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Los asesinos de Noir

De misa con Karen y Ulric

- Hermana Kat, ¿Dónde vas tan temprano un domingo por la mañana junto a Ulric? – Se apresuró Mimi en preguntar mientras veía a Karenet y Ulric acercarse a la puerta de salida.
- ¿No se ve?, se va  a la iglesia, ¿no ves lo recatada que va vestida?- apareció la Madam en camisón para detener a Mimi de que los siguiera.- Quien no conociera a Karenet, y la viera así vestida pensarían que es una pura cristiana, que alcanzaría la beatitud, y no una prostituta de la Zona Roja. 

Karenet había llamado a un taxi que los esperaba en la entrada de la Zona Roja. Fueron hasta un alejado y pequeño pueblo, allí bajaron, frente la entrada de este y fueron caminando hasta la iglesia que se situaba en el centro de la plaza.
- Hermana Kat, estas ropas parecen muy caras ¿está bien que las lleve yo? – toqueteaba Ulric su torcida pajarita.
- Claro que sí, vamos a la casa del Señor, por lo que hay que ir elegantes.-se agachó para colocarle bien el nudo.
- Se oyen las campanas- alzó la cabeza.
- Sí, apurémonos- le agarró suavemente de la mano y volvieron a emprender la marcha hacia la iglesia.
Había una gran congregación de gente en la entrada de la antigua iglesia, muchas mujeres mayores estaban reunidas en un lado hablando, otras personas iban entrando y el cura los recibía en la puerta y según iban entrando los saludaba.
- ¡Hey, mirad! Ha llegado Karen- dijo una de las mujeres que vestía un vestido marronoso.
En nada, Karenet y Ulric, se vieron rodeados por señoras que no paraban de hablar de tertulias, cuchicheos y chismes de otros vecinos y pueblerinos de allí. Cotilleo en general.
- ¿Te has enterado de que María ha decidido dejar que su hija salga con el rufián del hijo del carpintero?
- ¿Cuál?
- Sí, mujer, sí. Aquel que dice que roba naranjas del campo de Jaime.
- Por cierto, Karen, ¿quién es este niño que traes contigo?
- Oh, él es Ulric, un niño huérfano que he decidido traer. Dijo que quería ver la iglesia donde voy todos los domingos.
Tras aquello las señoras empezaron a decirle que era un buen niño y a darle dos besos y decirle un montón de cosas, que hizo que el niño se acabara ocultando detrás de Karenet.
- La parroquia está encantada de que un nuevo feligrés se una a nuestras amada iglesia- dijo el cura de gran avanzada edad que se había acercado a ver qué pasaba.
- Lo sentimos, Padre Bruno, de inmediato entramos- sonreían mientras se ponían en marcha.
- ¿Te llamas Karen?- se asomó de nuevo Ulric
- Si, ese es mi nombre de verdad. Sabes porque vengo siempre a este pueblo.- Karen no esperó la pregunta, de inmediato respondió- De pequeña, cuando había problemas o vacaciones, venía a aquí a vivir con mi abuela. Siempre veníamos juntas a misa. Así que, en un pueblo tan pequeño, es normal que todos se conozcan.  Pero no te preocupes, si no quieres venir más después, no hace falta que te fuerces.- acarició suavemente la cabeza del niño que parecía pensativo.
- ¿Después podríamos ir a ver a tu abuela?
- Claro- sonrió.
Karenet entró primero y se persignó con el agua bendita de la pila benditera de la entrada. Como el chico no sabía cómo tenía que hacerlo, ella le ayudó. La misa empezó presidida por el Padre Bruno, que con su avanzada edad hacia que la misa se le volviera eterna al pequeño Ulric. 
- En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. – inició el cura
- Amén. –respondió la iglesia al unísono.
- La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con vosotros. – continuó el párroco.
- Y con tu espíritu.- respondieron de nuevo a la vez
Ulric sintió que en algunos momentos había dado alguna cabezada mientras se recitaban un versículo de la biblia; arrodillarse, levantarse, y luego otra media cabezada en algo de una carta a los corintios. El chico quedó un poco ensimismado hasta que las palabras de “podéis daros la paz” más el ligero toque de Karen, hicieron que volviera en él. La mujer estrechó la mano del niño.
- Que la paz esté contigo- dijo mientras mantenía sus manos apretadas- ahora tú  respondes “y con tu espíritu”
- Y con tu espíritu.- contestó.
