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Nieve en el Bosque

Capitulo 5
-Un sueño... hum...-me dije al verme flotar en la oscuridad.

Una luz me atrajo, llevándome a través de mis recuerdos, algunos que ni recordaba.

-¿Quién es toda esa gente, no las conozco?- dije llegando al final del sueño.

Note como si cayera al vacío y entonces me desperté sobresaltada. El corazón me latía a gran velocidad, mire a mi alrededor alarmada. Me tranquilice al verme en la habitación del santuario. Di un leve suspiro y me levante. Yo no recordaba haberme metido en la cama y aun así ahora me encontraba incluso tapada. ¿Cuánto llevaría durmiendo?

Abrí ligeramente la puerta, algo nerviosa sin razón aparente. Allí en medio de la sala se encontraban el guardián, con un tamaño más reducido y aquel chico de pelo blanco. Parecían hablar de algo muy seriamente.

-Que te he dicho de no molestar ni perturbar la tranquilidad de Hana

-Yo no he hecho absolutamente nada.

-Mira que ya te he explicado que las féminas son muy delicadas y sensibles, enseguida se las puede molestar o herir.

-Claro, me lo dice la voz de la experiencia, verdad, mujeriego...

Bueno, parece que no tan importante. Así que abrí la puerta y los salude.

-Buenos días o tardes- dije mirando al exterior sin reconocer que hora era en el cielo.

-Vaya siesta te has echado, pensé que ni un terremoto sacudiera los cimientos del santuario te desper...- dijo antes de que el guardián le mordiera.

-Ni caso, es normal, este lugar es perfecto para recuperar tus poderes y espíritu. Me gustaría presentarme como es debido, mi nombre es Jerome y este es mi hijo Ginrou.

-Psé- dijo girando la cabeza- no me da buena espina esta humana.

-Ajá- dije asintiendo- Espera, ¡Ginrou!

Ambos asintieron extrañados.

-Ul·la quiso que te diera las gracias. – Dije, hice una pausa y seguí- Pero ¿Qué ha hecho para ayudarla? Porque que yo recuerde, yo deje mi cuerpo para que pudiera hablar con Singajik... Así que...- dije con curiosidad.

-Si no hubiera sido por mí, no se hubieran ni encontrado. Fui a buscar el sagrado colgante que retenía a Ul·la a otros territorios. Siguiendo múltiples pistas que llevaban a caminos sin salida.

Jerome le interrumpió.

-Esa era tu misión y el resto era de Hana. Gracias a la colaboración de ambos, tanto la sacerdotisa Ul·la como el primer guardia Singajik se pudieron reunir finalmente.

- Sí, me alegre por ellos.- entonces me abarcó una pregunta- ¿Qué fue al final de su hijo Lycaon? ¿Lo sabéis?

- La verdad es que se sabe poco, solo rumores- comentó Jerome.- Pero dejemos eso de lado, te traje ropa de sacerdotisa. Mientras aprendes lo básico, tienes que quedarte aquí. Después de que aprendas varias cosas te llevare conmigo a ver los dominios y ver desde los Mushi hasta los demonios que los habitan.

- Vale- dije dando la vuelta, no sin antes despedirme de Jerome. Este se marchó junto a Ginrou para darme privacidad.

Encima de la mesita baja había varias telas. Las recogí y las observe con detalle. Todas ellas eran preciosas y muy cuidadas, pero se veía que el gusto a la hora de vestirse era algo anticuado. Así que decidí mezclar un poco de cada traje. Una túnica blanca larga, la recorté pues me arrastraba, me hice unos pantalones cortos negros, conservé el lazo rojo que se ata a la cintura, y dejé que las mangas fueran acampanadas y algo largas para esconder cosas en ellas. Como parecía que no llegaba nadie, prepare con la tela de los trajes sobrantes otro traje por si ocurre alguna urgencia y había que cambiarse. Lo guarde en el armario. También deshice lo poco que traje en a maleta y lo guarde. Aquella habitación pequeña quedó como mi habitación, así que moví la mesa baja para que hiciera de mesita de noche. Como el armario veía difícil moverlo lo deje donde estaba. Algo cansada con la preparación de la sala, me senté en el suelo.

- Cuando pueda salir supongo debería reunir algo para que me sirviera de sofá o al menos una silla... o algo para no sentarme en el suelo.

Di un suspiro y me tumbé, entonces puede ver en la esquina dos Pox que me observaban con sus grandes ojos blancos. Me fui acercando hacia ellos, pero se espantaron, escondiéndose en una rendija de la pared. Entonces me acorde, fui a la maleta y saque uno de los frascos de azúcar, y cogí unos granos en la palma. Volví rápido y se los enseñe. Por un momento solo dejaron salir sus filamentos negros, dudosos cogieron uno de los cristales dulces y se lo llevaron. No tuve que esperar mucho hasta que decidieron salir. Al principio eran dos, pero después aparecieron cuatro, ocho, doce... Cuando me quise dar cuenta había un montón de diminutos Pox saltando por mis alrededores. Al principio reía con ellos al jugar, pero poco a poco empecé a notar que perdía fuerza, algo la drenaba. Estaba a punto de desmayarme cuando Smilodon llegó y de un rugido espanto a los Pox que volvieron a la pared asustados.

- Hana, estar tú bien. Oler rico- dijo olfateando mi pelo.

- Creo que si, al menos ahora- dije sentándome y agarrándome la cabeza, sentía como si me fuera a desmayar en cualquier momento.

- Eso sido peligroso. Pox absorber energía sacerdotisa ser fuente energía.- dijo, pero solo puede fijar mi vista en sus largos colmillos de dientes de sable.

- Así que yo doy mi energía a los Mushi...- me sentía más incorporada.- Pero parece que tiene un límite...

