto. Si aparecen los padres pidiendo explicaciones actuaremos. Y si vuelve a ocurrir tomaremos cartas sobre el asunto ¿de acuerdo? – sonreía Nathan mientras movía las manos para calmar el ambiente.

- Sí, por favor, tío Nathan. Hagamos eso, papá.- se aferró a su brazo.

- De acuerdo.- suspiró resignado y algo a regañadientes.

- Además estamos pagando la escuela para algo, si no trabajan como deben, te cambiamos y ya.- dio unas palmadas Nathan en la espalda de los otros dos.- Y todo en paz.

- Preferiría evitar cambios innecesarios.

- Yo pienso igual, tengo buenos amigos también.- comentó recogiendo la mochila- Voy arriba a dejar esto.

Brath salió del salón y mientras se le escuchaba subir las escaleras, Nathan y Gabriel permanecían callados. En escuchar la puerta, volvieron a hablar.

- Se puede saber porque intervienes. – estalló Gabriel- ¿No has visto que le han pegado? ¿Y tú no quieres intervenir? No puedes hacer las cosas tan a la ligera. Además, quien te ha dado vela en este entierro.

- Ya tardabas en reprenderme. Son cosas de niños. No puedes siempre meterte en esa clase de asuntos. A lo mejor esto queda en nada, y si no es así, intervenimos y ya. Pero meterte tanto en la vida de Brath puede dificultarle las cosas en el futuro.

- ¡Tú qué sabes! Fui yo solo quien lo crio estos últimos años. Aunque él tenga una parte de ti, eso no te da autoridad para hacer estas cosas.

- Puede ser, pero ahora estoy aquí para remendar esto. Y si tú haces el papel de poli malo, yo haré el de poli bueno. No puedes tener al niño siempre restringido. No es un experimento que deba ser protegido para que no le ocurra nada durante su desarrollo...- Nathan miró a Gabriel- Porque... Ves a Brath como un niño ¿no? O piensas en él como un experimento de clonación.

- Yo... No, yo lo he tratado como mi hijo y así lo siento.

- Entonces solo eres un padre muy sobreprotector.- se volvió a acomodar en el sillón- Por cierto... ¿Le has explicado en algún momento como fue su nacimiento? Esa es una de las razones por la que discutió.

Gabriel se quedó callado y estuvo a punto de marcharse.

- ¡Gabriel!- hostigó Nathan

- No, no le he dicho nada. No tiene edad para comprenderlo. Una vez intenté decírselo, pero parecía no entenderlo, así que le dije que esperara a ser más mayor.

- ¿Y cuánto más piensas esperar?

- No se... A que le den la clase de sexualidad, o haga anatomía humana o biología. Es que si no sabes de genética esta difícil explicar algunos conceptos...

- Ya bueno, y que más. Esperas a que tenga un grado universitario y se saque el doctorado de genética.- habló con sarcasmo.

- Pues mira. No es mala idea.

- Oh, por favor, Gabriel. Te acuerdas cuando nosotros también indagamos para saber quiénes eran nuestros padres. Siempre pensando que eran una familia que no nos podía mantener o a lo mejor sufrieron un accidente y murieron... ¿Y lo mal que nos sentó la verdad? ¿Lo recuerdas?

- Sí, lo recuerdo. Fuimos fruto de una violación y nuestra madre murió al darnos a luz. La familia no nos quería y nos dieron en adopción. Bueno, nos abandonaron. Por poco no morimos en la calle.- se sentó también.

- Brath también quiere saber sus orígenes, para bien o para mal. Y yo creo que debería entender lo que es un clon, mitad tú y mitad yo. No tienes tampoco que explicarle el elaborado proceso que seguiste.

- Visto así...

- Es que te complicas demasiado.- palmeó la cabeza de su hermano. Y entonces, Nathan, esbozó una sonrisa. –Mira que llamarte gay.

- ¡Bah!, no me lo recuerdes.

Retumbaban los pasos de Brath bajando las escaleras a prisas.

- ¡Tío Nathan, Tío Nathan! Mira lo que he encontrado en la ventana.- se acercó con una mantis en el dedo.

- ¿A ver? ¡Oh!- dijo mientras se levantaba e iba hacia el niño- Que tal si vamos a poderle algo de hielo en ese ojo.

- ¡Vale! -respondió moviendo al insecto.

Gabriel se quedó en el salón viendo como aquellos dos se dirigían a la cocina.


Los asesinos de Noir

Recordando el pasado


- ¿Qué debemos hacer con estos gemelos?- murmuraban dos mujeres- se han pasado de orfanato en orfanato todo el rato.

- He escuchado que las familias de acogida que los tuvieron fueron incapaces de mantenerlos con ellos.

- Yo he escuchado que ya estuvieron en un correccional y que les dejaron salir. ¿Cómo llegaron a este orfanato viendo el expediente que tienen?

- No lo sé. Mira, que esto quede entre tú y yo. Según he escuchado de la policía, ha habido casos de desapariciones y asesinatos que parecen estar relacionados con ellos.

