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Los asesinos de Noir

De misa con Karen y Ulric

- Hermana Kat, ¿Dónde vas tan temprano un domingo por la mañana junto a Ulric? – Se apresuró Mimi en preguntar mientras veía a Karenet y Ulric acercarse a la puerta de salida.
- ¿No se ve?, se va  a la iglesia, ¿no ves lo recatada que va vestida?- apareció la Madam en camisón para detener a Mimi de que los siguiera.- Quien no conociera a Karenet, y la viera así vestida pensarían que es una pura cristiana, que alcanzaría la beatitud, y no una prostituta de la Zona Roja. 

Karenet había llamado a un taxi que los esperaba en la entrada de la Zona Roja. Fueron hasta un alejado y pequeño pueblo, allí bajaron, frente la entrada de este y fueron caminando hasta la iglesia que se situaba en el centro de la plaza.
- Hermana Kat, estas ropas parecen muy caras ¿está bien que las lleve yo? – toqueteaba Ulric su torcida pajarita.
- Claro que sí, vamos a la casa del Señor, por lo que hay que ir elegantes.-se agachó para colocarle bien el nudo.
- Se oyen las campanas- alzó la cabeza.
- Sí, apurémonos- le agarró suavemente de la mano y volvieron a emprender la marcha hacia la iglesia.
Había una gran congregación de gente en la entrada de la antigua iglesia, muchas mujeres mayores estaban reunidas en un lado hablando, otras personas iban entrando y el cura los recibía en la puerta y según iban entrando los saludaba.
- ¡Hey, mirad! Ha llegado Karen- dijo una de las mujeres que vestía un vestido marronoso.
En nada, Karenet y Ulric, se vieron rodeados por señoras que no paraban de hablar de tertulias, cuchicheos y chismes de otros vecinos y pueblerinos de allí. Cotilleo en general.
- ¿Te has enterado de que María ha decidido dejar que su hija salga con el rufián del hijo del carpintero?
- ¿Cuál?
- Sí, mujer, sí. Aquel que dice que roba naranjas del campo de Jaime.
- Por cierto, Karen, ¿quién es este niño que traes contigo?
- Oh, él es Ulric, un niño huérfano que he decidido traer. Dijo que quería ver la iglesia donde voy todos los domingos.
Tras aquello las señoras empezaron a decirle que era un buen niño y a darle dos besos y decirle un montón de cosas, que hizo que el niño se acabara ocultando detrás de Karenet.
- La parroquia está encantada de que un nuevo feligrés se una a nuestras amada iglesia- dijo el cura de gran avanzada edad que se había acercado a ver qué pasaba.
- Lo sentimos, Padre Bruno, de inmediato entramos- sonreían mientras se ponían en marcha.
- ¿Te llamas Karen?- se asomó de nuevo Ulric
- Si, ese es mi nombre de verdad. Sabes porque vengo siempre a este pueblo.- Karen no esperó la pregunta, de inmediato respondió- De pequeña, cuando había problemas o vacaciones, venía a aquí a vivir con mi abuela. Siempre veníamos juntas a misa. Así que, en un pueblo tan pequeño, es normal que todos se conozcan.  Pero no te preocupes, si no quieres venir más después, no hace falta que te fuerces.- acarició suavemente la cabeza del niño que parecía pensativo.
- ¿Después podríamos ir a ver a tu abuela?
- Claro- sonrió.
Karenet entró primero y se persignó con el agua bendita de la pila benditera de la entrada. Como el chico no sabía cómo tenía que hacerlo, ella le ayudó. La misa empezó presidida por el Padre Bruno, que con su avanzada edad hacia que la misa se le volviera eterna al pequeño Ulric. 
- En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. – inició el cura
- Amén. –respondió la iglesia al unísono.
- La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con vosotros. – continuó el párroco.
- Y con tu espíritu.- respondieron de nuevo a la vez
Ulric sintió que en algunos momentos había dado alguna cabezada mientras se recitaban un versículo de la biblia; arrodillarse, levantarse, y luego otra media cabezada en algo de una carta a los corintios. El chico quedó un poco ensimismado hasta que las palabras de “podéis daros la paz” más el ligero toque de Karen, hicieron que volviera en él. La mujer estrechó la mano del niño.
