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La Marca del Destino



CAPÍTULO 11

Después de un corto descanso, volaron en dirección al refugio del que hablaba Zess. Livius se sentía más cómodo ahora que montaba a Darklore con la silla. Traía unas cintas de cuero y una especie de estribos que permitía que se quedara bien agarrado al dragón. Ahora, aunque se inclinara o se balanceara, permanecía bien sujeto. Todos estaban muy cansados, pues pronto se haría de día y no habían dormido nada. Aunque Livius sintió que en algunas ocasiones cerraba los ojos. En la noche, tanto el dragón negro como el ave pasaban desapercibidos, pero ahora que empezaba a despuntar el sol, serian un blanco fácil para cualquiera que alcé la vista.

-Por cierto, donde está el refugio ese al que nos dirigimos- dijo Livius para mantenerse algo despierto.

-Desde aquí casi se empieza a ver el lugar, está escondido en la sierra que recibe el nombre de los colmillos del demonio. 

- Es un buen sitio, eso está lleno de montañas altas y todas muy juntas que hacen difícil acceder muy dentro, a aparte el nombre ya da mal rollo.

-Exacto, y el refugio es también una montaña, algo particular en el interior, pero que por fuera es igual a las otras, por eso es difícil encontrarla si no eres de allí jeje

- ¿Tú eres de allí?

-No, pero si tengo amigos allí.

Avanzaron entre Letere y Ledere, por encima del Valle de Nero, cruzaron el río Leviathen y llegaron a los colmillos del demonio cuando el sol ya estaba sobre el horizonte. En esa sierra, Zess se ocultó entre las montañas, volando bajo. Así que, tanto Darklore como Alice, tuvieron que hacer maniobras y movimientos precisos para no chocar contra las montañas y rocas del camino. Entonces después de ese camino de obstáculos, Alice empezó a subir verticalmente por una montaña bastante alta. Livius tuvo que sacar de su zurrón una manta, pues cuanto más subían más frío hacía. Aunque esta no era una de las montañas más altas, hacía un frío muy raro al acercarse a la cumbre. Zess y Chisa también se taparon. Pero llegaron a la cumbre, sin pasar mucho frío, pues Alice se encargaba de alejar la nieve que se formaba y Darklore calentaba el ambiente con sus llamas. Livius se sorprendió al ver que la cumbre de aquella montaña tenía un agujero hacia dentro. Alice plegó las alas para poder entrar y empezó a descender. El dragón no tuvo problemas para entrar. Según descendían, en las paredes del agujero asomaban palos, que Darklore y Alice tenían que ir esquivando para seguir descendiendo. Livius se paró a mirar que esos palos eran para posarse en ellos, pues al otro extremo se abrían agujeros y grietas que parecía refugios, madrigueras o cuevas.

Por fin después de tanta bajada, Alice se posó en uno de esos palos. Darklore siguió su ejemplo y se posó, pero en otro un poco más alejado. Zess y Chisa bajaron del ave y avanzaron por el palo hasta la cueva que se abría al otro extremo. Livius no sabía qué hacer, pues estaba lejos de poder alcanzar el otro lado.

Podías haberme dejado con ellos…

Hum… Podría, pero casi como que no… Solo tienes que entrar por esa grieta, seguro hay unas escaleras o algo para bajar, y ya los verás abajo.

Livius refunfuñó y se metió en la cueva. El espacio era grande, pues Darklore entro también con él. Había lino en el suelo, en mucha cantidad. El dragón lo tomo como una invitación y se tumbó encima.

-Bueno, veo que no me tengo que preocupar de que vayas a esta bien.- dijo Livius al divisar las escaleras para bajar.

El muchacho dejo al dragón disfrutar de esa mullida cama y empezó a descender por las escaleras. Era muy larga y en forma de caracol, así que incluso se le paso por la cabeza saltar por el centro para acabar antes. El final le esperaba un enorme salón, con una larga mesa en el centro. Zess y Chisa también acababan de bajar las escaleras.

-¿Que es este lugar? – su voz se hizo eco por lo espacioso del lugar.