- Muy bien, ahora inténtalo con los demás.- dijo mientras se volteaba a estrechar manos mientras se repetían aquellas dos frases todo el rato.
- Que la paz esté contigo- dijo una señora muy mayor que estaba sentada al lado de Ulric.
- Y con tu espíritu- sonreía el chico mientras le estrechaba suavemente su temblorosa mano.
Tras pasar por aquello con cuatro personas más, las oraciones de la misa siguieron su curso. Después la gente se fue levantando para ir hasta el atril donde el Padre Bruno repartía algo redondo y blanco.
- Eso es la hostia, simboliza el cuerpo de Jesucristo. Solo la pueden tomar los que hayan hecho la comunión- le susurraba Karen a Ulric.
Despues, de aquello y un silencio, siguió otro cura mucho más joven. Y mientras este hablaba empezaron a pasar unas personas con una especie de cestas. Karenet sacó unas pocas monedas y se las dio al niño indicándole que tenía que depositarlas dentro cuando llegaran.
Ulric vio que las cestas tenían muchas monedas y algún que otro billete. Obediente, dejó las monedas dentro y Karen hizo lo mismo.
Tras todo aquello, llegaron las palabras finales.
- El Señor esté con vosotros. – dijo el joven párroco.
- Y con tu espíritu. – todos de nuevo al unísono.
De pronto todos se santiguaron, pillando a Ulric desprevenido y moviendo los brazos como intentando imitar lo que hacían los demás.
- Podéis ir en paz. 
Entonces se fueron abriendo las puertas de la iglesia y la gente, poco a poco, fue vaciando la sala. Con menos gente en el interior, se podía apreciar mejor la arquitectura gótica de la iglesia, sus vidrieras, grabados y sus esculturas de santos. El chico se quedó mirando a Cristo crucificado. 
- Él fue sacrificado por nuestros pecados- comentó Karen mientras miraba hacia donde miraba el niño.
- Qué pena- comentó honesto.
- Sí. ¿Vamos a ver  mi abuela?- inclinó ligeramente la cabeza.
Salieron de la iglesia y fueron hasta la parte trasera donde se extendía el cementerio. Pasaron bastantes sepulturas hasta que Karen se paró frente a una lápida que tenía flores casi mustias y una vela a medio consumir, pero increíblemente limpia en comparación a las demás.
- “Aquí yace Agatha Vázquez Pascual. Feligresa y ferviente creyente. Amable, bondadosa y muy amada por su nieta. Descansa ahora en manos del Señor.”- leyó despacio Ulric las letras inscritas en ella.
- Has mejorado en la lectura. Muy bien- palmeó la cabeza del niño mientras se agachaba a recoger las flores marchitas.- Voy a buscar unas nuevas, espérame aquí, vuelvo enseguida.
El chico asintió mientras la veía marchar. Mientras esperaba, se puso a objetar las lapidas contiguas que había. Entonces escuchó a unas señoras hablar, mínimo eran tres, reconoció que eran las que les habían saludado al llegar. Sin quererlo acabó escuchando la conversación.
- Has visto, Karen viene todos los domingos aunque ya no vive en el pueblo. Para mí que tiene un lio raro con el Padre. Mucho tiempo los he visto juntos.
- Pero que dices mujer, si está muy mayor.
- No, no, con el Padre Bruno, no. Me refiero al Padre Salvador.
- ¡Qué me dices!
- Me ha contado Juana, que la mujer del herrero, había visto a Karen por malos barrios.
- Válgame Dios, se ha metido a la mala vida. Bueno, ya sabéis que nunca nos ha dicho de que trabaja.
- ¿Drogas?
- ¡No es posible! ¿Me diréis que se ha metido en eso?
- Y que me decís el niño, ¿Huérfano? A lo mejor es suyo y todo.
- Dios nos salve, con un hijo y sin casarse vaya pecado.
- Pues yo no la vi muy preñada, si es suyo…
- Bueno ya sabéis que ella va mucho de puritana y mosquita muerta, pero he oído que está metida en asuntos turbios.
- ¡Qué me cuentas!
- Pues lo que oyes. Su alma ha de estar podrida, y la quiere salvar usando un huérfano. De donde creéis que saca dinero para dar a la iglesia.
- Que cosas, ay, Señor… 
Ulric ya no podía seguir escuchando como se metían con Karenet y estuvo a punto de ir a decirles cuatro cosas, pero entonces alguien le agarró del hombro.