- ¡Qué me dices! Tenemos a unos locos asesinos en el edificio. – se alarmó

- Las pruebas indicaban que solo era uno de los dos, pero la policía no ha conseguido diferenciarlos. Y se niegan a delatarse el uno al otro. Así que los dos acaban pagando el precio.

- Eso no me tranquiliza. Espero que se los lleven pronto. Si los separaran harían el proceso más fácil y rápido.

Los dos niños, al otro lado de la puerta, estuvieron escuchando la conversación de las mujeres que eran las empleadas de aquel nuevo orfanato.

- No les hagas caso. Yo me encargaré de todo, así que volvamos a nuestra habitación. - susurró uno de ellos.

El otro asintió a punto de lagrimear. Cuando estaban llegando a su cuarto escucharon como desde el pasillo se acercaban pasos de personas y ruido de un bastón que lo acompañaba. Los niños se apuraron a entrar en la habitación algo asustados. El ruido se paró frente a su puerta. Esta se abrió despacio y apareció un hombre apoyado en su bastón y con una chaqueta negra sobre los hombros. Para los niños, aquella silueta fue como tener la muerte parada frente a ellos.

- Nathan y Gabriel – el hombre extendió su mano hacia ellos- Venid conmigo.

Los gemelos se miraron algo dudosos. Uno se puso frente al otro y negó con la cabeza. Volvieron a mirar hacia el desconocido.

- Estáis pensando que os quiero hacer daño ¿verdad? Pero no es así. Odiáis vuestra vida aquí ¿Verdad? Si vienes conmigo puedo darte la sensación que deseas. Golpear hasta estar satisfecho, matar sin que haya culpas ni castigos, usar a quien quieras para lo que quieras. No habría límites para lo que quisieras explorar- se dirigía solo a uno de los dos gemelos.- Una violencia bastante agradable ¿no crees? ¿Qué placer sientes cuando asesinas? ¿Qué sientes tras acabar con una vida? Quieres seguir sintiendo ese sentimiento de dominancia ¿Verdad? Yo puedo encargarme de cubrir todos tus actos, solo tienes que aceptarme.- mantuvo su mano tendida hacia los gemelos. – Yo te enseñaré, a ambos si lo queréis, como cubriros las espaldas y poder ser vosotros mismos sin que haya repercusiones.

Uno de los niños realmente entendió aquellas palabras, y su gemelo sabía cómo acabaría aquello.

- ¿Y qué pides a cambio de esa libertad que nos das?- dijo uno mientras cubría al otro.

- Me gustan esos ojos. – sonrió- A cambio quiero...







- ¡Papá!, ¡Papá! Se te está quemando la comida- exclamaba Brath, para traer de vuelta a Gabriel de sus recuerdos.

- Mierda- apagó el fuego.

- Esto no es típico de ti. ¿Estabas pensando en algo?- se asomó Nathan al oler a chamusquina.- Vaya, en vez de albóndigas comeremos carbón.

Brath y Nathan soltaron una leve risa, pero pararon al ver que Gabriel seguía como en las nubes.

- ¿Pasa algo?- se preocupó Nathan- ¿En qué piensas?

- Por alguna razón me vino a la mente algo de hace mucho tiempo. Pero no es nada importante. ¿Qué tal si vamos a comer fuera? Invito yo- sonrió levemente

- -¡SÍ!- exclamaron al unísono Brath y Nathan mientras se iban a preparar para salir.

- Qué hubiera sido de nosotros si hubiésemos rechazado aquella mano...- murmuró Gabriel mientras se sacaba el delantal y tiraba la comida quemada.


Los asesinos de Noir

Una misión cualquiera en una cafetería


- Mira esa es la cafetería que te he dicho- Comentó Gabriel mientras le indicaba a Nathan que aparcara en el parquin del local.

- Pues no se ve mal.

- Entonces que pensabas. Y más vale que te cubras la cara que lo que nos faltaría ahora es que se montara un revuelo por haber un famoso por aquí.- le pasó las gafas de sol.

- Lo sé, lo sé- Se bajó del coche cuando se puso las gafas- ¿Y qué pasa contigo? Tenemos la misma cara.

- Ya me conocen. Los primeros días tuve ese problema, luego se dieron cuenta de que no lo era y ya me dejaron en paz.- comentó mientras entraban.

- ¡Hombre, Gabriel! ¿Te sirvo lo de siempre?- le saludó un hombre desde la barra.

- Sí por favor.

- ¿Y a tu acompañante?

- Un café cortado y también el tarro de azúcar.

- ¡Marchando!

Nathan y Gabriel buscaron un lugar cerca de la ventana para sentarse.

- Has visto lo rápido que se ha acostumbrado Brath a la nueva casa y a su estilo de vida.- inició la conversación Nathan al sentarse.

- Es un niño. Es una de las capacidades normales de los humanos, la capacidad de adaptación. Llega a asustar lo rápido que una persona puede adaptarse a los medios.- respondió de inmediato Gabriel- Pero te recuerdo que hemos venido a trabajar.

- Lo sé, no me lo recuerdes cada rato...- apoyó la cabeza sobre la mano.

