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Nieve en el Bosque

Capitulo 5
-Un sueño... hum...-me dije al verme flotar en la oscuridad.

Una luz me atrajo, llevándome a través de mis recuerdos, algunos que ni recordaba.

-¿Quién es toda esa gente, no las conozco?- dije llegando al final del sueño.

Note como si cayera al vacío y entonces me desperté sobresaltada. El corazón me latía a gran velocidad, mire a mi alrededor alarmada. Me tranquilice al verme en la habitación del santuario. Di un leve suspiro y me levante. Yo no recordaba haberme metido en la cama y aun así ahora me encontraba incluso tapada. ¿Cuánto llevaría durmiendo?

Abrí ligeramente la puerta, algo nerviosa sin razón aparente. Allí en medio de la sala se encontraban el guardián, con un tamaño más reducido y aquel chico de pelo blanco. Parecían hablar de algo muy seriamente.

-Que te he dicho de no molestar ni perturbar la tranquilidad de Hana

-Yo no he hecho absolutamente nada.

-Mira que ya te he explicado que las féminas son muy delicadas y sensibles, enseguida se las puede molestar o herir.

-Claro, me lo dice la voz de la experiencia, verdad, mujeriego...

Bueno, parece que no tan importante. Así que abrí la puerta y los salude.

-Buenos días o tardes- dije mirando al exterior sin reconocer que hora era en el cielo.

-Vaya siesta te has echado, pensé que ni un terremoto sacudiera los cimientos del santuario te desper...- dijo antes de que el guardián le mordiera.

-Ni caso, es normal, este lugar es perfecto para recuperar tus poderes y espíritu. Me gustaría presentarme como es debido, mi nombre es Jerome y este es mi hijo Ginrou.

-Psé- dijo girando la cabeza- no me da buena espina esta humana.

-Ajá- dije asintiendo- Espera, ¡Ginrou!

Ambos asintieron extrañados.

-Ul·la quiso que te diera las gracias. – Dije, hice una pausa y seguí- Pero ¿Qué ha hecho para ayudarla? Porque que yo recuerde, yo deje mi cuerpo para que pudiera hablar con Singajik... Así que...- dije con curiosidad.

-Si no hubiera sido por mí, no se hubieran ni encontrado. Fui a buscar el sagrado colgante que retenía a Ul·la a otros territorios. Siguiendo múltiples pistas que llevaban a caminos sin salida.

Jerome le interrumpió.

-Esa era tu misión y el resto era de Hana. Gracias a la colaboración de ambos, tanto la sacerdotisa Ul·la como el primer guardia Singajik se pudieron reunir finalmente.

- Sí, me alegre por ellos.- entonces me abarcó una pregunta- ¿Qué fue al final de su hijo Lycaon? ¿Lo sabéis?

- La verdad es que se sabe poco, solo rumores- comentó Jerome.- Pero dejemos eso de lado, te traje ropa de sacerdotisa. Mientras aprendes lo básico, tienes que quedarte aquí. Después de que aprendas varias cosas te llevare conmigo a ver los dominios y ver desde los Mushi hasta los demonios que los habitan.

- Vale- dije dando la vuelta, no sin antes despedirme de Jerome. Este se marchó junto a Ginrou para darme privacidad.

Encima de la mesita baja había varias telas. Las recogí y las observe con detalle. Todas ellas eran preciosas y muy cuidadas, pero se veía que el gusto a la hora de vestirse era algo anticuado. Así que decidí mezclar un poco de cada traje. Una túnica blanca larga, la recorté pues me arrastraba, me hice unos pantalones cortos negros, conservé el lazo rojo que se ata a la cintura, y dejé que las mangas fueran acampanadas y algo largas para esconder cosas en ellas. Como parecía que no llegaba nadie, prepare con la tela de los trajes sobrantes otro traje por si ocurre alguna urgencia y había que cambiarse. Lo guarde en el armario. También deshice lo poco que traje en a maleta y lo guarde. Aquella habitación pequeña quedó como mi habitación, así que moví la mesa baja para que hiciera de mesita de noche. Como el armario veía difícil moverlo lo deje donde estaba. Algo cansada con la preparación de la sala, me senté en el suelo.

- Cuando pueda salir supongo debería reunir algo para que me sirviera de sofá o al menos una silla... o algo para no sentarme en el suelo.

Di un suspiro y me tumbé, entonces puede ver en la esquina dos Pox que me observaban con sus grandes ojos blancos. Me fui acercando hacia ellos, pero se espantaron, escondiéndose en una rendija de la pared. Entonces me acorde, fui a la maleta y saque uno de los frascos de azúcar, y cogí unos granos en la palma. Volví rápido y se los enseñe. Por un momento solo dejaron salir sus filamentos negros, dudosos cogieron uno de los cristales dulces y se lo llevaron. No tuve que esperar mucho hasta que decidieron salir. Al principio eran dos, pero después aparecieron cuatro, ocho, doce... Cuando me quise dar cuenta había un montón de diminutos Pox saltando por mis alrededores. Al principio reía con ellos al jugar, pero poco a poco empecé a notar que perdía fuerza, algo la drenaba. Estaba a punto de desmayarme cuando Smilodon llegó y de un rugido espanto a los Pox que volvieron a la pared asustados.

- Hana, estar tú bien. Oler rico- dijo olfateando mi pelo.

- Creo que si, al menos ahora- dije sentándome y agarrándome la cabeza, sentía como si me fuera a desmayar en cualquier momento.

- Eso sido peligroso. Pox absorber energía sacerdotisa ser fuente energía.- dijo, pero solo puede fijar mi vista en sus largos colmillos de dientes de sable.

- Así que yo doy mi energía a los Mushi...- me sentía más incorporada.- Pero parece que tiene un límite...

- Claro que lo tiene, estúpida humana. Nunca lo has intentado y ahora te dejas tocar por esa enorme cantidad de microbios. Los Pox son inofensivos si son pocos, pero en tal cantidad están para matarte.- dijo Ginrou entrando por la puerta.

- Bueno, hasta que no pasan cosas como estas no se sabe. Ahora tendré más cuidado. Muchas gracias Smilodon- y le di un ligero beso en la mejilla.

El pequeño se sonrojo de forma muy adorable, pero entonces me pareció que su cabellera anaranjada se volvía más brillante, y no solo era cosa mía porque Ginrou también pareció sorprenderse. ¿Le habría cedido energía? Me pregunté, pero no me atreví a preguntar. Porque Smilodon me enseñó la fruta que había traído para mí.

- Muchas gracias, sobre todo por no traerme un animal muerto...- dije sin querer en voz alta.-Perdón...

- Yo saber tú no comer pájaros pequeños, solo rica carne... Pero Smilodon no saber cazar presa grande... Demonios fuertes tener territorios de presas ricas.

- En resumen, que si quieres que cace un ciervo tiene que adentrarse en el territorio de algunos demonios muy fuertes, y él no está para eso. Así que con la fruta te apañas... Sino, ves a cazar tú.

- ¿Ya basta no, Ginrou? Yo no me he quejado de la comida, agradecida estoy. Y no voy a pedir nada. Si me quedo aquí me ganare la comida.- protesté.

Como nos pusimos a discutir, Smilodon se escondió en mis brazos agachando las orejas. El lobo cedió y se marchó. Con algo más de paz pasé el resto de la tarde jugando con el pequeño tigre dientes de sable.

El día siguiente empecé a escribir todo lo que iba aprendiendo, o al menos lo que descubrí desde que estoy en el templo. Y también para explorar los alrededores, o hasta donde podía ir, pues la barrera aun no la podía atravesar. No lo supe hasta que lo vi, pero Ginrou estuvo durmiendo en un árbol próximo al santuario mientras yo vivía dentro. Es un enorme sauce llorón. Contrastaba con la imagen del lobo durmiendo en una de sus ramas. No lo desperté, pero estaba segura de que él estaba consciente de que me encontraba allí abajo observándolo, puesto que sus orejas se movían al ínfimo ruido.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

Él no respondió.

- ¿Tanto odias a las personas? ¿o es solo a mí?

- Los humanos son extraños, efímeros, frágiles... Corruptos, malévolos... Da igual mis razones. Cada cual que piense lo que guste.- y se volteó.

- Entiendo...- le dejé solo.

Al volver a la entrada del santuario estaba el guardián Jerome allí.

- Siento que tengas que lidiar con su mal comportamiento, pero no se lo tengas mucho en cuenta. Mi pareja fue, ejem... "Cazada" por las personas... Supongo que tiene un poco de rencor por ello.

- Yo, no lo sabía... Así que le traigo sufrimiento...- me arrepentí de ser dura con él.

- No te sientas así. Si todos le tuvieran compasión por ello, se hundiría más. La naturalidad le ayuda a mejorar. Por otro lado, fue él quien te salvó cuando un joven humano te cargaba bosque adentro. Detectó tu presencia y de inmediato te reconoció. Por ello te rescató y te dejó el colgante, pues estaba en mitad de la misión, así puedo terminarla.

- Eso tampoco lo sabía, tendría que agradecerle, supongo... Aunque seguro protestaría como siempre hace... Espera, ¿entonces fue Ginrou quien mato a Poxle?

- No, no fue él. Aunque si lo espantó y algún arañazo se llevó. No es un lobo tan sanguinario.

- Ya veo. Supongo que eso me tranquiliza, aunque me sigue inquietando quien pudo ser...

- Sabes, Klok ha venido varias veces a dejar ofrendas, así como varios humanos más a reparar el pequeño templo del mundo humano.

Eso me alegro, pero al mismo tiempo me inquietaba, pues se estaban adentrando en el bosque para probar de verme de casualidad.

- Al menos están bien... Espero que nunca les ocurra nada por hacer ese viaje por el bosque.

- No te preocupes, si la Klok va con ellos no tienen tanto peligro. Por otro lado, mañana empezare tu adiestramiento. Así que descansa.

- De acuerdo, lo espero con ansia.

Capitulo 6->


Nieve en el Bosque

Capitulo 4
El último día de la semana, la sabia vino a saber mi respuesta. Con decisión y sin titubeo accedí ante la petición del nuevo guardián del bosque. Mis padres protestaron y me decían que cambiará de opinión, pero yo ya estaba decidida.

Mi abuela me dijo que al principio, en el bosque de las sombras, me trataran como una humana, así que llenara una pequeña maleta con un poco de todo lo que fuera a necesitar. Siguiendo sus indicaciones, metí algo de comida y ropa. Por parte de mis padres añadieron algún libro, papeles y lápices, decían que escribiera mucho, por si olvidaba como escribir en nuestra lengua. Eso me hizo gracia, tampoco es que me fuera a la edad de piedra y olvidara todo. Mi hermano aportó la máscara que uso el día de la función. No entendí muy bien porque, pero la acepte. Y finalmente, yo guarde unos pequeños frascos de azúcar. Quería hacerme amiga de los Pox del bosque.

Esa misma tarde me marche.  Todo fueron lágrimas, besos y abrazos. Toda esa escena se alargó hasta llegar a la entrada del bosque de las sombras. A partir de ese punto solo la sabia y yo entramos. Y nada más entrar solté al Pox, que me dio la abuelita, que ya deseaba flotar entre los árboles.