- Amadas feligresas, la envidia y la soberbia son pecados capitales muy graves, como pastor no puedo dejar, pues, que mis ovejas pierdan su camino. Nuestra hermana Karen ha hecho una gran aportación para comprar el nuevo velo a la virgen de nuestra parroquia para que en las próximas fiestas pueda lucirlo. – el joven cura sonreía- ¿venían a visitar a algún familiar? O ¿estáis consagrando la paz en el cementerio?
- Nada, Padre, ya nos estábamos marchando. Habíamos venido a limpiar la tumba familiar, ya sabe.- comentó una mientras las demás soltaban alguna cosa similar y abandonaban el lugar.
- Joven, la ira y la venganza no son buenas consejeras- se había agachado para hablarle cara a cara a Ulric.- Pequeño, el ser humano es pecador por naturaleza, pero tenemos un Señor muy misericordioso que sabe perdonar si te arrepientes de tus errores. Por eso siempre has de seguir la luz que permita que tus acciones no manchen tu alma.- se volvió a levantar- Soy el Padre Salvador, si necesitas algo no dudes en venir a mí. Tú estabas con Karen, ¿no es así, pequeño?- Ulric asintió- pues volvamos. Seguro está muy preocupada.
Así fue, Karen estaba buscando a Ulric quien se había alejado de la tumba y por tanto no lo encontraba. El cementerio era como tierra santa, por lo que Karen no quería gritar. 
- Que susto me ha dado. Te dije que esperaras aquí.- suspiró aliviada en verle.- Gracias Padre por encontrarle.
- No te preocupes. Veo que has venido a limpiar la sagrada tumba de su abuela.
- ¡Oh!- miró Karen al cubo de agua, una bayeta y las nuevas flores que traía con ella- Así es.
- De verdad, quiere a su abuela.
- Con gran amor. No creo que vuelva encontrar a nadie como ella.
Los tres se pararon en frente de la lápida de Agatha. Karen se agachó para empezar a limpiar.
- Usted es la única que tiene la lápida de un familiar tan limpia. Todos los domingos sin falta viene a limpiarla.- comentó el cura.
- ¿De verdad?- se sorprendió Ulric.
- Se lo merece. Tuvo una vida dura y difícil. No la quería su familia, su hija la ignoraba, su yerno no la soportaba. Solo su nieta pasaba todo el tiempo con ella. Luchó hasta el final por sus principios y creencias. Mi abuela siempre me decía que Dios recompensan a aquellos que se lo merecen, sin importar como los demás te lo agradezcan, si sabes que has obrado bien, estará bien. También dijo que cuando ella se marchara, seguiría velando por vi desde los cielos- la voz de Karen se cortó y empezaron a escucharse ligeros llantos provenientes de ella.
- “Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, quién cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y todo aquél que vive y cree en mí no morirá para siempre” por Juan 11: 25 y 26.- oró Padre Salvador con las palmas de las manos hacia arriba.
- Yo sigo pensando que desde lo alto aun vela por mí. Ella y el Señor.- respondió Karen mientras terminaba de colocar unos claveles en un jarrón y unos gladiolos alrededor.

Los asesinos de Noir

El tiempo pasa

Ya habían pasado unos meses desde que me  integré oficialmente como aprendiz de Andreas. En ese tiempo, Margaret, una de las que trabaja en El Pléyades, me enseñó a leer para hacer las recetas o incluso leer los libros que la hermana Kat me regalaba a menudo para que aprendiera cultura general. También consiguieron que Ma me dejara  colocar una cama y un pequeño armario en el almacén para que pudiera usarla como habitación. Pero no estaba muy contenta de que le almacén perdiera zona de almacenaje. Sigo sin poder hablar ampliamente con toda la gente, pero siguiendo el consejo de la hermana Kat puedo tener fluidas conversaciones con ella, con Andreas y con Mimí.
- Desde que Ulric ayuda a Andreas la comida esta buenísima- comentaba una de esas chicas.
- Oye que os estoy oyendo- hacia pucheros Andreas.
Todas estaban sentadas comiendo y disfrutando mientras Andrea seguía sirviendo bebidas o platos a las que quieren repetir. Yo desde el fogón seguía las bromas.
- Tú, pequeñajo, saca el postre- se acerca Ma- Mejor llévale la comida a Karenet. La pobre no ha bajado. Ha debido tener una mala noche.