- Aquí tienen sus cafés- llegó el hombre con la bandeja. Colocó las bebidas y se marchó de nuevo a la barra a atender a los demás clientes.

- Oye, al jubilarnos, podríamos montar una cafetería ¿Qué te parece?

- Vaya, ¿Crees que vas a vivir tanto?- arqueó una ceja- con nuestro ritmo de vida y tu "trabajo" no sé yo si llegaremos a jubilarnos siquiera.

- Madre mía, el alma de la fiesta... Que optimista- saltó su vena sarcástica.

- Ya, soy así. Tendrías que saberlo ya.

- No, si ya sé que no se puede bromear de según qué cosas contigo. Que soso llegas a ser.

- ¿Le ves?

- Aun no, pero según la información, a esta hora habría de estar por aquí.- dio un sorbo al café mientras miraba por la ventana.

- Espero que estés mirando al objetivo y no a tu reflejo- remarcó Gabriel

- Vaya, eso ha sido un intento de chiste- sonrió Nathan

- Por cierto, ¿para que querías el azucarero?

- ¡Oh! Ya lo veras. Los magos no revelan los trucos- le guiñó un ojo bajo las gafas de sol.

- Mira, ahí entra.

Un hombre, con pintas de oficinista, entró dentro de la cafetería y se sentó en una de las mesas cercanas a la pared. Pidió un café largo con azúcar y se puso a leer el diario que había en la mesa.

- Bien, cuando te diga, ves a pagar y sales fuera. Luego te diré que hacer- le susurró mientras acababa de beber lo que le quedaba en el vaso.

Gabriel y Nathan hablaron de cosas irrelevantes hasta que aquel hombre se había bebido medio vaso, entonces Gabriel se levantó a pagar y Nathan comentó que iría al baño primero. Mientras se dirigía hacia allí, hizo como que se tropezaba con una silla y cayó él, y el bote de azúcar que llevaba en mano al suelo, golpeando un poco la mesa del hombre.

- ¿Se encuentra bien?- le tendió una mano para ayudarle a levantarse.- ¿Se ha hecho daño?

- No, no es nada, mil perdones. No estaba mirando por donde iba.- se colocaba la ropa.

- ¿Están bien por allá?- preguntó el dueño desde la barra que estaba cobrando a Gabriel.

- Perdón por la escena estoy bien. Pero se ha caído algo de azúcar en el suelo.

- No se preocupe, ahora lo barro.

Nathan dejó el azucarero sobre la mesa y se fue al lavabo. En salir el azúcar del suelo ya no estaba.

- Disculpe el golpe en la mesa- se disculpó de nuevo.

- No, no ha sido nada. Que tenga un buen día.

- Igualmente- sonrió y salió de la cafetería.

Gabriel le esperaba al lado del coche.

- ¿Y bien? ¿Cuál es tu plan? A parte de tropezarte con la nada.

- Ahora es momento para Nathan, el mil caras y sus transformaciones – se sonreía con orgullo.

- Ya empezamos.

Esperaron un poco y el hombre salió de la cafetería. Se le vía un poco desorientado. Se le acercó Nathan vestido de oficial de policía. Y lo guio hasta el coche donde Gabriel esperaba para amordazarlo y meterlo en el asiento trasero. Le tiraron una manta por encima cuando dejó de moverse.

- ¡Pero que le has hecho al pobre hombre! ¿No lo habrás matado? Piensa que necesitamos sonsacarle información- se alarmó Gabriel al ver que el hombre ni se movía tras ser amordazado y tapado.

- ¡Qué va! Solo está algo drogado. Con la tontería de tropezar y tirar el azúcar, todos estaban suficiente distraídos para que pudiera echarle en la bebida un poco de polvos mágicos.- se sacó el traje y arrancó el coche.

- No quiero que me vuelvan a mandar a ninguna misión contigo. Bueno, con nadie... Soy científico, no tendría que hacer estas cosas...- suspiró.

- Hermanito, esta es la vida que nos ha tocado. Lo queramos o no, esta era la mejor para nosotros.-

- Pues sí que eres optimista...- suspiró mientras se quedaba mirando por la ventana como pasaban los edificios.


Los asesinos de Noir

Mudanza

- ¿Habéis empacado todo?- preguntó desde la puerta.

- Casi, queda bajar las últimas cajas...- respondió desde la ventana del piso de arriba.

- Papá, ¿Es verdad que nos vamos a ir a vivir a casa del tío Nathan?- preguntaba Brath acabando de guardar sus libros en una maleta.

- Bueno, no en su casa. Entre los dos hemos comprado una nueva que se ayusta a nuestras necesidades. Ahora ya somos una familia más grande. – acarició su cabeza- ¿no estás de acuerdo? ¿No quieres vivir con Nathan?

- Claro que sí. Si me hace ilusión, casi no me lo creo... Pero, me da pena dejar la casa.- cerró la cremallera de la maleta.

- Lo sé, mudarse es difícil. Pero cuando veas la nueva casa te sorprenderá. Tu habitación nueva es más grande que esta.