- Que la paz esté contigo- dijo mientras mantenía sus manos apretadas- ahora tú  respondes “y con tu espíritu”
- Y con tu espíritu.- contestó.
- Muy bien, ahora inténtalo con los demás.- dijo mientras se volteaba a estrechar manos mientras se repetían aquellas dos frases todo el rato.
- Que la paz esté contigo- dijo una señora muy mayor que estaba sentada al lado de Ulric.
- Y con tu espíritu- sonreía el chico mientras le estrechaba suavemente su temblorosa mano.
Tras pasar por aquello con cuatro personas más, las oraciones de la misa siguieron su curso. Después la gente se fue levantando para ir hasta el atril donde el Padre Bruno repartía algo redondo y blanco.
- Eso es la hostia, simboliza el cuerpo de Jesucristo. Solo la pueden tomar los que hayan hecho la comunión- le susurraba Karen a Ulric.
Despues, de aquello y un silencio, siguió otro cura mucho más joven. Y mientras este hablaba empezaron a pasar unas personas con una especie de cestas. Karenet sacó unas pocas monedas y se las dio al niño indicándole que tenía que depositarlas dentro cuando llegaran.
Ulric vio que las cestas tenían muchas monedas y algún que otro billete. Obediente, dejó las monedas dentro y Karen hizo lo mismo.
Tras todo aquello, llegaron las palabras finales.
- El Señor esté con vosotros. – dijo el joven párroco.
- Y con tu espíritu. – todos de nuevo al unísono.
De pronto todos se santiguaron, pillando a Ulric desprevenido y moviendo los brazos como intentando imitar lo que hacían los demás.
- Podéis ir en paz. 
Entonces se fueron abriendo las puertas de la iglesia y la gente, poco a poco, fue vaciando la sala. Con menos gente en el interior, se podía apreciar mejor la arquitectura gótica de la iglesia, sus vidrieras, grabados y sus esculturas de santos. El chico se quedó mirando a Cristo crucificado. 
- Él fue sacrificado por nuestros pecados- comentó Karen mientras miraba hacia donde miraba el niño.
- Qué pena- comentó honesto.
- Sí. ¿Vamos a ver  mi abuela?- inclinó ligeramente la cabeza.
Salieron de la iglesia y fueron hasta la parte trasera donde se extendía el cementerio. Pasaron bastantes sepulturas hasta que Karen se paró frente a una lápida que tenía flores casi mustias y una vela a medio consumir, pero increíblemente limpia en comparación a las demás.
- “Aquí yace Agatha Vázquez Pascual. Feligresa y ferviente creyente. Amable, bondadosa y muy amada por su nieta. Descansa ahora en manos del Señor.”- leyó despacio Ulric las letras inscritas en ella.
- Has mejorado en la lectura. Muy bien- palmeó la cabeza del niño mientras se agachaba a recoger las flores marchitas.- Voy a buscar unas nuevas, espérame aquí, vuelvo enseguida.
El chico asintió mientras la veía marchar. Mientras esperaba, se puso a objetar las lapidas contiguas que había. Entonces escuchó a unas señoras hablar, mínimo eran tres, reconoció que eran las que les habían saludado al llegar. Sin quererlo acabó escuchando la conversación.
- Has visto, Karen viene todos los domingos aunque ya no vive en el pueblo. Para mí que tiene un lio raro con el Padre. Mucho tiempo los he visto juntos.
- Pero que dices mujer, si está muy mayor.
- No, no, con el Padre Bruno, no. Me refiero al Padre Salvador.
- ¡Qué me dices!
- Me ha contado Juana, que la mujer del herrero, había visto a Karen por malos barrios.
- Válgame Dios, se ha metido a la mala vida. Bueno, ya sabéis que nunca nos ha dicho de que trabaja.
- ¿Drogas?
- ¡No es posible! ¿Me diréis que se ha metido en eso?
- Y que me decís el niño, ¿Huérfano? A lo mejor es suyo y todo.