- De inmediato- respondí dejándole un trozo de tarta helada y sirviendo un plato para la hermana Kat sobre una bandeja.
Subí raudo hasta su habitación, me había conseguido memorizar las habitaciones de cada una de ellas. 
- Hermana Kat, ¿puedo pasar? Soy Ulric, traigo tu comida.
- No hace falta que entres, puedes dejar la comida en la puerta, ahora la recojo yo.
- No me molesta entrar.
- Da igual, no quiero que me vean ahora. Por favor, solo déjalo ahí.- insistió.
- ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
- Gracias, pero no hay mucho que hacer. Me encanta tu comida, así que sigue así.- sentí que me estaba sonriendo a través de la puerta.- Otro día vayamos a dar una vuelta los dos juntos ¿vale? 
Dejé la bandeja que llevaba la comida en el suelo.
- Bueno, espero que te mejores.- dije y me marché.
Aun me giré un momento a mirar si salía, pero nada. Volví a la cocina. Mimí estaba, esta vez, ayudando a Andreas en mi ausencia. Volví a la cocina a seguir preparando las cosas para el postre.
- No ha salido ¿verdad?- se acercó Mimí.
- No…
- Seguramente esta noche Ma la dejé libre de trabajo.- suspiró Mimí mientras se servía un trozo de tarta helada- el cliente de anoche tiene unos gustos un tanto extraños y esta vez le tocó a la hermana Kat.- suspiró y aunque intentó sonreír no pudo- gafes del oficio… Es duro, pero así es la realidad de esta vida.
Era frustrante no poder hacer nada y solo mirar, si yo me sentía así, cómo se debería sentir Mimí quien es la encargada de llevar a los clientes a las respectivas habitaciones. La hermana Kat es la mujer más amable y buena que nunca conoceré y aun así la vida la trata tan mal…

Los asesinos de Noir

Un impulso II

- Pequeño Ulric~~Pequeño Ulric- susurraba Mimí mientras apretaba con el dedo la mejilla de niño dormido.- Tendrías que despertar ya, tengo que enseñarte las cosas básicas- dijo mientras tiraba de las sabanas.- además en pocas horas la hermana Kat necesitará la habitación.
El niño se incorporó y miró que a su lado ya no estaba Karenet.
- Se ha despertado hace un rato y se ha puesto a hacer sus rutinas. Tranquilo que volverá. Me ha pedido que te enseñe el lugar así que venga levanta, que yo también me tengo que preparar, miau- sonrió mientras se ponía unas orejas de gato- ¿Te gusta? Es mi uniforme. 
Ulric se levantó y Mimí pudo hacer la cama.  
- Este lugar es conocido como El Pléyades, uno de los mejores burdeles de La Zona Roja- se sentó en el suelo Mimí y el niño la imitó.- la entrada principal da al bar, que es el lugar de espera de los clientes. Detrás de la barra están las escaleras que llevan a la primera planta, donde están las mujeres más caras. Después hay otros dos pisos más, con las correspondientes habitaciones. El edificio tiene forma de cuadrado y el centro es un enorme patio de luces con jardín. Ahora al salir lo verás- se recogió el pelo con una cinta muy mullida- La despensa, la cocina y el comedor están abajo, pero solo se puede acceder desde el primer piso. Así evitan que los clientes pasen a esa área que es solo para nosotras.- se ata el cascabel al cuello.- Bien, la mujer que te ha recogido por si no lo sabes se llama Karenet, pero todas la llamamos hermana Kat, por tres razones: primera, es de las que más rango tiene; segunda, por su religiosidad y tercera, porque realmente es como una hermana para todas. Por otro lado, la propietaria es llamada Ma, cariñosamente sobretodo porque no le gusta que la llamen por el nombre. Ni tampoco Madam a no ser que sean los clientes.
Mimí se levantó y arrastró al chico fuera de la habitación. Le enseñó los alrededores, el patio de luces, como llegar a la despensa y comedor, de paso Ulric comió. La chica le explicó quienes vivían en cada habitación y que cada puerta tiene un grabado a gusto de la chica que vivía en esa habitación. Que ahora al principio haría bien en recordar que dibujo tiene la puerta de Karenet para que no se confunda al entrar. Que tuviera ojo en no dejarse ver a la noche por los clientes.