- ¿De verdad?

- ¡Y tanto!- entraba Nathan para ayudar a bajar los últimos trastos.- Tienes una amplia ventana con vistas a una montaña. Además tiene jardín y hay muchos niños en la calle para jugar. Y si aún no te convence la idea, hay una habitación extra que podemos convertirla en tu sala de juegos personal.

- ¿¡De verdad, de la buena?! ¿Podré tener un futbolín, una tabla de pingpong y una tele para mis consolas?

- Claro.

- ¡Nathan! No consientas a Brath que luego se pasará todo el rato jugando y no estudiará.

- ¡Sí lo haré, Papá!- protestó

- Venga, Gabriel, no seas un aguafiestas, anda.- le guiñó un ojo mientras salía llevando un par de cajas en brazos.

Gabriel suspiró mientras dejaba entrever una cálida sonrisa. Bajaron las últimas cosas y las cargaron en el camión. Se montaron los tres y pusieron rumbo a su nuevo hogar.

Era una casa en un pequeño pueblo, a media hora en coche de la ciudad más cercana. Casa de cuatro habitaciones y dos baños en el piso de arriba, y un amplio salón con comedor y cocina en la planta baja.

- ¿Cuál es mi habitación?- entró zumbando Brath mirando la casa vacía solo con algunas cajas y mobiliario en algunos rincones.

- Subiendo aquellas escaleras, a mano derecha- respondió Nathan descargando ya las cajas del camión.

- Ya podía echar una mano.

- Déjale, que disfrute. Por cierto, ¿seguro que no quieres que durmamos en la misma habitación? Como en los viejos tiempos. Así la que sobra podrías usarla de zona de estudio o despacho...

- Segurísimo, de todas formas mis habitaciones siempre acaban empapeladas por mis trabajos y estudios, así que no te preocupes que duermo bien yo solo.- Agarró una caja pesada.

- Trae.- se la quitó de las manos- Lleva aquellas que son más ligeras. ¿Qué tal esta tu hombro?

- No hace falta que te preocupes tanto, solo hacías tu trabajo. Además, ya casi no me duele.

- Yo también quiero ayudar- se asomó Brath entre los dos hermanos.- ¿Qué puedo llevar?

- Toma lleva esto que son tus juguetes.- le pasó Gabriel una bolsa.

En pocos días ya se habían instaurado y acomodado en la nueva casa.


Los asesinos de Noir

Heterocromía parcial

- Entonces, Brath, me presentaré de nuevo. Soy Nathan y soy tu tío. Soy el hermano de tu padre- dijo mientras esperaba alguna reacción por parte del niño.
- Bueno, ahora que me fijo mejor… Si tuvierais el mismo peinado y usaras gafas…- comentó mientras pasaba la mirada de Nathan a Gabriel.
- Espera, a ver si así…- respondió Gabriel mientras se quitaba la coleta y se alborotaba el pelo con una mano, mientras que con la otra se sacaba las gafas- Ahora solo me queda poner cara de pasota y ¿Qué tal?
- ¡Sí! Sois idénticos- exclamó el niño mientras se levantaba del asiento.
- Somos gemelos- medio sonrió Gabriel.
- Tío Nathan, como al conocerte me sonabas de algo, estuve buscando de qué, y me di cuenta de que eras director de cine. ¿verdad? He visto algunas de tus películas y me sabe mal no haberme dado cuenta…
- No te preocupes, a parte también hago a veces de actor en otras pelis. Pero no soy tan famoso, no voy por ahí hablando con los grandes directores de cine.
- Hijo, ¿ahora entiendes porque me dejé el pelo algo más largo, me lo recojo y uso gafas?- señaló a Nathan- Ir por la calle y que te confundan con él, no es agradable.
- Ahora bien, dejando estas cosas al lado. Has conseguido un tío, pero también mucha gente mala que va detrás de ti. Yo, aparte de trabajar como director y actor, también trabajo para gente mala.
- ¿Gente mala?
- Sí, yo me encargo de recuperar y buscar información cuando me lo piden. A veces hago infiltraciones y cosas de espionaje.
- ¡Hala! Como en las películas.
- Exacto, pero en el bando equivocado. Tu padre y yo te protegeremos de ellos como podamos. ¿sí? Por ello tienes que portarte bien.
- Está bien, pero ¿podré jugar con tu mapache?
- Claro, también le puedes llamar Edgar. – se acercó a Brath- ¿Me dejas mirar tu ojo izquierdo?
- Vale…- alzó la cara hacia Nathan.
- Vas a mirar si tiene también heterocromía parcial ¿verdad?
Nathan estiró un poco del parpado del niño y observó su iris. Brath presentaba el mismo color de ojos que él y su hermano. Los ojos de un verde grisáceo y alrededor de la pupila se extendía un aro de color marrón.
- Idénticos hasta en esto- suspiró Nathan.- Eres demasiado bueno en lo que haces, Gabriel…

