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Código: RESET

--> Capitulo 13

Capitulo 14:

La carretera estaba desierta. Wilfred conducía a gran velocidad hacia la ciudad que humeaba.
- ¿Seguro que ha estado bien dejarles a su suerte?- habló Sali casi de forma inaudible.
- No te preocupes, no les pasará nada. A parte Ezequiel ha descubierto que es socio de Sagitta Soris.
- ¡¿Cómo es eso posible?!- se alama Daurica- ¿Y cómo se les ocurre contratarnos a nosotros? ¿O porque le atacaron a ellos también?
- Según indagué en la información que me pasó Wilfred- comentaba mientras seguía con su Tablet.- Él no lo sabía. No se encuentra implicado totalmente con ellos, por eso desconoce muchas cosas. Aun así le informaron de un “posible ataque” y por ello están con vida. Además, el ataque en la mansión por aquel coche solo fue una distracción pues Sagitta Soris si sabía que estábamos allí. No tenían intención de dañarles a ellos.
- Aun así, no tenía que involucrar a su mujer e hijos- dijo Mathias por una vez serio mientras sacaba la cabeza por la ventana.
- Ese ha sido un buen comentario- recalcó Helios
- Un momento de silencio que Florit está usando el teléfono que le dimos y que había pinchado.- dijo dándole volumen a su Tablet.
Todos callamos y durante unos segundos sonaba el pitido de espera.
<< - Soy Florit, ¿con quién hablo?
- Aquí Nave V7 pilotada por el agente 8, bajo el Mando del Capitán Hati.
- Solicito que nos recojan. ¿El bombardeo ha terminado?
- Solicitud entrante en espera a la respuesta del Capitán.
- ¿No sabéis quién soy? Me vais a hacer esperar- sonaba enfadado.
Un momento de silencio.
- Aquí Nave V7 al civil Florit. Solicitud de recogida aceptada. Procedemos a crear una distracción para aterrizar en su ubicación. Iniciamos el rastreo de su señal para recogerles. No desconecte el dispositivo. Cambio.
- Vale, aquí esperamos. >>
Ezequiel desconecta de inmediato la Tablet.
- No podemos dejar que nos localicen mientras sitúan su señal. Cuando vea que es oportuno despicharé todo y abriré otra red segura.- comentaba mientras se echaba hacia atrás y apoyando su cabeza en el asiento mientras cerraba los ojos.
En llegar a la ciudad pudimos notar que estaba casi desértica, quedaban algunas personas que robaban de tiendas que tenían los cristales rotos o las puertas abiertas. En dirección a la mansión pudimos ver uno de los aviones franceses, en plena carretera, destrozado. La mansión estaba como la dejamos al marcharnos, parcialmente destruida pero no han llegado a saquearla por alguna extraña razón.  No tuvimos dificultad para entrar hasta donde estaban nuestras pertenecías. Nos llevamos todas nuestras cosas al coche y Wilfred fue a buscar el pago que nos deberían haber dado por completar la misión.
- Volvemos a estar bien armados- se estremecía Mathias cargando su maletín de armas en el todoterreno.
- ¡¡Chicos!! Tenemos un mensaje de Osiris- comentaba Ezequiel tumbado en la parte trasera del vehículo.
Hacia bastante que no sabíamos de Osiris, él es el que está al mando después de Sharlott, escuché que se encontraba en una misión en la Antártida.
- ¿Qué es lo que dice?- se acerca Wilfred hasta Ezequiel.
- Dice que él asume el mando de la organización pero que ya no puede ofrecer lo que teníamos cuando lideraba Sharlott a no ser que venzamos a la escoria que eliminó a nuestra Capitán General. Pide que todas las unidades se reúnan en las coordenadas enviadas.- dijo Ezequiel sin levantarse del asiento pero con el portátil sobre el regazo.- Para ir a esa ubicación… O encontramos un avión o vamos a nado, ¿Qué hacemos?
- Pues habremos de intentar conseguir uno.- intenté recordar donde quedaba algún aeropuerto que no fuera objetivo del ataque.
- Chicos, creo que no hace falta buscar uno.- Aparece Sali algo pálida- He encontrado este paquetito dentro de mi caja de pastillas.
- ¿Empiezas otra vez a engancharte a esas pastillas?- asomó Ezequiel de entre los asientos con tono algo alarmado.
- Déjala, a fin de cuentas han pasado muchas cosas de golpe y las necesita- me dirigí hacia ella- ¿Qué hay en el paquete?
La chica no me respondió y con algo de temblor me pasó la caja. No veía nada inusual, era pequeña y marrón. La abrí y entro había unas llaves, una especie de moneda y un sobre. Encima del sobre estaba escrito el nombre de nuestro grupo, Sali ya lo había abierto. Saqué el papel del interior. Reconocí la letra de inmediato, era de Sharlott.

“Chicos, lo siento y sé que os costará mucho perdonarme. Sé que se producirá una revuelta mientras no estáis, y si estáis leyendo esto es porque ha pasado lo peor. Pero no os preocupéis no os abandonaré a vuestra suerte. Os he dejado uno de nuestros mejores aviones en una nave industrial abandonada, cuidarla mucho. Ezequiel sabrá como rastrearla. Supongo que encontrareis la caja si Sali se agobia lo suficiente como para ir a tomar las pastillas, pero decirle que no se pase con ellas que no es bueno para su cuerpo. Decidle a Helios que confío en su vista para que encuentre algo muy útil en la nave industrial y que Mathias deje de reírse por lo de la vista. Daurica cuídalos a todos. Y Christopher, sé que no me perdonarás por esto, entiende la situación en la que estaba. He salvado a todos los que he podido. Ahora te toca a ti ser fuerte. Yo ya no puedo hacer más, confío en vosotros y sé que Osiris no tardará en reorganizar las cosas. Será difícil, tener a Sagitta Soris por un lado y a aquellos rebeldes por el otro. Pero sé que, de alguna forma, os las apañareis. Creo que será mejor que deje de escribir o me saltaran las lágrimas. Ha sido un honor liderar y luchar con vosotros. Me despido como vuestra amiga Sharlott.
P.D: Quiero que me recordéis como la Sharlott que luchó con vosotros hace 4 años en los desiertos y en las selvas, donde éramos como hermanos, donde nos temían todos. Allí, cuando nos sentíamos libres.”

Capitulo 15 (proxim.)