- Ma tiene muy mal carácter, si se entera que robas algo de la despensa mientras pasas la noche allí, te va a linchar.- comentaba volviendo ya al punto de partida- ¡Ah! Tienes que adaptarte a la rutina. Todas trabajamos desde que se pone el sol hasta que sale, durante el día somos libres de pasar el rato como queramos. Cada una hace lo que quiere durante ese receso. Muchas duerme o se dedican a algún hobby. Tenemos prohibido salir del Pléyades, sin el consentimiento de Ma, aunque Karenet suele ir a su aire. 
Ulric se paró frente a la puerta de la hermana Kat y pasó su pequeña mano por encima del relieve de la madera. El dibujo de la puerta representaba como un tigre había sido subyugado por un gato. 
- Cada habitación está decorada al gusto personal… pero la hermana Kat… Tiene un gusto un tanto particular…
- Vaya, siento tener un gusto tan desaliñado- dijo Karenet apareciendo detrás de ellos.- Mimí gracias por las nociones básicas del lugar.
- Esto… No lo decía en serio lo sabes ¿verdad?- puso ojitos tiernos a los que la mujer le acarició la cabeza.
- Lo sé, ahora ve. Tienes cosas que hacer y Ma te está buscando, apúrate.- respondió y la chica se marchó.- Entra un momento Ulric.- el niño asintió.
- ¿Dónde fuiste?- habló por fin.
- ¿Verdad que no has hablado ni una vez con Mimí?- dijo dejando una bolsa en el suelo- Tendrías que comunicarte con los demás, sobre todo ahora que formas parte de esta gran familia. – le agarró de los hombros mientras se ponía a su altura- Mira que te he traído, ropa nueva para que puedas ponerte lo que quieras. He pensado que el blanco y el negro te favorecerían.- sonreía mientras sacaba la ropa y se la enseñaba.- ahora lo malo es donde la dejamos. No tienes habitación propia, y no puedo dejarla aquí por si algún huésped la encuentra…
- Déjala en la bolsa, me la llevaré al almacén. – dijo con algo de miedo.
- Convenceré  a Ma de que te haga un lugar en el cual estar- le acarició suavemente la cabeza.- pero por ahora, tendrías que marcharte ya. Abrimos sobre las 10-11pm, cuando oigas las campanas normalmente. Podrás volver a subir cuando sean las 6-7am.- besó gentilmente la frente del niño y dejó un pequeño reloj de bolsillo en sus manos.
- Bien, me marchó al almacén.- sonrió tímidamente mientras apretaba el reloj.
- Así me gusta que seas obediente. – le pasó la bolsa de la ropa- si te aburres puedes ir probándotela y mirar que te gusta y que no. También dormir si quieres.- se quedó al lado de él en cuclillas para estar a su altura.
- ¿Mimí trabaja de lo mismo que nosotros?- se atrevió a preguntar con cierto temor en la voz.
- No, ella solo guía a los clientes desde las escaleras hasta la habitación de la chica que han pagado. Mimí no hace esos servicios y desde ahora tú tampoco ¿entendido?- le dijo mientras se ponía en pie.
Ulric asintió y se marchó dirección a las escaleras que bajaban al comedor. Karenet se quedó en la puerta hasta perder al niño de vista por las escaleras, entonces entró en el cuarto y cerró la puerta tras de ella.

Los asesinos de Noir

Un impulso

El sol despuntaba entre los edificios. Un fino hilo de luz alcanzó mis parpados obligándome a girar. En el exterior se podía oír las voces de los propietarios echando a los clientes. Esta clase de lugares cierran de día. No hacia ni una hora que había despachado al último cliente, cuando pude meterme en cama a dormir. Y aun así, el sol insistía en despertarme. Estiré de las sabanas y me enrollé en ellas intentando escapar de la claridad.
No sé cuántas horas habré dormido antes de que me despertaran tocando a la puerta, pero seguro que no las suficientes. Entró con toda la razón del mundo, la propietaria.
- Ma, ¿qué la trae por aquí?- me guardé mis ganas de protestar y me levanté.
- Pues he venido a traerte tu parte- comentó cerrando la puerta- estoy contenta, estas semanas has traído más clientes de los habituales. Así que hoy cobras más.- sonríe mientras deja un sobre sobre la mesa.
Me estiré y me acerqué a la ventana para abrirla.
- Ma, estaba pensando en tomarme unas vacaciones. No muy largas, pero hay varias cosas que quiero hacer.- comenté mirando al exterior.