- Dios nos salve, con un hijo y sin casarse vaya pecado.
- Pues yo no la vi muy preñada, si es suyo…
- Bueno ya sabéis que ella va mucho de puritana y mosquita muerta, pero he oído que está metida en asuntos turbios.
- ¡Qué me cuentas!
- Pues lo que oyes. Su alma ha de estar podrida, y la quiere salvar usando un huérfano. De donde creéis que saca dinero para dar a la iglesia.
- Que cosas, ay, Señor… 
Ulric ya no podía seguir escuchando como se metían con Karenet y estuvo a punto de ir a decirles cuatro cosas, pero entonces alguien le agarró del hombro.
- Amadas feligresas, la envidia y la soberbia son pecados capitales muy graves, como pastor no puedo dejar, pues, que mis ovejas pierdan su camino. Nuestra hermana Karen ha hecho una gran aportación para comprar el nuevo velo a la virgen de nuestra parroquia para que en las próximas fiestas pueda lucirlo. – el joven cura sonreía- ¿venían a visitar a algún familiar? O ¿estáis consagrando la paz en el cementerio?
- Nada, Padre, ya nos estábamos marchando. Habíamos venido a limpiar la tumba familiar, ya sabe.- comentó una mientras las demás soltaban alguna cosa similar y abandonaban el lugar.
- Joven, la ira y la venganza no son buenas consejeras- se había agachado para hablarle cara a cara a Ulric.- Pequeño, el ser humano es pecador por naturaleza, pero tenemos un Señor muy misericordioso que sabe perdonar si te arrepientes de tus errores. Por eso siempre has de seguir la luz que permita que tus acciones no manchen tu alma.- se volvió a levantar- Soy el Padre Salvador, si necesitas algo no dudes en venir a mí. Tú estabas con Karen, ¿no es así, pequeño?- Ulric asintió- pues volvamos. Seguro está muy preocupada.
Así fue, Karen estaba buscando a Ulric quien se había alejado de la tumba y por tanto no lo encontraba. El cementerio era como tierra santa, por lo que Karen no quería gritar. 
- Que susto me ha dado. Te dije que esperaras aquí.- suspiró aliviada en verle.- Gracias Padre por encontrarle.
- No te preocupes. Veo que has venido a limpiar la sagrada tumba de su abuela.
- ¡Oh!- miró Karen al cubo de agua, una bayeta y las nuevas flores que traía con ella- Así es.
- De verdad, quiere a su abuela.
- Con gran amor. No creo que vuelva encontrar a nadie como ella.
Los tres se pararon en frente de la lápida de Agatha. Karen se agachó para empezar a limpiar.
- Usted es la única que tiene la lápida de un familiar tan limpia. Todos los domingos sin falta viene a limpiarla.- comentó el cura.
- ¿De verdad?- se sorprendió Ulric.
- Se lo merece. Tuvo una vida dura y difícil. No la quería su familia, su hija la ignoraba, su yerno no la soportaba. Solo su nieta pasaba todo el tiempo con ella. Luchó hasta el final por sus principios y creencias. Mi abuela siempre me decía que Dios recompensan a aquellos que se lo merecen, sin importar como los demás te lo agradezcan, si sabes que has obrado bien, estará bien. También dijo que cuando ella se marchara, seguiría velando por vi desde los cielos- la voz de Karen se cortó y empezaron a escucharse ligeros llantos provenientes de ella.
- “Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, quién cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y todo aquél que vive y cree en mí no morirá para siempre” por Juan 11: 25 y 26.- oró Padre Salvador con las palmas de las manos hacia arriba.
- Yo sigo pensando que desde lo alto aun vela por mí. Ella y el Señor.- respondió Karen mientras terminaba de colocar unos claveles en un jarrón y unos gladiolos alrededor.