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--> Capitulo 12

Capitulo 13:

El viernes llegó y partimos en el coche privado del señor Florit. Él en medio, y Wilfred y  yo a los lados. Me quedé mirando por la ventana pasar los edificios parisinos, rememorando mi apacible vida de aquellos años. Esa tontería hizo que volvieran a aflorar en mí, la preocupación sobre lo que ha debido pasar tras mi desaparición, ¿Estaría bien mi madre? ¿Seguirá Dan quedando los fines de semana en el garaje de Rai? Ya han pasado casi seis años desde que fui secuestrado y dado por muerto. A lo mejor ahora todos viven sus vidas como si nada, tal vez mi madre ha podido mejorar su vida porque ya no tenía que protegerme o seguir aceptando dinero de aquel hombre. Todo era difícil, en especial en época de guerra, donde la paz es difícil de encontrar. Pensar en todo ello me hizo tener muchas ganas de salir y averiguar yo mismo que había sido de ellos, pero estaba en una misión y eso era lo más importante por el momento. A parte, cuando me miraba en el espejo ni yo mismo reconozco el reflejo que muestra. ¿Cómo habrían de poder reconocerme ellos? Casi ni yo mismo recuerdo como era hace cinco años.
Llegamos, empecé a explorar un poco los alrededores para asegurar el perímetro. No encontré nada raro ni ningún sospechoso por la calle. Algunos edificios altos me daban mala espina, pero era muy difícil que se usaran para disparar desde allí, habría que ser mejor que un francotirador porque estaban bastante lejos de la plaza. Además por orden expresa mía, hice inclinar el estrado así como el escenario donde se subiría, solo unos grados imperceptibles a la vista. Wilfred pidió que revisaran el alcantarillado por si hubiera algún explosivo, cosa que me pareció muy extrema pero no se podía descartar.
Como había sido programado empezó a hablar a y media, el púbico le miraba con entusiasmo y se animaba con sus palabras. Wilfred permanecía abajo junto a las escaleras vigilando. Los otros dos guardias estaban colocados en las esquinas de la tarina del escenario, al fondo junto a lo que sería el logo de su partido.
Había pasado cerca de vente minutos cuando detecté algo en una de las ventabas de edificio lateral. Di una bocanada y subí al escenario empujando al señor Florit hacia el suelo mientras gritaba a pleno pulmón: “¡¡Todos al suelo!!” acompañado de un disparo que pegó contra el escenario, de no haber empujado al hombre de allí le hubieran agujereado la cabeza. De inmediato acompañamos hasta el coche al Señor Florit. La gente asustada corría despavorida de un lado hacia el otro. Antes de entrar yo también en el coche pude ver que la persona de la ventaba ya no estaba. Dejamos a las autoridades encargarse de lo demás.
Ya en la carretera de vuelta a su casa, empezó a sonar una estridente sirena.
- ¿Pero que pasa ahora?- fustigaba Florit al conductor para que acelerara.
- Señor, son las sirenas que avisan de un bombardeo- respondió sereno Wilfred.
- O de aviones enemigos sobrevolando la ciudad- comenté mientras me pegaba al cristal.
Detecté algo y abrí ligeramente la ventana para asomar la cabeza. El aire me molestó en los ojos unos segundos, pero en acostumbrarme fijé la vista en los tres objetos en el cielo.
- ¡Todos! ¿Me oís?- dije mientras activaba el aparato de mi oído para comunicarme con los demás de la mansión.
- Alto y claro- respondió Ezequiel.
- Preparad a todos los de la mansión para evacuar por los pasillos secretos en cuanto lleguemos. Nos sobrevuelan aviones verdes y con la punta de las alas moradas y el emblema de un arco con tres flechas, en la cola. Ya sabéis que significa.
- Sagitta Soris- les oí responder a todos.
Antes de llegar a la mansión, pudimos oír como descendían dos bombas de aquellos aviones. Las explosiones eran tremendas pero aun lejanas, pronto llegarían. La gente no estaba preparada para algo así y corrían en pánico y desesperación. No sabían dónde meterse, las vibraciones hacían que los edificios temblaran y muchos empezaran a venirse abajo. Los primeros cadáveres aparecían por las calles. La batalla aérea también empezó, los aviones de la nación contra los de Sagitta Soris, derribaron uno, pero estaba claro que la única misión de aquellos aviones era lanzar las bombas y suicidarse.
Para cuando llegamos a la mansión ya quedaban muy pocas paredes en pie. El Señor Florit no se lo podía creer y nada más entrar se cayó de rodillas con las manos en la cabeza en ver sus objetos y colecciones totalmente destruidas o arruinadas. La casa había soportado bien, no habían caído ninguna bomba directa, pero si muchas cercanas y las vibraciones habían derivado un edificio cercano, y aun así la mansión aguantó. Medio a rastras conseguimos encaminar a Florit hacia los túneles. En una zona de los pasillos más anchos nos esperaban todos incluidos los sirvientes.
- Me ha costado, pero les he convencido de que cogieran solo lo indispensable- se acercó Daurica en vernos.- Aun así van cargados.
La niña llevaba una mochila al igual que su hermano, la mujer una pequeña maleta de mano y el equipaje del señor Evans lo cargaba Helios.
- Como sea, movámonos- instigué en ver que los pasillos soltaba polvo por las vibraciones.
No anduvimos mucho hasta que empezaron a quejarse.
- ¿Queda muy lejos?- se quejaba Diane.
- Sí, nos queda aún un tramo- respondió Daurica.
- ¡Ay! Cariño, ¿Qué será de nosotros? Hemos perdido la casa y nuestras cosas- se lamentaba Marie.
- No te preocupes cariño. Seguimos teniendo dinero y cuando se calmen las cosas volveremos para ver si podemos recuperar algo- intentó reconfortarla.
Un fuerte temblor nos hizo parar en seco y agacharnos. Un trozo de túnel se vino abajo según comentaba Ezequiel, por lo que debíamos cambiar de ruta. El camino se les hizo tedioso a los demás, por lo que tuvimos que parar en varias ocasiones para descansar.
- ¿No era Francia un país neutro?- se acercó Ezequiel con Tablet en mano.
- Se suponía. No sé qué estará pasando.
- No hay cobertura ninguna, aquí abajo- toqueteaba la pantalla.- pero según el mapa que hicimos no debe de quedar mucho para salir, si es que no se ha bloqueado por algún derrumbamiento.
- Esperemos que no, esta gente no aguantara mucho metida aquí abajo. Solo hay que ver la cara de asco que pone la mujer por las humedades.
- Y eso que aún no ha visto las ratas- añadió Helios mientras golpeaba ligeramente la pierna de Ezequiel.
- ¿Tú no vivías por Francia? ¿No te preocupa que estará pasando?- se acercó Mathias
- No sabes que eso no se pregunta- respondió Daurica y además recibió una colleja de parte de Helios.
- ¿Por qué?- puso las manos donde recibió el golpe mientras gimoteaba sin entender.
- No importa. Claro que quisiera preocuparme, pero la prioridad esta en mantener a salvo a los que nos contrataron- respondí.
Hice que todos se pusieran en marcha entre protestas y palabras mal sonantes. Todos estaban cansados y empezaban a resentirse del viaje, preferían no saber cuánto tiempo llevaban allí abajo e intentaban alejar malos pensamientos como que se iba a quedar atrapados de por vida allí. Nosotros intentábamos hacerles el camino más ligero, llevándoles de vez en cuando los equipajes, pero aun así no había manera de que mejoraran su humor, y los chictes de Mathias no ayudaban.
- ¡Hazme el favor a mí y a todos de dejar los chistes de túneles!- le gritó un Eric agobiado a Mathias.
Hacia un tiempo que los terremotos y vibraciones habían cesado. Y no tardamos mucho más en llegar a la salida que no se había tapado.
Movimos unos matorrales que tapaban la salida y nos encontramos en medio de un bosque en plena montaña.
- Es increíble hasta donde llegaba- silbó Daurica.
- Siempre hay que tener una salida de emergencia- comentó Florit mientras se iba un poco más lejos.- Hay un coche por aquí escondido. Podríamos usarlo si aún funciona.
Le seguimos hasta una especie de tejado improvisado con ramas donde debajo se hallaba un todoterreno tapado con unas mantas. Introdujo la llave y el coche rugió pero calló, segundo intento, nada. Abrí el capó, Ezequiel supervisó y por fin arrancó. No había sitio para todos los que éramos, habría que hacer varios viajes si queríamos desplazarnos con él.  Aun así no tenía muy claro hacia dónde tendríamos que ir. En algún momento habríamos de volver a la mansión para ver los desperfectos y sobretodo recoger algunas cosas dejadas allí.
- ¡AY, DIOS MIO!…-  Exclamó Sali, cosa rara en ella, mientras sostenía el móvil. – La… La capitana… la capitana general- balbuceaba al borde del llanto.
- No puede ser- dijo ahora Ezequiel con los ojos abiertos como platos- He recibido un video que va dirigido a todos los miembros de la organización. Chris… Creo que esto se acaba…
No entendía nada, le quité de las manos la Tablet y le di al play del video. Había en el centro un hombre vestido de militar. “Ese es Sang, uno de los compañeros de Aker. Del grupo de asalto C”- me comentó Wilfred a mi lado. Todos nos habíamos juntado para ver el video a excepción de Sali, que se quedó al margen medio temblando. Pasó un trozo de video solo escuchándole a él hablar de cómo le disgustaba como estaban las cosas y tonterías diversas. Y entonces apareció dos hombres más trayendo a rastras a Sharlott, por su aspecto se había resistido y la habían golpeado de lo lindo. Parecía querer resistirse más, pero no tenía fuerzas para ello.
- Cuando sus perros falderos no están a su lado, esta mujer no es nada ni nadie. ¿Por qué obedecer a alguien débil?- hablaba.- Levantaros ahora que somos libres de la capitana. Creemos un nuevo grupo bajo el mando de alguien más fuerte y si os negáis a uniros seréis el enemigo. La gloria nos espera en esta época de guerras. Disfrutemos de hacer lo que más nos gusta.
Retrocedió unos pasos de la cámara y alzó el hacha que cargaba, mientras los otros dos hombres sostenían los brazos de Sharlott contra el suelo.
- ¡¡Aquí empieza mi mandato!!- grito mientras el arma bajaba con gran fuerza sobre el cuello de la mujer.
La cabeza cayó junto a una enorme mancha de sangre que poco a poco se iba extendiendo mientras la risa de aquel hombre iba en aumento. Acabó el video diciendo que todos volvieran a la base para organizarse y registrar a los fieles.