-¿A dónde vamos?- dije mirando nuestro alrededor.

- A un pequeño santuario abandonado que ahora usa el guardián del bosque de vez en cuando. – dijo la sabia avanzando con mucha soltura por el bosque.

-Vaya, sí que hay de cosas abandonadas dentro de este bosque- dije sabiendo que también había una pequeña caballa cerca de la entrada del bosque.

Cuanto más avanzábamos más espeso y oscuro era el bosque. Mi abuelita me guiaba con mucho cuidado de que no me separara demasiado. Ella parecía conocer con todo detalle cada arbusto del lugar, mientras que para mí todo era exactamente igual.  Empezaba a temer quedarme sola allí, sin nadie conocido y con esa facilidad de perderse en el bosque.

Menos mal que la maleta de mano que llevo no pesa mucho, porque estuvimos caminando sobre una media hora, y era impresionante ver como yo me empezaba a cansar y la sabia seguía caminando tan fresca como una rosa.

Por fin llegamos a un pequeño claro donde suaves rayos del sol escapaban de las hojas de los grandes árboles, iluminando un pequeño y humilde santuario de madera. Dos pilares que formaban un arco, precioso seguro en su época, nos hacían de entrada. Caminamos por un pequeño camino de piedra, que ahora estaba plagado de pequeñas plantas entre las grietas. Nos paramos justo en frente de la entrada del maltrecho santuario. Lo único impoluto es la figura de un espléndido lobo.

-Este santuario se construyó hace muchos, muchos siglos para venerar al guardián del bosque. Tan querido y protector que le llegaron a catalogar de dios.

-Así fue Klok, y bien hecho al traerla y no resistiros a los pedidos del guardián- dijo una potente voz que resonó por el claro.

Me acerque más a la sabia, con temor de que atacaran o algo.

-Aún no me has dicho que vas a hacer con ella.- dijo alzando más la voz.

-Si lo hice, le enseñaremos su verdadera naturaleza. – tras esas palabras el claro se oscureció, dejando paso a brillantes ojos entre esa obscuridad.

-¡¡Fuera demonios!!- dijo lanzando algo mientras me protegía de la oscuridad que parecía moverse.

-Abuela…- dije tocando su hombro.

-No te preocupes- me dijo- aquí tienes, es sal, creo que la vas a necesitar si te quedas por aquí…- dijo mientras me dejaba un pequeño saco.

La oscuridad se volvió sombra y se disipo como si nunca hubiera estado allí.

-Klok, te puedes marchar ya. Nosotros cuidaremos de ella.

A la sabia no le quedó más remedio que acatar el mandato. Aunque lo hizo a regañadientes y sin apartar la vista de mí mientras se alejaba. Yo me quede inmóvil viendo como la anciana se alejaba y me quedaba sola en aquel claro totalmente en silencio.

-Por el amor de Ul·la que complicados llegan a ser los humanos. Ni que fuéramos a comerte.- dijo aquella voz detrás de mí.

Poco a poco me gire con miedo a ver al guardián. Un rayo de luz me deslumbró, haciendo que tardara un poco en distinguir algo. Frente a mí, una especie de perro-lobo, con un curioso pelaje, gris claro a excepción de: el lomo y parte del hocico que era negro, y un color marrón alrededor de los ojos y el morro que formaban tres triángulos en cada lado de la cara. Como si llevara una máscara. Su tamaño era considerable, más grande que un lobo, pero más pequeño que Singajik. Sus ojos, un azul y otro verde, se posaron en mí. Quise escapar, pero no sentí ninguna clase de peligro.

-Eh… em… Eres el nuevo guardián…- dije algo entrecortada.

-Bueno, actual ahora, ha habido unos cuantos más después de la desaparición de Singajik, el sagrado. – dijo sin moverse. – No temas, siéntete como en casa. Vivirás en el santuario hasta que te costumbres al lugar o dejes esa piel humana atrás.

Aparté ligeramente la vista para ver el santuario, que era mejor que nada. Entonces me percate de algo, mire a mí alrededor algo alarmada. Ya no estaba en el bosque, sino dentro de una especie de burbuja. Volví la vista hacia el santuario, que ahora estaba totalmente arreglado y lucía un color rojo madera precioso.

-Ahora estamos dentro de mi barrera, mientras no te acostumbres, aquí estarás a salvo. Así que no salgas fuera. No todos los demonios somos simpáticos- dijo mientras se acercaba al final de la barrera.- ves acomodándote- entonces salió fuera.

No respire tranquila hasta que vi como su último mecho de la cola salía fuera de la esfera. Después de dar un leve respiro mire hacia el restaurado templo y decidí echarle un vistazo.

Mire un poco por los alrededores, ahora estaba totalmente arreglada y limpia. Los pilares tenían un ilustre color marrón oscuro que contrastaba con el santuario.

Camine hasta la puerta y me la encontré medio abierta, entrando muy despacio, tocando a la puerta y añadiendo un “ahí alguien”. Acabe infiltrándome en el interior. La sala del interior era enorme, no había muchos muebles, solo una especie de armario, una mesita baja y una cama si le podías llamar así a un colchón de lino en el suelo. No me pregunte como, pero había pasado por alto que justo encima de la cama había un chico durmiendo. Deje silenciosamente la maleta de mano en el suelo, aunque si no se despertó cuando hable desde la puerta, no se despertaría ahora. Me acerque hacia el muchacho. Me incline un poco para observarle. Su pelo era de un blanco puro y sus pestañas eran largas, su rostro parecía algo irreal, demasiado perfecto para ser real. Algo en él me empezaba a hipnotizar y a sumirme en ese blanco, por suerte un ruido a mi espalda me hizo regresar a la realidad. Supuse que era un demonio aquello que estaba intentando abrir la maleta a la fuerza, sin mucho resultado. Pensé que podría ser un niño, hasta que se giró hacia mí y pude ver su rostro. Dos colmillos sobresalían de su boca y las orejas anaranjadas como su pelo se movían captando los silenciosos sonidos.

-Es una cría de dientes de sable, yo que tú tendría cuidado con ella, chica humana- dijo una voz detrás de mí.

El chico se había levantado y me miraba con unos fríos ojos azules. Su cabellera era larga y se movilizo cuando dio un sonoro bostezo donde se pudieron vislumbrar dos peligrosos colmillos. El niño dejo por fin la maleta, desistiendo de imposible, y salto en tres agiles saltos hacia la cama, donde se acurruco en el regazo del muchacho.

Recogí mi maleta, con enormes arañazos, del suelo. Aquellos dos se quedaron sentados en la cama mirándome ir y venir, mientras examinaba otras dos habitaciones más pequeñas y un baño, que componían todo ese trozo de santuario. No me cuadraba que en el interior no hubiera la zona de rezo y todas esas cosas típicas.

Me paré enfrente de ellos y señale la cama añadiendo un: -No estoy dispuesta a compartirla.

- Normal, tú en el suelo- me respondió el chico sin ni siquiera inmutarse- llevamos más tiempo que tú aquí.- Y se volvió a tumbar.

Ya con el enfado a flor de piel, se me ocurrió una brillante idea, saque de mi bolsillo unos trozos de tela y las enrolle formando algo similar a una pelota.  La pase de una mano a la otra mientras las expectantes miradas de aquellos chicos la observaban.

-A por ella- dije tirándola lejos.

Cuando vi que saltaron de la cama, rápidamente la empuje a la otra habitación vacía. Por si acaso me quede delante de la puerta para que no pasara.

-¡¡Qué me has visto cara de chucho!! ¡¡Soy un L-O-B-O!! A ver si te queda claro humana estúpida- dijo volviendo con el niño en brazos.

- Pelota tuya – dijo el niño a largando su mano con la pelota de tela en ella.

Me incline un poco, para ponerme a su altura, sonreí ligeramente al ver sus nítidos ojos de niño pequeño.

-Puedes quedártela

- ¿Tú dar pelota a mí?- dijo inclinando la cabeza

-Sí, así puedes volver a jugar con ella.

El niño hizo una agradable sonrisa agarrando las telas mientras movía las orejas y la cola alegre.

-¿Cómo te llamas?

- Smilodon  y ¿tú?

-Soy Hana- me enderece- Llámame así, nada de humana, que dicho por ti, parece que me desprecias.

-¡JA! Pues espera sentada, si necesitas algo, procura no llamarme y dejar que te devoren los demonios en silencio- dijo mientras salía fuera del templo.

Al ver que me habían dejado sola, entre en la habitación, cerré la puerta y me tumbé en la cama molida y cansada por la experiencia de haber conocido a alguien tan desagradable como aquel chico de pelo blanco.


Las Luces del Mundo (Especial Navidad)

Las luces del mundo


Era la noche de Navidad. En una cálida habitación, había cuatro velas encendidas. Eran cuatro preciosas velas que protegían el mundo. Sin embargo, esa noche, las velas empezaron a hablar con tristeza:

- Mi nombre es Paz. Pero lo único que hace la gente es pelear. Aparentemente, no me necesitan.

Así que dicho eso, su llama chispeó con fuerza y se apagó.

- Mi nombre es Fe. Pero el mundo no trata de creer en Dios. Entonces, pueden seguir siendo ignorantes.

Así que también ella lamentó su desamparo y desapareció.

- Y mi nombre es Amor. Confiaba en que alguien me encontraría, pero la gente se preocupa sólo por sí misma. Enfrentado a la gente que ha perdido de vista a aquel al que aman... Me marcho en tristeza.

Al final, solo quedó una vela. Entonces, un niño subió corriendo y les dijo a las tres velas apagadas:

- ¡No podéis apagaros! ¡Paz, Fe, Amor, no podéis iros! Os necesitamos...

Y, después de que el niño hablar y llorara, la vela que quedaba encendida dijo:

- No pasa nada. Porque mi nombre es Esperanza. Mientras yo esté aquí, todas seguiremos brillando.



Nieve en el Bosque


Capitulo 3


Después de aquello, todo volvió relativamente a su normalidad. Preparamos un entierro digno para el viejo sacerdote. También, una nevada tapo las huellas de aquel enorme lobo y nadie más, a parte de mí, lo vio. Preferí no comentar nada y que no me tomaran por loca. Pues ¿Quién se creería la existencia de lobos gigantes…?

Mi abuela estuvo desaparecida por un tiempo, pero volvió sana y salva, Iris se mejoró y volvía a dar caña como antes aunque ahora presumía de ser la novia de Suluk, Alex aún recuerda el día de la función con espanto pero intenta pensar en otras cosas, y aunque parecía cosa de otro mundo, fue Riza quien se declaró a Alex. Vaya risas al enterarnos. Por lo que hace a mi hermano, enseguida se mejoró aunque no recuerda que paso en el templo.

Aún había preguntas que me rondaban la cabeza, ¿Ese era el demonio Singajik? Y si lo es ¿Ul·la es la sacerdotisa de la historia? ¿Eso significa que ellos se querían? ¿Qué narices paso en realidad? Espera ¿La leyenda era verdad? Y algo que si me mosquea mucho es… ¿Quién narices es Ginrou? No era nadie del pueblo. Así que, como pensaba darle las gracias de parte de Ul·la y decirle lo que paso… ¿Me creería?