Los asesinos de Noir

Reuniones con Geef

El señor Geef suele levantarse a las seis de la mañana y hace unos ejercicios matutinos. Sobre las siete revisa papeles, contabilidades y demás trámites. A las ocho toma su desayuno, normalmente consta de un café tibio sin leche y unas tostadas recién hechas. A las ocho y media sube a su despacho en la sede central. Finalmente, a las nueve empieza a recibir a los visitantes con cita previa y demás quehaceres. Sobre las once de la noche empieza el trabajo  extra fuera de la empresa. Es un hombre que le gusta seguir una rutina estipulada, pero la semana pasada se tomó unas pequeñas vacaciones y ahora tiene mucho trabajo acumulado.
- Señor Geef, las visitas le esperan. Debido a su ausencia durante unos días, las citas se han acumulado.- le explicaba mientras le seguía hacia el despacho.
- Ya, me lo imagino.
- Le he colocado los papeles sobre la mesa con las demandas y asuntos de los visitantes con cita.- seguí explicando mientras Geef se acomodaba en su sillón frente a su pulida mesa.
- Muy bien. Buen trabajo- comenzó a revisar los papeles.- La mayoría son asuntos de fuera de la empresa. 
- Así me temo, por ello hemos venido a una de nuestras sucursales más pequeña y alejada de los focos principales.- asentí sirviéndole el café.
- Lo que sea, apúrate y haz que entre el primero.
- De inmediato.
Salí rápido hacia la puerta y fui a llamar al primer citado en la lista. Si el señor Geef no se tomara todos los años esas pequeñas vacaciones siempre en las mismas fechas, en unos días de máximo trabajo, no estaríamos todos tan estresados cuando vuelve de ellas. 
- Señor Geef, hago entrar al señor Garou- comenté mientras le hacía entrar.
- Cuanto tiempo Garou, nunca pensé que te vería tan bien- sonreía mientras indicaba que se acercara y sentara frente a él.
- Ya sabe a por lo que vengo. He cumplido con mi misión ahora quiero información sobre Susan.- golpeó la mesa y el café tembló.
- Veamos, veamos- cogió los papeles que tenían información sobre la misión.- No está mal para ser la primera. Algún error por aquí… Por lo general aceptable, pero era una misión muy sencilla.
- Me da igual, me dijo que me daría información a cambio de misiones cumplidas. Y ahí le he traído una.- señaló los papeles.
- De acuerdo. Esto es todo lo que te daré. Ya sabes si quieres más habrás de trabajar más- respondió tendiéndole un sobre blanco.
Garou lo cogió aun manteniendo su pose dura. Geef le impidió que lo abriera aquí, por lo que tuve que acompañarlo a la puerta para echarlo fuera.
- Como se nota que los científicos saben trabajar como toca.- sonaba satisfecho el Señor Geef.- Siempre me pregunto que pasara cuando se entere de verdad, de lo que pasó con su hermana Susan.
- ¿No cree que está siendo muy duro con él?
- Que va, lo que ha sufrido Ray para volverse Garou no tienen ni punto de comparación con la infancia que sufrió la tal Susan a sus espaldas.- Me respondió girando los papeles- Vamos, a qué esperas, haz entrar a los siguientes.
Salí a buscar a los gemelos que esperaban.
- Señor Geef, están entrando el Señor Nathan y el Señor Gabriel.- anuncié mientras les hacía pasar.
- Pero mira a quien tenemos aquí. Señor Gabriel, ¡Cuánto tiempo!- se levantó y se acercó a los gemelos.
- Ya lo creo. 
- Y yo pensando que estaría muerto- su sonrisa se volvió siniestra y le apretaba el hombro donde sabía que había sido herido- Por lo visto alguien no sabe hacer bien su trabajo, ¿me equivoco?- sonreía pero claramente se veía su mala aura y aunque miraba hacia el Señor Nathan, seguía apretando el hombro del Señor Gabriel.
- He traído los documentos que pedía- enseñó el señor Nathan los papeles.- Y quiero pedir que readmita a mi hermano en los laboratorios o como mínimo me permita coger bajo mi cuidado a él y sus asuntos.
- ¿Qué me estas contando, Nathan?- soltó al gemelo y cogió los papeles.- Te recuerdo que huyó llevándose información confidencial y que por ninguno de los casos debía de salir del laboratorio. Sabes lo difícil que sería si se filtraran y…-se sentó.
- No pido que le perdone. Mírelo así, quiero que mi hermano gemelo me sirva de cuartada cuando trabaje. Somos idénticos, me permitiría estar en dos lugares al mismo tiempo.- insistió.
- Te recuerdo que tú tienes las habilidades de las que tu gemelo carece. Por ello tú trabajas de una cosa y le dimos otro puesto a él.- alzó el bastón y lo golpeó contra el suelo.
- Yo me encargaré de los problemas que pueda causar. Déjeme que me encargue de él. Mantenerlo vivo para mi beneficio propio y al estar conmigo siempre le tiene a mano- miró a su hermano, intercambiaron una mirada de complicidad- Y también sabe que él ha sido el único en su campo en lograr alcanzar las expectativas que tenía sobre el clonaje. 
- ¿Te refieres al experimento que desapareció cuando tu “querido” gemelo huyó?