-Este lugar se llama el refugio, aunque en sus buenos tiempos recibiera el nombre de Ouga, cuartel general de los candenza de la segunda capital del reino.- la voz de una persona mayor resonaba por la sala, así que Livius no estaba seguro hacia dónde mirar para saber quien hablaba.

El chico observo el lugar. Cuatro grandes pilares, que escondían en su interior las escaleras por donde bajaron, sostenían un gran techo de un pálido azul casi transparente. Todo, tanto paredes, pilares, techo… estaba recubierto de dibujos y grabados. Todo extremadamente decorado. Aunque en esa sala solo había una larga y gran mesa y muchas sillas, como muebles.

-Buenas señor Ortus, ¿qué tal está?- dijo Zess mientras se acababa de acercar a Livius.

-Pues no me quejo, aun me queda rato de trote jeje- dijo de nuevo la voz.

Esta vez si la pudo localizar, una puerta se abrió y de ahí salió un hombrecillo algo encorvado que se mecía una larga y blanca barba. Se apoyaba en un bastón y parecía temblar a cada paso que daba. Livius temía que ese hombre fuera a caerse o algo antes de llegar hasta donde estaban ellos.

-Oy, joy ,joy ¿quiénes son tus jóvenes acompañantes?

-Soy Livius, señor- dijo rápidamente.

-Chisa- dijo la niña aun observando la estancia.- Es verdad que este lugar es el legendario sitio, Ouga. Del que hablan tanto las historias.

- Bueno, tuvieron que reconstruirla, pero sí. Intenté que más o menos que las reparaciones no cambiaran como era el antiguo lugar.

-Vaya, así que es esta… Impresionante…– dijo Livius.- Cuando nos la contó Teresa, no me creí que existiría y menos con tanta esplendidez.

 -Seguro que estáis hambrientos, cuando lleguen mi mujer y mi hija, os prepararemos algo rico para comer.

-Que bien- dijo Chisa acompañada de un rugir de estómago.

Los presentes empezaron a reír un poco, y Chisa se avergonzó un poco.

Entonces una voz alarmada y nerviosa gritaba desde la nada:

-Ortus, cariño, ¡¡¡ven rápido!!! Hemos encontrado a Karla muy mal herida, ¡¡sangra bastante!! ¡¡Rápido!!

-Viene del recibidor, vamos…- dijo Ortus girándose y avanzando rápido, no lo parecía pero cuando se puso en movimiento, pareció rejuvenecer unos cientos de años.- Vosotros esperad aquí.

Zess ya ni estaba en la sala, nada más oír el mensaje salió pitando. Chisa y Livius se quedaron solos en la enorme estancia. Decidieron sentarse, mientras esperaban.

Que ha pasado, tu mente esta algo agitada.

¡Darklore! Pues veras, por lo visto han encontrado a Karla muy malherida.

-Livi, cuando podamos descansar en cama, ¿me contaras de nuevo la historia de este lugar?

-Claro, espero acordarme bien…

Pasaron unas horas, suficientes para que los niños se quedaran dormidos. La voz de Zess los despertó suavemente.

-  Buenos días, que tal si vais a desayunar algo caliente, seguro tenéis muchísima hambre.

Chisa y Livius se reincorporaron y siguieron a Zess. Salieron de esa sala y llegaron a un largo pasillo que parecía descender. Livius toco la pared, que era de piedra y estaba fría y húmeda. En ella había algo similar a registros de historias, grabados y escrituras, para él ilegibles. Cada ciertos pasos había puertas, el muchacho pregunto a donde conducían las puertas y Zess le respondió que eran habitaciones. Al final del pasillo había una enorme y colosal puerta. Los niños la observaron atónitos, parecía de mármol pulido, de lo blanca que era. Pensaron que se necesitarían muchas personas para abrirla, pero Zess apoyo un poco su mano, y esta se deslizo suavemente. Ante ellos una sala el doble de grande que la anterior servía de salón-comedor. Una gran mesa de granito ocupaba el centro de la sala y filas de bancos alrededor.

-Aquí es donde se come y se reunían antiguamente los candenzas- dijo Ortus, saliendo de una puerta lateral, acompañado de una mujer.