Quise hablar con mi abuela, pero no aceptaba visitas esa semana. Volví a casa después de que me dijeran eso.

- ¡¿¡Es que todos están ocupados!?!- dije entrando en mi habitación.- ¡Pues ahora yo soy la que se aburre!

Tire una de mis almohadas y sin querer le di a una caja que cayó, estrepitosamente, al suelo. Las hojas, recortes y el libro se dispersaron por el suelo.

-Torpeza y mala suerte la mía…- me maldije mientras recogía los recortes que guardaba la caja.

Entonces recordé, las hojas que encontré en el libro. Dejé todo de lado y me centre en el libro, abrí por la contraportada y allí estaban aquellas páginas amarillentas. Parecían unos escritos a mano, la caligrafía era muy bonita y fina. Había partes ilegibles porque el tiempo consumió el papel y la tinta. Recostada en mi cama, me dispuse a leer todo lo entendible de aquellos papeles:


Parecían las páginas de pequeños diarios de la sacerdotisa Ul·la, contaba pequeños detalles de su vida. La verdad es que decía cosas muy interesantes. Y también me daba a entender que ellos dos si se amaban. Si esos papeles eran verdad, la historia de la leyenda es bien falsa. Al llegar al final, note que estaba inacabada. Busque por si se me había caído alguna hoja o algo, pero no, eso es todo lo que había. Eso me dejo muy intrigada ¿Qué paso entonces con Ul·la y Singajik, para acabar separados? ¿Por qué no siguió escribiendo? ¿Qué fue de su hijo Lycaon?
La amiga de la sacerdotisa Ul·la era la sabia del pueblo, tal vez mi abuela sepa algo al respecto, pero para ello tendría que esperar y la intriga me estaba matando.





Soporté una calurosa semana, la nieve poco a poco se fundía. Habíamos entrado en el pequeño verano que teníamos. Aunque la mayoría del año está todo blanco y nieva bastante. Hay un mes o dos donde el calor derrite la nieve por lo menos una o dos semanas, pero poco más dura, enseguida las fuerzas meteorológicas frías cubre la tierra de nuevo.

Por fin mi abuela me pudo atender, me hizo llamar, aunque yo también estuve toda la semana insistiendo. Me vestí apresuradamente con un jersey fino y una falda, pues era de los pocos días en los que se podía lucir una sin congelarse las piernas. No se tarda mucho en llegar a casa de mi abuela, vive a pocos minutos de mi casa, en la esquina del bosque de las sombras. El joven aprendiz de sacerdote, a medio camino me esperaba. Esté aun lleva la ropa de luto por el difunto sacerdote. No se sentía capacitado para ocupar el puesto y por ello aún esta con esas ropas y viviendo con mi abuela.

Los sabios del pueblo siempre han vivido en la misma casa generación tras generación. Y cada sabio al empezar a vivir en ella, deja un grabado, un sello o algo que sirve de protección.  Por eso esa casa es de lo más curiosa y extraña. Han vivido tantas personas, que tanto el interior como el exterior de la casa están llenos de cosas. Lógicamente mi abuela vive allí.

Ya delante de la puerta, me disponía a tocar, cuando está se abrió sola. Mi abuela esperaba en la sala, sentada junto a la ventana donde un poco de claridad iluminaba ese espacio. El sacerdote cerró la puerta y subió al segundo piso para dejarnos a solas. Observe como subía y después me senté en la alfombra junto a los pies de la silla de la sabia. Ya era una señora muy mayor, sus arrugas eran profundas y sus ojos ya no veían como antes, pero un aura extraña siempre parecía mantener su mente clara y con mucho temple. Su temblorosa mano se posó en mi cabeza, dándome una suave caricia.

- Abuelita, tengo muchas preguntas que hacerte- dije sosteniendo su mano – pero sobretodo sobre esto…

Solté su mano y rebusqué en mi bolsa. Saque el libro y lo abrí para enseñarle las páginas del diario de Ul·la. La sabia abrió sus ojos con asombro y palpo delicadamente las hojas.

- Vaya, vaya, así que estaban ahí escondidas… Con un gran tesoro te has topado…

Las dejó encima de la mesita donde reposaba un vaso del que provenía un olor raro.

- ¿Sabes de la historia de la sacerdotisa Ul·la?- dije al notar que sabía algo.

- Así es querida, después de todo, como sabios, nos pasamos la información de unos a otros por escrito.- dijo mientras me indicaba una estantería de la sala.- tráeme ese libro de portada negra, de cuero y muy gastado.

Me levante y recogí el libro que me indico. Estaba muy gastado y viejo, parecía que empezaría a transformarse en polvo si lo tocaban mucho. Se lo di a la sabia.

-¿Qué es?

- Si has leído esos manuscritos de la sacerdotisa Ul·la sabrás, que su hijo acabo en manos de una sabia, amiga de la sacerdotisa. Y como dije los sabios escribimos lo más importante, para tener a los siguientes sabios informados de todo detalle. Su hijo, Lycaon, quedo a manos de la Sabia Simar, y este libro fue escrito por dicha señora.- dijo mientras giraba las paginas.- Seguro que has notado que esta la historia a medias.

- ¡¡Sí!! ¿Qué paso después de que tuvieran a su hijo para acabar así?-enseguida me di cuenta de que dije de más. Pero mi abuela no hizo ningún comentario al respecto.

- La felicidad de ambos se torció, por el celoso y caprichoso sacerdote Kin. Esté descubrió el romance de ambos, un demonio y la sacerdotisa. Seres de dos mundos diferentes, algo imposible. Según lo que relata la sabia Simar, Kin quiso apoderarse de ese poder combinado, por lo tanto intento dar caza al pequeño niño Lycaon. Ul·la escondió a su hijo con la sabia, por su parte Kin había conseguido engañar a Singajik, sellándolo en una estatua del templo. Al enterarse Ul·la fue a salvarlo, cayendo en la trampa. Kin al ver que no podría conseguir al niño, mató a Ul·la, pero encerró su alma, espíritu y poder dentro de una gema. Kin que era un sacerdote débil con ansias de poder, consiguió los poderes de la sacerdotisa, pudiendo así ver a los demonios más débiles, los Mushi. Cosa que pocos podían. Al pasar lo años, la leyenda verdadera se tergiversó, también influyo Kin en ese cambio. Kin también tuvo discípulos, que se quedaron, para ir renovando el sello, como un ritual que él inventó. Cuando pudo comprobar que se las apañaban sin él, se marchó llevándose la gema. Y así quedo Ul·la desaparecida y Singajik sellado.- dijo mientras estiraba sus manos para alcanzar el vaso y darle un sonoro sorbo.

-Vaya- dije bajando la cabeza- Y todo solo por ansias de poder del sacerdote Kin, que no tenía nada más que celos. Ya decía Ul·la que era un pesado.

-Bueno, ahora no se le puede hacer nada, pues al menos ahora son libres y pueden descansar en paz juntos

- Pero si iba tras Lycaon, ¿porque no siguió buscando?

- Ul·la engaño a Kin, le hizo creer que mientras escapaban de él se cayeron por uno de esos agujeros del bosque de las sombras. Y aunque supiera su físico, muy llamativo, por cierto, como su padre. La Sabia al esconderlo le tiño el pelo con un extracto de bayas, y le adopto como si fuera hijo de otros o un huérfano. Era un niño listo, de aprendizaje rápido y con unos poderes fuera de lo normal. Mitad demonio mitad sacerdote, fue algo que le marco toda su vida. Pues según Simar, no conseguía compatibilizar con los niños del pueblo. A su corta edad controlaba demonios de altos rango como si de juguetes se tratara, pero conservaba unos sentimientos muy humanos. Como la soledad, el sufrimiento, los celos, la diversión… A la sabia Simar le preocupó mucho el hecho de que Lycaon no envejeciera. No quería morir y dejarle solo, pero el día llego. Él se quedó con el siguiente sabio. Pero según el siguiente sabio, un día se marchó y no se ha vuelto a saber de él.- hizo una larga pausa donde ambas nos mantuvimos en silencio.

Enlace las historias y el pasado empezaba a tener sentido.

- ¿Podrías ir a la cocina y traer un poco de azúcar querida?- dijo mientras se colocaba en la silla.

-Claro…- dije algo sorprendida.


Cuando volví con el tarro de azúcar, mi abuela estaba de pie junto a la mesa con un bote de hojalata en manos.

-¿Qué es eso?- dije con mucha curiosidad acercándome y dejando en azúcar encima de la mesa.

-Echa unos pocos cristales de azúcar encima de la mesa.

Cogí un pellizquito con los dedos y lo deje espolvoreado en la mesa. No entendí muy bien que hacíamos, pero siempre me encantaban los trucos que hacían los sabios. Cada pueblo tiene sus sabios.

- Esto no es un truco, pues ni yo sé si he cogido uno- dijo mientras hacía fuerza para abrir la tapa.

Entonces lo vi, salió disparado del bote y se lanzó sobre el azúcar que había sobre la mesa. Sin haber visto uno en mi vida, podía decir que eso era un Pox, como los que describía la sacerdotisa Ul·la. Ese pequeño demonio era redondo y parecía esponjoso y de suave pelaje negro. Dos pequeñas alas y cola larga de demonio se agitaban contentas alrededor de los cristales dulces. No pude contener las ganas de tocarle y pase un dedo sobre él. Era pequeño y me daba miedo hacerle daño. Esté se giró de golpe. Dos grandes ojos blancos se posaron en mi dedo, él estiro algo así como sus patas, aunque parecían dos prolongaciones de sus pelos, y me rodearon el dedo.

-¡¡Es un Pox!!- hice un grito ahogado mientras empezaba a subir por mi mano.

Cuando se quedó quieto en mi palma, me gire hacia mi abuela. Mi cara de alegría y entusiasmo, chocaban con la suya. Seria y con ojos entristecidos miraba a mi palma y después a mí.

- Querida, no puedo ver lo que dices… Pocos pueden ver los demonios de rangos inferiores, que Ul·la llama Mushi… Y no puedo estar alegre del hecho de que puedas ver a ese ser…- dijo mientras sacaba un papel de su bolsillo y se secaba una pequeña lagrima que asomaba.- Por cierto a los Pox les gusta los dulces y el azúcar…

Tire un poco más de azúcar en la mesa y deje al Pox allí. Enseguida me arrodille enfrente de mi abuela para mirarla a los ojos.

- ¿Hay algo importante que no me puedes contar?

- Tus poderes demuestran que tienes sangre de la sacerdotisa Ul·la por tu sangre y por lo tanto no eres una humana… Y no solo eso… Sino, que ahora el bosque reclama por ti…- dijo con voz entrecortada

- Je je espera… ¿Nuestra familia esta enlazada con la sacerdotisa?- dije con la voz y los labios temblorosos, aun sabiendo que algo no me cuadraba.