- Y si le dijera que el resultado superó las expectativas- habló esta vez el señor Gabriel.- Usted propuso la idea de crear un clon idéntico a los “Noir” que mejor trabajan y con las mejores habilidades, por lo que mi campo consistió en hacer una réplica exacta a Nathan. En las primeras fases iba bien, pero las cosas empezaron a volverse inestables y no tenía nada genético de Nathan, así que saltándome todo protocolo introduje algo de mí durante la clonación. El zigoto se volvió estable y continuó su proceso de desarrollo normal. 
- ¿Quiere decir que tienen a un humano clonado?- se alzó sorprendido.
- Sí y no. Somos gemelos por lo que genéticamente somos iguales, es un clon de unos gemelos. Aunque todavía no ha desarrollado ninguna de las habilidades que teníamos ni Nathan ni yo a su edad.
- Quiero verlo…- el Señor Geef se aferraba a los papeles que contenían la investigación de la clonación.
- No.- respondió de inmediato el señor Nathan.
- ¡¿Cómo!?- sonaba enfadado.
- Solo si me da un aval de que no se transformará en un conejillo de indias, sino que nos dejará a nosotros dos atenderle como toca. Sin meterle en un laboratorio.
- Te atreves a regatearme.- Con paso apurado se acercó a Nathan y lo golpeó con el bastón.
Nathan apretó los dientes mientras soportaba le golpe y se mantenía de pie.
- ¿Hay trato o no? Si no, no lo verá nunca y solo Gabriel sabe cómo era el protocolo del experimento y no creo que colabore.
- Antes muerto- añadió el Señor Gabriel colocándose al lado de su gemelo.- No tengo miedo a que envíes a alguien a matarme.
Ante aquellas dos serias caras idénticas, el Señor Geef empezó a reír a carcajada libre. Todos nos quedamos con cara de sorprendidos. Entonces escribió algo en un papel y se lo pasó.
- De acuerdo, esto es lo que quieres ¿no?
- Perfecto- comentó Nathan acabando de leer el papel.
- Pero aun así tengo un ojo sobre vosotros, si Gabriel da un paso en falso me va a dar igual él o ese clon del que habláis.
- Lo sabemos. Estamos agradecidos por esto- respondió Nathan.
- Una cosa antes de marcharos. ¿Cómo habéis llamado al chico?
- Brath
- Madre mía- se rio el señor Geef- Ha sido Gabriel quien lo ha llamado así ¿verdad? Un nombre que contenga el de Gabriel y el de Nathan. Cuanta imaginación… Tenéis una semana para citaros conmigo y presentármelo.- sentenció.
Salieron ambos fuera y cerré la puerta. Aun pude escuchar como los dos comentaban las condiciones que había en el papel.
- ¿Cree usted que ha estado bien dejarles marchar? El señor Gabriel tiene mucha información que sería delicada de tratar si se difunde por los medios de comunicación.
- Lo sé, de igual forma Nathan es un informador que adora su trabajo y Gabriel no sabe dejar de experimentar, ninguno de los dos dirá nada. Ellos también saldrían perjudicados. Y que tengan algo que quieran proteger no es malo, me proporciona un punto débil sobre el cual chantajearlos y obligarlos cuando se nieguen.
- Pero ¿realmente cree que van a educarlo para servir a Noir?
- Lo quieran o no, si por su sangre corre la misma que la de ellos dos, aunque sea una pizca, él mismo se meterá en la oscuridad del ser humano. Lo entrenen o no, acabará viniendo a mí para poder liberar su verdadero ser. – se acomodó en el asiento de nuevo, más relajado que antes, observó los papeles de nuevo- Venga, a qué esperas. El siguiente.
Fui a por el siguiente.
- Entra el Señorito Caín.
- Caín, contigo quería hablar. ¿Por qué te estas saltando las clases? Si no estás trabajando ni haciendo tareas extras deberías asistir a las clases.
El señorito Caín avanzó hasta sentarse frente al Señor Geef.
- Sabes que no puedes ir por libre por la vida. Sé que tienes poco tiempo libre y que prefieres estar con “tus amigas” pero te recuerdo que tienes que asistir a las clases como la gente de tu edad. ¿No es lo que querías? ¿Hacer vida normal, como un ser humano?- cruzó los brazos y se apoyó sobre la mesa.- Te dejé tener a esa nueva mascota por la cual tendrías que sufrir las consecuencias, y aun así aceptaste. Ahora atiende a esas consecuencias. 
El joven solo asintió.
- De ahora para adelante, asistirás a tu trabajo como corresponde y no te saltaras las clases. Coordínalo como quieras, tengo una misión para ti. Aquí la tienes- extrajo del cajón una carpeta marrón cerrada por un clip.- lo lees tranquilamente en casa, eliminas los documentos y te pones lo más pronto posible a hacer la tarea. ¿De acuerdo?
- Sí- dijo.
- Bien, dejando eso de lado. ¿Qué tal estas?
- Bien.
- ¿Y ellas?
- Bien.
Las conversaciones con el señorito Caín siempre solían ser así. No era muchacho de muchas palabras. Siempre parecían conversaciones de interrogatorio donde el interrogado no suelta prenda de nada. Tras un rato de charla sin fructíferos resultados, se marchó el chico.
- ¿Le sirvo otro café?- miré la taza mediada.
- Desde que he llegado aún no he tenido tiempo ni de darle un buen trago a tu café- comentó mientras alzaba la taza.
- Me parece increíble que el Señorito Caín siempre le hable así con lo amable que es usted con él.- comenté 
El Señor Geef vació el contenido de la taza sobre el suelo y mis zapatos.
- Scorpio, no sabes cuándo tener la boca cerrada ¿verdad?- noté como su mirada perforaba mi espalda- Rápido limpia ese desastre y sírveme otra taza. Que aún queda mucho por hacer. 
- De inmediato.