De esa puerta salía un dulce aroma a comida, y la mujer traía en cada mano un gran bol de algo humeante. Chisa y Livius se sentaron en el banco frente a la mesa, y la mujer les sirvió la comida.

-Chisa, Livius, esta es mi hija Urla.- hizo las presentaciones Ortus.

-Encantada- dijo la mujer.

-Igualmente.

Aquella mujer no era muy alta, estaba algo rellena y tenía unos musculosos brazos. Lleva un delantal marrón y cargaba una especie de cuchillo en un costado. Su pelo negro estaba muy mal cuidado y rizado.

Chisa y Livius devoraron la leche de cabra e incluso repitieron con algo de timidez. Al finalizar el segundo bol de leche, Livius no pudo retener más la pregunta y ataco a Zess.

- ¿Cómo esta Karla? ¿Qué le ha pasado? ¿Está muy grave? ¿Dónde está?

- Llegó con alguna herida grave, pero ahora está mejor. Se alarmaron mucho, pero no fue tan grave con para amenazar su vida, ella se las sabe apañar para escapar en situaciones difíciles. Ahora está en una habitación descansando. Aunque parece que tiene algo de fiebre.

- Mi madre está vigilándola, por si empeora o algo- dijo Urla.

- ¿Ya sabéis que le ha pasado, o quien la ha atacado?

- No, cuando llegó estaba inconsciente y aún no ha vuelto en sí.

- Bueno lo importante es que ya está en casa y bien- dijo Ortus alzando muy temblorosamente la mano.

-¿Cuánta gente vive aquí?

-Actualmente, pocos conocen este sitio. Así que oficialmente solo viven el señor Ortus, su mujer y su hija. Después están algunos que otro conocido que se deja caer por aquí, como es nuestro caso.

-Claro que antiguamente este lugar siempre estaba lleno y abarrotado, por eso son tan grandes las salar.

Livius noto la nostalgia y tristeza en la voz del anciano.
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La Marca del Destino

CAPÍTULO 10

Muy temprano por la mañana, desayunaron, y retomaron el camino. En poco tiempo llegaron al cruce, se despidieron del lancero quien se fue por la derecha, mientras ellos tomaban el de la izquierda. Cuando ya no podían verlo, subieron los tres rápidamente sobre el caballo y lo espolearon para encabalgarse por el camino a la máxima velocidad posible.

- Guardaros estés papeles en el bolsillo- dijo Zess mientras con una mano sostenía las riendas y con la otra les pasaba un papel a los dos hermanos- No los desdobléis.

Chisa estuvo a punto, pero al final lo guardo en uno de los bolsillos de su vestido, Livius también se lo guardo sin estar seguro que era eso.

- Por cierto, me dijiste que el clan del dragón pocos lo conocían, pero Regis lo supo.

-Cierto, cosa que me ha hecho plantearme que se trata de alguien con un rango alto dentro del ejercito del rey.

Las sombras no habían entorpecieron el camino gracias a que Darklore los mantenía a raya. Bordearon Daral por el exterior, pues Zess no quería que las sombras entraran en el pueblo y causaran estragos. Chisa empezaba a tener hambre, pero el hombre se negó a parar para comer. Livius no le agrado la idea de seguir cabalgando tanto tiempo, incluso él estaba cansado de estar ahí sentado. Pero no les quedo más remedio que seguir, pues si se paraban, las sombras los alcanzarían.

Cuando el sol comenzó a descender, las sombras se empezaron a hacerse fuertes. Pero sorprendentemente, en vez de atacarles, solo les impedían avanzar, dejándoles como única opción cambiar de camino.

-Zess, porque no nos atacan.- dijo Livius observando desde el caballo como las sombras se limitaban a impedirles que giraran en algunos momentos.

-Nos están guiando hacia la Roca del Suicidio.

-No es un nombre muy bonito- añadió Chisa agarrándose a la silla.

Las sombras les empezaron a rodear desde atrás, impidiéndoles que se pararan. Darklore hacia todo lo posible para quitarlos de ahí, pero eran muchos. Pronto salieron del bosque y un pequeño camino quedaba antes de que se terminara en un acantilado. Zess freno al caballo e incluso lo hizo girar para no caerse.