- Claro que lo tiene, estúpida humana. Nunca lo has intentado y ahora te dejas tocar por esa enorme cantidad de microbios. Los Pox son inofensivos si son pocos, pero en tal cantidad están para matarte.- dijo Ginrou entrando por la puerta.

- Bueno, hasta que no pasan cosas como estas no se sabe. Ahora tendré más cuidado. Muchas gracias Smilodon- y le di un ligero beso en la mejilla.

El pequeño se sonrojo de forma muy adorable, pero entonces me pareció que su cabellera anaranjada se volvía más brillante, y no solo era cosa mía porque Ginrou también pareció sorprenderse. ¿Le habría cedido energía? Me pregunté, pero no me atreví a preguntar. Porque Smilodon me enseñó la fruta que había traído para mí.

- Muchas gracias, sobre todo por no traerme un animal muerto...- dije sin querer en voz alta.-Perdón...

- Yo saber tú no comer pájaros pequeños, solo rica carne... Pero Smilodon no saber cazar presa grande... Demonios fuertes tener territorios de presas ricas.

- En resumen, que si quieres que cace un ciervo tiene que adentrarse en el territorio de algunos demonios muy fuertes, y él no está para eso. Así que con la fruta te apañas... Sino, ves a cazar tú.

- ¿Ya basta no, Ginrou? Yo no me he quejado de la comida, agradecida estoy. Y no voy a pedir nada. Si me quedo aquí me ganare la comida.- protesté.

Como nos pusimos a discutir, Smilodon se escondió en mis brazos agachando las orejas. El lobo cedió y se marchó. Con algo más de paz pasé el resto de la tarde jugando con el pequeño tigre dientes de sable.

El día siguiente empecé a escribir todo lo que iba aprendiendo, o al menos lo que descubrí desde que estoy en el templo. Y también para explorar los alrededores, o hasta donde podía ir, pues la barrera aun no la podía atravesar. No lo supe hasta que lo vi, pero Ginrou estuvo durmiendo en un árbol próximo al santuario mientras yo vivía dentro. Es un enorme sauce llorón. Contrastaba con la imagen del lobo durmiendo en una de sus ramas. No lo desperté, pero estaba segura de que él estaba consciente de que me encontraba allí abajo observándolo, puesto que sus orejas se movían al ínfimo ruido.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

Él no respondió.

- ¿Tanto odias a las personas? ¿o es solo a mí?

- Los humanos son extraños, efímeros, frágiles... Corruptos, malévolos... Da igual mis razones. Cada cual que piense lo que guste.- y se volteó.

- Entiendo...- le dejé solo.

Al volver a la entrada del santuario estaba el guardián Jerome allí.

- Siento que tengas que lidiar con su mal comportamiento, pero no se lo tengas mucho en cuenta. Mi pareja fue, ejem... "Cazada" por las personas... Supongo que tiene un poco de rencor por ello.

- Yo, no lo sabía... Así que le traigo sufrimiento...- me arrepentí de ser dura con él.

- No te sientas así. Si todos le tuvieran compasión por ello, se hundiría más. La naturalidad le ayuda a mejorar. Por otro lado, fue él quien te salvó cuando un joven humano te cargaba bosque adentro. Detectó tu presencia y de inmediato te reconoció. Por ello te rescató y te dejó el colgante, pues estaba en mitad de la misión, así puedo terminarla.

- Eso tampoco lo sabía, tendría que agradecerle, supongo... Aunque seguro protestaría como siempre hace... Espera, ¿entonces fue Ginrou quien mato a Poxle?

- No, no fue él. Aunque si lo espantó y algún arañazo se llevó. No es un lobo tan sanguinario.

- Ya veo. Supongo que eso me tranquiliza, aunque me sigue inquietando quien pudo ser...

- Sabes, Klok ha venido varias veces a dejar ofrendas, así como varios humanos más a reparar el pequeño templo del mundo humano.

Eso me alegro, pero al mismo tiempo me inquietaba, pues se estaban adentrando en el bosque para probar de verme de casualidad.

- Al menos están bien... Espero que nunca les ocurra nada por hacer ese viaje por el bosque.

- No te preocupes, si la Klok va con ellos no tienen tanto peligro. Por otro lado, mañana empezare tu adiestramiento. Así que descansa.

- De acuerdo, lo espero con ansia.

Capitulo 6->


Nieve en el Bosque

Capitulo 4
El último día de la semana, la sabia vino a saber mi respuesta. Con decisión y sin titubeo accedí ante la petición del nuevo guardián del bosque. Mis padres protestaron y me decían que cambiará de opinión, pero yo ya estaba decidida.

Mi abuela me dijo que al principio, en el bosque de las sombras, me trataran como una humana, así que llenara una pequeña maleta con un poco de todo lo que fuera a necesitar. Siguiendo sus indicaciones, metí algo de comida y ropa. Por parte de mis padres añadieron algún libro, papeles y lápices, decían que escribiera mucho, por si olvidaba como escribir en nuestra lengua. Eso me hizo gracia, tampoco es que me fuera a la edad de piedra y olvidara todo. Mi hermano aportó la máscara que uso el día de la función. No entendí muy bien porque, pero la acepte. Y finalmente, yo guarde unos pequeños frascos de azúcar. Quería hacerme amiga de los Pox del bosque.

Esa misma tarde me marche.  Todo fueron lágrimas, besos y abrazos. Toda esa escena se alargó hasta llegar a la entrada del bosque de las sombras. A partir de ese punto solo la sabia y yo entramos. Y nada más entrar solté al Pox, que me dio la abuelita, que ya deseaba flotar entre los árboles.

-¿A dónde vamos?- dije mirando nuestro alrededor.

- A un pequeño santuario abandonado que ahora usa el guardián del bosque de vez en cuando. – dijo la sabia avanzando con mucha soltura por el bosque.

-Vaya, sí que hay de cosas abandonadas dentro de este bosque- dije sabiendo que también había una pequeña caballa cerca de la entrada del bosque.

