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La historia de Ul·la


La historia de la sacerdotisa Ul·la

<<La verdad es que nunca pensé en escribir estas memorias, pero tengo mucho tiempo libre y así puedo pasar el rato. No estoy segura de cuando el pueblo se instaló aquí, pues yo no había nacido. Convivimos con unos pequeños demonios, que yo denomino Pox, son redondos, peludos y negros. Algunos tienen alas y/o cola, pero todos tienen unos ojos muy graciosos blancos. Flotan en el aire, y si son pocos no había problema pero si se reunían demasiados podían producir enfermedades. En si son inofensivos. En el pueblo hay tres sacerdotes, aunque solo el sacerdote principal parece ver a los Pox. Entre esos sacerdotes, también me encontraba yo. Aunque no fui criada como una.

Yo era hija de un pastor de ovejas y desde pequeña había visto Pox y otros seres. No todos eran violentos como decían las personas. Yo los dividí en dos rangos: Me di cuenta que la gente no podía ver a los Pox, así que los catalogo en rango de Mushi (que son seres que no todos pueden ver)  y luego están los demonios, que todos podían ver y que algunos eran violentos. Un día, cuando era una niña pequeña, el sacerdote principal me vio jugando con algunos de los Mushis que habitaban cerca de bosque y pareció interesarse en mis habilidades. Literalmente mi padre me vendió a ese sacerdote. Por suerte, yo no me marche del pueblo. Yo nací y crecí aquí, así que no pienso marcharme. >>

<<Ahora,  el pueblo también se ha asombrado del “poder” que tengo, que yo no veo que tenga nada de especial, pues solo puedo ver Mushis. Me nombraron sacerdotisa y me tratan como si fuese casi una deidad, pero veamos, si los sacerdotes también parecen ver los Mushis, o al menos unos indicios… Entonces ¿porque soy la única tratada diferente? ¿Es porque soy mujer? No creo que me atreva a preguntarlo nunca. >>

<<Hoy es un nuevo día y pensé que sería agradable, hasta que llego ese indeseable sacerdote nuevo. Es un muchacho joven que viene al pueblo a aprender. No sé cuántas veces se ha metido conmigo por ser mujer, a escondidas, pues en público se hace pasar por el mejor de las almas buenas y puritanas. En poco tiempo se ha ganado al pueblo, con sus engaños y artimañas. Por suerte, solo me cruzaba con él cada mucho tiempo. Pues yo siempre solía tener clases y cuando no estaba en clase con el sacerdote principal, estaba en una de las habitaciones del templo confinada. Esa es la razón por la que he empezado a escribir esto. Pero que conste que no soy una gandula, pues ya me he ganado el título de sacerdotisa a pulso, se hacer la mayoría de conjuros, ritos, purificaciones… y demás quehaceres de un templo y de un sacerdote. >>

<< Hoy me ha pasado algo increíble, tras conseguir escapar del confinamiento, conseguí ropas de pueblerino y me fui a jugar con los Mushis al bosque. El traje de sacerdotisa destaca mucho. La mayoría de los pueblerinos empieza a llamarlo el bosque de las sombras, pero eso es porque muchos Mushis se reúnen en él, tal es la cantidad, que producen algo así como una “sombra” de su presencia. También abundan muchos agujeros, formados por un demonio, es totalmente visible, si caes dentro. Usa el mismo procedimiento que las hormigas león, crea un agujero para cazar sus presas, en este caso, muchas personas son devoradas por ellos.

Pero lo importante del día fue que lo conocí allí. Había perdió la noción del tiempo, y ya estaba oscuro, una fuerte nevada me pillo de improviso, y perdí mi orientación. Cuando el frío me pudo, caí en el suelo, y la nieve comenzaba a taparme. Los Mushis danzaban a mi alrededor con agradables luces, aunque estaba en una situación límite, me limité  a sonreír viendo como esos diminutos seres parecían bailar a mi alrededor. Fue entonces cuando alce la vista y le vi. Un inmenso lobo del color del fuego se acercaba a mí. Mis ojos se posaron en los suyos. Parecía tener dos rubís como ojos. Inclino la enorme cabeza y empezó a olisquear. Pensé que me iba a comer (ahora me avergüenzo de haberlo pensarlo), pero en realidad observaba a los Mushis, que empezaron a corretear por su morro, alumbrando tenuemente su pelaje. Aunque el espectáculo era fascinante y místico, me desmaye por el frío. Al despertarme estaba en una cueva, dormitaba sobre el enorme lobo. Su pelaje era muy suave. Entonces espabilé y me separe de él del susto. El lobo parecía triste pues bajo incluso sus orejas. Entonces dijo que si tanto miedo daba, su voz era grabe y profunda, en esa cueva resonaba bastante. Cierto que me asuste al principio, pero vi que los Mushis abundaban a su alrededor, pero no eran de los negros y oscuros que producían cosas malas, sino de los pequeños y alegres que brillaban con mucha tranquilidad. Empecé a hablar con ese ser. Que me explico muchas cosas. Que él no era un lobo normal, sino un demonio lobo y no uno cualquiera sino el guardián de esas tierras. Se llamaba Singajik. >>


