Games Life
Soy un estudiante de universidad que vive en un bloque de apartamentos,
donde cada habitación dispone de un baño propio y una minicocina. Mi habitación
tiene una ventana que da a un patio de luces y otra puerta que da al pasillo
comunitario.
En vista de mi pereza y de lo bien que se está en mi habitación, decidí
no salir mucho de ese cuarto, exclusivamente para ir a clase y comprar lo
indispensable.
Lo curioso empezó una mañana del sábado. Habían pasado las
once de la mañana y tras oír un ruido me levante a tientas, pues estaba todo
oscuro. Me acerque a la puerta que deba
al pasillo y lo que vi al otro lado fue una habitación. Con una sonrisa tonta
en la cara y creyendo que aún estaba durmiendo, me metí de nuevo en la cama. Se
hicieron las doce y me levante de nuevo, rápidamente me acerque a la puerta y
la abrí de golpe “Uff!! Todo ha sido un sueño” me dije tras ver que todo estaba
en orden, quería creerme esas palabras, pero no fue así. Al otro lado de la
puerta, había una habitación y no el pasillo de siempre. Alertado, corrí a la
puerta del baño y la abrí, al otro lado había un baño. “Menos mal, pero qué
coño está pasando”. En vez de encender la luz, deslice las cortinas para que
entrara claridad. Y vaya, mi gozó en un pozo, pues al otro lado de la ventana
había otra habitación. “Esto no puede estar pasando…” me dije mientras saltaba
por la ventana, entrando en la otra habitación, curiosamente por la ventana
también. Volví a mi habitación metiéndome en la cama pensando que esto tenía
que ser un sueño y que se pararía. Pero lo único que pasaban eran las horas. Me
empezó a atacar el hambre así que me levante a mirar que podía conseguir para
comer. Con eso pude comprobar que tenía tanto luz como agua. Eso significa que
tenía que haber alguna conexión con el exterior. Aunque me daba cosa tirar la
pared o el suelo para poder mirar de escapar, porque luego me tocaría a mí
pagar la reparación.
Era difícil saber si era de día o de noche, pero me las
apañaba con el reloj y el móvil sin cobertura ni internet. Era aburrido estar
ahí, sin hacer nada, así que prepare mi mochila y la llene de comestibles y
cosas que me podrían ser útiles, y me adentre en las otras habitaciones.
Las otras habitaciones eran similares a la mía, pero había ligeros
cambios. Ya fuese que había libros diferentes en las estanterías o un piano o bolsas de basura o posters de
animales o trastos que parecían de una banda y no de música, entre muchas cosas
más. Tras recorrer un puñado muy largo
de habitaciones, descanse en una habitación donde no había absolutamente nada.
Me llamo la atención que en todas las habitaciones había
siempre una especie de colgante azul, y eso me hizo recordar que yo también lo
tenía guardado en un cajón de mi escritorio. Meditando pude notar que esto era
una especie de mundo surrealista e infinito formado por mi propio apartamento.
Pero pensándolo bien era como una dimensión donde cada apartamento es una vida
paralela a la mía, tomada por mis distintas decisiones.
Ahora no solo me pasaban las horas, sino también los días.
Llevo varias semanas examinando cada una de las habitaciones. Y he llegado a la
conclusión de que en todas mis vidas paralelas ha habido un momento donde la he
pifiado y he elegido la decisión incorrecta. Puesto que parece arruinarse en
cierto momento.
Hablando de habitaciones, en una parecía que mi otro yo se enroló
en un grupo de maleantes, esas típicas bandas que parecen gamberros o Yakuzas.
Había trajes, botes de gas, mascarillas, cadenas y un montón de trastos más. No
sé qué tendrían pensado, pero fuese lo que fuese, en algo muy gordo se iban a
meter. Rebuscando por esa habitación encontré unos papeles. Una era una larga
carta de un tal Alex, por la forma en que se dirigía a mi debía de ser un
amigo, se ve que él fue el que me convenció de entrar en la banda. Según Alex,
yo tenía cara de “tipo malo”. En la carta explicaba un poco como tenía que
hacer para entrar. La líder de dicha banda era Hilda, toda una radicalista.
Ella se había enfrentado a las autoridades y siempre consiguió salir airosa.
Por lo visto ella estudia en la misma universidad que yo. E incluso estaba en
las clases de filosofía. “En serio, pues a mí no me suena…” me decía mientras
leía sobre Hilda. Se ve que la banda se fue al garete cuando Hilda la abandono,
“algo” la hizo cambiar. Alex lo atribuyó a las clases de filosofía. Hilda abandono
la mala vida y empezó a estudiar en serio. Mi otro yo, decidió tomar el
liderazgo, junto con Alex. Pero parece que las cosas no salieron bien, y las
autoridades nos cogieron. “Y con esto he roto la promesa que hice con Karla” leí
en voz alta la última frase que encontré en aquellos papeles. Puede extraer
toda esta historia a partir de los papeles, las cartas y algunas de mis
suposiciones. Toda una historia curiosa.