Cuanto más avanzábamos más espeso y oscuro era el bosque. Mi abuelita me guiaba con mucho cuidado de que no me separara demasiado. Ella parecía conocer con todo detalle cada arbusto del lugar, mientras que para mí todo era exactamente igual.  Empezaba a temer quedarme sola allí, sin nadie conocido y con esa facilidad de perderse en el bosque.

Menos mal que la maleta de mano que llevo no pesa mucho, porque estuvimos caminando sobre una media hora, y era impresionante ver como yo me empezaba a cansar y la sabia seguía caminando tan fresca como una rosa.

Por fin llegamos a un pequeño claro donde suaves rayos del sol escapaban de las hojas de los grandes árboles, iluminando un pequeño y humilde santuario de madera. Dos pilares que formaban un arco, precioso seguro en su época, nos hacían de entrada. Caminamos por un pequeño camino de piedra, que ahora estaba plagado de pequeñas plantas entre las grietas. Nos paramos justo en frente de la entrada del maltrecho santuario. Lo único impoluto es la figura de un espléndido lobo.

-Este santuario se construyó hace muchos, muchos siglos para venerar al guardián del bosque. Tan querido y protector que le llegaron a catalogar de dios.

-Así fue Klok, y bien hecho al traerla y no resistiros a los pedidos del guardián- dijo una potente voz que resonó por el claro.

Me acerque más a la sabia, con temor de que atacaran o algo.

-Aún no me has dicho que vas a hacer con ella.- dijo alzando más la voz.

-Si lo hice, le enseñaremos su verdadera naturaleza. – tras esas palabras el claro se oscureció, dejando paso a brillantes ojos entre esa obscuridad.

-¡¡Fuera demonios!!- dijo lanzando algo mientras me protegía de la oscuridad que parecía moverse.

-Abuela…- dije tocando su hombro.

-No te preocupes- me dijo- aquí tienes, es sal, creo que la vas a necesitar si te quedas por aquí…- dijo mientras me dejaba un pequeño saco.

La oscuridad se volvió sombra y se disipo como si nunca hubiera estado allí.

-Klok, te puedes marchar ya. Nosotros cuidaremos de ella.

A la sabia no le quedó más remedio que acatar el mandato. Aunque lo hizo a regañadientes y sin apartar la vista de mí mientras se alejaba. Yo me quede inmóvil viendo como la anciana se alejaba y me quedaba sola en aquel claro totalmente en silencio.

-Por el amor de Ul·la que complicados llegan a ser los humanos. Ni que fuéramos a comerte.- dijo aquella voz detrás de mí.

Poco a poco me gire con miedo a ver al guardián. Un rayo de luz me deslumbró, haciendo que tardara un poco en distinguir algo. Frente a mí, una especie de perro-lobo, con un curioso pelaje, gris claro a excepción de: el lomo y parte del hocico que era negro, y un color marrón alrededor de los ojos y el morro que formaban tres triángulos en cada lado de la cara. Como si llevara una máscara. Su tamaño era considerable, más grande que un lobo, pero más pequeño que Singajik. Sus ojos, un azul y otro verde, se posaron en mí. Quise escapar, pero no sentí ninguna clase de peligro.

-Eh… em… Eres el nuevo guardián…- dije algo entrecortada.

-Bueno, actual ahora, ha habido unos cuantos más después de la desaparición de Singajik, el sagrado. – dijo sin moverse. – No temas, siéntete como en casa. Vivirás en el santuario hasta que te costumbres al lugar o dejes esa piel humana atrás.

Aparté ligeramente la vista para ver el santuario, que era mejor que nada. Entonces me percate de algo, mire a mí alrededor algo alarmada. Ya no estaba en el bosque, sino dentro de una especie de burbuja. Volví la vista hacia el santuario, que ahora estaba totalmente arreglado y lucía un color rojo madera precioso.

-Ahora estamos dentro de mi barrera, mientras no te acostumbres, aquí estarás a salvo. Así que no salgas fuera. No todos los demonios somos simpáticos- dijo mientras se acercaba al final de la barrera.- ves acomodándote- entonces salió fuera.

No respire tranquila hasta que vi como su último mecho de la cola salía fuera de la esfera. Después de dar un leve respiro mire hacia el restaurado templo y decidí echarle un vistazo.

Mire un poco por los alrededores, ahora estaba totalmente arreglada y limpia. Los pilares tenían un ilustre color marrón oscuro que contrastaba con el santuario.

Camine hasta la puerta y me la encontré medio abierta, entrando muy despacio, tocando a la puerta y añadiendo un “ahí alguien”. Acabe infiltrándome en el interior. La sala del interior era enorme, no había muchos muebles, solo una especie de armario, una mesita baja y una cama si le podías llamar así a un colchón de lino en el suelo. No me pregunte como, pero había pasado por alto que justo encima de la cama había un chico durmiendo. Deje silenciosamente la maleta de mano en el suelo, aunque si no se despertó cuando hable desde la puerta, no se despertaría ahora. Me acerque hacia el muchacho. Me incline un poco para observarle. Su pelo era de un blanco puro y sus pestañas eran largas, su rostro parecía algo irreal, demasiado perfecto para ser real. Algo en él me empezaba a hipnotizar y a sumirme en ese blanco, por suerte un ruido a mi espalda me hizo regresar a la realidad. Supuse que era un demonio aquello que estaba intentando abrir la maleta a la fuerza, sin mucho resultado. Pensé que podría ser un niño, hasta que se giró hacia mí y pude ver su rostro. Dos colmillos sobresalían de su boca y las orejas anaranjadas como su pelo se movían captando los silenciosos sonidos.

-Es una cría de dientes de sable, yo que tú tendría cuidado con ella, chica humana- dijo una voz detrás de mí.