<<Llevo mucho sin escribir, pero es que a la mínima que tengo tiempo me escapo del templo para ir a ver a Singa, sí, le he puesto un diminutivo. Todo ese tiempo que he estado con él he aprendido un montón de cosas, tanto de los demonios, como de los Mushis e incluso de cómo funciona los ciclos de las montañas. Pero lo más impresionarte fue ver como Singa podía adoptar forma humana. Para mí, ver a aquel lobo transformar su pelaje en piel y volverse humano fue algo inolvidable. Sus rasgos eran definidos, y su cabellera seguía conservando su rojo al igual que sus ojos. No importaba como vieras a aquel apuesto chico, para mi seguía siendo el Singa que conozco. Cuanto más tiempo paso con él, más me empieza a atraer. ¿Esa esto a lo que las chicas del pueblo llaman enamorarse?>>

<<Hoy ha habido un gran jaleo en el pueblo, el sacerdote nuevo, ese tan pesado, ha invocado un demonio para enseñar a los aldeanos a defenderse. Lo vi por casualidad cuando paseaba con los sacerdotes. Aquel demonio era de alto nivel y muy violento. La gente enseguida se escapó. Siempre solía llevar algunos papeles purificadores, así que lance uno contra aquel ser, que empezó a retorcerse. Era parecido a una serpiente pero con unos colores extraños. Solo dije que había que borrar el hechizo que lo hizo aparecer, y todo el pueblo se lanzó al suelo para borrar el círculo mágico que dibujo aquel sacerdote incompetente. Con eso me di cuenta de que los aldeanos acataban cualquiera de mis palabras aunque les pudiera costar la vida. No quería eso, yo quería que me trataran como una igual…>>

<<La gente me está diciendo que cada vez estoy más guapa, que cosas ¿no?… No creo que escriba más hoy>>

<<El sacerdote nuevo, no tiene tanto poder, pero es un pesado. Ahora ha cogido una malsana obsesión conmigo. Quiere tener mi poder. Yo me sigo preguntando que poder quiere, pues yo no veo nada raro, a parte de los Mushis.
Toda la tarde esquivando al pesado del sacerdote extranjero, pero por fin lo perdí en el bosque. Así que tranquilamente me reuní con Singa. >>

<<Mi atracción por aquel demonio lobo va en aumento, ya no puedo comportarme normalmente con él, quiero dar un paso más, no sé qué dirá él. >>

<<El sacerdote me ha atacado, no sé qué quería conseguir. Por suerte el sacerdote principal a llegó y me salvo. Están pensando en ponerme a mí a cargo del templo. He notado que estaba de cada vez más enfermo, el sacerdote principal. Pero o era yo o era el pesado del sacerdote nuevo. >>

<<Singa ha correspondido a mis sentimientos, no me lo pude creer. Tal arrebato fue que, de “pura”, lo perdí todo. No quiero volver a separarme de sus brazos, así que pensaba ocupar el puesto de sacerdote principal y dejar que pueda pasarse por el templo. ¡Que ilusión!, una convivencia entre demonios y humanos>>


<<Llevo unas semanas  encontrándome rara y algo enferma. Me preocupe, así que fui a casa de mi mejor amiga, la sabia del pueblo. A las dos nos respetaban igual, el pueblo parecía querernos mucho. Ella guardo mi secreto de mi relación con Singajik y el mero hecho de su existencia.  Después de hacerme algunas preguntas y pruebas me ha dicho que estaba embarazada. Para mí fue una sorpresa de lo más agradable y sorprendente, pues Singa me comento que siendo el guardián, no podía tener descendencia.
Por la tarde fui a verle y se lo dije, él tampoco se lo podía creer. Vaya que alegría. >>

<<El ciclo de embarazo es diferente para los demonios, así que Singa me comento que aproximadamente en el clima más cálido seria cuando daría a luz. La verdad es que empecé a tener mis dudas… ¿Sabría criarlo? ¿Y si nacía lobo? Aunque lo que más me preocupaba es que descubrieran que estaba encinta. Por ahora lo disimulaba bien, y empiezo a usar más telas para ocultarlo. También empecé a pensar la excusa que usaría para ausentarme unas semanas. >>


<<El tiempo sigue pasando y cada vez escribo menos… Bueno, mañana me marchare, explique a los del santuario que pararía una semana preparándome como sacerdotisa, para hacerme la encargada del templo. Me llevare papel y tinta y seguiré escribiendo desde la guarida de Singa. >>


<<Todos mis miedos fueron infundados, hemos tenido un niño saludable. Ahora duerme muy tranquilo junto a su padre. Los dos son tan monos. He estado pensando que nombre ponerle y nos decantamos por Lycaon. Conserva los ojos carmesí de su padre y una fina cabellera negra. Seguro que de mayor será un chico muy guapo y fuerte, como su padre. >>

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¿Queréis saber cómo sigue?