- No querida, solo tú presentas eso… Hay un rito entre los demonios de clase alta, que si una madre demonio no se puede encargar de sus hijos, encuentra una familia humana, modifica sus memorias para hacerles creer que son sus hijos y deja que los humanos los críen…- dijo y se sentó de nuevo.

- No… No…- dije sentándome del todo en el suelo.

- Lo siento… No creí que fuera eso… Nunca presentaste signos de poderes ni comentabas de ver nada raro…- dijo la sabia mientras se cubría la cara con sus arrugadas manos.

- Y ahora me dices que reclaman por mí…- ya tenía la mente en blanco, ya no quería saber nada. ¡NADA!

- Ese Pox era una prueba puesta por el guardián del bosque actual, él lo atrapo, pues yo no lo puedo ver. Y me dijo que si lo llegabas a ver, que te dejáramos libre de las ataduras humanas. – dijo  mientras posaba su mano en mi cabeza- pero quiero que seas tú quien decida que hacer ahora, Me han dado una semana para dar una respuesta al test.

Eso explicaba que pudiera ver al Pox, que la sacerdotisa Ul·la hubiera podido poseer mi cuerpo, el hecho de que el bosque de las sombras me atrajera tanto… Pero yo quiero a mis padres, a mi hermano, la abuelita, a mis amigos… No quiero dejarlo todo atrás y marcharme. Yo crecí aquí y fueron ellos quienes me criaron, no aceptare a otros que vengan diciendo que son mis padres biológicos…

- ¿Qué pude llegar a pasar si me niego a marcharme?

- No sé, si llegan a saber que tienes poderes te vendrán a buscar. Pero no te vas para siempre, seguramente vuelvas de vez en cuando a saludar. Yo creo que ver el mundo de otra forma tal vez te siente bien… - dice, pero seguía llorando silenciosamente.

- No tenía que haber tenido poderes.

- No, no, cariño- dijo agarrando mi cara con sus manos- nunca debes despreciar esos poderes tuyos, es una parte de ti. – por fin una sonrisa asomo de sus labios.

Por fin mis fuerzas desistieron y rompí a llorar sobre el regazo de la abuela.




Mi abuela me acompaño hasta casa. Hizo reunir a mis padres y a mi hermano y les informo de la situación.  Mi madre no quiso creer eso, y esta empezó a llorar al pensar en dejarme marchar. Todos pusieron caras de gran tristeza, cosa que hizo que aún me doliera más el corazón.

Los días trascurrieron tranquilamente. Mi padre planeaba formas de impedir que pudieran llevarme a la fuerza si venían a buscarme. Mi madre me insistía en que no saliera de casa, pero yo la ignoraba y quede con mis amigos, a ellos no les diría nada sobre lo sucedido. No note cambio alguno, todo era igual a cuando no sabía nada. Mi hermano actuaba como siempre. Solo mis padres parecían estar alarmados. No vi nada raro en el pueblo, no vi ningún Mushis. La abuelita me regalo el Pox, pues ella no lo veía y estaría mejor conmigo. La verdad es que era un ser muy curioso y se adaptaba muy rápido.

Estuve meditando mucho tiempo, muchas horas dedicadas a ello. Llegue a la conclusión de que tendría que marcharme, un mundo nuevo y fantástico se abría ante mí, no lo podía solo ignorar, mi curiosidad me podía. Y cuanto más miraba al Pox, quien hacia muchas cosas raras y que yo no entendía, más quería saber. ¿Porque no había más de ellos en el pueblo?, Ul·la comentaba que había muchos. ¿Qué clases de Mushis encontrare? ¿Qué cosas fascinantes, que los humanos desconocen, descubriré? La curiosidad me invadía, siempre fui muy curiosa.

 Es cierto que al marcharme, me tendría que despedir de mis padres y de mi hermano, también de mis amigos… No quería verles tristes, así que no diré nada de esto a ellos. Pero si me quedaba, ¿Qué me esperaba aquí? Una rutina, vida normal… No suena mal, pero si el guardián sabe de mis poderes y viene a buscarme… ¿Que será del pueblo y de mis padres que seguro harán lo imposible para impedirlo?

Ya tenía la respuesta en mente.

Nieve en el bosque

Capitulo 2


-Tal vez paso algo ese día, ahora recuerdo más o menos lo que hice por la mañana, pero aún queda la tarde y la noche…- me decía mientras me sentaba en la silla de mi escritorio.

El escritorio estaba perfectamente recogido, pero había una llamativa caja negra en una esquina. Decidí pasar el rato ojeando su interior, en ella guardaba cosas relacionadas con la fiesta o conocido como ritual del sellamiento, por mi abuela. Tenía una foto de los que hicieron el baile del año pasado. Triana, Roger y Ray fueron los protagonistas cuatro años seguidos, y tan bien les salía, que les contrataron para hacer rituales fuera del pueblo, bueno quien dice rituales se refiera a bailar la historia del lugar, algo así como un teatro. Este año hay nuevos actores, Iris representaría el sacrificio, el lobo será Rian, mi hermano y el sacerdote Alex, para así impresionar a Riza. Por eso pasamos mucho tiempo juntos, pues entre todos nos ayudábamos a preparar el baile. Bueno, mi hermano iba por su cuenta. Lo que más me gustaba no es el baile en sí, ni su obra teatral, sino los trajes y las máscaras. Las máscaras las hacen la familia de Suluk y Riza y cada año se superan, pero los trajes, hecho a medida y con todo detalle que prepara la familia Ginita son increíbles, son grandes sastres.

Encontré varios recortes de diarios de otros pueblos sobre comentarios de nuestra fiesta, pues atraía mucho al público de fuera incluso. En el fondo esta, algo gastado y muy atesorado, la historia de Singajik. Explica la historia del demonio, el sacerdote y el sacrificio, no parece ser siempre una mujer joven, pues en la historia también hay una sacerdotisa.

Me decante por leerme de nuevo la historia. De pequeña me gustaba mucho que me la contaran o leyeran, siempre variaba dependiendo quien te la dijera. Siempre hay muchas versiones de las historias. No tarde mucho en acabar de leerla, pero en la última página note que había un relieve. La contraportada, parecía haber un dobladillo. No quería estropear este libro antiguo pero la curiosidad siempre me ha podido. Poco a poco fui despegando la contraportada y en ella encontré unas hojas ya amarillentas. Pero las guarde enseguida al escuchar la puerta.

-No sé cuántas veces te he dicho que no dejes tu cazadora en la sala. – dijo mi madre mientras la colgaba detrás de la puerta.

-¿No te ha parecido el entierro algo rápido y extraño?

- ¿Eh? Bueno, es cierto que ha sido muy rápido, pero de extraño no lo es tanto, ese muchacho ya era extraño de por sí. No quiero ser mala, pero me alegra de que su salieras viva.

Al salir mi madre, la cazadora se cayó al suelo. Al recogerla para volver a colgarla, note algo en el bolsillo. La gema gris aquella. Estuve un rato observándola y me di cuenta de que no era gris, sino que estaba sucia. Empecé a rascar el colgante con las uñas, y el tono gris dejo entrever el verdadero color, un verde opaco. Lo estuve limpiando y puliendo un rato, no me parecía tener nada extraño, pero entonces la alcé hacia la luz y la gema empezó a brillar, transparentada por la luz, muy llamativamente. La habitación se tornó verde. Un puntazo me hizo esconderla de la luz. Mi cabeza empezaba de nuevo a doler. Unos vagos recuerdos volvían a mi mente: Estaba en el bosque, un chico con este colgante, me lo colocaba, mucha oscuridad, la nieve era lo máximo que veía y entonces unas voces a lo lejos. ¿Serian esto recuerdos de la noche de aquel día?
Con el fuerte dolor de cabeza, ya no tenía ganas de curiosear más, así que guarde el colgante en un cajón y deje la caja donde estaba antes.




Hoy por la mañana me entere de una noticia espantosa, Iris se había puesto enferma. Nada más enterarme fui allí a ver como estaba. Cuando pase por “La Placita” de camino a su casa, oí comentarios raros sobre la muerte de Poxle, de la enfermedad de Iris e incluso de la preocupación del festival ahora que la que hacia el papel de sacrificio se había puesto enferma.

La casa de Iris estaba en silencio, así que estuve un rato delante de la puerta, pensando si llamar o no. Entonces del interior se escuchaban las voces de los padres de Iris e incluso de Suluk, parecían susurros de alivio. Toque a la puerta. Me abrió la puerta Violet, es la médica del pueblo. Llevaban en brazos su maletín.

-Recordad en dale la medicina las horas asignadas y vigilad su temperatura. Si veis que cambia o pasa algo, llamadme- dijo mientras salía- Buenos días Hana, veo que ya estas mejor. Me marcho que me esperan en otro lado.

Yo me limite a asentir, entre en la casa y cerré la puerta.

-Buenos días- dije sin gritar mucho, como hacia algo de calor dentro me desabroche la chaqueta.– ¿Que tal esta Iris?- dije al ver a Suluk bajando las escaleras.

- Mejor que ayer al menos. Ayer le probamos en traje y no traía buena cara y en la sesión de arreglo se desmayó. Según Violet, no tiene nada grabe, aunque se ve que ha sido algo que ha ingerido. Que por ahora repose y tome medicinas.-dijo – Sus padres ahora están descansando, se han pasado toda la noche cuidándola, pues la fiebre no le bajaba. – dijo acercándose a mí y desviando algo la vista- No es que intente justificar el que yo este aquí…

No pude dejar escapar una leve risa al escuchar esas palabras con tanta timidez, tan impropia de él. No le hizo gracia que me riera por lo bajo.

-¿Podría ir a ver a Iris?

-Solo un poco, ahora está algo estable, pero no sé si ha despertado ya…-dijo mientras miraba hacia las escaleras.

Subí al piso de arriba y entré silenciosamente en la habitación de Iris. Todo extremadamente ordenado como siempre, con posters de caballos e incluso una escultura de ese animal que Suluk le regalo en un cumpleaños. Acerque una silla hacia su cama y me senté. Iris respiraba pausadamente.  Agarre su mano, y ella entreabrió los ojos. No me dio tiempo a decir “hola” e Iris empezó a llorar. Me alarme por un momento, pero ella no me soltaba la mano. Suluk estaba fuera de la habitación y pensaba llamarle, pero Iris me lo impido. Con un hilo de voz empezó a hablar muy bajito, no sé si porque estaba se encontraba muy mal o porque no quería que la escucharan.

-No llames a nadie… Yo lo siento Hana… De verdad lo siento…- dijo mientras sus lágrimas corrían por su cara y caían en la almohada.

-Tranquila Iris, que pasa… Relájate y no llores por favor.- dije sin levantar mucho la voz.

-No tendrías que ser tan buena conmigo… Con la conspiración que trame ese día, deberías odiarme y no tratarme tan bien. Viniste tan temprano solo para saber cómo estoy…. Y yo ese día por celos te hice algo muy cruel…- hablaba entrecortado y flojo, me costaba entender todo lo que me decía.

-De que hablas, no te preocupes, sabes que siempre te perdono, seguro que lo hiciste por alguna razón, ya está…- dije mientras le acariciaba la cabeza con mi mano libre.