Los asesinos de Noir

El tiempo pasa

Ya habían pasado unos meses desde que me  integré oficialmente como aprendiz de Andreas. En ese tiempo, Margaret, una de las que trabaja en El Pléyades, me enseñó a leer para hacer las recetas o incluso leer los libros que la hermana Kat me regalaba a menudo para que aprendiera cultura general. También consiguieron que Ma me dejara  colocar una cama y un pequeño armario en el almacén para que pudiera usarla como habitación. Pero no estaba muy contenta de que le almacén perdiera zona de almacenaje. Sigo sin poder hablar ampliamente con toda la gente, pero siguiendo el consejo de la hermana Kat puedo tener fluidas conversaciones con ella, con Andreas y con Mimí.
- Desde que Ulric ayuda a Andreas la comida esta buenísima- comentaba una de esas chicas.
- Oye que os estoy oyendo- hacia pucheros Andreas.
Todas estaban sentadas comiendo y disfrutando mientras Andrea seguía sirviendo bebidas o platos a las que quieren repetir. Yo desde el fogón seguía las bromas.
- Tú, pequeñajo, saca el postre- se acerca Ma- Mejor llévale la comida a Karenet. La pobre no ha bajado. Ha debido tener una mala noche.
- De inmediato- respondí dejándole un trozo de tarta helada y sirviendo un plato para la hermana Kat sobre una bandeja.
Subí raudo hasta su habitación, me había conseguido memorizar las habitaciones de cada una de ellas. 
- Hermana Kat, ¿puedo pasar? Soy Ulric, traigo tu comida.
- No hace falta que entres, puedes dejar la comida en la puerta, ahora la recojo yo.
- No me molesta entrar.
- Da igual, no quiero que me vean ahora. Por favor, solo déjalo ahí.- insistió.
- ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
- Gracias, pero no hay mucho que hacer. Me encanta tu comida, así que sigue así.- sentí que me estaba sonriendo a través de la puerta.- Otro día vayamos a dar una vuelta los dos juntos ¿vale? 
Dejé la bandeja que llevaba la comida en el suelo.
- Bueno, espero que te mejores.- dije y me marché.
Aun me giré un momento a mirar si salía, pero nada. Volví a la cocina. Mimí estaba, esta vez, ayudando a Andreas en mi ausencia. Volví a la cocina a seguir preparando las cosas para el postre.
- No ha salido ¿verdad?- se acercó Mimí.
- No…
- Seguramente esta noche Ma la dejé libre de trabajo.- suspiró Mimí mientras se servía un trozo de tarta helada- el cliente de anoche tiene unos gustos un tanto extraños y esta vez le tocó a la hermana Kat.- suspiró y aunque intentó sonreír no pudo- gafes del oficio… Es duro, pero así es la realidad de esta vida.
Era frustrante no poder hacer nada y solo mirar, si yo me sentía así, cómo se debería sentir Mimí quien es la encargada de llevar a los clientes a las respectivas habitaciones. La hermana Kat es la mujer más amable y buena que nunca conoceré y aun así la vida la trata tan mal…

Los asesinos de Noir

Ulric en la cocina

Ese cuarto cerrado y oscuro me recordaba mucho a las naves industriales o casas ruinosas donde me solían llevar aquellos hombres. Sentía que en cualquier momento un hombre corpulento y maloliente abriría la puerta y me empezaría a tocar de manera desagradable. Siento que quiero creer en la hermana Kat, y que esto será mi nuevo comienzo. Para no aburrirme empecé a probarme esa ropa que trajo especialmente para mí. Algunas ropas me hacían sentir importante, prendas limpias y con buen olor. Era muy relajante. Pero cuando estaba con mi cuarta camiseta y segundo pantalón, alguien abrió la puerta del almacén. Me asustó la silueta de un hombre delgado pero su voz sonaba muy aguda y hacia muchos gestos con los brazos.
- ¡Oh, por Dios!- exclamó- Tú debes de ser Ulric, del que la señora Ma me habló.
Yo asentí mientras el hombre encendía la luz y entraba en la despensa. Cuando le vi pasar noté aún más sus rasgos afeminados.  
- ¿No te aburres de estar aquí metido? Ven y ayúdame con la cena- sonreía mientras se cargaba de alimentos- ¡Oh! Mis modales, perdona. Soy Andreas y me encargo de la cocina. Venga, coge esto y acompáñame- me pasó unas latas.