No os perdáis Nieve en el Bosque.-> Cuenta que paso con Singajik y Ul·la; así como con Lycaon y en sacerdote.

Nieve en el Bosque


Capitulo 3


Después de aquello, todo volvió relativamente a su normalidad. Preparamos un entierro digno para el viejo sacerdote. También, una nevada tapo las huellas de aquel enorme lobo y nadie más, a parte de mí, lo vio. Preferí no comentar nada y que no me tomaran por loca. Pues ¿Quién se creería la existencia de lobos gigantes…?

Mi abuela estuvo desaparecida por un tiempo, pero volvió sana y salva, Iris se mejoró y volvía a dar caña como antes aunque ahora presumía de ser la novia de Suluk, Alex aún recuerda el día de la función con espanto pero intenta pensar en otras cosas, y aunque parecía cosa de otro mundo, fue Riza quien se declaró a Alex. Vaya risas al enterarnos. Por lo que hace a mi hermano, enseguida se mejoró aunque no recuerda que paso en el templo.

Aún había preguntas que me rondaban la cabeza, ¿Ese era el demonio Singajik? Y si lo es ¿Ul·la es la sacerdotisa de la historia? ¿Eso significa que ellos se querían? ¿Qué narices paso en realidad? Espera ¿La leyenda era verdad? Y algo que si me mosquea mucho es… ¿Quién narices es Ginrou? No era nadie del pueblo. Así que, como pensaba darle las gracias de parte de Ul·la y decirle lo que paso… ¿Me creería?

Quise hablar con mi abuela, pero no aceptaba visitas esa semana. Volví a casa después de que me dijeran eso.

- ¡¿¡Es que todos están ocupados!?!- dije entrando en mi habitación.- ¡Pues ahora yo soy la que se aburre!

Tire una de mis almohadas y sin querer le di a una caja que cayó, estrepitosamente, al suelo. Las hojas, recortes y el libro se dispersaron por el suelo.

-Torpeza y mala suerte la mía…- me maldije mientras recogía los recortes que guardaba la caja.

Entonces recordé, las hojas que encontré en el libro. Dejé todo de lado y me centre en el libro, abrí por la contraportada y allí estaban aquellas páginas amarillentas. Parecían unos escritos a mano, la caligrafía era muy bonita y fina. Había partes ilegibles porque el tiempo consumió el papel y la tinta. Recostada en mi cama, me dispuse a leer todo lo entendible de aquellos papeles:


Parecían las páginas de pequeños diarios de la sacerdotisa Ul·la, contaba pequeños detalles de su vida. La verdad es que decía cosas muy interesantes. Y también me daba a entender que ellos dos si se amaban. Si esos papeles eran verdad, la historia de la leyenda es bien falsa. Al llegar al final, note que estaba inacabada. Busque por si se me había caído alguna hoja o algo, pero no, eso es todo lo que había. Eso me dejo muy intrigada ¿Qué paso entonces con Ul·la y Singajik, para acabar separados? ¿Por qué no siguió escribiendo? ¿Qué fue de su hijo Lycaon?
La amiga de la sacerdotisa Ul·la era la sabia del pueblo, tal vez mi abuela sepa algo al respecto, pero para ello tendría que esperar y la intriga me estaba matando.





Soporté una calurosa semana, la nieve poco a poco se fundía. Habíamos entrado en el pequeño verano que teníamos. Aunque la mayoría del año está todo blanco y nieva bastante. Hay un mes o dos donde el calor derrite la nieve por lo menos una o dos semanas, pero poco más dura, enseguida las fuerzas meteorológicas frías cubre la tierra de nuevo.

Por fin mi abuela me pudo atender, me hizo llamar, aunque yo también estuve toda la semana insistiendo. Me vestí apresuradamente con un jersey fino y una falda, pues era de los pocos días en los que se podía lucir una sin congelarse las piernas. No se tarda mucho en llegar a casa de mi abuela, vive a pocos minutos de mi casa, en la esquina del bosque de las sombras. El joven aprendiz de sacerdote, a medio camino me esperaba. Esté aun lleva la ropa de luto por el difunto sacerdote. No se sentía capacitado para ocupar el puesto y por ello aún esta con esas ropas y viviendo con mi abuela.

Los sabios del pueblo siempre han vivido en la misma casa generación tras generación. Y cada sabio al empezar a vivir en ella, deja un grabado, un sello o algo que sirve de protección.  Por eso esa casa es de lo más curiosa y extraña. Han vivido tantas personas, que tanto el interior como el exterior de la casa están llenos de cosas. Lógicamente mi abuela vive allí.