-Desmontad.

Los tres bajaron del caballo. Livius se asomó al final del camino, el acantilado estaba bastante elevado y el final les esteraban rocas bastante grandes y afiladas. Las sombras les habían rodeado, no tenían escapatoria.

-Espero que tengas un plan B

Darklore se agarró al acantilado mientras se acercaba a Livius. El muchacho le acaricio la cabeza.  Las sombras estiraron sus arcos apuntándoles.

-Cuando te dé he la señal, monta sobre Darklore y alzad el vuelo- dijo Zess flojo, pero suficiente para que Livius y el dragón le escucharan.- Yo velare por tu hermana.

Livius no estaba muy contento con la idea, pero Darklore le parecía bien. Las sombras empezaron a acercarse, de pronto algo las hizo retroceder.

-¡¡Ahora!!

Darklore agacho la cabeza y Livius inconscientemente salto sobre él y este alzó el vuelo. Una fuerte corriente de aire empezó a azotar el suelo, haciendo que algunos sombras retrocedieran o se cayeran incluso. Las flechas que habían lanzado contra el dragón, se clavaban en el suelo por la fuerza del aire. Dos grandes alas provocaban aquel vendaval. La gigantesca ave poso sus patas en el acantilado.

- Mi querida Alice- dijo Zess sin voltearse siquiera.

El ave hizo un férreo chillido, inclino el cuello, y Zess alzó a Chisa para que subiera. El hombre tuvo que tirar del caballo para que no saliera huyendo, Alice lo agarro sin clavarle las uñas y Zess montó rápidamente sobre el ave. Al levantar el vuelo, el ave batía fuerte las alas, expresamente para que el enemigo no pudiera darles con las flechas. Darklore no tardo en ir en la misma dirección que el ave.

-Este es tu Navy, es muy grande- dijo Chisa mientras observaba como el animal batía sus alas.- Que bonitas son sus plumas.

-Jejeje Alice dice que gracias por los piropos.

El dragón se acercó al ave, a regañadientes, pues no le agradaba la idea de volar cerca de algo tan grande como un Roc. Alice media más del doble que Darklore, y sus alas lo triplicaban. Sus plumas eran marrones, con toques dorados y blancos. Su pico amarillo-marrón parecía tener algún colmillo escondido. Dos largas plumas adornaban su cabeza y sus ojos violeta oscuro mostraban su gran inteligencia. Livius noto que aquel ser era como un águila imperial solo que muy grande, y después de verlo, se creía eso de que había algunos que tenían el tamaño de un navío. Aunque este ya le parecía suficientemente grande.

- Livius, ¿vas bien?

Livius miro hacia abajo y vio la enorme altura. Hasta ese momento estuvo pendiente de lo que había pasado y no se había fijado que Darklore volaba con él encima. Empezó a sentir algo de mareo y se agarró fuertemente al cuello del dragón.

Hasta hace un rato ibas bien.

Ya, pero porque no estaba pendiente… Ya he dicho que me gusta tener los pies en el suelo…

Pues ves acostumbrándote, pues pienso llevarte en mi lomo mientras tenga oportunidad jeje, solo no pienses en nada, solo déjate llevar por la brisa.

Darklore se inclinó hacia un lado, y Livius pensó que se caería, así que agarró los cuernos del dragón. El muchacho le pedía que parara, pero este seguía a su rollo, poco a poco Livius empezó a mover instintivamente el cuerpo para coger las ráfagas junto a Darklore. En poco rato, los juegos terminaron, pues Zess indico que tenían que descender ya.

Descendieron en un claro, donde un hombre acababa de apagar el fuego que guío a Zess hasta allí. Alice descendió con mucha suavidad, sin casi hacer ruido ni levantar brisa. Muy diferente a la vez anterior. Darklore también descendió.

-En que jaleo te has metido ahora Zess, siempre sales del fuego para caer en las brasas.- dijo el hombre que estaba completamente tapado. Saco la mano de su capa y se la estrecho con Zess.