- ¿No lo dirás enserio?- Su ancha cara se curvó con una mueca en desacuerdo.- Porque eres tú, Karenet, que a cualquiera otra le hubiera cerrado la boca.
- Bueno, soy diferente a ellas, no estoy atada al local ¿no? – jugueteé con las cortinas de ganchillo.
- No, pero tampoco puedes ir a otro burdel y llevarte los clientes que tienes aquí.- puso los brazos en jarra sobre lo que, en su juventud, debió ser la cintura. 
- Nunca pensé en hacerle eso, no después de todo lo que hizo por mi.- miré como aun había gente pasando por la calle.
Ma, mote cariñoso por el que la llamamos todas, era la Madame del burdel para el que trabajaba y aunque era muy estricta, siempre tenía un trato especial hacia mí cuando no había nadie presente. Yo sigo trabajando aquí por libre voluntad, no puedo decir lo mismo de las demás chicas que o bien han sido vendidas por sus familiares o bien son chicas de la calle que no tenían donde caer muertas y Ma las recogió. Este era uno de los mejores sitios para estar, no quita el hecho de que sea prostitución, pero nos trataban mejor que en otros locales. 
- Mira, allí vuelve a estar ese niño- se asomó la mujer haciendo que su bufanda de plumas me rozara la nariz.- Acabará mal parado.
- Ese niño sí que ha debido de soportar duras cargas.- suspiré mientras veía como el niño intentaba atraer a algún cliente.
- El otro día se lo llevó aquel hombre gordo y orondo que apesta como si lo hubieran sacado del cubo de la basura.  Seguro el mocoso ya ha pillado alguna enfermedad, casi prefiero que se aleje.- dijo haciendo un gesto muy feo con la mano y arrufando la nariz.
- Pues yo creo que me lo voy a quedar- salté del lugar y salí de la habitación rápidamente.
- ¡¿Qué vas a qué?!- llegué a oírla.- Ni se te ocurra.
- Hermana Kat, donde vas con esas ropas- me pareció escuchar a Mimí, pero no me paré.
Bajé los escalones de dos en dos y salté la barra. Salí del local y justo está allí el niño a punto de ser llevado por un hombre de aspecto peligroso. Que claramente era un traficante de órganos. Agarré el delgado brazo del niño.
- Disculpe, yo lo vi antes- le sonreí al hombre.
El hombre se quedó callado mirándome de arriba a abajo. Como había salido rápido solo vestía una blusa roja transparente, donde se me veía todo el pecho y mi ropa interior inferior.
- ¡Tú! Si miras un segundo más a mi mercancía te voy a cobrar- le gritó Ma desde la ventana lanzándole una palangana. 
Al final salió corriendo porque los gritos de la propietaria llamarón a muchos curiosos. Entré con el niño al burdel, bajo las sorprendidas miradas de las demás chicas y de los gritos de Ma diciéndome que sacara esa basura del local. Seguí caminando sin detenerme hasta entrar en mi habitación y cerrar la puerta. Suspiré al ver el jaleo que se había montado. El chico curioso miró a su alrededor, sus ojos brillaban por ver una habitación tan limpia y colorida, supongo. Entonces de pronto y pillándome desprevenida, se sacó ese jersey tan largo y andrajoso que llevaba, quedándose desnudo.
- Vaya, sí que vas lanzado…- dije aun con cara de sorpresa- pues pasa por aquí.
Era muy obediente y me siguió hasta la sala contigua donde estaba la ducha. Ahora el sorprendido era él, que no entendía que estaba pasando. Le ayudé a darse una buena y merecida ducha. Su cuerpo estaba muy magullado, con alguna herida recién curada, algunos moratones y por suerte ninguna cicatriz permanente. 
- Hermana Kat, le he traído una muda limpia- tocaba a la puerta Mimí. 
- Pasa- dije mientras secaba el pelo del chico.
La puerta se deslizó y se asomó la chica. Senté al niño en unos cojines que tenía en el suelo y observé la ropa que trajo.
- Las ha elegido Ma. Y parece que le irán bien- sonreía mientras miraba de la ropa al niño.
- Sí, yo también lo creo, aunque no me gustan los colores- me giré hacia él, que permanecía tapado con la toalla.- Por cierto ¿Cómo te llamas?
El chico permaneció callado mientras le ayudaba a vestirse unos pantalones grises y una camisa verde oscuro. 