Silencio, solo silencio se formó en ver el video, Daurica sollozaba tapándose la boca con la mano. Me quedé en blanco. No solo habíamos perdido a la cabeza del grupo, sino también a una gran amiga. Retrocedí hasta pegarme con un árbol, donde ligeramente fui descendiendo hasta caer al suelo con la cabeza gacha. Lo sabía, había descontento, Sharlott tenía a todos en cintura, aun con ese malestar nos mandó lejos, quedando desprotegida. Aprovecharon el momento de debilidad para quitarla de en medio.
- ¡Key! ¿Dónde estás?- estaba hablando Daurica por móvil- Ya estás de inmediato sacando tu culo de allí, pero ¡YA!. Claro que he visto el video, no, no pienso esperar. Sal de ahí antes de que sea tarde. – su voz mostraba nerviosismo y sobretodo intentaba no alzar la voz en vano- ¡Me importa un comino! QUE SALGAS, te digo- algo le estaba diciendo porque de pronto se calló.
- ¿Qué dice?- se acercó Mathias.
- Parece ser que Key quiere ayudar a varios a salir de la base, que está difícil pero que esos tiparracos aun no la han tomado por completo. Y que ahora están haciendo una masacre con los que ofrecen resistencia…
- ¿Qué hay de nuestros compañeros?- preguntó Helios.
- Key dice que no los ha visto desde que nos machamos a esta misión, pero si que unos pocos se han unido a las filas de Sang.
- Así que ahora vamos por libre y sin nada. No podemos pedir refuerzos, no tenemos órdenes, no tenemos jefe…- se rascaba la nuca Mathias mientras pateaba una piedra.
Yo seguí allí en el suelo. Absorto en la nada con la mente en blanco. Florit intentaba recolocarlos a todos, después de todo aun teníamos un contrato con él y como hombre de mando intentaba recuperar el control de la situación.
- Chris, dinos, ¿Qué hacemos ahora?- se acercó Ezequiel.- ¿Cuáles son las órdenes?
- Amigo mío, no dejes que esto nuble tu vista. Nosotros seguimos vivos y el tiempo sigue corriendo en nuestra contra- palmeó mi cabeza Helios.
- ¿Qué no se le nuble la vista…? ¿Y qué es lo que ves tú, Helios?- agarró el bastón de Helios mientras se acercaba Mathias.
¡BAM! Ostión de Mathias contra el suelo ya que Helios soltó el palo.
- Realmente importa lo que yo vea, creo que qué tú estés viendo estrellas es más preocupante- se rio un poco aun sonando algo forzado.
Sé que intentaban animar el ambiente. Me incorporé y miré a mí alrededor. Nosotros ahora un grupo pequeño y solo, independiente. Y ellos, sirvientes y civiles sin ninguna clase de instinto de supervivencia. Cogí aire y expiré como intentando vaciar mi mente de cosas que fueran inútiles en esta situación. El aire meció los arboles como si yo les hubiera soplado. Todos esperaban a mis palabras.
- Vale, bien- dije poniéndome firmen, a lo que inconscientemente mis compañeros imitaron- Aun tenemos una misión y hasta que no la acabemos no dejaremos a estos civiles en peligro. Por lo que tiene como preferencia encontrar un lugar a salvo donde dejarles. Cuando lo hagamos se acabó el contrato. Volveremos a la mansión a buscar nuestros objetos personales, no tenemos ya donde reabastecernos así que será importante suministrar bien el armamento. Tenemos que recuperar lo máximo posible. El tramo final será volver a la base, si ese tal Sang es del escuadrón de Aker, sabrá que somos “los perros falderos” de la capitana general. En vernos nos intentará eliminar.
- Suena a suicidio…- dejó caer un comentario, Sali.
- ¿Y cómo piensas llegar hasta la base con los pocos materiales que tenemos?- indagó Ezequiel.
- Tengo algo en mente, pero por ahora busquemos un lugar que sirva de refugio.- y mandé romper filas.
- Eso está muy bien y tal… ¿Pero por cuanto tiempo nos pensáis dejar en un refugio?- preguntó Marie
- Señora, nos contrataron para protegerlos y llevarlos a un lugar seguro en caso de incidente. Así lo hemos hecho, lo que pase a partir de entonces será asunto de su marido-explicó Wilfred.
- ¿¡No podéis decirlo en serio?!- el señor Florit se acercó a mí con paso enfadado- ¿¡Nos dejáis tirados?! Os pagaré el doble.
- Guárdese el dinero. Tenemos otros asuntos más importantes y que no se pueden cubrir con dinero. Les llevaremos a un lugar seguro y punto. A partir de allí habrán de decidir vosotros mismos que hacer.- le respondí- Ezequiel busca un plano de la zona, encuentra algún refugio o algo similar.
- ¡De inmediato!- se sentó en el suelo y sacó sus herramientas.- hay unas construcciones un poco más abajo.
Usamos el todoterreno para hacer varios viajes bajando a todos de allí y los acompañamos hasta un pequeño pueblo medio abandonado. No parecía ser un blanco el cual fueran a  bombardear y no parecía que fuera a aparecer nada más peligroso que algún animal salvaje. Muchos de los sirvientes y demás trabajadores decidieron marcharse a pie por ahí. Así que pocos quedaron con la familia de Florit. Al final el señor Florit también nos mandó por saco y dijo que ya llamaría él a la policía y a otros guardaespaldas. Que ya no quería saber nada de nosotros, y nos pareció bien. Allí les dejamos en el pueblo, con vivieres y con un móvil y batería nueva. Pero nos llevamos el coche, que igual ellos no lo usaría o se pelearían por él, puesto que eran muchos. Pusimos rumbo a la ciudad de nuevo, esta vez solos y con pocas esperanzas de encontrar un buen panorama.