-Amigo mío, no sabes cuánta razón tienes jaja Pero muchas gracias por la ayuda.

- No hay de que, para que están los favores jaja

-Te los presento, esta es Chisa, él Livius y este Darklore.- dijo respectivamente.

-Aya, un placer soy Altacas.

- Señor, no tiene calor. Va usted muy tapado.

-Jaja puede ser, pero no puedo dejar que me vean. Mi cabeza está muy valorada. Es lo que tiene trabajar en Poltior.

-Entonces, que es exactamente Poltior- se acercó Livius.

- Es un mercado negro. No aparece en los mapas, no sería raro que no lo conocieras. Solo se puede llegar por mar o si sabes un camino secreto, que muy pocos comerciantes saben.

-Bueno, o por aire- añadió Zess.- Y bien, ¿has traído lo que te pedí?

 -Claro, después de todo soy comerciante, no dejo a mis clientes tirados.- dijo mientras iba a buscar un caballo que tiraba de un carro.

El hombre destapo el carro, en él traía una silla de montar de cuero negro.

- Creo que te sentara bien Darklore, más o menos es de tu medida. Y así podrás hacer maniobras rápidas en el aire, sin que Livius se caiga ni se lastime.- comento Zess señalando los pantalones de Livius, que estaban rasgados por las escamas del dragón.

-Por eso me decías que no podía volar mucho tiempo con él, pues sus escamas me lastimarían…

Sí, eso también lo sabía yo

Zess le paso la montura a Livius y este se la coloco a Darklore, parecía encajar todo bien a excepción de la púa de su espalda, justamente una hacia que fuera imposible enderezar la silla.

Y ¿si la cortas? No me dolerá, y creo que me volverá a crecer.

Como puedes decir eso…

No te preocupes, si eres tú quien lo hace, no habrá problema.

-¿Que quiere hacer Darklore?- Pregunto Zess.

-Dije que le corte la púa…

-Si él lo dice no te preocupes – dijo Chisa.

Livius desenfundo su daga, y lanzó un fuerte movimiento contra aquella púa. Fue impresionante ver como la púa se cortó como si de mantequilla se tratara. Livius la recogió, y al intentar volver a darle otro golpe con la daga, fue el metal de la daga quien chirrió.

-Es impresionante el poder que tiene un dragón sobre su propio cuerpo- dijo Altacas

-Sí, hizo que se ablandara para que la pudieran cortar, a pesar de que las escamas de los dragones son duras cual metal. – añadió Zess.

Livius acabo de colocar la silla. Se montó para comprobar que la montura se sujetaba bien.

Livi, coge la púa que has cortado, y quiero que con ella te hagas una espada.

¿Eso es posible?

Sí, pero muy pocos saben hacerla. Sé que de ahora en delante, tras ver el ataque de las sombras, conviene que aprendas a luchar con espadas.

Livius le comento la idea de Darklore sobre la espada.

-Y razón que tiene, pero quien encuentra un herrero capaz de usar la púa para hacer una espada y que no lo vaya difundiendo…

-Creo que yo puedo contactar con alguien. Pero ya te comentare.- dijo Altacas, quien tapo el carro vacío y se montó sobre su caballo.- ¿A dónde piensas ir ahora?

-Creo que iremos al refugio. Me separe de Karla y parece que ha pasado algo, pues incluso Broom que nos acompañó en el viaje desde Deidey, se ha ido. Me preocupa, pero aun así primero voy a poner a resguardo a estos dos.

-Bien que haces. Bueno, creo que me marchare ya…

-Espera, como pago por la montura, déjame regalarte este caballo- dijo Zess pasándole las riendas del animal.

Altacas las cogió y con una asentir de cabeza se marchó.

Mientras estábamos en Emiliar, Broom se marchó, preocupado por Karla. Por lo que me contó.

Ya veo…

- Descansemos un rato antes de marcharnos nosotros también.

Zess pego su cabeza contra la de Alice. Estuvieron un rato así, mientras le acariciaba las plumas del cuello.