Los asesinos de Noir

¿Y quién dijo que el diablo no tiene hermanos?

- Me parece que esta es la dirección. Sí que vive lejos el hombre este…- protestaba Nathan mientras avanzaba por un camino hacia la casa.
Timbró un par de veces pero nadie respondió, rodeó la vivienda y forzó la puerta trasera. Ya dentro de la casa empezó a buscar lo que la misión le pedía, unos documentos que escondía ese hombre. Nathan dejó que Edgar rebuscara también. De pronto escuchó como alguien abría la puerta principal con las llaves. Esperó a que el que entraba llegara al salón.
- ¿Quién es usted?- dijo un niño al entrar por la puerta.
- ¿Qué tal, pequeño? Soy un amigo de tu padre. Estaba esperando a que volviera. ¿Crees que tardará mucho?- dijo mientras le saludaba.
- Me parece que no- miró su reloj- ¿Cómo has entrado?
- Mi amigo me ha ayudado- dijo enseñándole a Edgar.
- ¡Oh! Es un mapache de verdad- se emocionaba- ¿puedo tocarlo?
- Claro, cógelo- respondió mientras le pasaba al animal.
El chico dejó la mochila en un lado y agarró al animal en brazos. Reía mientras acariciaba su pelaje. Acabaron los tres sentados en el sofá hablando tranquilamente.
- ¡Brath! Ya estoy en casa- se volvía a abrir la puerta.
- Hola papá, tienes visita.- saludó desde el sofá a su padre.
- ¿Sí?- entró en la sala- Brath… Ven aquí. Aléjate de eso.
- Venga hombre no seas tan frio- sonreía Nathan con su sonrisa cínica.
- ¡Mira papá es un mapache de verdad!- se levantó el chico.
- ¡He dicho que dejes eso!- el padre tiró del brazo el hijo para alejarlo de Nathan.
El mapache saltó de los brazos del niño y se alejó.
- ¿Por qué? Es muy gracioso- protestó.
- Me da igual, esta gente es muy peligrosa. Sube a tu cuarto.
- Pero…
- ¡QUE SUBAS!
- Vale- a regañadientes subió al piso de arriba.
Quedaron en silencio hasta que escucharon como la puerta de piso de arriba se cerraba.
- Nathan, ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?- preguntaba mientras se acercaba a un mueble próximo a él.
- Hum… Sabes, realmente tendría que haber venido otro a por ti, pero como yo era el que estaba más cerca, pues aquí me tienes.
- Eso no responde a mi pregunta.
- Vengo a por unos documentos que te llevaste sin permiso.
- Yo no sé nada.
- Ya estamos con la misma cantinela, claro que si lo sabes.- suspiró- ¿Crees que te puedes llevar cosas de Noir sin que nos demos cuenta? Estas cosas salen caras.
- Entonces, vienes a por los papeles y a eliminarme ¿no?
- Si, en resumen, sí. Aunque no me gusta la segunda parte.- comentaba mientras sacaba la pistola de su chaqueta americana.
- A mí no me importa que me hagas, pero no involucres al chico.
- Bueno eso depende… Si no se interpone en lo que tengo que hacer. A lo mejor me lo pienso.- bromeaba mientras colocaba el silenciador.- Pero dime ¿Dónde guardas los papeles?
Antes de acabar la pregunta el hombre levantó la mano alzando una pistola que había cogido del cajón, pero antes de que pudiera hacer nada, Nathan ya había saltado sobre él, empujándolo hacia el suelo.
- Venga hombre, tantos años en Noir y pensaste que así me eliminarías. Me decepcionas- dejó de sonreír mientras mantenía al hombre contra el suelo.
Le sacó la pistola y la lanzó lejos. Apoyó su pierna sobre el abdomen del hombre dejándole respirar lo mínimo.
- Pesas- protestó. – y sabía que no serviría, pero tenía que intentarlo.
- Valiente de tu parte. Aunque algo tonto. Pero me vale, me gusta jugar con mis presas.- volvía a mostrar aquella siniestra sonrisa.
- Lo sé, os conozco bien. Solo dejé Noir para proteger a mi hijo y ahora parece que va a ser peor el remedio que la enfermedad. Pero que quiere Geef de mi.- ya no se molestaba ni en forcejear.
- Yo tampoco estoy muy seguro, a lo mejor quiere que vuelvas, quien sabe.- comentaba mientras bajaba la pistola hasta pegar el cañón del silenciador sobre la pierna del hombre.- Odio tener que ensuciarme las manos, pero si no te hago algo de daño no me sentiré satisfecho.
- Puedes hacer lo que quieras conmigo, pero deja en paz a mi hijo.- apretaba los dientes.