Ya delante de la puerta, me disponía a tocar, cuando está se abrió sola. Mi abuela esperaba en la sala, sentada junto a la ventana donde un poco de claridad iluminaba ese espacio. El sacerdote cerró la puerta y subió al segundo piso para dejarnos a solas. Observe como subía y después me senté en la alfombra junto a los pies de la silla de la sabia. Ya era una señora muy mayor, sus arrugas eran profundas y sus ojos ya no veían como antes, pero un aura extraña siempre parecía mantener su mente clara y con mucho temple. Su temblorosa mano se posó en mi cabeza, dándome una suave caricia.

- Abuelita, tengo muchas preguntas que hacerte- dije sosteniendo su mano – pero sobretodo sobre esto…

Solté su mano y rebusqué en mi bolsa. Saque el libro y lo abrí para enseñarle las páginas del diario de Ul·la. La sabia abrió sus ojos con asombro y palpo delicadamente las hojas.

- Vaya, vaya, así que estaban ahí escondidas… Con un gran tesoro te has topado…

Las dejó encima de la mesita donde reposaba un vaso del que provenía un olor raro.

- ¿Sabes de la historia de la sacerdotisa Ul·la?- dije al notar que sabía algo.

- Así es querida, después de todo, como sabios, nos pasamos la información de unos a otros por escrito.- dijo mientras me indicaba una estantería de la sala.- tráeme ese libro de portada negra, de cuero y muy gastado.

Me levante y recogí el libro que me indico. Estaba muy gastado y viejo, parecía que empezaría a transformarse en polvo si lo tocaban mucho. Se lo di a la sabia.

-¿Qué es?

- Si has leído esos manuscritos de la sacerdotisa Ul·la sabrás, que su hijo acabo en manos de una sabia, amiga de la sacerdotisa. Y como dije los sabios escribimos lo más importante, para tener a los siguientes sabios informados de todo detalle. Su hijo, Lycaon, quedo a manos de la Sabia Simar, y este libro fue escrito por dicha señora.- dijo mientras giraba las paginas.- Seguro que has notado que esta la historia a medias.

- ¡¡Sí!! ¿Qué paso después de que tuvieran a su hijo para acabar así?-enseguida me di cuenta de que dije de más. Pero mi abuela no hizo ningún comentario al respecto.

- La felicidad de ambos se torció, por el celoso y caprichoso sacerdote Kin. Esté descubrió el romance de ambos, un demonio y la sacerdotisa. Seres de dos mundos diferentes, algo imposible. Según lo que relata la sabia Simar, Kin quiso apoderarse de ese poder combinado, por lo tanto intento dar caza al pequeño niño Lycaon. Ul·la escondió a su hijo con la sabia, por su parte Kin había conseguido engañar a Singajik, sellándolo en una estatua del templo. Al enterarse Ul·la fue a salvarlo, cayendo en la trampa. Kin al ver que no podría conseguir al niño, mató a Ul·la, pero encerró su alma, espíritu y poder dentro de una gema. Kin que era un sacerdote débil con ansias de poder, consiguió los poderes de la sacerdotisa, pudiendo así ver a los demonios más débiles, los Mushi. Cosa que pocos podían. Al pasar lo años, la leyenda verdadera se tergiversó, también influyo Kin en ese cambio. Kin también tuvo discípulos, que se quedaron, para ir renovando el sello, como un ritual que él inventó. Cuando pudo comprobar que se las apañaban sin él, se marchó llevándose la gema. Y así quedo Ul·la desaparecida y Singajik sellado.- dijo mientras estiraba sus manos para alcanzar el vaso y darle un sonoro sorbo.

-Vaya- dije bajando la cabeza- Y todo solo por ansias de poder del sacerdote Kin, que no tenía nada más que celos. Ya decía Ul·la que era un pesado.

-Bueno, ahora no se le puede hacer nada, pues al menos ahora son libres y pueden descansar en paz juntos

- Pero si iba tras Lycaon, ¿porque no siguió buscando?

- Ul·la engaño a Kin, le hizo creer que mientras escapaban de él se cayeron por uno de esos agujeros del bosque de las sombras. Y aunque supiera su físico, muy llamativo, por cierto, como su padre. La Sabia al esconderlo le tiño el pelo con un extracto de bayas, y le adopto como si fuera hijo de otros o un huérfano. Era un niño listo, de aprendizaje rápido y con unos poderes fuera de lo normal. Mitad demonio mitad sacerdote, fue algo que le marco toda su vida. Pues según Simar, no conseguía compatibilizar con los niños del pueblo. A su corta edad controlaba demonios de altos rango como si de juguetes se tratara, pero conservaba unos sentimientos muy humanos. Como la soledad, el sufrimiento, los celos, la diversión… A la sabia Simar le preocupó mucho el hecho de que Lycaon no envejeciera. No quería morir y dejarle solo, pero el día llego. Él se quedó con el siguiente sabio. Pero según el siguiente sabio, un día se marchó y no se ha vuelto a saber de él.- hizo una larga pausa donde ambas nos mantuvimos en silencio.