-Tú no lo recuerdas… por eso me perdonas, pero yo no descansaré en tranquila, hasta que cesen mis remordimientos… no sé si será porque estoy enferma o porque realmente eres alguien a quien aprecio…- dijo mientras cerraba los ojos.

Pensé que se había vuelto a dormir, así que pensé en levantarme y dejarla descansar, pero volvió a tirar de mi mano.

- El día que Alex se te confeso, sentí que mis celos hervían por dentro. Los escondí hasta que llegue a casa. Entonces enfurecía fui a molestar a mi hermano. Yo no sabía que él estuviera enamorado de ti. Y dije una tontería sin pensar… Quien pensaría que mi hermano la acataría como quien no quiere la cosa.- dijo mientras sus manos empezaban a temblar. – le dije: “Si tú te quedaras con Hana yo podría quedarme con el destrozado Alex” No sé en qué pensaba, lo siento. Esa tarde se citó contigo en mi casa, le vi preparar no sé qué en su habitación. No le di importancia, pues él siempre preparaba experimentos raros. Tú llegaste algo tarde, estuve con vosotros, pero Poxle dijo de dar una vuelta tú y él solos. Empecé a sospechar. Al marcharos note algo raro en tu bebida, era de un color raro. Creo que te echo alguna clase de droga en la bebida. Te debió arrastrar hasta el bosque de las sombras. Creo que había una casa abandonada cerca que mi hermano solía frecuentar. Salí en tu busca, pero no llegue a encontraros. La siguiente vez que nos vimos fue el “La Placita” aunque te fui a visitar mientras estabas inconsciente, no tenías rastros de violencia ni nada, así que me sentí aliviada…- dijo ya con la garganta seca seguro.

Yo me quede estupefacta. Un montón de pensamientos pasaron por mi cabeza pero ningún sentimiento de ira o enfado contra Iris. Aun no conseguía recordar eso que Iris dijo, pero sentía que era real. Inspire y con el tono más sereno posible dije:

-No te preocupes por nada, ya todo paso, y yo no te odio ni nada, tú siempre serás una gran amiga para mí. Y por cierto, Alex no se me declaro, todos lo malinterpretasteis… Pero me gustaría que vieras, quien es realmente quien te aprecia…- dije justo cuando Suluk entraba con una jarra de bebida y un vaso.

- Ya estas despierta, estas mejor, seguro tienes sed- dijo mientras se acercaba a la cama y le ayudaba a tomar la bebida. – también he traído la medicina, tiene un olor a limón jeje seguro que sabrá ácido.

Salí de la habitación para dejarlos a solas. Silenciosamente me acerque a la habitación de Poxle, su familia ya había empaquetado la mayoría de cosas. Pero en las estanterías y mesas, aún estaban las jaulas de serpientes y arañas de varias clases. Un olor extraño me hizo recordar las palabras de Iris y pude recordar viene a su casa, que estuvimos hablando y que ciertamente la bebida estaba algo mala. Pero a partir de ahí no conseguía recordar nada más. Con esto había conseguido reconstruir ese día, pero ¿Cómo sabría que pasó cuando me fui con Poxle, si él está muerto y nadie más nos vio?

Estuve un rato más en casa de Iris, hasta que fue hora de comer. Suluk se quedó, así que me despedí de los padres de Iris y me marche. Mi hermano me esperaba en la puerta.

-Llegas algo tarde- dijo, no era muy dado a las palabras- El sacerdote ha dicho que tú sustituyas a Iris.

-¡¿EH?! Imposible- dije mientras veía como entraba dentro de casa.

-Así es cariño, al ver que Iris no está bien para el día de la función, han decidido que tú, quien ha visto todo el baile y has ayudado, sustituyas a Iris en el papel.- dijo mi madre saliendo de la cocina.

-Pero si sabéis que eso requiere tiempo, y cuanto falta… ¿¡¿cinco días?!?- dije alarmada, por el trabajo que supone todo eso y el poco que quedaba.

-En realidad quedan dos- dijo con mucha tranquilidad Rian.

-Genial, aún menos, y han pensado en el traje. Iris y yo tenemos contexturas corporales diferentes.- ahora si notaba que me iba a dar algo.

-No te preocupes, los Ginita ya están informados del cambio, así que mañana tienes la sesión de preparación del vestuario.- dijo mi madre colocando la mesa.

-No te agobies, seguro que lo consigues, siempre has tenido mucha facilidad a la hora de aprender cosas- dijo mi padre hojeando un panfleto de la programación del festival.

-¡Ay, dios la que me espera! Vaya familia más relajada…- me dije me sentaba a mesa.






Me pase la tarde y la noche ensayando con mi hermano. Al día siguiente por la mañana fui a casa de los Ginita, cerca de donde vive Iris, para probarme el traje. Hicieron muchos arreglos, pero por la tarde lo tuvieron preparado. Al salir, me fui a casa de Iris para ver que le parecía ese cambio de papeles, ella dijo que le daba igual, y que esperaba ponerse bien para verme actuar, que el año que viene ella sí o sí hará ese papel y que cuando este mejor se replanteara la idea de enamorarse de forma tan tonta. Note un  gran progreso entre Iris y Suluk, espero que sigan adelante. El resto de tarde y un trozo de noche la pase en el taller de Riza, pues tenían que prepararme la máscara.

-Es una pena cubrir tu rostro, porque eres blanca cual porcelana- dijo Riza examinando mi cara.- La verdad es que así tal cual te parecerías al sacrificio jeje

- ¿A la sacerdotisa de la historia?

- Bueno, esa es otra versión, en la que conocí yo solo estaban el  Singajik y el sacerdote, la chica que sacrificaban no tenía mucha importancia, era una del pueblo y ya.

- Vaya, Y tú que piensas de este ritual, festival o teatro, depende el punto de vista…

- Que solo es una fiesta más, eso del demonio y tal es más publicitario y el baile es lo que realmente atrae para la fiesta, lo importante es el espectáculo- dijo mientras trabajaba sobre el material.- Me parece que así te dirá bien… Que colores pondré esta vez…







Ya solo quedaba un día para el festival, día entero que me dedique a ensayar. Mi hermano era muy estricto, pero así él también podía practicar.

-Rian, porque el demonio de la historia, ¿en esta obra lo interpretan como un lobo? – dije haciendo una pausa para beber.

-Hay varias teorías, pero como se remonta de hace mucho tiempo el festival, como que se desconoce la razón. Yo creo que tiene alguna relación con alguna historia de los alrededores, o por el mero hecho de que el animal más peligroso del bosque es un lobo.- dijo volviendo a colocar las cosas para empezar de nuevo el baile- Venga desde el principio de nuevo.

-¡¡Que!! Otra vez… para mañana estaré destrozada… Por eso hay que avisar con más tiempo…- protestaba colocándome en mi sitio.




Y el día de festival llego. La mañana fue intensiva, clase intensiva del baile con los trajes ya preparados… O al menos el intento, pues me tropezaba con las telas y tuvieron que recortarla para que dejara de pisarlas. Cuando ya dominaba los movimientos con las ropas, el sacerdote los dio su visto bueno, así como algunos de los espectadores presente. Nos dejaron comer más relajadamente e incluso un trozo de tarde para poder ir a dar una vuelta por el festival. Fui yo sola a dar una vuelta por el templo que estaba plagado de gente y de chiringuitos. Alex y Rian se quedaron a ensayar más. Riza tampoco me pudo acompañar, pues tuvo que hacer unos arreglos de última hora en uno de los escenarios de la obra. Así que fui sola y no estuve mucho tiempo, me preocupaba que se me olvidaran los pasos si me distraía en la fiesta, así que primero haría la obra teatral y después ya me iría a disfrutar del festival.

Estuve leyendo las pocas líneas que tenía que decir, aunque la mayor parte solo es baile y música, hay trozos donde hay que decir una frase o un comentario para que se entienda la escena.

Ya solo quedaba una hora para que empezara la función, estaba nerviosa. Todos ya estábamos detrás del telón, recibiendo las explicaciones de cada detalle del escenario. Entonces nos indicaron que nos preparásemos. Me puse mis ropas de sacrificio, que la verdad eran bastante elegantes aunque su único color era el blanco, y también me ajuste la máscara. En las practicas me costó adaptarme a ver por los agujeros pero ya lo dominaba. Había traído aquel extraño colgante conmigo, pensé que si me habían encontrado gracias a él, me traería algo de suerte para este momento. Lo escondí entre las telas así no se veía ni se notaba, pero yo sabía que estaba ahí.

No me cansaba de ver a mi hermano disfrazado de lobo, su máscara es de lo más realista, su traje se componía de ropa normal, muy peluda, y una capa, de pelaje negro y marrón. Alex lo tenía más fácil, era los típicos hábitos de sacerdote. Aunque también tenía que usar una máscara. Suluk fue el encargado de hacer el cetro, parecía tan real que sentías su poder de purificación de demonios.



La función iba a empezar, todos ya estaban colocados, las luces se apagaron y solo quedaron la iluminaria del escenario. Safira, conocida por su gran voz en el pueblo, hizo de narradora para la historia. No tenía que salir al escenario, solo leer la historia. Los músicos empezaron a tocar y ella a leer. Mientras hacia la introducción salieron al escenario las personas que interpretaban el papel de pueblo y de demonios. En el siguiente acto apareció mi hermano entre una densa bruma y con voz, lo más grave posible, empezó a decir sus líneas. El siguiente acto ya era la llegada del sacerdote al pueblo. Alex interpretaba lo que Safira iba diciendo. Empezaron una danza para representar la felicidad y la abundancia del pueblo. En el siguiente retumbe del tambor y las líneas dichas por la narradora, me tocaría entrar. Muy nerviosa me coloque lo más fuerte posible la máscara e inspire y expire varias veces. Entonces desde el escenario un chico del pueblo me extendía la mano invitándome a bailar, inspire fuerte y pose la mía sobre la suya. Salí al escenario y lo hice lo mejor que pude, creo que mejor incluso que en los ensayos. Entonces me tocaba el último trozo del acto junto a Alex, no le pise de milagro. Bajaron el telón y una voz masculina anuncio el nuevo sacrificio. La gente que interpretaba a los aldeanos hicieron un grito de sorpresa y desconcierto. La siguiente escena era Alex intentando convencer a los sacerdotes de ser el encargado de acompañar al sacrificio, de quien se había enamorado. Acto siguiente, el sacrificio (o séase yo) y el sacerdote (es decir Alex) danzan un último baile con el pueblo antes de partir hacia la guarida del lobo. Cuando la música cesó, ambos empezamos a subir unas escaleras que había detrás del escenario que conducían hacia el templo, donde nos esperaba mi hermano para interpretar la última escena. Los espectadores veían como subíamos y a cada escalón que avanzábamos unas antorchas a sus extremos se encendían. Alex llevaba una especie de cascabeles en el cetro, y los hacía sonar golpeando los escalones al subir.