El chico se había levantado y me miraba con unos fríos ojos azules. Su cabellera era larga y se movilizo cuando dio un sonoro bostezo donde se pudieron vislumbrar dos peligrosos colmillos. El niño dejo por fin la maleta, desistiendo de imposible, y salto en tres agiles saltos hacia la cama, donde se acurruco en el regazo del muchacho.

Recogí mi maleta, con enormes arañazos, del suelo. Aquellos dos se quedaron sentados en la cama mirándome ir y venir, mientras examinaba otras dos habitaciones más pequeñas y un baño, que componían todo ese trozo de santuario. No me cuadraba que en el interior no hubiera la zona de rezo y todas esas cosas típicas.

Me paré enfrente de ellos y señale la cama añadiendo un: -No estoy dispuesta a compartirla.

- Normal, tú en el suelo- me respondió el chico sin ni siquiera inmutarse- llevamos más tiempo que tú aquí.- Y se volvió a tumbar.

Ya con el enfado a flor de piel, se me ocurrió una brillante idea, saque de mi bolsillo unos trozos de tela y las enrolle formando algo similar a una pelota.  La pase de una mano a la otra mientras las expectantes miradas de aquellos chicos la observaban.

-A por ella- dije tirándola lejos.

Cuando vi que saltaron de la cama, rápidamente la empuje a la otra habitación vacía. Por si acaso me quede delante de la puerta para que no pasara.

-¡¡Qué me has visto cara de chucho!! ¡¡Soy un L-O-B-O!! A ver si te queda claro humana estúpida- dijo volviendo con el niño en brazos.

- Pelota tuya – dijo el niño a largando su mano con la pelota de tela en ella.

Me incline un poco, para ponerme a su altura, sonreí ligeramente al ver sus nítidos ojos de niño pequeño.

-Puedes quedártela

- ¿Tú dar pelota a mí?- dijo inclinando la cabeza

-Sí, así puedes volver a jugar con ella.

El niño hizo una agradable sonrisa agarrando las telas mientras movía las orejas y la cola alegre.

-¿Cómo te llamas?

- Smilodon  y ¿tú?

-Soy Hana- me enderece- Llámame así, nada de humana, que dicho por ti, parece que me desprecias.

-¡JA! Pues espera sentada, si necesitas algo, procura no llamarme y dejar que te devoren los demonios en silencio- dijo mientras salía fuera del templo.

Al ver que me habían dejado sola, entre en la habitación, cerré la puerta y me tumbé en la cama molida y cansada por la experiencia de haber conocido a alguien tan desagradable como aquel chico de pelo blanco.


La historia de Ul·la


La historia de la sacerdotisa Ul·la

<<La verdad es que nunca pensé en escribir estas memorias, pero tengo mucho tiempo libre y así puedo pasar el rato. No estoy segura de cuando el pueblo se instaló aquí, pues yo no había nacido. Convivimos con unos pequeños demonios, que yo denomino Pox, son redondos, peludos y negros. Algunos tienen alas y/o cola, pero todos tienen unos ojos muy graciosos blancos. Flotan en el aire, y si son pocos no había problema pero si se reunían demasiados podían producir enfermedades. En si son inofensivos. En el pueblo hay tres sacerdotes, aunque solo el sacerdote principal parece ver a los Pox. Entre esos sacerdotes, también me encontraba yo. Aunque no fui criada como una.

Yo era hija de un pastor de ovejas y desde pequeña había visto Pox y otros seres. No todos eran violentos como decían las personas. Yo los dividí en dos rangos: Me di cuenta que la gente no podía ver a los Pox, así que los catalogo en rango de Mushi (que son seres que no todos pueden ver)  y luego están los demonios, que todos podían ver y que algunos eran violentos. Un día, cuando era una niña pequeña, el sacerdote principal me vio jugando con algunos de los Mushis que habitaban cerca de bosque y pareció interesarse en mis habilidades. Literalmente mi padre me vendió a ese sacerdote. Por suerte, yo no me marche del pueblo. Yo nací y crecí aquí, así que no pienso marcharme. >>

<<Ahora,  el pueblo también se ha asombrado del “poder” que tengo, que yo no veo que tenga nada de especial, pues solo puedo ver Mushis. Me nombraron sacerdotisa y me tratan como si fuese casi una deidad, pero veamos, si los sacerdotes también parecen ver los Mushis, o al menos unos indicios… Entonces ¿porque soy la única tratada diferente? ¿Es porque soy mujer? No creo que me atreva a preguntarlo nunca. >>

<<Hoy es un nuevo día y pensé que sería agradable, hasta que llego ese indeseable sacerdote nuevo. Es un muchacho joven que viene al pueblo a aprender. No sé cuántas veces se ha metido conmigo por ser mujer, a escondidas, pues en público se hace pasar por el mejor de las almas buenas y puritanas. En poco tiempo se ha ganado al pueblo, con sus engaños y artimañas. Por suerte, solo me cruzaba con él cada mucho tiempo. Pues yo siempre solía tener clases y cuando no estaba en clase con el sacerdote principal, estaba en una de las habitaciones del templo confinada. Esa es la razón por la que he empezado a escribir esto. Pero que conste que no soy una gandula, pues ya me he ganado el título de sacerdotisa a pulso, se hacer la mayoría de conjuros, ritos, purificaciones… y demás quehaceres de un templo y de un sacerdote. >>

<< Hoy me ha pasado algo increíble, tras conseguir escapar del confinamiento, conseguí ropas de pueblerino y me fui a jugar con los Mushis al bosque. El traje de sacerdotisa destaca mucho. La mayoría de los pueblerinos empieza a llamarlo el bosque de las sombras, pero eso es porque muchos Mushis se reúnen en él, tal es la cantidad, que producen algo así como una “sombra” de su presencia. También abundan muchos agujeros, formados por un demonio, es totalmente visible, si caes dentro. Usa el mismo procedimiento que las hormigas león, crea un agujero para cazar sus presas, en este caso, muchas personas son devoradas por ellos.