Código: RESET

--> Capitulo 11

Capitulo 12:


-¡Chris! ¡¡Chris!! Responde, ¿Dónde estás?- la voz exaltada de Ezequiel me hizo volver en mis cabales.

Di una bocanada de aire y antes de responder miré a mi alrededor. El coche se había estrellado contra uno de los árboles de la entrada, la valla estaba hecha añicos y los intrusos no tuvieron ninguna oportunidad. Una pena el trozo de jardín que ha sido atropellado por estos dos kamikazes.

- Estoy aquí, tranquilo. En la entrada. La cámara se ha roto, pero no parece haber daños más allá de los materiales.- respondí activando el aparato de comunicación.

- Como pides que se tranquilice si te ha visto saltan contra un coche en marcha.- Se escuchó responder a Wilfred.

- Ha hecho locuras peores- Comentó Daurica- Lo peor ha sido el ruido que han causado.

- Pues nada, me toca arreglar eso…- suspiro- esta será una noche muy larga…

- No tanta, en nada saldrá el sol. Ya no sabes ni en qué hora vives- Bostezaba Mathias.

Unas pocas horas después del altercado, fui al despacho del señor Florit para presentar el parte de los desperfectos.

- El jardín es lo de menos- dijo mientras hojeaba lo papeles que presenté- La valla se puede remplazar por una mejor, la cámara también… No parece que hay nada por lo que preocuparse. ¿Qué opinas tú de esto?

- Según me opinión, señor, no me esperaba un ataque tan suicida y desesperado, atacar de frente montados en un coche blindado… No es muy profesional.

- Entiendo. Aun así ha sido un gran trabajo. No creo que este sea el ataque que me informaron que sucedería- se levantó.

- Si me permite- permanecí firme- Esto no ha sido más que unos peones lanzados en las trampas enemigas solo para observar su funcionamiento. La mente de esto está evaluando nuestras defensas.

- ¿Y han descubierto a quienes pertenecía?- me miró fijamente

- No, señor- respondí claro, pero se mantuvo un momento de silencio donde parecía analizar mi inmóvil figura.

- En todo caso, manténganse vigiando y atentos. Te puedes retirar.

- ¡Sí, Señor!- di media vuelta y salí del despacho.

Avancé por el pasillo en dirección a donde suponía que se encontraría Helios. Rememoré el ataque mientras caminaba. La noche estaba tranquila, pero el ambiente no. Después el rugido del motor, el estridente golpe contra la valla. Disparé, las balas no hicieron nada y el coche seguía avanzando. Cuando me quise dar cuenta me había lanzado contra el vehículo. Maté al copiloto de un navajazo en la garganta, el conductor se estrelló contra el árbol lo que me echó fuera del coche. El impacto fue suficiente para acabar con él. En sus cuellos estaba aquello que tanto me molestaba, una espada y una pistola cruzadas. Solo un nombre me venía a la mente: Sagitta Soris.


- Pareces muy preocupado y distraído- toca mi hombro Helios, cosa que hace que yo por un segundo le fuera a atacar.

- Iba a decir que no me dieras esos sustos, pero en teoría estoy de servicio y he dejado que te acercaras peligrosamente a un punto vital.

- Bueno, no hace falta ser tan serio.- alzó el bastón para darme ligeramente en la frente.

- Esta juventud- dijo el señor Evans que venía junto a Helios.- ¿Qué os parece si nos vamos los tres a la terraza a charlar un rato? Seguro hay muchas batallitas que podemos contarnos.

Intenté rechazarlo en vano, al final acabamos los tres sentados en la terraza con unas bebidas y hablando de misiones del pasado. De alguna forma el señor Evans acabó hablándonos de los pasillos subterráneos de la casa. Pude notar que este señor se hacia el viejo y el tonto, pero que en realidad dominaba muy bien los asuntos del señor Florit. Por lo visto donde venía el dinero era del movimiento de drogas. Evans subrayó sobretodo la idea de usar los subterráneos como vía de escape en caso de emergencia, por ello nos reveló la ubicación de ellos y varios detalles más. Él notaba que algo iba a pasar y que sus vidas tal vez dependerían de esa información, de ahí que nos la revelara.

Esa misma noche, Helios y yo, descendimos y exploramos cada rincón de los pasillos en silencio. No encontramos nada pero increíblemente aquellos caminos llevaban a las afueras de la ciudad. Usando una máquina que Ezequiel nos había prestado, comenzó a elaborar un mapa simple de los pasadizos, por lo que nosotros volvimos dejando que la maquina hiciera su trabajo.