Enlace las historias y el pasado empezaba a tener sentido.

- ¿Podrías ir a la cocina y traer un poco de azúcar querida?- dijo mientras se colocaba en la silla.

-Claro…- dije algo sorprendida.


Cuando volví con el tarro de azúcar, mi abuela estaba de pie junto a la mesa con un bote de hojalata en manos.

-¿Qué es eso?- dije con mucha curiosidad acercándome y dejando en azúcar encima de la mesa.

-Echa unos pocos cristales de azúcar encima de la mesa.

Cogí un pellizquito con los dedos y lo deje espolvoreado en la mesa. No entendí muy bien que hacíamos, pero siempre me encantaban los trucos que hacían los sabios. Cada pueblo tiene sus sabios.

- Esto no es un truco, pues ni yo sé si he cogido uno- dijo mientras hacía fuerza para abrir la tapa.

Entonces lo vi, salió disparado del bote y se lanzó sobre el azúcar que había sobre la mesa. Sin haber visto uno en mi vida, podía decir que eso era un Pox, como los que describía la sacerdotisa Ul·la. Ese pequeño demonio era redondo y parecía esponjoso y de suave pelaje negro. Dos pequeñas alas y cola larga de demonio se agitaban contentas alrededor de los cristales dulces. No pude contener las ganas de tocarle y pase un dedo sobre él. Era pequeño y me daba miedo hacerle daño. Esté se giró de golpe. Dos grandes ojos blancos se posaron en mi dedo, él estiro algo así como sus patas, aunque parecían dos prolongaciones de sus pelos, y me rodearon el dedo.

-¡¡Es un Pox!!- hice un grito ahogado mientras empezaba a subir por mi mano.

Cuando se quedó quieto en mi palma, me gire hacia mi abuela. Mi cara de alegría y entusiasmo, chocaban con la suya. Seria y con ojos entristecidos miraba a mi palma y después a mí.

- Querida, no puedo ver lo que dices… Pocos pueden ver los demonios de rangos inferiores, que Ul·la llama Mushi… Y no puedo estar alegre del hecho de que puedas ver a ese ser…- dijo mientras sacaba un papel de su bolsillo y se secaba una pequeña lagrima que asomaba.- Por cierto a los Pox les gusta los dulces y el azúcar…

Tire un poco más de azúcar en la mesa y deje al Pox allí. Enseguida me arrodille enfrente de mi abuela para mirarla a los ojos.

- ¿Hay algo importante que no me puedes contar?

- Tus poderes demuestran que tienes sangre de la sacerdotisa Ul·la por tu sangre y por lo tanto no eres una humana… Y no solo eso… Sino, que ahora el bosque reclama por ti…- dijo con voz entrecortada

- Je je espera… ¿Nuestra familia esta enlazada con la sacerdotisa?- dije con la voz y los labios temblorosos, aun sabiendo que algo no me cuadraba.

- No querida, solo tú presentas eso… Hay un rito entre los demonios de clase alta, que si una madre demonio no se puede encargar de sus hijos, encuentra una familia humana, modifica sus memorias para hacerles creer que son sus hijos y deja que los humanos los críen…- dijo y se sentó de nuevo.

- No… No…- dije sentándome del todo en el suelo.

- Lo siento… No creí que fuera eso… Nunca presentaste signos de poderes ni comentabas de ver nada raro…- dijo la sabia mientras se cubría la cara con sus arrugadas manos.

- Y ahora me dices que reclaman por mí…- ya tenía la mente en blanco, ya no quería saber nada. ¡NADA!

- Ese Pox era una prueba puesta por el guardián del bosque actual, él lo atrapo, pues yo no lo puedo ver. Y me dijo que si lo llegabas a ver, que te dejáramos libre de las ataduras humanas. – dijo  mientras posaba su mano en mi cabeza- pero quiero que seas tú quien decida que hacer ahora, Me han dado una semana para dar una respuesta al test.

Eso explicaba que pudiera ver al Pox, que la sacerdotisa Ul·la hubiera podido poseer mi cuerpo, el hecho de que el bosque de las sombras me atrajera tanto… Pero yo quiero a mis padres, a mi hermano, la abuelita, a mis amigos… No quiero dejarlo todo atrás y marcharme. Yo crecí aquí y fueron ellos quienes me criaron, no aceptare a otros que vengan diciendo que son mis padres biológicos…

- ¿Qué pude llegar a pasar si me niego a marcharme?

- No sé, si llegan a saber que tienes poderes te vendrán a buscar. Pero no te vas para siempre, seguramente vuelvas de vez en cuando a saludar. Yo creo que ver el mundo de otra forma tal vez te siente bien… - dice, pero seguía llorando silenciosamente.