- Yo no he cocinado nunca- hablé con un hilo de voz.
- No te preocupes, ya que no tienes nada que hacer, desde ahora serás mi ayudante y te enseñaré a hacer cosas ¿Qué te parece?- me giñó un ojo.
La cocina era más entretenida de lo que pensé. Andreas me trajo incluso un pequeño taburete para que pudiera llegar a la encimera y encargarme de cortar cosas o pelar… e incluso me enseñó a usar esos aparatos electicos para calentar comida. No recordaba haber hecho ninguna de esas cosas con mi madre, pero Andreas no hacía más que decir que se sentía como una madre enseñando a  su hijo. Parecía feliz, y como yo aprendía cosas pues los dos disfrutábamos allí.
 De pronto se empezaron a escuchar gritos de un hombre, me pareció, pero no se entendía nada.
- Las habitaciones están insonorizadas, así que debe de proceder de la entrada- comentó mirando hacia la puerta- Me pregunto que habrá pasado…
En pocos minutos llegó Mimí junto a un hombre.
- Andreas, Ma lo invita a un trago gratis.- dijo mientras guiaba al hombre hasta una mesa y le indicaba algo a Andreas, pero no llegué a entender que significaba.
- ¡Qué desastre de tugurio!- protestaba mientras pateaba una silla. - ¿Así se tratan a los clientes?- la silla crujía a cada movimiento que hacia- Y encima en la cocina tienen a un marica y a un niño.  No sé ni cómo puede ser de alta clase algo así.
- Siento la espera, aquí tiene la bebida- le sirvió Andreas.
- Aparta asqueroso, no quiero que se me pegue nada tuyo- dijo golpeado la mesa. 
El vaso tembló, pero Andreas seguía manteniendo la sonrisa de camarero. Mientras hacía como si nada y volvía a mi lado a seguir preparando la cena.
- El niño ese que es, hijo de alguna de esas p*t*s- saboreó la bebida.
Yo no me atrevía a hablar y Andreas hacia oídos sordos. Seguí haciendo lo que había empezado. Cortar champiñones era difícil. Oí un fuerte golpe y para cuando alcé la cabeza el hombre estaba tirado en el suelo y el vaso mediado sobre la mesa.
- Que poco hombre, en nada ha caído. Otros tenían más aguante- decía mientras ladeaba la cabeza apoyando su mano y suspiraba.- Mejor así, me enferma esta clase de gente.
- ¿Qué ha pasado?- pregunté incrédulo mientras bajaba del taburete.
- Esta clase de personas son clientes muy problemáticos, así que me los mandan aquí.- dijo mientras abría un cajón cerrado con candado- Les servimos una bebida o alimento con somnífero o droga- del cajón salió una ampolleta y una jeringuilla- luego les dejamos por ahí.
Andreas se acercó al hombre, rompió la cabeza de la ampolleta y succionó el contenido con la jeringuilla para inyectárselo en el brazo. 
- No quieras saber lo que es- respondió antes de que tuviera tiempo de preguntar- Bueno, voy a sacar la basura. Vigílame el fuego, que no se me pase el estofado.
Cargó como pudo al hombre y se lo llevó de aquí. Me quedé removiendo la comida mientras esperaba a que volviera.
- Andreas es un máquina para deshacerse de gente molesta- me sorprendió Mimí apareciendo de la nada. – Estas en las nubes- soltó una risa y se puso a mi lado- ¿Te lo pasas bien?
- El almacén era aburrido, con Andreas aprendo cocina- dije- ¿Crees que Ma se enfadará porque no estoy escondido en el almacén?- me preocupé por si me echaba fuera.
- Que va, estará aún más contenta si aprendes a cocinar y cocinas para nosotras, ya que no te va a pagar nada y va a conseguir otro cocinero. Que nos hacía falta uno.- sacudía su cabeza haciendo sonar sus cascabeles- Voy a volver, que me queda aún trabajo por hacer. Yo de ti, bajaría el fuego o se te va a quemar.
De inmediato reaccioné y lo bajé. Antes de que empezara a humear o a hervir. Andreas tardó bastante en volver. Me empezaba a preocupar, ya había acabado las tareas que me pidió y no sabía cómo seguía la receta. 