[Mi queridísimo Zess, cuantas veces te he dicho que no te metas en misiones suicidas…

Alice, en un principio solo era salvar a un dragón. No creí que esto llevara a salvar a unos hermanos. Pero aun así, gracias por llegar en el momento oportuno…]

- Livius, no importa cuánto tiempo pase, o las cosas que hayan sucedido. Nunca debes pensar en Darklore como un objeto o un arma. Él es y será tu más fiel amigo y nunca pensará más que en tu bien y tu seguridad.- dijo Zess sin venir a cuento. Pero Livius sintió que aquellas palabras eran realmente importantes y que tenía que recordarlas.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 9

Desayunaron ligero y se marcharon de Emiliar junto con el hombre de la lanza. Zess había pedido a Livius que avisara a Darklore de que se ocultara, pero que les siguiera lo más cerca posible.

Odio tener que estar tan separados. Primero en la ciudad, no puedo hablar contigo, y ahora esto. Si estáis ahí, porque ocultarme… Deshazte del lancero y volvamos a viajar junto.

Darklore, como puedes pensar eso… Según Zess, si viajamos con alguien que lleva el emblema del reino, las sombras no nos atacaran.

Eso dice él, pero si nos acercamos más a la capital será como meterse en la boca del lobo…

-Por cierto, aun no me he presentado a los niños- dijo el hombre cargando la lanza en el otro hombro.- Soy Regis

Chisa, quien iba montada en el caballo, se presentó con el nombre de Flora, a Zess el hombre le llamaba Serp, y Livius se presentó como Lui. Zess llevaba las riendas del caballo aunque se movía como si nada hablando con aquel hombre. Regis era alto, moreno y robusto. Vestía una coraza, un pantalón largo marrón y cargaba una lanza que tenía forjado en un lado el emblema del reino. Livius se quedó un rato observando el emblema, nunca se había fijado en que tenía un dragón sujetando una flor entre las garras, en la parte derecha y en la izquierda se dibujaba una especie de bosque donde dos ojos parecían asomarse. De bajo, algo alargado se intentaba imponer en el emblema, parecía un monstruo con las fauces abiertas atacando a algo invisible.

-¿Y que les trae hasta Daral?

-Soy comerciante, y mi mujer vive allí, estaba pensando en dejar a los niños allí.

-Pues no sé si es seguro… Viendo cómo están reclutando cada vez más personas, tal vez vaya a atacar los ladrones y mercenarios que han empezado a aparecer por el reino.

-Puede ser.

Livius observaba como esos dos dialogaban como si llevaran toda la vida haciéndolo. El muchacho quedo sorprendido con la facilidad que tenía Zess para mentir e improvisar en el mismo instante que hablaban. Livius cansado de caminar salto encima del caballo y se dedicó a observar las pompas de jabón que su hermana hacía.

-Lui como estas ya cansado, si no es ni la hora de comer. Así no llegaras a ser un hombre ni un guerrero

Livius se sintió ofendido, bajo del caballo y se puso a caminar entre Zess y Regis.

Mira que ofenderse por eso jeje

Claro, como no te lo ha dicho a ti.

Oye, que no soy insensible. Yo siento lo que tú sientes. Siempre y cuando tu mente y la mía estén conectadas.

Por cierto, ya he visto la marca que me has dejado. Muy bonita, pero podías hacerla más pequeña, sería más fácil de disimular.

Jaja pero te ha gustado verdad. El tamaño no lo decido yo al igual que la forma que adopte. Tienes el marcado que tienes y no hay más que hacerle. Y que lo sepas, pero tenemos que hablar más, así podríamos hablar a mayor distancia. Y no tendría que preocuparme si estas en la ciudad. Podrás contactar rápidamente conmigo en un apuro.

Vale, pues te voy a contar varias cosas que me rondan por la cabeza.

Livius explicó a Darklore las historias que escuchó del cuentacuentos, los rumores de la taberna, las dudas que le invadían…

Sí, suena muy sospechoso todo. Pero él no te ha hecho ningún mal. Todo lo contrario, te está protegiendo a ti y a tu hermana. Aunque viendo lo reservado que es en algunos temas, seguramente no sacarías  nada forzándole a hablar.