Pero lo importante del día fue que lo conocí allí. Había perdió la noción del tiempo, y ya estaba oscuro, una fuerte nevada me pillo de improviso, y perdí mi orientación. Cuando el frío me pudo, caí en el suelo, y la nieve comenzaba a taparme. Los Mushis danzaban a mi alrededor con agradables luces, aunque estaba en una situación límite, me limité  a sonreír viendo como esos diminutos seres parecían bailar a mi alrededor. Fue entonces cuando alce la vista y le vi. Un inmenso lobo del color del fuego se acercaba a mí. Mis ojos se posaron en los suyos. Parecía tener dos rubís como ojos. Inclino la enorme cabeza y empezó a olisquear. Pensé que me iba a comer (ahora me avergüenzo de haberlo pensarlo), pero en realidad observaba a los Mushis, que empezaron a corretear por su morro, alumbrando tenuemente su pelaje. Aunque el espectáculo era fascinante y místico, me desmaye por el frío. Al despertarme estaba en una cueva, dormitaba sobre el enorme lobo. Su pelaje era muy suave. Entonces espabilé y me separe de él del susto. El lobo parecía triste pues bajo incluso sus orejas. Entonces dijo que si tanto miedo daba, su voz era grabe y profunda, en esa cueva resonaba bastante. Cierto que me asuste al principio, pero vi que los Mushis abundaban a su alrededor, pero no eran de los negros y oscuros que producían cosas malas, sino de los pequeños y alegres que brillaban con mucha tranquilidad. Empecé a hablar con ese ser. Que me explico muchas cosas. Que él no era un lobo normal, sino un demonio lobo y no uno cualquiera sino el guardián de esas tierras. Se llamaba Singajik. >>


<<Llevo mucho sin escribir, pero es que a la mínima que tengo tiempo me escapo del templo para ir a ver a Singa, sí, le he puesto un diminutivo. Todo ese tiempo que he estado con él he aprendido un montón de cosas, tanto de los demonios, como de los Mushis e incluso de cómo funciona los ciclos de las montañas. Pero lo más impresionarte fue ver como Singa podía adoptar forma humana. Para mí, ver a aquel lobo transformar su pelaje en piel y volverse humano fue algo inolvidable. Sus rasgos eran definidos, y su cabellera seguía conservando su rojo al igual que sus ojos. No importaba como vieras a aquel apuesto chico, para mi seguía siendo el Singa que conozco. Cuanto más tiempo paso con él, más me empieza a atraer. ¿Esa esto a lo que las chicas del pueblo llaman enamorarse?>>

<<Hoy ha habido un gran jaleo en el pueblo, el sacerdote nuevo, ese tan pesado, ha invocado un demonio para enseñar a los aldeanos a defenderse. Lo vi por casualidad cuando paseaba con los sacerdotes. Aquel demonio era de alto nivel y muy violento. La gente enseguida se escapó. Siempre solía llevar algunos papeles purificadores, así que lance uno contra aquel ser, que empezó a retorcerse. Era parecido a una serpiente pero con unos colores extraños. Solo dije que había que borrar el hechizo que lo hizo aparecer, y todo el pueblo se lanzó al suelo para borrar el círculo mágico que dibujo aquel sacerdote incompetente. Con eso me di cuenta de que los aldeanos acataban cualquiera de mis palabras aunque les pudiera costar la vida. No quería eso, yo quería que me trataran como una igual…>>

<<La gente me está diciendo que cada vez estoy más guapa, que cosas ¿no?… No creo que escriba más hoy>>

<<El sacerdote nuevo, no tiene tanto poder, pero es un pesado. Ahora ha cogido una malsana obsesión conmigo. Quiere tener mi poder. Yo me sigo preguntando que poder quiere, pues yo no veo nada raro, a parte de los Mushis.
Toda la tarde esquivando al pesado del sacerdote extranjero, pero por fin lo perdí en el bosque. Así que tranquilamente me reuní con Singa. >>

<<Mi atracción por aquel demonio lobo va en aumento, ya no puedo comportarme normalmente con él, quiero dar un paso más, no sé qué dirá él. >>

<<El sacerdote me ha atacado, no sé qué quería conseguir. Por suerte el sacerdote principal a llegó y me salvo. Están pensando en ponerme a mí a cargo del templo. He notado que estaba de cada vez más enfermo, el sacerdote principal. Pero o era yo o era el pesado del sacerdote nuevo. >>

<<Singa ha correspondido a mis sentimientos, no me lo pude creer. Tal arrebato fue que, de “pura”, lo perdí todo. No quiero volver a separarme de sus brazos, así que pensaba ocupar el puesto de sacerdote principal y dejar que pueda pasarse por el templo. ¡Que ilusión!, una convivencia entre demonios y humanos>>


<<Llevo unas semanas  encontrándome rara y algo enferma. Me preocupe, así que fui a casa de mi mejor amiga, la sabia del pueblo. A las dos nos respetaban igual, el pueblo parecía querernos mucho. Ella guardo mi secreto de mi relación con Singajik y el mero hecho de su existencia.  Después de hacerme algunas preguntas y pruebas me ha dicho que estaba embarazada. Para mí fue una sorpresa de lo más agradable y sorprendente, pues Singa me comento que siendo el guardián, no podía tener descendencia.
Por la tarde fui a verle y se lo dije, él tampoco se lo podía creer. Vaya que alegría. >>

<<El ciclo de embarazo es diferente para los demonios, así que Singa me comento que aproximadamente en el clima más cálido seria cuando daría a luz. La verdad es que empecé a tener mis dudas… ¿Sabría criarlo? ¿Y si nacía lobo? Aunque lo que más me preocupaba es que descubrieran que estaba encinta. Por ahora lo disimulaba bien, y empiezo a usar más telas para ocultarlo. También empecé a pensar la excusa que usaría para ausentarme unas semanas. >>


<<El tiempo sigue pasando y cada vez escribo menos… Bueno, mañana me marchare, explique a los del santuario que pararía una semana preparándome como sacerdotisa, para hacerme la encargada del templo. Me llevare papel y tinta y seguiré escribiendo desde la guarida de Singa. >>


<<Todos mis miedos fueron infundados, hemos tenido un niño saludable. Ahora duerme muy tranquilo junto a su padre. Los dos son tan monos. He estado pensando que nombre ponerle y nos decantamos por Lycaon. Conserva los ojos carmesí de su padre y una fina cabellera negra. Seguro que de mayor será un chico muy guapo y fuerte, como su padre. >>

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¿Queréis saber cómo sigue?