Pasó una semana y media sin ningún altercado ni percance. Pero me habían informado de que el viernes el señor Florit iba a dar un discurso en una plaza por lo que debía acompañarle para más seguridad. Tuve que preparar varias trampas en caso de que pasara algo en la mansión en mi ausencia. Aunque aún estaban todos los demás por allí, no podíamos arriesgarnos a que pasara algo por faltar uno de nosotros. Wilfred y yo estaríamos junto a dos guardias más, y el chofer, acompañando al señor Florit en el discurso en público, en el cual me ha pedido expresamente que permaneciera oculto entre el público, por lo que debía de vestir ropas casuales. Cosa que no me suele gustar. Aun así lo dispuse todo para el viernes.

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--> Capitulo 10

Capitulo 11:


Me dirigía hacia uno de los balcones, el que más cerca quedaba de la polvorienta habitación donde me alojaba, para poder encender un cigarrillo. Apoyado en la lustrosa barandilla miré las estrellas de la noche antes de soltar una bocanada de humo. Saqué el mapa de la mansión del bolsillo del pantalón. Daba igual cuantas veces lo revisara. Cuando lo vi la primera vez ya lo memoricé. Pero igualmente lo seguía mirando, me molestaba que no pusiera “cierta información” en el plano. Lo volví a guardar y alcé mi mano hasta el dispositivo de mi oído. Había pasado una semana desde que habíamos llegado, y mi deber a estas alturas era hacer un reporte de la situación. Le di dos ligeros toques al aparato antes de hablar.


- Escuadrón Eagle, reporte de la semana- anuncié.

- Aquí Ezequiel, todo en calma. Nada notable. No he visto ninguna entrada secreta usada por nadie. Hay que comprobar ciertos puntos ciegos. Por lo demás, sin cambios. Corto.

- Yahoo!!- Por poco no deja sordos a todos, Mathias- Por mi parte ningún problema. El tal Eric es de lo más simpático. No parece tener muchos amigos en su escuela pero eso no me incumbe ¿verdad? Por otra parte parece que hemos compaginado, siempre me dice que le espere en diferentes sitios o me pide que le ayude a buscar alguna cosa. Es un chico de lo más despistado. Nada más novedoso que contar.

- Que tonto eres, no ves que eso lo hace para que le dejes. No lo hace más que para perderte de vista-se escucha suspirar a Ezequiel. Pero todos lo sabíamos y Mathias ya era alguien al que esas cosas no le afectaban. A Parte, ni le ha debido oír, ya dijo lo que tenía que decir y seguro ya está en su mundo.

- Habla Helios, no tengo nada que decir. Esta es la misión más amena que tenderemos en la vida. He estado buscando los pasadizos, ya he localizado algunos. En cuanto me des permiso empezaré su exploración.

- Tienes mi permiso. Cuando te dispongas a ello avisa y me encargaré de estar con el Señor Evans.

- Roger.

- Aquí Wilfred. Como predijiste, el Señor Florit ha empezado a usarme de secretario y mayordomo en su mayoría. Por ello he podido acceder a los datos secretos de la compañía. Se los pasaré en breve a Ezequiel. Tal vez no nos gustará lo que haya… Cambio y corto.

- Gran trabajo Wilfred- le felicité, sin estar seguro de si me habría escuchado.

- Esto… Soy Sali… ¿Christopher? ¿Tú ya sabias que clase de persona era la señora, verdad?

- Así es, ¿ha pasado algo?

- ¿Entonces porque no le has dado mi puesto a Daurica?- se la oía protestar al otro lado.- Esta señora se la pasa comprando y yendo de tienda en tienda. Todo el rato pide mi opinión y no sé qué decirle…

- Relájate Sali, la Señora Marie es la típica que solo quiere oír halagos, que la aprueben, obedezcan, nunca le reprochen nada y, sobretodo, que no intenten nunca estar por encima de ella. Tienes las cualidades perfectas para ello. Además, piensa que si ponía a Daurica con la Señora, liarían una pelea de fieras sin parangón. Fíjate, parece que tienen un carácter muy parecido. ¿Ya te las puedes imaginar a ambas pelearse por un bolso de marca?

- Ajá…- sonaba más calmada e incluso parecía aguantarse la risa imaginándose la escena.

- ¿Quién dices que tiene un carácter parecido a esa vieja arpía?-protestaba Daurica.- Por cierto, Ezequiel ¿Ves por ahí a la señorita Diane?

- ¿Por? ¿La has perdido?- le responde.

- ¡Tú búscala! –Seguro que estaba mirando hacia alguna cámara mientras decía eso.

No pude contener una sonrisa al imaginarme eso y apagué el cigarrillo, ya consumido del todo por haber estado escuchándoles.

- Está en el pasillo 3 al sur

- En cristiano, por favor.- protesta Daurica y se oye suspirar a Ezequiel por tanto mandar.

- Sigue recto, frente a la armadura a la derecha y está en la…. Nada, esta por salir por la ventana.

- ¡¿Qué va ha de que!?- me separé del frio metal en un impulso.

- No te preocupes, es el primer piso. A parte, es la ventana de la que quitaste aquella escalera tan sospechosa.- me responde sereno Ezequiel, lo que significa que la chica no saltó y que Daurica llegó a tiempo. – Además si te inclinas un poco tendrías que poder verlas desde tu posición.

Dijo que estaba en el primer piso por lo que me acerqué al borde del balcón, al lado izquierdo que daba al interior del edificio, y la tercera ventana podía ver los volantes que vestía la señorita Diane. No dudé y salté. Mis pies suavemente tocaron el suelo y fui caminando hasta la ventana.

- Disculpen mi intromisión señoritas, pero sus gritos alertarán todo.- comenté apoyándome en el marco de la ventana.

- Sálvame de esta señora- bromeó Diane lanzándose a mi cuello.

- ¡¿A quién llamas tú señora?! Que lo sepas pero yo soy muy joven.- protestaba Daurica.

- Pero no le sigas el juego.- hice que me soltara alejándome del ventanal.

- Siento interrumpir, pero algo acaba de entrar por uno de los setos del jardín.- informaba Ezequiel.

- Quédate aquí con ella voy a mirar que es.

Avancé siguiendo las indicaciones de Ezequiel. Entre los arbustos algo se movía. Me agazapé, en ese momento una nube cubría la luna, la oscuridad le beneficiaba. Era muy ruidoso para ser alguien profesional. Era muy fácil detectarle por el ruido que hacia incluso en esta oscuridad. Desenfundé el cuchillo de mi cinturón, y agarré lo que fuera que se movía. Soltó un quejido.

- ¡Aux! duele- la voz era de una persona muy joven.

- Por favor, suéltale. No le hagas daño- se escuchaba la voz de Diane acercándose entre jadeos.