- Eso le enseñará a ese hombre a no meterse con los homosexuales- sonaba más gruesa la voz de Andreas. Carraspeó un poco y volvió a hablar más fino- Perdón por la espera, pero esta clase de hombres se vuelven muy pesados cuando están inconscientes. Aunque vale la pena si les puedes dar su merecido.
- Ya acabé lo que me pediste- señalé. 
- Muy bien, veo que eres trabajador.- se colocó el delantal y siguió con los alimentos como si nada hubiera pasado. – Y dime ¿me cuentas alguna cosa de ti? Yo te he contado cosas sobre mis ex. 
- Pero yo no tengo nada interesante que contar…- me senté en el taburete quedando aún más bajo. 
- Está bien, no te forzaré a nada. Aunque si fueras más mayor a lo mejor…- y desvió la mirada cambiando de tema- Has debido tener una vida difícil como todos los que estamos aquí a fin de cuentas. ¿Qué te parece si te enseño a hacer chocolates? Así le puedes regalar algunos a Karen, quiero decir la hermana Kat, como agradecimiento por salvarte de las mohosas y repugnantes calles.
Asentí con gran decisión ante la idea de poder hacer algo por la hermana Kat que tanto parecía hacer por mí. Andreas fue hasta una mochila que había y sacó una especie de carpeta con papeles.
- Aquí tienes. – me pasó un papel- Es una receta muy fácil de hacer. 
Bajé la vista al papel que tenía algo escrito en él. Andreas sacó los utensilios y me los dejó en la encimera, pero yo seguía mirando al papel con miedo. 
- ¿No vas a empezar?- se agachó para ponerse a mi altura- Podría ser… ¿no sabes leer, nada de nada?
Arrugué un poco el papel mientras asentía. Él me palmeó la cabeza delicadamente.
- Bueno, eso tiene arreglo no te preocupes.- me respondió mientras besaba mi cabeza y cogía el papel- por esta vez te lo iré leyendo yo. Pero poco a poco te enseñaré a leer, al menos las recetas. Seguro que alguna de las chicas te podría dar clase si se lo pidieras.- me sonrió.
- Gracias- froté  mis ojos.- Empecemos.
Me sentí más animado y con ganas de hacer la receta. Quería sorprender a todas y sentirme parte de aquellas amables personas.

Los asesinos de Noir

Un impulso II

- Pequeño Ulric~~Pequeño Ulric- susurraba Mimí mientras apretaba con el dedo la mejilla de niño dormido.- Tendrías que despertar ya, tengo que enseñarte las cosas básicas- dijo mientras tiraba de las sabanas.- además en pocas horas la hermana Kat necesitará la habitación.
El niño se incorporó y miró que a su lado ya no estaba Karenet.
- Se ha despertado hace un rato y se ha puesto a hacer sus rutinas. Tranquilo que volverá. Me ha pedido que te enseñe el lugar así que venga levanta, que yo también me tengo que preparar, miau- sonrió mientras se ponía unas orejas de gato- ¿Te gusta? Es mi uniforme. 
Ulric se levantó y Mimí pudo hacer la cama.  
- Este lugar es conocido como El Pléyades, uno de los mejores burdeles de La Zona Roja- se sentó en el suelo Mimí y el niño la imitó.- la entrada principal da al bar, que es el lugar de espera de los clientes. Detrás de la barra están las escaleras que llevan a la primera planta, donde están las mujeres más caras. Después hay otros dos pisos más, con las correspondientes habitaciones. El edificio tiene forma de cuadrado y el centro es un enorme patio de luces con jardín. Ahora al salir lo verás- se recogió el pelo con una cinta muy mullida- La despensa, la cocina y el comedor están abajo, pero solo se puede acceder desde el primer piso. Así evitan que los clientes pasen a esa área que es solo para nosotras.- se ata el cascabel al cuello.- Bien, la mujer que te ha recogido por si no lo sabes se llama Karenet, pero todas la llamamos hermana Kat, por tres razones: primera, es de las que más rango tiene; segunda, por su religiosidad y tercera, porque realmente es como una hermana para todas. Por otro lado, la propietaria es llamada Ma, cariñosamente sobretodo porque no le gusta que la llamen por el nombre. Ni tampoco Madam a no ser que sean los clientes.