Nathan puso su mano en la boca del hombre para evitar que gritara y jaló del gatillo, el silenciador hizo su trabajo y casi no se percibió el disparo. Al hombre le habían saltado las lágrimas y gritaba internamente mientras Nathan mantenía su boca tapada.
- Edgar, ves a ver cómo está el niño- ordenó al mapache que enseguida subió al piso de arriba.
El hombre forcejeó para mostrar su indignación por aquello.
- Yo en ningún momento prometí nada.- respondió mientras deslizaba el arma hasta el hombro.- Yo de ti, me preocuparía un poco más de cómo me divierto con esto.
De nuevo, disparó, esta vez en el hombro. El hombre ya gritaba pero Nathan seguía haciendo que se detuvieran los gritos sobre su mano que oprimía con fuerza la boca. Cuando se calmó, quitó su mano y se levantó de encima.
- ¿Y bien? ¿Dónde están los papeles?- preguntaba mientras se limpiaba la mano en el sofá.
- Detrás de la estantería- respondió mientras se apoyaba en la pared y agarraba su brazo lastimado.
La sangre empezaba a extenderse por la camisa y el suelo. Sentía la pierna entumecía y no era capaz de mover el brazo como quería. Se empezaba a marear por la pérdida de sangre.
- No te desmayes, oyes- le hablaba Nathan mientras empujaba la estantería.-Solo han sido dos disparos y ninguno en un punto vital. Así que no llores como nena.
Tras un momento de forcejeo por parte de la estantería, cayeron unas carpetas con los documentos que Nathan buscaba. Los revisó un momento y confirmó que eran los que buscaba. 
- Siempre supe que de entre los asesinos de Noir, Bishamon y tú erais los más normales. Y que dejaban vivos a más personas inocentes.- comentaba con algo de ironía.
- No digas tonterías quieres.- se sentó en la mesa frente a él- por culpa de ser tan indulgentes, Bishamon y yo estamos en los puesto más bajos, y por muy habilidosos que seamos en nuestros campos, no ascendemos- casi sonaba a protesta.
- Bueno, ahora que tienes los papeles, ya puedes terminar conmigo- casi intentaba sonreír mientras cerraba los ojos.
- ¡Ey! Pero no te duermas- se acercó a él.-Eres un idiota.
- Lo intentaré…
- Al menos déjame decirte una última cosa.- lo levantó y lo dejó suavemente sobre el sillón que había al lado del sofá.-Gabriel, como hermano, has dejado mucho que desear pero que no me dijeras que tenías un hijo, ya te vale. Soy tío y ni lo sabía.
- ¡Ja! Como si pudiera haberlo dicho, ya sabes lo que pasa cuando se involucra la familia en Noir, o te amenazan para que trabajes por sus vidas o los eliminan para que no te distraigas.- cogió una bocanada de aire- ¿Cuál crees que hubiera sido si te lo decía?
- Pues no decirlo, te ha llevado a este extremo. No sé qué será peor.
Nathan alzó la cabeza al escuchar coches en el exterior. 
- ¿Quién es la madre del niño?
- Tú
- ¡WHAT! Eso es imposible.
- Brath, es uno de los proyectos de los papeles que buscas. 
- Clones.
- Casi, no llegó tu ADN para hacerlo idéntico, para estabilizarlo usé el mío. Como somos gemelos no rechazó la mezcla. –se apretaba el hombro- No quería que él acabara como Reina, siendo un juguete para un proyecto mayor. Una cobaya de experimentación.
- ¡AHH DIOS! Por qué no me lo dijiste antes. 
- De que hubiera servido.
- Seguro que, por lo mínimo, no tendría que haberte disparado.- pateó la mesa.- Levanta. Nos vamos.
- ¿A dónde?- pareció espabilar.
- Ha hablar con Geef.
- Estás loco.
- Lo se.- le ayudó a levantarse.- Y ¿desde cuando llevas gafas?
- Desde que me dejé los ojos trabajando horas y horas- se reía un poco- Nah, es para diferenciarme de ti que mucho me parezco. Me paran por la calle para que les firme un autógrafo.
- Bueno es lo que tiene ser famoso. Edgar se encargará de Brath hasta que calmemos el asunto. 
- Con lo cómodo que hubiera sido que me hubieras metido un tiro y no pensar en nada más- protestaba mientras salían de casa.
- Siempre buscando la vía fácil ¿eh?
- Ya sabes somos tal  para cual- se rieron un poco juntos.
Nathan ayudó a su hermano a subir a uno de los coches que esperaban en el exterior. Brath pudo ver desde la ventana como se marchaban los coches y él se quedaba allí junto al mapache.