- Vamos a dar luz al asunto- dijo Daurica encendiendo una linterna de bolsillo que llevaba.

- Muchacho, ¿Sabes que estas entrando en propiedad privada?- le comenté por fin viendo al chico que tenía agarrado del brazo y contra el suelo.

- Por favor suelta a Javier… Él viene porque yo se lo pido… por favor- dijo la chica retenida por Daurica para que no se acerque.- Mi padre no me deja hacer amigos de pueblo, él es el único que no se mete conmigo…

Suspiro, de igual forma no me habían contratado para esto, sino para protegerles de un posible ataque. Solté al chico. El pobre se incorporó un poco magullado. Daurica soltó a la chica.

- ¿Estás bien? Ya te avisé de que había nuevos guardias.

- Ya… Pero aux…- se quejaba del brazo- tampoco podía entrar por la puerta.

- Bien, ahora nos debes una explicación señorita- pone los brazos en jarra Daurica

- Javier viene a jugar una vez a la semana.- ayudó a incorporarse a su amigo- Yo le dije de este sitio para pasar. Los guardias de antes eran muy fáciles de esquivar

- ¿Por eso me intentabas perder de vista? – suspiró- Yo solo tengo el deber de protegerte, por mi como si te fugas a ver a tu romeo, yo solo tengo que estar a tu lado y velar de tu seguridad. No inmiscuirme en la vida privada de los demás es mi lema. Ya tengo bastante con la mía.

- Ya está Daurica, que les estas echando a bronca a unos niños- le di unos golpecitos en el hombro y ella suspiró resignada.- Bueno, ¿hay más agujeros en la valla ocultos tras los matorrales?

- No, yo hice aposta este.

- Bueno, con eso me vale. Me vuelvo a mi puesto. Parece que aun te queda una larga noche por delante- le sonreí a Daurica mientras veía como la pareja de niños se iba corriendo a su escondite a jugar con Daurica detrás.

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--> Capitulo 9

Capitulo 10:


- ¡Chris! Ezequiel se ha dormido sobre el caballo- protestaba Mathias

- ¿Y qué quieres hacerle? Más sitio para nosotros- comenté mientras mantenía el equilibro en la pared del remolque.

- No protestéis, hemos tenido que meternos en lugares más estrechos.- Remarcó Daurica, quién intentaba mantenerse lo más alejada del animal aunque era imposible.

- ¡Oh! Eso me recuerda cuando estuvimos en Malasia. Nos teníamos que colar por un conducto de ventilación.- juntó las manos Sali, comentándolo

- Es verdad, Había unas ratas del tamaño como mínimo de una granada.- se animó Mathias

- ¡Hey! A los de ahí atrás, esto es un remolque para caballos, y los caballos no hablan.

Todos nos callamos. En breve llegaríamos al lugar de destino. En las cuadras nos esperaba el señor Florit, el hombre que nos contrató.

- Buenas Tardes, espero que el viaje no haya sido muy movido- saludo antes de estrecharme la mano- ¿Sois el escuadrón Eagle?

- El mismo, Señor- formalicé.

- Bien, pues síganme.- empezó a caminar- Ahora estamos en mis cuadras privadas, podéis estar por aquí tranquilamente. Tengo varias hectáreas para los caballos, una pista de golf, unos preciosos jardines y el sobrante pertenece a la mansión.

Aquel hombre nos hizo un tour enorme por todas sus tierras y por dentro de la mansión mostrando toda clase de objetos y reliquias costosas, desde cuadros, esculturas a muebles. Había bastantes sirvientes atendiendo las necesidades tanto de la mansión como del exterior.

- ¡Ah! Casi lo olvidaba, llegaron vuestras pertenencias y ahora están en el piso de los sirvientes, donde os alojareis. Preguntarle a cualquier sirvienta para que os lleve hasta allí. Yo ahora estoy muy ocupado, pero quiero hablar con el que manda del grupo y poder marcharme ya a trabajar- señaló una puerta que claramente era su despacho.

Les hice el gesto de que exploraran los alrededores y entré con aquel corpulento y derrochador hombre.

- Bien- suspiró al sentarse, la silla chirrió quejándose- ¿Cuánto tardarán en acomodarse al lugar?

- Como mucho, dos días, hay mucha hectárea que revisar y preparar.- respondía rígido con las manos tras la espalda y posado firme- Pero, permítame decirle que en un día estaríamos listo si me diera ciertos elementos.

- ¿Cómo cuáles?- arqueó una ceja

- Un plano de la casa y de los alrededores, también queremos el acceso a la sala de seguridad y a las cámaras de vigilancia.- Dije, a lo que él tardó en responder.

- Bien, os daré el control de la seguridad. Pero esta noche os presentaré a la familia y quiero que ya pongas a algunos como guardaespaldas personales.- abrió un cajón- ¡Ah! Y está totalmente prohibido salir de los terrenos si no es acompañando a alguien. Puedes retirarte.

- Sí, Señor- di media vuelta y abandoné el despacho.

La dichosa mansión era enorme, pasé un buen rato dando vueltas por los pasillos hasta que una sirvienta me pudo indicar como salir de allí. Le pedí a un mayordomo que me indicara el camino hasta la habitación donde nos quedaríamos. Pasamos por delante de las habitaciones del servicio y la verdad es que eran deplorables en comparación a la casa, muy simples pero eso era mejor que nada. Por lo visto, nos tocaba a todos dormir juntos en el suelo de una sala que parecía un trastero por la cantidad de trastos y cajas que había. Por no decir del polvo, fijo que si estornudaba, levantaría una nube que no se marcharía ni abriendo las ventanas. Que por cierto, ni tenia o si tenía tendrían que estar bajo aquella enorme pila de trastos.

- ¡Ja!- Me siento indignada, protestó Daurica a mi espalda- ¿Tendremos que estar ahí metidos…?

- Va, no te quejes. Estuvimos durmiendo en lugares peores. Recuerdas la misión de Mali, aquello no era ni chabola.

- ¿Tan mal lo ves?- apareció Helios, entró en la sala y palpó las cajas- Solo hace falta una mano de limpieza. Igual, poco estaremos aquí metidos. He estado buscando lo que me pediste antes de venir.

- ¿Y bien?- indagué en nuestros equipajes en busca de mis accesorios.

- Hay varios pasadizos secretos. Podrían servirnos para evacuar a los de la mansión si tienen salida claro.

- Hoy a la noche nos presentará a los otros miembros que hay que proteger. Y me dará un plano del lugar, así podremos ver si será honesto con nosotros o nos ocultará cosas.- Le pasé a Helios sus cosas- Por cierto, ya podemos decirle a Ezequiel que tiene el control de la seguridad. Que ya puedes ir a buscar donde esta eso y que se ponga a ello.

- Si no recuerdo mal… Creo que esta fuera echándose una siesta al sol.