- No tenía que haber tenido poderes.

- No, no, cariño- dijo agarrando mi cara con sus manos- nunca debes despreciar esos poderes tuyos, es una parte de ti. – por fin una sonrisa asomo de sus labios.

Por fin mis fuerzas desistieron y rompí a llorar sobre el regazo de la abuela.




Mi abuela me acompaño hasta casa. Hizo reunir a mis padres y a mi hermano y les informo de la situación.  Mi madre no quiso creer eso, y esta empezó a llorar al pensar en dejarme marchar. Todos pusieron caras de gran tristeza, cosa que hizo que aún me doliera más el corazón.

Los días trascurrieron tranquilamente. Mi padre planeaba formas de impedir que pudieran llevarme a la fuerza si venían a buscarme. Mi madre me insistía en que no saliera de casa, pero yo la ignoraba y quede con mis amigos, a ellos no les diría nada sobre lo sucedido. No note cambio alguno, todo era igual a cuando no sabía nada. Mi hermano actuaba como siempre. Solo mis padres parecían estar alarmados. No vi nada raro en el pueblo, no vi ningún Mushis. La abuelita me regalo el Pox, pues ella no lo veía y estaría mejor conmigo. La verdad es que era un ser muy curioso y se adaptaba muy rápido.

Estuve meditando mucho tiempo, muchas horas dedicadas a ello. Llegue a la conclusión de que tendría que marcharme, un mundo nuevo y fantástico se abría ante mí, no lo podía solo ignorar, mi curiosidad me podía. Y cuanto más miraba al Pox, quien hacia muchas cosas raras y que yo no entendía, más quería saber. ¿Porque no había más de ellos en el pueblo?, Ul·la comentaba que había muchos. ¿Qué clases de Mushis encontrare? ¿Qué cosas fascinantes, que los humanos desconocen, descubriré? La curiosidad me invadía, siempre fui muy curiosa.

 Es cierto que al marcharme, me tendría que despedir de mis padres y de mi hermano, también de mis amigos… No quería verles tristes, así que no diré nada de esto a ellos. Pero si me quedaba, ¿Qué me esperaba aquí? Una rutina, vida normal… No suena mal, pero si el guardián sabe de mis poderes y viene a buscarme… ¿Que será del pueblo y de mis padres que seguro harán lo imposible para impedirlo?

Ya tenía la respuesta en mente.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 3

El sol aun asomaba tímidamente con sus finos rayos luminosos. Zess y Karla habían preparado los caballos para la marcha. Zess había cogido la alforja que cargaba su caballo gris, y se la había cargado al hombro. Livius se había despertado y veía a esos dos haciendo todo eso metidos en el pequeño río.

-¿Que hacéis metidos en el río?- dijo mientras se desperezaba.

-Tú qué crees, es para no dejar huellas en el camino. La cargar con peso, las huellas quedan más profundas.- dijo Karla, aunque sabía que tal vez Livius no entendería que quería decir.

El muchacho se acercó al río, se lavó la cara y hecho un trago. Chisa y Darklore también se unieron metiéndose en el agua.

-¿No comemos?- dijo Chisa poniendo la mano en la boca.

-Tendremos que ir desayunando por el camino. En menos de una hora tendremos a los guardias por aquí.- dijo Karla mientras le extendía a Chisa una pequeña bolsa con frutas.

Darklore lo tuvo más fácil, en frente de los viajeros se zampo un pez que bajaba por la corriente.
-Bueno, al menos sabe cazar jeje- bromeo Zess.

Karla condujo a los caballos a la otra orilla del río, donde con un grácil salto se montó en el gris. Zess agarró al marrón.

-Ahora observa, Livius, tienes que hacer esto.

Zess, apoyando una mano en el caballo, dio un salto como si fuera a montar sobre el animal, pero lo que hizo realmente fue saltar al agua.

-Ves, así mis huellas marcan que he subido al caballo, pero no es cierto.- dijo mientras señalaba una huella de zapato, con una cierta profundidad, por la fuerza del salto.

Livius imito en todo lo posible aquel hombre.

-¿Y Chisa no lo hace?- se preguntó Livius, mientras su hermana chapoteaba en el agua mientras comía una manzana.

-A ella se la sube en brazos, así que no dejaría ninguna huella.- dijo Zess mientras volteaba hacia su compañera.- Ves con cuidado, y no te preocupes, cuidare de ellos.

- Lo único que me preocupa es que te pongas a fumar en frente de ellos, eso es muy malo- dijo mientras se acomodaba en la silla.- Vuestro viaje será largo, más si lo hacéis a pie. Tal vez sería buena idea que consiguieras algún caballo.

-Tal vez, pero pasamos más desapercibidos así.

- Eah! ¡Que vaya bien!- dijo mientras daba un ligero golpe con los estribos al caballo y éste emprendía una marcha algo rápida.