- Bueno, si no lo quieres decir, te podemos poner uno ¿verdad?- canturreaba Mimí mientras peinaba al niño.
- Sabes que no me gusta que haya hombres de gratis aquí- entraba Ma con una bandeja en mano y protestando.- Supongo que querrá comer. Parece estar en los huesos.
La madam dejó la bandeja a sus pies, había en ella un bol de leche junto a unas rebanadas de pan y unas pocas galletas. El chico no se contuvo mucho, pero tardó unos segundos antes de ponerse a zampar como un lobo famélico.
- Pobre criatura- comenté mientras me sentaba a su lado.- Ma, deja que me lo quede como mascota.
- De eso nada, ya tienes a Mimí. ¿Cuántos más quieres?- señaló a la chica que movió la mano como si fuera una gata.
- No te preocupes en este caso yo pagaré los gastos del chico… Es más, que decidan las demás chicas. Sí él consigue que todas lo acepten tendrás que reconsiderar tu decisión ¿Qué dices?
- Tú, tú…- dijo levantando el dedo índice mientras lo movía hacia mí- No hay remedio, eres una cabezona. Vale, está bien. Que sea así, pero tienen que aceptarlo todas las que viven aquí. Y por las noches tiene que irse a dormir en el almacén. Y pobre de él si se come o desparece algo. 
- ¿Qué queréis que haga?- habló por fin el chico tras acabar el último bocado.
- A partir de ahora vivirás y trabajaras aquí. Pero de forma muy diferente a lo que hacías en la calle.- le respondí frotándole la cabeza. 
- ¡Ah! No le despeines- protestó Mimí pasándole de nuevo el peine.
- Primero tiene que convencer a las demás.- protestó Ma.
- No entiendo…- inclinó la cabeza.
- Bueno, no te preocupes. Por ahora dime qué edad tienes y cuál es tu nombre.
- Sino, la hermana Kat te pone uno- sonrió- Yo soy Mimí, ella me puso ese nombre tras recogerme al igual que tú.
- ¿No estoy sucio?- dijo frotándose las manos.
- No, claro que no. Y ya no lo estarás más- dije agarrando sus diminutas manos entre las mías.
- ¿Es un nuevo principio? ¿Una nueva vida?
- Así es. ¿Quieres entonces un nuevo nombre?- pregunté y él asintió. Fui a mi mesita de noche y saqué una pequeña botella que contenía agua bendita y mientras salpicaba un poco sobre la cabeza del chico dije- pues de ahora en adelante te llamaremos Ulric.
- Te acostumbraras- se reía Mimí al ver la cara de extrañado que puso Ulric.
- Bueno, chicas, aquí se os presenta un nuevo miembro- dijo Ma abriendo la puerta, tras ella las chicas estaban apoyadas escuchando lo que hacíamos.- Sois todas una panda de cotillas.- suspiraba mientras se marchaba.
- ¡Oh! Este niño es el que has adoptado ahora- se acercaron- que cosa más mona y preciosa. ¿¡Este niño ha sido usado para satisfacer a pedófilos?! Pues esta enterito, y es muy mono- hablaban todas a tanta velocidad y juntas que ya no se entendía nada. Todas se pusieron a sobar al pobre chico.
- Ejem- aclaré mi garganta para que pararán.- Él es Ulric, y me gustaría poder tenerlo viviendo aquí ¿Qué os parece?
Todas callaron y miraron hacia él. Ulric inclinó la cabeza y juntó las manos mientras ponía carita de ángel lo que hizo que todas cedieran ante sus encantos. Así que aceptaron de inmediato. 
- Vaya truco- se sorprendió Mimí.
Poco a poco conseguí que todas se fueran de la habitación. Suspiré y miré hacia Mimí, ella se quedó pensativa un rato y después soltó un “¡Ah!” y también se marchó. Por fin algo de tranquilidad. Cerré la puerta. 
- ¿Cuántos años tienes?- le pregunté mientras me metía en cama.
- Siete- respondió levantándose y acercándose a mí.
- Ven, entra- dije abriendo las sabanas.- Seguro que tú tampoco has dormido bien. Hay que descansar bien para poder sobrevivir.
Él asintió y entró, no tardó nada en quedarse dormido a mi lado. No hay nada más inocente y puro que un niño durmiendo. Su respiración era muy tranquila así que mientras lo observaba, me quedé dormida también.