Curioseando en otra habitación, encontré un montón de libros
de filósofos: Descartes, Platón, Sócrates, Nietzscher, Kant, Marx, Hegel... No
solo eso, sino que también tenía la pared llena de posits con frases de
filósofos. En algunas ponía “dicha por el profesor Ginrou” en tal día y por tal
ocasión. Por lo visto me había aficionado o me había hecho el aprendiz del
profesor de filosofía. Recordaba que Ginrou era nuestro extraño profesor de
filosofía, un hombre de unos 20-25 años, no estoy muy seguro de la edad, pues
siempre que le preguntabas te saltaba con alguna frase rara. Sus clases eran
muy entretenidas, y no había muchos controles, pero si nos hacia los días
difíciles con los trabajos sobre autores o comentarios de texto de los
filósofos. Él solía oler a tabaco, nunca
le llegue a verle fumar, pero parece que mi yo de esta habitación, había hecho
una foto e incluso comprado una cajetilla de la misma marca. En uno de los
posits había marcado que Ginrou se había enamorado de una alumna, pero que él
no lo quería reconocer. “Que inmaduro” pensé en ese momento tras leerlo. Me
sorprendió el hecho de que en esta vida paralela estuviera compitiendo contra
Alex para ver quién era mejor en la clase de filosofía, todo un reto a mi
parecer. En esta habitación también pude encontrar el nombre de aquella chica,
una tal Karla. Ella también hacia clase de filosofía. En esta ocasión no
encontré rastro de que hiciera una mala elección, pero algo me decía que sí la
hice.
Me adentre en otra habitación, que parecía una biblioteca,
estaba lleno de estanterías e incluso había libros debajo y encima de la cama y
el escritorio. Tuve que hojear un centenar de libros hasta dar con algo que
pudiera relacionar con mi yo de esa habitación. Después de que se me callera
unos cuantos libros, vi que uno tenía escrito en la última página algo. Revise
otros libros y también tenían conversaciones escritas. Usaba los libros para
escribirme con Karla, quien parecía frecuentar la biblioteca. Mi yo de ese
momento trabajaba en la biblioteca y para hablar con ella usaba los libros.
Conversaban de diversas cosas. Karla era muy aficionada a la lectura y
escritura, tenía una caligrafía preciosa. En uno de los comentarios vi que
decía que había perdido el colgante azul de su collar favorito. Tras apartar la
pila de libros del escritorio encontré el colgante, así que algo paso para que
al final mí yo de ese momento no se lo devolviera. Por lo visto era una persona
fría y distante en aquel momento, tanto ella como yo. Y el hecho de escribir en
eses libros nos hizo cercanos, pero parece que para mí yo de esa vida no le era
agradable hablarle en persona. Un error a mi parecer el no haberle devuelto el
colgante.
En otras habitaciones no estaba tan presentes estas personas,
pero había indicios de que en algunas ocasiones se habían cruzado con mis otros
yo. Pero si había alguien que aparecía siempre, y ese era Alex. Daba igual en
que habitación entrara, Alex era quien me obligaba a entrar en algún grupo o
clase, o incluso era él el que me hacía caer en algún error al tomar
decisiones. Por las cosas que ponía de él, parecía ser de las típicas personas
entrometidas y de las que se divierten haciendo la vida imposible a los demás.
Pero bueno, visto desde mi nueva perspectiva, no me
parecería tan mal tener a alguien con quien conversar. Incluso creo que
aguantaría las tonterías y bromas de Alex, si eso me hiciese salir de esta
pesadilla de habitaciones. Me tumbe, en esta habitación no había absolutamente
nada, pero seguro que tanto Alex, Karla, Hilda como el profesor Ginrou estaban
viviendo sus vidas, incluso aunque yo no hubiese estado allí.
Entonces de la nada me cayó encima algo, golpeándome la
cara. “Qué coño…” dije mientras agarraba lo que me había golpeado. Era un
colgante azul. Mire hacia arriba, la bombilla era lo único que iluminaba la
habitación, pero entonces vi que había una polilla revoloteando a su alrededor.
Volví a mirar el colgante en mi mano, poco después me di cuenta de que en todas las habitaciones estaba este
mismo colgante. Caí en la cuenta que todo el rato, en todas mis vidas
paralelas, solo había pensado en mí. Mi error fue no ayudar a Hilda, no
comprender a Ginrou, no saber tratar a Alex y no devolverle el colgante a
Karla. “¡Oh! Dios, ¡¡pero que estaban pensando mis otros yos en esas vidas!!”
me dije desesperado revolviéndome el pelo. “Que digo… Si yo he hecho lo mismo,
me he encerrado en mi habitación y no he, ni siquiera, conocido a esas
personas” alce la vista ahora el techo estaba lleno de mariposas de toda clase.
Vaya susto me lleve cuando de golpe todas se lanzaron contra mí. Me palpe la
cara, pero no note ninguna mariposa ni nada.
Me puse en pie a tientas, todo se había vuelto oscuro. Por fin llegue a
lo que supuse que era la pared. En unos segundos encontré el interruptor y
encendí la luz. Las cosas de la habitación habían cambiado, había cajas en el
suelo y parecía que las estaban desempaquetando. Mire el calendario que había
encima de la mesa, e incluso comprobé el móvil. Hoy era el primer día de
universidad, había vuelto atrás. “¡Venga ya!, esto no hay quien se lo crea,
parece una película barata” dije abriendo la puerta, esta vez había el pasillo
comunitario. Ahora que tenía esta oportunidad, decidí aprovechar la vida y
conocer a esas personas que mis otros yos dejaron de lado. Esta vez
aprovecharía mi vida.