No os perdáis Nieve en el Bosque.-> Cuenta que paso con Singajik y Ul·la; así como con Lycaon y en sacerdote.

Nieve en el Bosque


Capitulo 3


Después de aquello, todo volvió relativamente a su normalidad. Preparamos un entierro digno para el viejo sacerdote. También, una nevada tapo las huellas de aquel enorme lobo y nadie más, a parte de mí, lo vio. Preferí no comentar nada y que no me tomaran por loca. Pues ¿Quién se creería la existencia de lobos gigantes…?

Mi abuela estuvo desaparecida por un tiempo, pero volvió sana y salva, Iris se mejoró y volvía a dar caña como antes aunque ahora presumía de ser la novia de Suluk, Alex aún recuerda el día de la función con espanto pero intenta pensar en otras cosas, y aunque parecía cosa de otro mundo, fue Riza quien se declaró a Alex. Vaya risas al enterarnos. Por lo que hace a mi hermano, enseguida se mejoró aunque no recuerda que paso en el templo.

Aún había preguntas que me rondaban la cabeza, ¿Ese era el demonio Singajik? Y si lo es ¿Ul·la es la sacerdotisa de la historia? ¿Eso significa que ellos se querían? ¿Qué narices paso en realidad? Espera ¿La leyenda era verdad? Y algo que si me mosquea mucho es… ¿Quién narices es Ginrou? No era nadie del pueblo. Así que, como pensaba darle las gracias de parte de Ul·la y decirle lo que paso… ¿Me creería?

Quise hablar con mi abuela, pero no aceptaba visitas esa semana. Volví a casa después de que me dijeran eso.

- ¡¿¡Es que todos están ocupados!?!- dije entrando en mi habitación.- ¡Pues ahora yo soy la que se aburre!

Tire una de mis almohadas y sin querer le di a una caja que cayó, estrepitosamente, al suelo. Las hojas, recortes y el libro se dispersaron por el suelo.

-Torpeza y mala suerte la mía…- me maldije mientras recogía los recortes que guardaba la caja.

Entonces recordé, las hojas que encontré en el libro. Dejé todo de lado y me centre en el libro, abrí por la contraportada y allí estaban aquellas páginas amarillentas. Parecían unos escritos a mano, la caligrafía era muy bonita y fina. Había partes ilegibles porque el tiempo consumió el papel y la tinta. Recostada en mi cama, me dispuse a leer todo lo entendible de aquellos papeles:


Parecían las páginas de pequeños diarios de la sacerdotisa Ul·la, contaba pequeños detalles de su vida. La verdad es que decía cosas muy interesantes. Y también me daba a entender que ellos dos si se amaban. Si esos papeles eran verdad, la historia de la leyenda es bien falsa. Al llegar al final, note que estaba inacabada. Busque por si se me había caído alguna hoja o algo, pero no, eso es todo lo que había. Eso me dejo muy intrigada ¿Qué paso entonces con Ul·la y Singajik, para acabar separados? ¿Por qué no siguió escribiendo? ¿Qué fue de su hijo Lycaon?
La amiga de la sacerdotisa Ul·la era la sabia del pueblo, tal vez mi abuela sepa algo al respecto, pero para ello tendría que esperar y la intriga me estaba matando.





Soporté una calurosa semana, la nieve poco a poco se fundía. Habíamos entrado en el pequeño verano que teníamos. Aunque la mayoría del año está todo blanco y nieva bastante. Hay un mes o dos donde el calor derrite la nieve por lo menos una o dos semanas, pero poco más dura, enseguida las fuerzas meteorológicas frías cubre la tierra de nuevo.

Por fin mi abuela me pudo atender, me hizo llamar, aunque yo también estuve toda la semana insistiendo. Me vestí apresuradamente con un jersey fino y una falda, pues era de los pocos días en los que se podía lucir una sin congelarse las piernas. No se tarda mucho en llegar a casa de mi abuela, vive a pocos minutos de mi casa, en la esquina del bosque de las sombras. El joven aprendiz de sacerdote, a medio camino me esperaba. Esté aun lleva la ropa de luto por el difunto sacerdote. No se sentía capacitado para ocupar el puesto y por ello aún esta con esas ropas y viviendo con mi abuela.

Los sabios del pueblo siempre han vivido en la misma casa generación tras generación. Y cada sabio al empezar a vivir en ella, deja un grabado, un sello o algo que sirve de protección.  Por eso esa casa es de lo más curiosa y extraña. Han vivido tantas personas, que tanto el interior como el exterior de la casa están llenos de cosas. Lógicamente mi abuela vive allí.

Ya delante de la puerta, me disponía a tocar, cuando está se abrió sola. Mi abuela esperaba en la sala, sentada junto a la ventana donde un poco de claridad iluminaba ese espacio. El sacerdote cerró la puerta y subió al segundo piso para dejarnos a solas. Observe como subía y después me senté en la alfombra junto a los pies de la silla de la sabia. Ya era una señora muy mayor, sus arrugas eran profundas y sus ojos ya no veían como antes, pero un aura extraña siempre parecía mantener su mente clara y con mucho temple. Su temblorosa mano se posó en mi cabeza, dándome una suave caricia.