No estaba muy lejos y cuando llegamos al final de la escalera, Alex se petrifico ante la escena, pero volvió en sí, cuando yo asustada pegue un grito. El anciano sacerdote estaba frente a las puertas del templo, tirado en el suelo sobre una enorme mancha de sangre. A su lado una especie de estatua se empezaba a agrietar. Alex gritaba por un médico y caí de rodillas en el frío suelo, mi máscara se desprendió, cayendo y partiéndose en trozos. Aturdida pude divisar a mi hermano también tirado en el suelo, algo lejos de nosotros. Violet llego y aunque hizo lo que pudo, el sacerdote ya había muerto, entonces se acercó a mi hermano, por suerte él solo estaba inconsciente. Todos estaban muy alarmados y agitados, entonces una voz anciana se impuso sobre las otras pidiendo tranquilidad. Mi abuela acababa de llegar junto con el aprendiz a sacerdote, quien ayudaba a la anciana a subir los peldaños.

-Todos tranquilos- solo con decirlo, todos se callaron- Que todas las familias, rápido, vuelvan a sus casas. Violet atiende a mi nieto, pero mejor lejos de aquí. Aoba, llévate a tu hija.- dijo mi abuela, que el pueblo la consideraban una sabia y nunca nadie dudaba de lo que decía- muchacho, te tocara hacer de sacerdote y sellar de nuevo al demonio.- dijo hablando con el muchacho que le ayudo a subir.

Yo aún estaba de rodillas en el suelo. Mi madre acato la orden y me ayudo a incorporarme. Todos se reunían con sus familiares y se marchaban. Entramos en casa y no satisfechos con eso, mis padres me hicieron bajar hasta el sótano de la casa. Violet había venido con nosotros para atender a Rian.

No habían pasado ni unos minutos desde que me senté en el sótano, cuando un estremecedor aullido retumbo por toda la casa. Asustada vi como mis padres se quedaron dormidos. No sabría si dormidos o inconscientes. Lo que si note fue algo que me llamaba, me decía que saliera al exterior. Por un momento intente resistirme, pero mi cuerpo y mente empezaron a moverse involuntariamente. Salí del sótano, camine por el pasillo y abrí la puerta. Un fuerte frío cargado de algo de nieve hizo que mis ojos se cerraran momentáneamente. Cuando ese aire se calmó, pude ver que a pocos pasos de la puerta había una enorme sombra. Alcé la vista para encontrarme con dos ojos color rubí. La luna consiguió salir de la nube, volviendo a iluminar la tierra. Enfrente de mí, con un preciosos pelaje carmesí, un lobo de gran tamaño observaba sereno.

-Han pasado tantos siglos desde la última vez que te vi, siento haberte hecho esperar tanto- dijo aquel ser con una voz extremadamente grave y poderosa.- Sacerdotisa Ul·la.

Algo en mi me decía que hablaba con la persona correcta, pero también algo no me encajaba. Entonces la gema, escondida entre mi ropa, empezó a brillar. Yo la saque y de ella salió una voz.

-Singa tu siempre tan tardón como de costumbre. Ahora ya da igual, por fin podremos irnos juntos.- su voz era extremadamente dulce y suave.

-Si…

Y entonces ante mis estupefactos ojos, aquel imponente ser empezó a adopta forma humana, aunque conservaba orejas y cola. Llevado únicamente un trozo de piel tapándole, se acercó a mí y me abrazó. Yo quería hacer algo, pero mi cuerpo no se movía. Entonces presencie como, tanto la gema como aquel ser, desaparecían entre polvo rojo y luces blancas. Lo único que quedo fue el fino hilo que ataba la gema que ahora era llevado por el aire y la nieve.


-Gracias por prestarme tu cuerpo, para este encuentro, te estoy muy agradecida. Dale gracias a Ginrou por encontrar el collar. Gracias a los dos, por fin puedo descansar en paz junto a mi amado- dijo aquella dulce voz alzándose como una luz hasta desaparecer junto a los suaves tonos lunares.

Nieve en el bosque

Capitulo 1

Hacia frío, y la nieve tapaba las últimas huellas que había del camino. Entre los arboles blancos, cálidas luces bailaban, parecían perderse en viento. Hacia frío y yo no las podía alcanzar. Solo deseaba llegar de nuevo hacia esa luz cálida y reconfortante. Y lo intentaba una y otra vez, quería avanzar y no podía, algo me impedía moverme. No quería perder de vista esas luces, pero mis ojos se movieron instintivamente al escuchar un ruido a mi lado. Lo último que vi fue una fugaz sombra entre destellos blancos. Todo estaba oscuro ahora.




Me reincorporé de un susto en mi cama. Mi aliento se condensaba en el aire volviéndose blanco, y estaba sudando bastante.  Mi mano paso instintivamente por mi frente, haciendo que se cayera una toalla húmeda. Me frote los brazos con las manos, empezaba a tener frío. Entonces la puerta se abrió y entro mi madre cargando una bandeja.

-Que haces levantada,¡¡ túmbate ahora mismo!!- dijo mientras dejaba la bandeja encima del escritorio y me tumbaba de nuevo en la cama. –Te das cuenta de la fiebre que tienes.

Yo no pude responder, solo me deje tratar por mi madre, quien me coloco una nueva toalla húmeda y me tapaba bien. En la  bandeja asomaban unas sopas de leche humeantes y un zumo de frambuesas. Me lo tuve que comer todo.

-Haber si mejoras pronto, porque ya quiero echarte la bronca… Creí que te perdíamos para siempre- dijo agarrando mi mano con fuerza entre las suyas.

Note varias gotas frías sobre la mano y suaves sollozos, con tonos más alegres que de pena. No estaba muy segura de lo que hice, mi mente estaba muy densa y no lograba recordar nada.

-Una y otra y otra vez se te pido que te sacaras esas ideas locas de la cabeza. Ya desde pequeños se les cuenta a todos los niños que no se pueden adentrar en el bosque de las sombras. Los que entraron nunca más volvieron y tú quisiste ir …- sus llantos aumentaron- Me alegro tanto de que te encontraran antes de que fuese demasiado tarde…

Padre entro al escuchar los llantos. Le indico que saliera de la habitación y que me dejara descansar, que hasta que no mejorara no me atormentara, que tendría que estar alegre de que este sana y salva. Cerraron la puerta y la oscuridad volvió a invadir la habitación. Quise llamarles para que me dejaran al menos la luz encendida, algo de esa oscuridad me aterrorizaba, pero ni un leve sonido conseguí pronunciar. Con mi respiración irregular debido a la fiebre gire la cabeza ligeramente hacia la ventana, donde entraba unos diminutos síntomas de claridad. Estaban las contraventanas cerradas.




Estuve una semana en cama, pero ahora ya me sentía mejor, así que me levante de cama y rebusque en mi armario para encontrar la ropa más abrigada que tuviera. Un básico, un jersey largo encima de otro fino, unas mallas y encima un pantalón… Salí del cuarto, abrigada cual esquimal. Devore el desayuno preparado por mi hermano mayor y salí a dar una vuelta entre los refunfuños de negación de mi madre.

La nevada había parado la noche anterior, pero el cielo oscurecido solo propiciaba otra lluvia blanca. Avancé por la nieve con ligeros saltos, viendo como las marcas de mis botas quedaban en el delicado blanco. Las chimeneas de las casas soltaban humantes tonalidades de grises, que hacían de aquella imagen, una postal de recuerdos nostálgicos. Las casas eran de un tono marronoso, los tejados eran negros, pero siempre estaban llenos de nieve así que pocos se fijan. No tenían una distribución exacta, había un vecino aquí y otro un poco más allá. Me dirigí hacia lo que nosotros llamamos “La placita”. A esa hora debería haber algo de bullicio, pues había mercado. Nuestro pueblecito estaba algo asilado de los demás, y se tardaba uno o dos días a pie para llegar. A caballo se tardaba algo menos. Los mercaderes eran los únicos capaces de llegar hasta aquí, pero sabían que éramos compradores fieles y buenos a la hora de pagar.
La mayoría de los habitantes estaban aquí comprando los suministros, pues nadie podría garantizar la vuelta de los comerciantes, si una fuerte nevada aislaba el pueblo. Era algo que pasaba muy a menudo.

-¡¡Hana!!- dijo una voz abrazándose a mi espalda.  

-Iris, ¿qué tal?- dije volteándome.

- Eso tendría que preguntarlo yo, ¡¡sabes lo preocupados que tenías a todos!!- dijo haciendo pucheros- Realmente te metiste en el bosque de las sombras, solo a ti se te podría ocurrir semejante locura. Y bien- dijo mirando de lado a lado- ¿Cómo era?- sus ojos brillaban con ilusión.

-Se sabe mal decepcionarte pero… No recuerdo nada de ese día.- dije bajando la mirada.

-No te preocupes, lo importante es que estas sana y salva… Espera, ¿no te acuerdas de nada de nada?

-No… ¿Por? Paso algo importante.

-Bueno… Da igual, mejor así.- dijo separándose de mí.

Quede algo traspuesta, y cuando me di cuenta, estaba sola entre la gente. Me puse a caminar sin tener claro hacia dónde ir, y acabe frente al templo del pueblo. Pronto se iba a celebrar la fiesta patronal, y la gente estaba ocupada con los preparativos. Hay cajas, luces, adornos por todos lados, aun sin colocar, pero ya se percibía la alegría de esa fiesta. Aunque realmente, según mi abuela, antiguamente no era una fiesta, sino un ritual de sellamiento. Me empezó a doler la cabeza al intentar relacionar ese ritual y el bosque de las sombras. Entre algún tambaleo, intenté despejar la mente y me dirigí hacia casa. Mi madre me esperaba en la puerta preocupada y cuando me vio llegar dando tumbos rápidamente se ayudó a entrar en casa.



La taza de chocolate caliente y la chimenea me ayudaron a entrar en calor, tras quitarme algo de la abrigada ropa. Mi madre se sentó en la silla y apoyándose bien, con su té entre las manos, pude sentir como empezaba a meditar la bronca.

- Tu hermano se ha encontrado con Iris, y me comento que has perdido todo recuerdo del día que entraste en el bosque.

Asentí levemente con la cabeza mientras veía la madera chispear. Ella siguió.

- No te vas a librar de un trozo de bronca, sabes lo peligroso que es ese tramo del bosque. Dejando la leyenda, supersticiones, cuentos, fantasías y esas cosas… Ese tramo hay muchos agujeros en el suelo, hoyos, precipicios y terraplenes. Con la nevada que hubo ese día, todo estaría llano, pero pones un pie en mal sitio y caes por desgracia en un agujero profundo y no te hubieran encontrado…

Mi madre siempre ha sido muy dramática, pero supongo que en parte tenía razón, es algo peligroso caminar por esa parte del bosque. Si te perdías y por desgracia te enterrabas en algún lado, hasta que llegara el corto verano, la nieve cubre todo y no te pueden encontrar.

-Pero a lo que estábamos, no se a quien le debería agradecer que volvieras con vida de ese maldito bosque. Tantas vidas se ha llevado ya…

-Pues preguntar ¿quién me encontró?