Se quedaron un rato ahí en silencio, viendo como los dos caballos se alejaban río abajo.

-Venga, nosotros también nos tendríamos que ir, antes de que nos pillen.- dijo Zess caminando por el agua- No salgamos del río, así no dejaremos huella que puedan seguir.

Subieron por el río, en dirección contraria a la corriente. A Chisa no le parecía importar, pues incluso jugaba con los peces. Zess le había dicho a Darklore, que por ahora, también caminara con ellos por el río.
Livius estaba algo aburrido y el silencio que había con Zess le ponía nervioso, así que intento entablar conversación.

-Ayer…- Zess no se volteó- Con solo estirar tu mano, hiciste estallar un carro como si nada… ¿Eres un mago se verdad?

Hubo un momento de silencio. El chico pensaba que ya no recibiría respuesta.

-Lo siento, estaba… estaba en otras cosas- se disculpó por la pausa- Sí, algo así. Pero no soy un mago de circo, ese hacen ilusionismos o magia básica jeje

-Entonces tú, haces magia de verdad.

-Así es, pero la magia es algo que se ha de temer, no es una cosa de diversiones, pues consume mucho poder y te hace perder muchas cosas al usarla…- dijo invadido de un tono nostálgico que entre corto un poco sus palabras.

Livius entendió que algo había pasado con la magia para que Zess dijera aquello. Iba a callar ya, pero recordó algo.

-¿Hacia dónde nos dirigimos?

-Por ahora será despistar al enemigo entrando en Lepión- dijo Zess, omitiendo mucho más.

-Los que nos persiguen son los guardias y esos seres de sombra ¿no?

-Así es- dijo mientras observaba un poco a su alrededor.

-Pero los guardias están al mando del Rey ¿no? Entonces ¿no somos nosotros los enemigos? En vez de ellos.

-Hay muchas cosas que desconoces joven, el Rey de este reino no es tan bueno como lo pintan. Muchas bocas dicen que los seres de sombra están bajo su mando.

-Y ¿de qué lado estáis vosotros?

Zess detuvo el paso y miro fijamente a Livius con su único ojo bueno. El muchacho noto que su pregunta estaba fuera de límite y que aquel plateado iris lo iba a fulminar. Fueron apenas unos segundos, hasta que Zess retomo la marcha. Incluso Chisa se había parado tensa al verlo.

-Hasta que sepas ciertas cosas, eso es difícil de explicar. Tarde o temprano lo sabrás. Pero por ahora no quiero hablar de ello.

Livi, tendrías que saber tú lugar en estos momentos. Ellos te han salvado de los seres de sombra. E incluso sin saberlo del gordo y malvado jefe del circo. Y no solo a ti y a tu hermana, sino también a mí. Así que, yo al menos, estoy en deuda con ellos.

El dragón se había puesto a su lado mientras le hablaba.

Y que tengo que hacer yo. Es cierto que ahora no puedo volver al circo… Me he de fiar de ellos. ¿Dónde nos llevaran después de que esta locura acabe?¿Que tendré que hacer después para vivir?
No ves que te dejan mucha libertad de elección. Cuando llegue el momento seguramente tengas que elegir tú que hacer, a quien seguir y de quien fiarte. Y elijas lo que elijas, yo estaré a tu servicio y disposición.