- Abuelita, tengo muchas preguntas que hacerte- dije sosteniendo su mano – pero sobretodo sobre esto…

Solté su mano y rebusqué en mi bolsa. Saque el libro y lo abrí para enseñarle las páginas del diario de Ul·la. La sabia abrió sus ojos con asombro y palpo delicadamente las hojas.

- Vaya, vaya, así que estaban ahí escondidas… Con un gran tesoro te has topado…

Las dejó encima de la mesita donde reposaba un vaso del que provenía un olor raro.

- ¿Sabes de la historia de la sacerdotisa Ul·la?- dije al notar que sabía algo.

- Así es querida, después de todo, como sabios, nos pasamos la información de unos a otros por escrito.- dijo mientras me indicaba una estantería de la sala.- tráeme ese libro de portada negra, de cuero y muy gastado.

Me levante y recogí el libro que me indico. Estaba muy gastado y viejo, parecía que empezaría a transformarse en polvo si lo tocaban mucho. Se lo di a la sabia.

-¿Qué es?

- Si has leído esos manuscritos de la sacerdotisa Ul·la sabrás, que su hijo acabo en manos de una sabia, amiga de la sacerdotisa. Y como dije los sabios escribimos lo más importante, para tener a los siguientes sabios informados de todo detalle. Su hijo, Lycaon, quedo a manos de la Sabia Simar, y este libro fue escrito por dicha señora.- dijo mientras giraba las paginas.- Seguro que has notado que esta la historia a medias.

- ¡¡Sí!! ¿Qué paso después de que tuvieran a su hijo para acabar así?-enseguida me di cuenta de que dije de más. Pero mi abuela no hizo ningún comentario al respecto.

- La felicidad de ambos se torció, por el celoso y caprichoso sacerdote Kin. Esté descubrió el romance de ambos, un demonio y la sacerdotisa. Seres de dos mundos diferentes, algo imposible. Según lo que relata la sabia Simar, Kin quiso apoderarse de ese poder combinado, por lo tanto intento dar caza al pequeño niño Lycaon. Ul·la escondió a su hijo con la sabia, por su parte Kin había conseguido engañar a Singajik, sellándolo en una estatua del templo. Al enterarse Ul·la fue a salvarlo, cayendo en la trampa. Kin al ver que no podría conseguir al niño, mató a Ul·la, pero encerró su alma, espíritu y poder dentro de una gema. Kin que era un sacerdote débil con ansias de poder, consiguió los poderes de la sacerdotisa, pudiendo así ver a los demonios más débiles, los Mushi. Cosa que pocos podían. Al pasar lo años, la leyenda verdadera se tergiversó, también influyo Kin en ese cambio. Kin también tuvo discípulos, que se quedaron, para ir renovando el sello, como un ritual que él inventó. Cuando pudo comprobar que se las apañaban sin él, se marchó llevándose la gema. Y así quedo Ul·la desaparecida y Singajik sellado.- dijo mientras estiraba sus manos para alcanzar el vaso y darle un sonoro sorbo.

-Vaya- dije bajando la cabeza- Y todo solo por ansias de poder del sacerdote Kin, que no tenía nada más que celos. Ya decía Ul·la que era un pesado.

-Bueno, ahora no se le puede hacer nada, pues al menos ahora son libres y pueden descansar en paz juntos

- Pero si iba tras Lycaon, ¿porque no siguió buscando?

- Ul·la engaño a Kin, le hizo creer que mientras escapaban de él se cayeron por uno de esos agujeros del bosque de las sombras. Y aunque supiera su físico, muy llamativo, por cierto, como su padre. La Sabia al esconderlo le tiño el pelo con un extracto de bayas, y le adopto como si fuera hijo de otros o un huérfano. Era un niño listo, de aprendizaje rápido y con unos poderes fuera de lo normal. Mitad demonio mitad sacerdote, fue algo que le marco toda su vida. Pues según Simar, no conseguía compatibilizar con los niños del pueblo. A su corta edad controlaba demonios de altos rango como si de juguetes se tratara, pero conservaba unos sentimientos muy humanos. Como la soledad, el sufrimiento, los celos, la diversión… A la sabia Simar le preocupó mucho el hecho de que Lycaon no envejeciera. No quería morir y dejarle solo, pero el día llego. Él se quedó con el siguiente sabio. Pero según el siguiente sabio, un día se marchó y no se ha vuelto a saber de él.- hizo una larga pausa donde ambas nos mantuvimos en silencio.

Enlace las historias y el pasado empezaba a tener sentido.

- ¿Podrías ir a la cocina y traer un poco de azúcar querida?- dijo mientras se colocaba en la silla.

-Claro…- dije algo sorprendida.


Cuando volví con el tarro de azúcar, mi abuela estaba de pie junto a la mesa con un bote de hojalata en manos.

-¿Qué es eso?- dije con mucha curiosidad acercándome y dejando en azúcar encima de la mesa.

-Echa unos pocos cristales de azúcar encima de la mesa.

Cogí un pellizquito con los dedos y lo deje espolvoreado en la mesa. No entendí muy bien que hacíamos, pero siempre me encantaban los trucos que hacían los sabios. Cada pueblo tiene sus sabios.

- Esto no es un truco, pues ni yo sé si he cogido uno- dijo mientras hacía fuerza para abrir la tapa.