-Fue tu padre, junto con tus dos amigos, Suluk y Alex. Estuvieron buscándote desde la mañana, No te vimos en todo el día, cuando fui a tu habitación y no estabas, nos alarmamos, buscamos y buscamos en el pueblo y tus amigos sugirieron la idea de hojear el bosque de las sombras. Eso nos recordó que estuviste mucho tiempo buscando mucha clase de información relacionada con el bosque. Así nos pusimos en tu busca, como dije ellos tres fueron quienes te encontraron, me comentaron que fue algo raro. Se pasaron muchas horas revisando todo lo posible, con el cuidado de no perderse ellos. Entonces algo les llamo la atención y allí te encontraron. – dijo mientras posaba su té, se acercaba al mueble que había en la salita y rebuscaba en un cajón. – Te encontraron gracias a esto, pero no te lo voy a devolver hasta que el sacerdote me asegure que no es peligroso. Por lo visto esto brillaba, pero suponen que fue por la luz…

Una especie de colgante asomaba de su mano, al abrirla este descendió suavemente y mis ojos se posaron en el balanceante movimiento de la gema gris. No me sonaba de nada. Pero un destello casi imperceptible de tonalidad verde, hizo reaccionar algo dentro de mí, haciendo que de nuevo volviera el dolor de cabeza.





Las mantas de mi cama eran suaves y calientes. Me había desmayado. Ahora me desperté en cama. Algo no anda bien, y que me pasen estas cosas solo hace aumentar mi curiosidad. Cuando sentí que mi cabeza estaba estable, me levante lentamente. Abrí la ventana para sentir el frio aire en la cara. Me llamaron para comer.

Mi hermano masticaba la comida con mucha lentitud, mientras observaba el diario que mi padre tenía entre manos. Pocas veces llegaban diarios del mismo día, así que era una novedad tener uno reciente. Mi madre parecía escavar en el plato en busca de un tesoro enterrado, perdida en sus pensamientos. Quería terminar rápido para poder ir a ver a mis amigos, pero la comida no quería bajar. Tarde bastante, pero por fin termine. De nuevo me marche, sin esperar la aprobación de mi madre.

La casa de Suluk no quedaba muy lejos de la mía. Aunque las casas se suelen parecer y los nuevos se pierden, cada casa tiene algún detalle que la personaliza. En este caso, tanto Suluk como su familia son muy buenos artesanos y escultores, en los alrededores de su casa hay figuras de toda clase y materiales. Él hizo una impresionante estatua de piedra de un oso, de pie cazando un salmón. Justo está al lado de la entrada y cuando llego, suelo chocar los cinco con su gran garra de piedra. Toque a la puerta y tardaron un rato en abrir. Riza, su hermana mayor, fue quien me recibió.

-¿Qué tal Hana? Nos has tenido a todos muy preocupados.- dijo mientras me hacía un gesto para invitarme a entrar.- Ahora mismo todos están en el taller, preparando los adornos y máscaras para el ritual del templo.

-Bien, gracias…Vaya, pues no quiero molestar…- dije sin entrar- espero que este año sea igual de impresionante que el año anterior.

-No sé, la verdad es que el año pasado fue Triana quien hizo el papel de sacrificio, Roger de lobo y Ray de sacerdote, la verdad es que es difícil superar a ese trío. Es una pena que este año no lleguen para la celebración…- dijo mientras se recolocaba los utensilios que colgaban de los bolsillos del mandil de trabajo.- ¿Y que le respondiste a Alex? Que ya me contaron que se te declaro. ¿Aún no le has visto desde el incidente del bosque?

-Que ¡¿qué?! – quede algo trastocada tras oír que uno de mis amigos se me declaro. No recuerdo nada de eso.

Antes de que tuviera tiempo a decir algo más Suluk apareció y le dijo a su hermana que nos dejara a solas. Me volvió a indicar si quería entrar, pero volví a negar con la cabeza. El chico traía el pelo atado con una coleta, pero se notaba que no se había peinado. Su delantal estaba manchado de marrón y negro. Los utensilios que asomaban de los bolsillos estaban llenos de polvo marrón.
El muchacho se rasco la cabeza y miro de lado alado, no pasaba nadie, lo normal, se acercó a mí.

-El día que desapareciste, ¿Qué fuiste a hacer con Poxle?

-¿Eh?- me dije ya harta- ¿Cuántas cosas me paso ese dichoso día…?

 Viendo el desconcierto de Suluk, decidí aclarar el asunto.

-No recuerdo nada del día en que me metí en el bosque. Pero nada de nada… Ni lo que quería Iris, ni lo de la declaración de Alex, ni que hacía con Poxle…

-¿Eso será por el mito del bosque? Aunque es la primera vez que oigo que borre la memoria…

-Entonces ¿me podrías ayudar y explicar detalladamente todo lo que haya sucedido conmigo ese día?

-Hum… Ese día estuve poco contigo- dijo apoyándose en el marco de la puerta. Él media dos palmos más que yo.- Por la mañana estuvimos nosotros cuatro juntos, fue entonces cuando yo distraje a Iris para dejaros un momento a solas y así Alex se pudo declarar. No sé qué le dijiste, al volver no estaba Alex. Y tú no comentaste nada. Luego ya no nos vimos… El resto del día lo pase en el taller, pero a la noche salí a tomar algo de fresco y me senté ahí donde ahora mismo estas tú. Entre las pocas luces de las casas a esa hora, pude verte a ti y a Poxle. Creo recordar que él te llevaba de la mano y tú parecías no andar bien. Fui hacia vosotros, pero os perdí de vista. Creo que no me visteis.

Mi cabeza daba vueltas al intentar recordar esas cosas.

-No tienes buen aspecto, tal vez deberías volver a casa. ¿Te acompaño?- me dijo mientras se ponía a mi altura inclinándose un poco.

-No gracias, me gustaría ver a Poxle o a Alex. Tal vez ellos sepan algo…- dije aún notando un punzante dolor de cabeza.

-Como quieras… Aunque Alex se ha encerrado en casa y lleva una semana actuando raro. Y en cuanto a Poxle… Esta desaparecido. Hay mucha gente en su busca, pero por ahora no se ha encontrado nada.

No podía creerme las palabras de Suluk, pero algo me decían que estaban en lo cierto. Aunque Iris no me dijo que su hermano haya desaparecido, ella parecía estar normal, bueno, nunca se llevaron muy bien.


Me dirigí a casa de Alex, por suerte por el camino, mi dolor de cabeza disminuyo. Su casa estaba algo alejada de la mía. En la otra punta del poblado, menos mal que es pequeño. Los relinchos de los caballos me anunciaban que las cuadras estaban cerca y por lo tanto su casa también. Ellos eran comerciantes. Él es hijo único y por lo tanto su familia le presiona mucho para que se haga comerciante y se dedique a viajar de pueblo en pueblo a vender mercancías. Alex no está muy convencido de la idea.
Estuve un buen rato llamando, pero nadie respondía. Mire en la cuadra y comprobé que faltaban dos caballos.

- Tal vez estaban en “La Placita”- me dije intentando calentar las manos con mi aliento.

Los caballos parecían alterados, así que pensé en salir de las cuadras, pero entonces me decante por acercarme a uno de los boxes. El animal estaba tumbado, pero vi que había una persona tumbada a su lado. Las puertas de los boxes solo se pueden abrir si tienes la llave, pero en este caso no la necesite, pues reconocí enseguida de quien se trataba.

-¿Alex, echando una siesta con Tormenta?-Dije con pasmosa naturalidad

El chico se giró apoyando la cabeza en el lomo del animal tumbado.

-Vaya, tiempo sin vernos. Me alegra que consiguiéramos encontrarte. ¿Qué tal estas?

Algo me parecía extraño, tanto él como yo hablábamos con mucha normalidad como si no se hubiera declarado.

-Venga Tormenta, creo que hemos descansado suficiente, va siendo hora de levantarse- dijo Alex levantándose y haciendo que la yegua también se levantara.-Buena chica.

Me aparte para que Alex pudiera salir y cerrar el box. Descolgó una chaqueta y se la colocó.

-Que bien se estaba allí tumbado…- parecía lamentarse.- Como desapareciste aquel día, no pude agradecerte aquellas palabras. Gracias.- me dijo.

Yo mantuve el silencio, pero no estaba para nada segura de que me estaba hablando. ¿Qué es lo que le dije que tanto parecía agradecerme?

-Siento tener que decirte esto Alex, pero… No recuerdo nada de lo que hice ese día… Riza y Suluk dicen que te me declaraste…- dije algo entrecortada por la vergüenza.

Alex pareció enmudecer, pero enseguida el silencio se rompió con sus carcajadas.

-Ya me parecía a mí que estaban muy raros los demás. Han malinterpretado la escena jaja – dijo mientras se dirigía a la salida de la cuadra.

Medite unos segundos esas palabras y llegue a la conclusión de que no hubo declaración alguna. Viva los malentendidos que casi hacen que me dé he un infarto del susto. Le pedí que me contara que paso.

-Pues no sabría decir lo que tú me dijiste con tanta profundidad… Pero bueno. Por la mañana estuvimos los cuatro en tu casa, después Suluk e Iris se ausentaron un rato. Creo que ahora entiendo porque jeje, vaya malentendido. Sabes que la situación con mis padres es algo delicada pues quieren que me dedique al comercio, pero eso me aleja del pueblo mucho tiempo. De esa clase de cosas te hable, preguntándote que clase de soluciones me darías. Así como algún tema de amorío, del tipo Romeo y Julieta jeje- dijo mientras pisaba la blanda nieve que recubría el camino hacia su casa.

Algo en mi mente empezó a activarse, pues poco a poco fui recordando ese momento y las preguntas que Alex me hizo a solas. Él se había enamorado de Riza, pero no se veía capaz de declararse. De golpe me vino uno de los diálogos que tuve a la boca y lo dije en voz alta:

- Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.

Alex se giró sorprendido, también parecía recordar, pues respondió algo similar a lo que recordaba:

-Creo que solo tengo ojos para Riza, pero ella no creo que quiera a un comerciante como novio.

- Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender. No dejes que tu propio pesimismo te envíe a la oscuridad, pues si aún no has dado el paso, no pienses lo siguiente.

- Creo que puedo reunir el valor y declárame. Pero temo que por la respuesta sufra…

-El amor es duro, áspero y violento, y pincha como el espino.

-Sí, cosas como esas fue las que me dijiste- dijo Alex, mientras alzaba la vista, había empezado a nevar.

- ¿Y que tal fue la cosas?- dije. Yo le comente todo eso a él, porque Riza ya daba indicios de sentirse atraída por Alex. Creo recordar que en ese momento me sentí como una celestina o cupido incluso. Todo lo que dije fue para darle un empujón al asunto. Pero entonces recordé que Riza me pregunto si se me había declarado Alex…

- Pues nada, no me atreví. A parte luego tú desapareciste. Pero he decidido que el día del festival, la voy a invitar y ahí si lo conseguiré.- dijo cerrando los puños con decisión.

-Riza siempre ha sido muy madura, tendrás que buscar un buen momento, pues ahora esta liada con los preparativos del festival.- dije mientras veía el vaho que se formaba en las ventanas de la cuadra.