- Siempre os olvidáis que tenéis los dispositivos de escucha encendidos- Escuché a Ezequiel a través del pinganillo.- Christofer, te he oído alto y claro. Mandé a Sali a buscar la sala, cuando la encuentre, iré de inmediato- dijo ya lo último bostezando.



Ya pasada la cena fuimos llamados al gran salón donde la familia había acabado de comer. Era una mesa larguísima para ser solo cinco personas en ella. En entrar los siete nos pusimos firmes como si estuviéramos en presencia de alguien de alto cargo.

- Aquí tenéis al escuadrón Eagle. Ellos serán los encargados de protegernos de ese próximo ataque del que os hablé-hablaba moviendo de vez en cuando la copa de vino.- Esta es mi mujer Marie, mis hijos Eric y Diane, y mi padre Evans.

- ¡Ooh! Papi yo quiero como guardaespaldas al del centro.- se balanceaba la chica en la silla.

- ¡Diane! ¡Tus modales!

- Lo siento, pero ya tenemos los grupos preasignados- respondí con todo firme, lo que pareció asustarlas en un primer momento.- Por vuestra seguridad, permitan que mis compañeros trabajemos protegiéndolos. Sin alejaros de nuestro campo de visión.

- Hola, Diane. Soy Daurica, puedes llamarme Rica si quieres. Seré su guardia, llevemos bien ¿vale?- se acercó a hablar con ella.

- No, no y ¡¡no!!- empezó a patalear- ¡Yo quiero un chico!

La madre se levantó y le dio una bofetada.

- Estamos frente a más personas, tienes dieciséis años, deja de comportante como un bebé.- se formó un pesado silencio en la sala.

- Por favor, siga- habló unos minutos después el señor Florit

- Bien, junto a usted irá Wilfred. El señorito Eric será protegido por Mathias, el señor Evans por Helios y con la señora Marie irá Sali.- fui diciendo mientras mis compañeros se colocaban junto a sus respectivas personas.- Yo estaré a cargo de las vigilancias generales y él- presenté a Ezequiel- controlará la vigilancia de cámaras y demás.

- Vaya, ¿pero alguien tan joven se va a poder hacer cargo de la sala de cámaras?- se sorprendió la señora con un gesto un tanto raro.- ¿Qué edad tiene el pequeño? Parece de la edad de Eric.

- Mujer, no puedes cuestionar su profesionalidad si aún no han podido hacer nada.- respondió el señor.- De igual forma, no me acaba de gustar, que mi padre tenga como guardaespaldas alguien que está más ciego que el pobre.

- Pero, papá…- habló por fin el otro integrante de la familia- si el abuelo y el ciego están echando una partida al ajedrez desde hace un rato…

Todos se centraron en aquellas dos personas que se habían alejado ya del jaleo y estaban sentados uno frente al otro disputando una tranquila partida al ajedrez.

- Permítanme la intromisión, pero puedo asegurar que mis compañeros y yo somos extremadamente competentes dentro de nuestros campos. Así que no duden en la seguridad que les proporcionaremos.

- Veis, ya le habéis oído. Ahora cada uno a hacer lo que tengáis que hacer- finalizó el Señor Florit la cena y todos los comensales se levantaron y se dispersaron por la mansión junto a sus nuevos guardias.

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Capitulo 9:


*Cinco años después*

La guerra estalló irrefrenablemente, cuatro países hicieron un llamamiento a las armas. La lucha por el petróleo no fue el único desencadenante. Políticas chapuceras, querer más poder o crisis, genera un movimiento en cadena que afecta a todos. Una guerra beneficia a los que tienen industria armamentística. Estados Unidos lo ha visto fácil. Ya ni las ciudades son seguras, un riesgo de bombardeo puede pasar en cualquier momento. Corea del norte ya ha diezmado más unidades de las que se pueden contar, ellos ya hacia siglos que se preparaban para esto.

Mis zapatos resonaban por los embaldosados pasillos. El traje nuevo no me acababa de gustar. Paré frente a la puerta, respiré y llamé con un ligero golpe de nudillos. Se escuchó un “adelante” y entré. Saludé cortésmente mientras mantenía mi pose de firme, me saqué la gorra a juego con el traje.

- Christopher- se levantó la mujer- Quiero decir General de División. Que rápido asciende uno cuando hay guerras de por medio ¿verdad? Aún recuerdo cuando te salvé de Sagitta Soris, hará ya unos cinco-seis años, talvez. – Me mantuve callado y firme. Ella suspiró antes de seguir- Descansé- a lo que yo relajé la postura- Tengo una misión para tu grupo. Su destinación es Francia.

- Permiso para hablar

- Adelante, aunque no se para que tanta formalidad, no hay nadie más aquí.-tamborileó en la mesa.

- Francia está en zona fuera de guerra, por lo que no veo porque mi división se habría de mover a un lugar donde no podemos hacer nada.

- No he dicho que fuera toda su división. Uno de los mandamases de allí he estado bombardeándome con mensajes de que quiere un grupo de los mejores hombres, los que hayan hecho más misiones y que tengan el menos número de bajas de civiles en dichas misiones. Y para que os quiere, te preguntas, vigilar su casa. Según espías que tiene él por ahí, pronto se hará un ataque en la zona y quiere poder proteger a su familia y poder sacarlos a todos con vida cuando eso pase.

- Me envía a una misión así, sabiendo que estamos librando batallas mucho más importantes.- intenté no alzar la voz.

- No puede discutir mis órdenes y lo sabe. De cualquier forma le recuerdo que no somos más que Rebeldes, mercenarios, un grupo de personas armadas más poderosas de lo que puede ser un ejército normal. No pertenecemos a ningún país, aquel que pague y valga la pena, será el que reciba nuestra ayuda.- tuve que apretar los dientes mientras me pasaba una carpeta de papel que contenía los documentos de la misión- Coge a seis de tus mejores hombres y partid de inmediato. Podéis ver esta misión como unas vacaciones. ¡Ah! Recordad que allí fuera nuestros rangos no valen nada.

Hice el gesto con el brazo, me coloqué la gorra, recogí los papeles y abandoné la sala. Sharlott había cambiado mucho desde la última vez que la vi. Que ahora estuviera al mando de todo, parecía ser lo que más le influyó. O podría haber sido la batalla en la que nos separamos hace tres años. Preferí no recordar aquella derrota.

Me dirigí hacia donde sabía que encontraría a los que me acompañarían. Entré por la puerta de un golpe, me desaté la corbata, no sé porque narices tendría que llevar corbata este traje, me recosté en el sofá que había y suspiré pesadamente.

- ¡Ey, Chris! Vaya cara más larga macho- comentó Mathias- Que te ha dicho la Capitán General.

- Nos manda de misión a Francia- suspiro dejando los papeles sobre la mesa donde previamente puse los pies.