Entonces lo vi, salió disparado del bote y se lanzó sobre el azúcar que había sobre la mesa. Sin haber visto uno en mi vida, podía decir que eso era un Pox, como los que describía la sacerdotisa Ul·la. Ese pequeño demonio era redondo y parecía esponjoso y de suave pelaje negro. Dos pequeñas alas y cola larga de demonio se agitaban contentas alrededor de los cristales dulces. No pude contener las ganas de tocarle y pase un dedo sobre él. Era pequeño y me daba miedo hacerle daño. Esté se giró de golpe. Dos grandes ojos blancos se posaron en mi dedo, él estiro algo así como sus patas, aunque parecían dos prolongaciones de sus pelos, y me rodearon el dedo.

-¡¡Es un Pox!!- hice un grito ahogado mientras empezaba a subir por mi mano.

Cuando se quedó quieto en mi palma, me gire hacia mi abuela. Mi cara de alegría y entusiasmo, chocaban con la suya. Seria y con ojos entristecidos miraba a mi palma y después a mí.

- Querida, no puedo ver lo que dices… Pocos pueden ver los demonios de rangos inferiores, que Ul·la llama Mushi… Y no puedo estar alegre del hecho de que puedas ver a ese ser…- dijo mientras sacaba un papel de su bolsillo y se secaba una pequeña lagrima que asomaba.- Por cierto a los Pox les gusta los dulces y el azúcar…

Tire un poco más de azúcar en la mesa y deje al Pox allí. Enseguida me arrodille enfrente de mi abuela para mirarla a los ojos.

- ¿Hay algo importante que no me puedes contar?

- Tus poderes demuestran que tienes sangre de la sacerdotisa Ul·la por tu sangre y por lo tanto no eres una humana… Y no solo eso… Sino, que ahora el bosque reclama por ti…- dijo con voz entrecortada

- Je je espera… ¿Nuestra familia esta enlazada con la sacerdotisa?- dije con la voz y los labios temblorosos, aun sabiendo que algo no me cuadraba.

- No querida, solo tú presentas eso… Hay un rito entre los demonios de clase alta, que si una madre demonio no se puede encargar de sus hijos, encuentra una familia humana, modifica sus memorias para hacerles creer que son sus hijos y deja que los humanos los críen…- dijo y se sentó de nuevo.

- No… No…- dije sentándome del todo en el suelo.

- Lo siento… No creí que fuera eso… Nunca presentaste signos de poderes ni comentabas de ver nada raro…- dijo la sabia mientras se cubría la cara con sus arrugadas manos.

- Y ahora me dices que reclaman por mí…- ya tenía la mente en blanco, ya no quería saber nada. ¡NADA!

- Ese Pox era una prueba puesta por el guardián del bosque actual, él lo atrapo, pues yo no lo puedo ver. Y me dijo que si lo llegabas a ver, que te dejáramos libre de las ataduras humanas. – dijo  mientras posaba su mano en mi cabeza- pero quiero que seas tú quien decida que hacer ahora, Me han dado una semana para dar una respuesta al test.

Eso explicaba que pudiera ver al Pox, que la sacerdotisa Ul·la hubiera podido poseer mi cuerpo, el hecho de que el bosque de las sombras me atrajera tanto… Pero yo quiero a mis padres, a mi hermano, la abuelita, a mis amigos… No quiero dejarlo todo atrás y marcharme. Yo crecí aquí y fueron ellos quienes me criaron, no aceptare a otros que vengan diciendo que son mis padres biológicos…

- ¿Qué pude llegar a pasar si me niego a marcharme?

- No sé, si llegan a saber que tienes poderes te vendrán a buscar. Pero no te vas para siempre, seguramente vuelvas de vez en cuando a saludar. Yo creo que ver el mundo de otra forma tal vez te siente bien… - dice, pero seguía llorando silenciosamente.

- No tenía que haber tenido poderes.

- No, no, cariño- dijo agarrando mi cara con sus manos- nunca debes despreciar esos poderes tuyos, es una parte de ti. – por fin una sonrisa asomo de sus labios.

Por fin mis fuerzas desistieron y rompí a llorar sobre el regazo de la abuela.




Mi abuela me acompaño hasta casa. Hizo reunir a mis padres y a mi hermano y les informo de la situación.  Mi madre no quiso creer eso, y esta empezó a llorar al pensar en dejarme marchar. Todos pusieron caras de gran tristeza, cosa que hizo que aún me doliera más el corazón.

Los días trascurrieron tranquilamente. Mi padre planeaba formas de impedir que pudieran llevarme a la fuerza si venían a buscarme. Mi madre me insistía en que no saliera de casa, pero yo la ignoraba y quede con mis amigos, a ellos no les diría nada sobre lo sucedido. No note cambio alguno, todo era igual a cuando no sabía nada. Mi hermano actuaba como siempre. Solo mis padres parecían estar alarmados. No vi nada raro en el pueblo, no vi ningún Mushis. La abuelita me regalo el Pox, pues ella no lo veía y estaría mejor conmigo. La verdad es que era un ser muy curioso y se adaptaba muy rápido.

Estuve meditando mucho tiempo, muchas horas dedicadas a ello. Llegue a la conclusión de que tendría que marcharme, un mundo nuevo y fantástico se abría ante mí, no lo podía solo ignorar, mi curiosidad me podía. Y cuanto más miraba al Pox, quien hacia muchas cosas raras y que yo no entendía, más quería saber. ¿Porque no había más de ellos en el pueblo?, Ul·la comentaba que había muchos. ¿Qué clases de Mushis encontrare? ¿Qué cosas fascinantes, que los humanos desconocen, descubriré? La curiosidad me invadía, siempre fui muy curiosa.

 Es cierto que al marcharme, me tendría que despedir de mis padres y de mi hermano, también de mis amigos… No quería verles tristes, así que no diré nada de esto a ellos. Pero si me quedaba, ¿Qué me esperaba aquí? Una rutina, vida normal… No suena mal, pero si el guardián sabe de mis poderes y viene a buscarme… ¿Que será del pueblo y de mis padres que seguro harán lo imposible para impedirlo?

Ya tenía la respuesta en mente.