Alex y yo estuvimos un rato más hablando de cosas sin relevancia, aunque le pregunte si sabía algo de Poxle, pero parecía saber tanto como Suluk. A la vuelta, la nevada parecía intensificarse, eso me hizo desviarme un poco de mi camino, y acabe cerca del bosque de las sombras. No me sorprendí, pues ya pase por aquí cuando fui a casa de Suluk, pase cerca, y el templo donde se celebra el festival está justo en la entrada el bosque. Pero en este caso algo era diferente, me sentía atraída a entrar, pero entonces apareció mi padre, sorprendido incluso de verme. Se acercó rápidamente y me dijo que me girara. Yo me vi forzada a hacerlo.

-¿Qué pasa?- dije desconcertada.

-Pues pasa que llegas en mal momento, justo ahora llego de la busca de Poxle, con otras personas del pueblo. Y tenemos una buena noticia y otra mala.

Casi prefería no saber ninguna…- me dije, no sé si lo pensé o lo dije al final.

-La buena es que encontramos al chaval, la mala que habrá que celebrar un funeral…

Me quede de piedra ante aquellas palabras. Paralizada por el momento, mi padre y yo volvimos a casa juntos.





La mañana fue muy pesada y bochornosa. Asistí al funeral, la verdad es que lo prepararon enseguida, por lo visto sus padres no apreciaban mucho a su hijo mayor. Yo no pude hablar en muchas ocasiones con Poxle. Pero todos los describen como una persona cerrada, de mente retorcida y perversa, era bastante fanático a los animales y plantas venenosas. Nadie parecía estar triste por su pérdida. Cuando fui a darle el pésame a Iris, ella no parecía estar triste, pero simplemente me dijo que yo lo había matado y se marchó. No entendía nada, Iris actuaba de una forma muy rara. Cuando le pregunte a mi padre acerca de la muerte de Poxle, no me pudo decir gran cosa, por lo visto fue atacado por animales salvajes, así que sin autopsia nadie sabe el origen de la muerte, pero parece ser que los padres se negaron a hacer autopsia alguna. Así que, se murió y punto. Que familia más fría. Aunque siempre me había parecido simpáticos e Iris también. El viejo sacerdote del templo fue quien hizo unos cánticos y nada más acabó, todos se marcharon. Mi madre aprovecho para enseñarle el colgante del que tanto parecía estar preocupada. Cuando el sacerdote dijo que no había nada raro me lo devolvió. Por ahora lo guarde, lo examinaría al llegar a casa.

Un amor a tres bandas

Un amor a tres bandas

Todo empezó porque la empresa de mi padre quebró y una mayor la está intentando eliminar. Mi padre al borde del endeudamiento, me ha “vendido como esposa” a uno de los tres hijos del jefe de la otra empresa, todo por salvar la nuestra. No he replicado nada y me fui a vivir en la mansión de la familia Noris. Las indicaciones fueron: “No fijarme en el hijo mayor, pues quieren una mujer más cualificada que se transforme en la cabeza de la familia junto a su hijo; Que me fijara en el mediano y el pequeño, así no me faltará de nada y no tendría que hacer mucho para conseguir un matrimonio, pero por lo visto ambos hermanos son unos mujeriegos y de mal tratar.” Tras esas palabras decidí informarme de cómo se presentaría estar con ellos, los comentarios no fueron muy halagadores.

El hermano mayor, Dante, de 21 años, es el próximo sucesor en la empresa. Es bueno en todo lo que hace, desde cosas intelectuales a cosas manuales e incluso deportes. Pero por lo visto tiene un carácter insípido, no se relaciona con nadie y no quiere depender de otros. Solo piensa en el puesto de jefe, y no considera las opiniones de los demás. Callado y reservado, con su cara de póker nadie está seguro de lo que debe pensar ni si está contento o enfadado. Debido a que siempre está en las oficinas, siempre lleva traje y corbata. Tiene rasgos similares a su padre, pelo negro y ojos marrones. Y como no le podían faltar… lleva gafas. La frase que repite más “No eres capaz de hacer algo tan simple…”

El hermano mediano es Gabriele, 19 años. Es un chico que pasa olímpicamente de todo, más bien hace lo que quiere y le viene en gana. Tiene muy mal carácter y trata a la gente como si no valiesen nada. Hace llorar a las chicas, no las quiere ni ver, cosa que le hace más deseado, pues tiene una fuerte faceta rebelde. Asiste al mismo instituto que yo, así que he comprobado de primera mano, que se suele meter en peleas y problemas constantemente. Suele vestirse bien, con marcas bastante caras, tiene el pelo teñido de rubio y ojos verdes, cosa que me hace pensar que debe llevar lentillas de color pero no se… También me contaron que tiene un tatuaje entre el hombro y el cuello. Como es rebelde no le faltan los pendientes.  La frase que repite más “No haces más que molestar, simplemente desaparece”

El hermano pequeño de 17 años, Salvadore. Aunque es el más joven, no le falta astucia. Las chicas dicen que es un mujeriego, pues sale con cinco o seis al mismo tiempo, y consigue que ninguna se enfade. No le gustan los problemas y tiene un carácter algo apacible, hasta que le enfadan. Al ser el menor, nunca le faltó de nada. Es egoísta y egocéntrico. Le gusta tocar pero no que le toquen. Su aspecto físico es similar al de su difunta madre, rasgos finos de cara, pelo castaño y ojos verdes. Sus ropas son… bueno, se viste como quiere, y cada día luce distinto. La frase que repite más “Lo que es tuyo es mío, y lo que es mío también es únicamente mío”

Llevo un mes en la mansión, trabajando de sirvienta, nada más entrar me pusieron a fregar platos los muy****… pero que se le va a hacer, no me voy a rendir. Con el paso de los días, compagine las clases y este tipo de trabajo. Me he hecho amiga de las otras sirvientas que atiende la casa e incluso ellas me dicen que tire la toalla, que tratar con ellos es simplemente imposible. ¿Qué circunstancias me llevan a tener que tragarme todo mi orgullo y dignidad sirviendo a estos tres caprichosos hermanos? Todos me lo pregunta. Aunque no se lo he dicho a nadie, mi madre está muy enferma y mientras nuestro negocio funcionaba bien, podíamos suministrarle la medicina necesaria, pero ahora, con la empresa que ha quebrado y con la desaparición de todo dinero, soy la única que puede sacar a flote la familia.

El tiempo pasa y poco a poco voy consiguiendo indagar en estos hermanos. Llegue a tal punto que descubrí una faceta oculta en ellos. Ahora me siento muy superficial por pensar en ellos tres como en la descripción anterior, así que volveré a describirlos ahora que los conozco mejor.

Dante, detrás de su cara de póker, es tímido y por esa razón se suelen malinterpretar sus reacciones. No es tan bueno en todo, hubo mucho jaleo cuando le dio por querer preparar la comida, creí que tendría que llamar a los bomberos. Yo creo que intenta hacerse amigo de los de la empresa, pero no parece resultarle tarea fácil. Su padre tiene grandes expectativas en él, por eso se esfuerza como si no hubiera un mañana, realmente parece dudar de querer el puesto de jefe, pues eso le quita muchas libertades. Es un gran aficionado a la música clásica y a las flores, en especial a las azucenas. Creo que es una persona muy simple y solitaria. Le cuesta sonreír, me reí mucho la primera vez que le vi internarlo frente un espejo. En cuanto a su ropa, no tengo mucho que decir, tiene el armario plagado de trajes de diferentes tipos, me da a mí que le gustan bastante, eso, y las corbatas más de lo mismo. Lo que puedo decir, es que si necesita las gafas, está bien cegata sin ellas. Le dije de usar lentillas, pero parece no gustarle la idea. Ahora dice mucho la frase “Ya me encargo yo de eso”

Gabriele, es más detallista de lo que parece, es muy observador y previsor. Más de una vez me libre de mojarme por una lluvia imprevista e incluso se da cuenta cuando los demás pasan un mal momento, aunque lo suyo no es animarlos. No sabe tratar a las chicas, por eso al reaccionar bruscamente, la gente piensa que tiene mal carácter pero no es así. Siempre mira fijamente a la gente, para analizar hasta el último detalle, eso hace que muchas veces se meta en peleas tontas, pero en otras ocasiones, la mayoría mejor dicho, lo hace para defender a alguien. Está en una etapa de rebeldía, sobretodo en frente de su padre, pues no acata ninguna de las cosas que le dice. Tiene un gran don para la cocina y tiene el hobby de peinar y cortar el pelo de las sirvientas. Nunca es honesto consigo mismo, dice que odia el piano que dejo su madre, pero por las noches le suelo escuchar tocarlo. Se tiñó el pelo para no parecerse a ninguno de los dos hermanos. Pude confirmar que sus ojos eran verdes y que tiene el tatuaje, una especie de cruz. “¡Aix! Perece que no te las puedes arreglar sin mi” dice a menudo.

Salvadore, pretende hacerse el maduro pero tiene, a veces, sus pataletas de niño pequeño. Es verdad que tiene un buen título de mujeriego, pero no tiene, aún, una mente muy salida, a diferencia de su otro hermano. Así que solo llega a estar siempre rodeado de chicas. Es tranquilo en muchos sentidos, pero he visto que es delicado en algunos momentos, llegando a llorar a escondidas para que no vean esa flaqueza. Eso lo hace adorable. Como siempre le han dado todo con solo pedirlo, no le gusta nada que le haga rabiar por no darle lo que pide. Es un tiquismiquis con la comida. Aunque parece que solo piensa en él, hay ocasiones que muestra ser capaz de ayudar a los demás de buena voluntad. Al parecer solo se dejaba acariciar por su madre, tras su muerte, él empezó a odiar que le tocaran, pero no parece importarle ni a él ni a la gente que le rodea. Aunque creo que en un futuro eso podría ser un problema. Tiene un ropero enorme llego de toda clase de ropas, de informa a forma, de colores oscuros a fosforescentes… toda clase de marcas y demás. No me extraña que siempre vista diferente. No le gusta comprar, por eso las sirvientas le compran toda clase de ropa para intentar acertar con su gusto. Y él con su buen corazón y con un gran gesto, usa toda la ropa que le traen. Tiene un gran sentido del gusto y la moda, pues es capaz de combinarla sin hacerle parecer un hortera. El otro día le traje galletas y me quede impresionada cuando me dijo “Por hoy lo compartiré contigo”


Poco a poco, me he dado cuenta de que un gran problema recorre mi mente y mi cuerpo. Siento que me he enamorado, pero quiero a los tres hermanos, protegerles y ayudarles en los momentos difíciles. No tendría que olvidar mi propósito, solo vine para casarme con uno de ellos y poder salvar la empresa de mi padre y con ello a mi madre, no tendría que importarme estos sentimientos. Pero… ¿Que tendría que hacer? ¿Ellos sentirán algo por mí? ¿Cuál es el que realmente me gusta?


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Off: Hasta aquí ese trozo de historia, ahora os toca participar a vosotros los lectores, dejad en los comentarios que opináis, ¿qué debería hacer nuestra protagonista?, ¿a quién debería elegir?, ¿De quién está realmente enamorada? ¿Hay otro camino a seguir?