- Vaya, de Yemen a Francia. ¿Nos están dando vacaciones?- Se extrañaba Daurica- ¿O nos están echando?

- ¡Bah! Que haga lo que quiera, cuando se dé cuenta esa mujer estará más sola que la una- farfullaba en el fondo de la sala Wilfred- Christopher y Mathias, cuidad un poco vuestros modales.

- No creo que les endereces los modales, Wilfred, ya van cuatro años que lo intentas y ya podrías ir cansándote- comentaba entre bostezos Ezequiel.

- Fue a decirlo el que pasa más horas durmiendo que despierto, y por cierto, deberías vestirte, aun vas en pijama.- recalcó Sali mientras le pasaba una taza de café.

- Bueno, como me tengo que llevar conmigo a seis personas… ¿qué? ¿os apuntáis?- pregunté sin ni siquiera decir de que iba la misión.

- Ni lo dudes- saltó Mat al sofá.

- Si no voy yo, como vais a salir de los problemas- suspiraba Wilf

Ezequiel perezoso alzó la mano a duras penas ayudado por Sali. Daurica ya estaba agarrada a mi cuello.

- ¿Helios? – todos se giraron hacia él.- Queda un puesto y tienes todas las papeletas de ser premiado.- Saltó Mathias raudo hacia él.

- Primero me cuentas de que va la misión y luego ya veremos.

- Que chiste más bueno- empezó a reír Mathias a lo que recibió un golpetazo de bastón por parte de Helios.

Era ciego, y Mathias le encantaba meterse con él.

- ¿A cuánto va?

- 25 Helios, Mathias 5

- Apuesto el desayuno de mañana a que Mathias recibe otro bastonazo antes de acabar el día.

- Oye, que os estoy oyendo.

- Ejem…- carraspeé- La misión es ir a Francia y vigilar una mansión con riesgo de ataque. Debido a que no quieren que se enteren los del lugar que han pedido protección, tendremos que entrar escondidos con un caballo que llega mañana a las cuadras del cliente.

- Vamos, un rico que paga para que le defendamos, mientras esconde que está más preocupado de su culo que del resto del mundo. Por mi se puede morir ahí- sentenció Mathias.

- Cuanto durar la misión…-preguntó casi sin entonar mientras Sali le ayudaba a cambiarse.

- Lo que tarden en atacar. Cuando ataquen y tengamos la familia a salvo. Nos podremos marchar.- comenté acabando de hojear las páginas- El pago no está mal. Aunque no tenemos permiso para abandonar el recinto una vez dentro, a no ser que sea acompañando a la familia.

- Vamos, que nada de turismo- se cruzó de brazos Daurica.

- ¿Cuáles son los miembros de la familia?- preguntó Helios mientras recogía una de las hojas que voló al suelo.

- Un hombre, una mujer, una hija, un hijo y un anciano- respondí mientras organizaba de nuevo el documento.- Partimos en tres horas, nos vemos en el puerto.




*Inciso, al salir de la sala, por el pasillo van todo el grupo*
- Pero mira quienes están por aquí- comentó un chico apoyado en la pared- ¿No es sino el grupo de Chris?

Tardé un momento en reconocerle, porque se había cortado y teñido el pelo.

- Sabes a donde nos han destinado. A Siria a luchar contra los rebeldes y ¿a vosotros?- su tono mostraba la más pesada de las burlas.

- A subvencionar vuestra misión- le espeté en la cara.

- ¡¡Toma ya!! En toda tu cara Aker- se mofó Mathias

- Tú a callar- le agarró Helios para quitarlo de meter más cizaña.

- Bien, vale, esta vez tus ganas. Pero la próxima me la pagaras.- se marchó

- A ese, quien le entienda que lo compre…- se extrañó Daurica

- ¿Por qué os lleváis tan mal?

- No es que se lleven mal. Si lo miras detenidamente, veras que es como una competición o pique de alguien que no sabe cómo entablar con los demás una conversación.- remarca Helios.

- Ya, lo de ver, lo dice el ciego. Claro que todo esté tan negro- y antes de que pudiera reírse recibió el bastonazo.

- Veis, no ha pasado ni media hora y ya ha recibido- dije mientras me reía.

- Mathias, cuando aprenderás...- suspiró Wilfred, frotarse la frente.

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--> Capitulo 7

Capitulo 8:

- Sabéis lo que somos. Somos demonios, monstruos, superhumanos, escoria, cobayas… Somos títeres, animales de experimentación. Nos crearon durante la Guerra de las Sombras. Hace aproximadamente 30 años  las potencias mundiales empezaron a invertir en una operación llamada Code o Código, donde se experimentaría con huérfanos de la guerra. Porque ¿Quién iba a preguntar por esos niños que pierden sus padres en los cruces de una guerra o desaparecen de los orfanatos?. Querían crear humanos superiores, que pudieran usar en guerras pero también dentro de la vida diaria. Una nueva raza humana: Los Code. Pero no todos reaccionaron de la misma manera frente a los experimentos, así que tuvieron que clasificarlos. Los 8 primeros años fueron ayudados por los países, pero empezaron a dudar de la operación y se negaron a financiarla más. Desintegraron la organización, pero la cabeza de todo ello siguió entre las sombras desarrollando su idea: Conquistar el mundo bajo una sola bandera. Y ahora su organización, los Sagitta Soris, intenta reunir a todos los “hijos” que se diseminaron a lo ancho y basto de este mundo para reunirlos y cumplir sus ambiciones.

- Bueno todo esto son aproximaciones.

- Nosotros somos los rebeldes, nos negamos a ser parte de su juego, por ello nos revelamos pero tranquilos aquellos que no queráis luchar, os mantendremos protegidos y escondidos de ellos. Cuando este conflicto concluya, podréis volver a vuestras casas.

- ¡Ya claro! ¡Y eso para cuándo será! ¿Cinco, diez años?

- Eso, dijeron que nuestras familias nos dan por muertos.

-¡Quiero marcharme ya!

La gente aun inquieta por tanto movimiento, no hacían más que protestar unos y otros.

-        ¡Escuchadme panda de insensatos!- se alzó la voz de Sharlott sobre todas las demás.- Haced lo que queráis, en media hora llegaremos a tierra. Podéis marcharos en llegar y ser atrapados de nuevo por ellos, decidir quedaros bajo nuestra protección o alistaros con nosotros y luchar. Pero, elijáis lo que elijáis, tiene que ser decisión vuestra. Nosotros no podemos prometeros nada.- suspiró- Si queréis que esto se termine rápido necesitamos el máximo apoyo posible, aunque eso signifique tener que coger las armas y luchar por ser libres.

La gente se calló, algunas seguían murmurando por lo bajo. Pero las cosas ya estaban dichas y las cartas sobre la mesa, ahora solo quedaba decidir.