Código: RESET

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Capitulo 3:
*Actualidad*
No estaba muy seguro de donde estaba, pero me parecía demasiado estar atado por cadenas de muñeca y brazos.  Estaba en una pequeña habitación, sin una mísera ventana.
- Así que este es el nuevo espécimen.- dijo una señora entrando acompañada por dos hombres de traje negro.
- Sí, y costo lo suyo encontrarlo. No vimos que destacara por nada relevante.
- Vaya, así que es de los más inútiles… - dijo mientras se ponía detrás de mí.
- ¡¿Quiénes sois?! ¡¿Dónde estoy?!
- Ya, todo a su debido tiempo- dijo mientras me levantaba la camisa y giraba las hojas de un cuaderno.- Vaya, esta marca no está registrada, habrá que mirar de donde es. Muy bien, podéis bajarle.
Aunque fue ella quien dio la orden, ella misma me soltó. Pero lo hizo cortando las cadenas. Caí al suelo pegando de lado, tuve un rato sin moverme por si acaso, no fuera que esa mujer decidiera hacer rodajas de mí. Los tipos esos se marcharon sin cerrar ni siquiera la puerta. Cuando pude incorporarme, me acerque a la puerta y mira a ambos lados, no había nadie. Cuando tenía pensado avanzar, alguien me alerto.
- Yo que tú, no haría eso.
Parecía la voz de una chica, pero no la podía escuchar muy bien.
- ¿Por?, no veo que haya alguien… -dije mientras empezaba a salir- ¡¡¡AAHHH!!!
Caí hacia atrás retorciéndome, una enorme descarga me había recorrido todo el cuerpo, paralizándome. En cuanto pude, me aleje de esa puerta.
- Yo ya te lo advertí.
-¡¡Qué coño ha sido eso!! – dije mientas empujaba la puerta para que se cerrara.
- Estamos encarcelados con la puerta abierta, irónico ¿no? – Dijo aquella voz al otro lado de la pared- Eso se debe, no a que la salida este electrificada, sino al collar que llevamos puesto.
- ¿Collar?- me dije mientras ponía las manos en el cuello, donde, hasta ese momento no me había dado cuenta de que llevaba algo atado.- ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos? ¿Qué quiere?
- Jaja haces muchas preguntas, creo que hay veces que es mejor no saber todo, pero tampoco te puedo ayudar, yo hace dos paradas que he llegado.
- ¿Dos paradas?
- Así es, creo que debemos de estar en una nave, no estoy segura, pero creo que tal vez en el aire. Cada cierto tiempo, hacen una parada, yo oigo como los motores se paran. Entonces llega gente nueva como tú.
- JAJA no me lo creo, me están gastando una broma ¿verdad?
-Sí, ya… Ya nos gustaría a todos que fuera una broma. Algo que si se, es que no cogen gente al azar, buscan gente que tiene una “marca”
- Hum… sí, les oí hablar de ello- dije mientras me sentaba pegado a la pared para intentar oírla mejor.- ¿Y el collar que más hace?
- ¿A parte de dar calambrazos cada vez que hagas algo que los de allí fuera no quieran? Creo que también nos permite comunicarnos con los demás aun hablando con diferentes idiomas.
- Ahora que lo pienso, ¿desde cuando tengo yo una marca? Nunca la he visto…
- Normal, después de todo está ahí, y no la ves hasta que con un aparato la hacen aparecer, entonces ya no vuelve a desaparecer. Estas marcado para toda la vida…
Entonces un extraño pitido se escuchó, después una voz seguida de pasos empezó.
- ¡ATENCIÓN! Codes, salid de vuestras habitaciones y dirigiros al final del pasillo, sino os dais prisa se aplicara una descarga. Seguid a los guardias, hasta el salón de actos.
Otra vez el pitido, que se calló, tras apagar el megáfono.
Tenía algo de miedo de salir, no quería repetirlo. Pero tampoco podía quedarme o sería peor. Entonces empecé a ver a gente caminando por el pasillo, todos llevaban el mismo collar. Me asome a la puerta. Y salí, con algo de miedo, pero no pasó nada. Avance y llegue a la habitación contigua donde esperaba encontrarme con la chica, pero ya no había nadie. Seguí caminando. La gente que llevaba collar, venía con ropa informal, la mayoría. Eso me hizo recordar que a mí también me pillaron por sorpresa y sin avisar, así que era normal ¿No? Pero entonces vi a un chaval de unos diez años, que venía en pijama, parecía tener mucha vergüenza al ir vestido así, pero él tampoco tuvo tiempo de vestirse. Nadie alzaba la mirada, yo también tenía algo de miedo, porque nos seguían de cerca unos hombres de traje negro con porras en mano. El camino me pareció eterno, pero por fin llegamos a la sala. Era una habitación amplia, donde al fondo había una especie de escenario, donde había unas sillas con diversas personas sentadas. Nos hicieron quedarnos en una especie de círculos, de pie.
Uno de ellos se levantó de la silla y se acercó al micrófono que había delante. Al principio todos se miraban unos a otros, pero luego dirigieron una mirada a aquel hombre de traje azul marino, con un pañuelo rojo en el bolsillo.
- Buenos días escoria –dijo con tono solemne como si hubiese dicho una gran verdad.- Hoy empezáis una nueva vida, olvidad todo lo pasado, porque ese pasado ya os ha olvidado a vosotros.
- ¡Que quieres decir!- dijo alguien.
- Que crees que quiero decir, que nadie os vendrá a buscar o se preocupara por vosotros nunca más.
- ¡No lo creo, yo tengo muchos contactos y conozco a mucha gente influyente!- dijo otro
- No creo que sirvan ya de algo, porque los aquí presente o estáis muertos o estáis desaparecidos o directamente ya no existís, para las personas.
Todos empezaron a murmurar y a ponerse nerviosos, la tensión se notaba. La gente no estaba muy segura de esas palabras, pero temían las reprimendas que podrían recibir si se negaban a seguir su discurso.
-De ahora para adelante os “llamáis” Code, hasta que no ascendáis u os clasifiquen con otro nombre, no tendréis nombre. – dijo con una horripilante sonrisa- Ah! Por cierto bienvenidos a Nacoved, Todo un prodigio de la tecnología. Una nave capaz de volar, como de… ¡sumergirse!
Entonces se escuchó como si algo líquido empezara a golpear las paredes. Realmente estábamos haciendo una inmersión en el mar.

- Soy Hati, y de ahora en adelante me encargare de vuestro adiestramiento.