Mimí se levantó y arrastró al chico fuera de la habitación. Le enseñó los alrededores, el patio de luces, como llegar a la despensa y comedor, de paso Ulric comió. La chica le explicó quienes vivían en cada habitación y que cada puerta tiene un grabado a gusto de la chica que vivía en esa habitación. Que ahora al principio haría bien en recordar que dibujo tiene la puerta de Karenet para que no se confunda al entrar. Que tuviera ojo en no dejarse ver a la noche por los clientes.
- Ma tiene muy mal carácter, si se entera que robas algo de la despensa mientras pasas la noche allí, te va a linchar.- comentaba volviendo ya al punto de partida- ¡Ah! Tienes que adaptarte a la rutina. Todas trabajamos desde que se pone el sol hasta que sale, durante el día somos libres de pasar el rato como queramos. Cada una hace lo que quiere durante ese receso. Muchas duerme o se dedican a algún hobby. Tenemos prohibido salir del Pléyades, sin el consentimiento de Ma, aunque Karenet suele ir a su aire. 
Ulric se paró frente a la puerta de la hermana Kat y pasó su pequeña mano por encima del relieve de la madera. El dibujo de la puerta representaba como un tigre había sido subyugado por un gato. 
- Cada habitación está decorada al gusto personal… pero la hermana Kat… Tiene un gusto un tanto particular…
- Vaya, siento tener un gusto tan desaliñado- dijo Karenet apareciendo detrás de ellos.- Mimí gracias por las nociones básicas del lugar.
- Esto… No lo decía en serio lo sabes ¿verdad?- puso ojitos tiernos a los que la mujer le acarició la cabeza.
- Lo sé, ahora ve. Tienes cosas que hacer y Ma te está buscando, apúrate.- respondió y la chica se marchó.- Entra un momento Ulric.- el niño asintió.
- ¿Dónde fuiste?- habló por fin.
- ¿Verdad que no has hablado ni una vez con Mimí?- dijo dejando una bolsa en el suelo- Tendrías que comunicarte con los demás, sobre todo ahora que formas parte de esta gran familia. – le agarró de los hombros mientras se ponía a su altura- Mira que te he traído, ropa nueva para que puedas ponerte lo que quieras. He pensado que el blanco y el negro te favorecerían.- sonreía mientras sacaba la ropa y se la enseñaba.- ahora lo malo es donde la dejamos. No tienes habitación propia, y no puedo dejarla aquí por si algún huésped la encuentra…
- Déjala en la bolsa, me la llevaré al almacén. – dijo con algo de miedo.
- Convenceré  a Ma de que te haga un lugar en el cual estar- le acarició suavemente la cabeza.- pero por ahora, tendrías que marcharte ya. Abrimos sobre las 10-11pm, cuando oigas las campanas normalmente. Podrás volver a subir cuando sean las 6-7am.- besó gentilmente la frente del niño y dejó un pequeño reloj de bolsillo en sus manos.
- Bien, me marchó al almacén.- sonrió tímidamente mientras apretaba el reloj.
- Así me gusta que seas obediente. – le pasó la bolsa de la ropa- si te aburres puedes ir probándotela y mirar que te gusta y que no. También dormir si quieres.- se quedó al lado de él en cuclillas para estar a su altura.
- ¿Mimí trabaja de lo mismo que nosotros?- se atrevió a preguntar con cierto temor en la voz.
- No, ella solo guía a los clientes desde las escaleras hasta la habitación de la chica que han pagado. Mimí no hace esos servicios y desde ahora tú tampoco ¿entendido?- le dijo mientras se ponía en pie.
Ulric asintió y se marchó dirección a las escaleras que bajaban al comedor. Karenet se quedó en la puerta hasta perder al niño de vista por las escaleras, entonces entró en el cuarto y cerró la puerta tras de ella.