Eso pensaba también.


No tardaron mucho en parar a comer. Una fuerte lluvia les cogió de improviso y se tuvieron que resguardar entre las copas de los árboles.

- Venga ya, de esta no nos salvan ni las capas- dijo Regis sacando la capa que traía en una bolsa de piel.

- Sí, ha comenzado a caer una buena

Zess rebuscó entre las alforjas para sacar las capas para los tres. En todo el viaje, no les había llovido. Así que Chisa estaba ilusionada de usarla.

-Aún no hay prisa, mejor esperamos a que llueva un poco menos.- dijo el hombre mientras se recostaba en el árbol y apoyaba la lanza en el suelo.

- Como quiera, aunque por estos parajes está lleno de malhechores, y no es muy bueno quedarse en un mismo sitio mucho rato.

-Veo que entiende.

- Al ser mercader, el ser el punto de mira de bandidos y ladrones, nos hace aprender cosas básicas.

-Señor…- dijo Chisa tirando de la capa de Regis- ¡Me enseña el emblema!

- Jaja claro pequeña, mira

Regis giro la lanza y apunto hacia el suelo mientras se la acercaba a Chisa. Ella contempló en dibujo grabado.

-¿Qué significan los dibujos? ¡Mira! Hay un dragón jeje- dirigiendo lo último hacia Livius. El muchacho se acercó.

- Este emblema representa el clan de los dragones, el clan de las garras y el clan de las aves. Aunque a los dos últimos también se les conoce como el clan de los guerreros y el clan de los espías.

-¿Y la flor? Esa que tiene el dragón.

-Eso es algo que puso el rey anterior, fue un pequeño detalle. Nadie se suele fijar. Tienes muy buena vista pequeña. El Rey Silvius…

-No sé si es si es buena idea hablar sobre el rey anterior. Siendo usted uno de los guerreros del rey actual. Puede costarle mucho.

- Aquí no creo que nadie me oiga, y aunque sea guerrero, sigo siendo leal al Rey anterior. Las malas lenguas dicen que toda la estirpe del rey anterior fue eliminada. Pero aún hay un grupo de personas que cree que su hijo escapo.

- Eso también son malas lenguas, pues nunca se ha escuchado que se hubiera casado y tenido un hijo.

-Es cierto, pero puede ser una posibilidad, pues una dama siempre rondaba muy cerca del rey en aquellos tiempos.

-Señor, ¿Tan mayor es?

-Jaja pequeña, no lo soy tanto, solo que estoy bien informado.

-Entonces, sabrá si hay algún rumor entre los soldados- dijo Livius esperando sacar alguna información nueva.

- Sí, hacia un tiempo que circulaba, pero creo que son exageraciones.

Regis explico más o menos el mismo rumor que había escuchado Livius en la taberna. Mientras lo contaba, el muchacho estuvo mirando de reojo a Zess, para ver algún ápice de impresión o algo. Pero no pareció sorprenderse ni hacer ninguna reacción al rumor.

- Eso está muy exagerado.- dijo sacando un cigarrillo- ¿Quiere?

Los dos tardaron un poco en encenderlos, pues Zess chasqueaba los dedos para encender un fuego, pero con ese hombre allí presente no podía hacer magia.

-Silvius es el nombre del antiguo rey, el que sacaron del trono por métodos turbios.- comento Livius.

- Así es, pero no deberías hablar tan alto. El Rey ha condenado, que le corten la lengua, a muchas personas por el mero hecho de decir el nombre, así que no quieras saber lo que llega a hacer si hablas de más.- dijo Zess colocándose la capucha de la capa.- Creo que ahora podremos ir avanzando.

La lluvia era ligera, pero algún que otro rayo hizo que el caballo se asustara. Debido a eso Zess le pidió a Chisa que se mantuviera algo lejos del animal. Al anochecer, la lluvia amaino y pronto empezaron a divisar el cruce, donde el camino de los viajeros se separaba. Acamparon cerca, como empezaban a escasear las provisiones, cazaron unos conejos para cenar. Como el suelo estaba mojado, usaron las capas para no dormir directamente contra el suelo, y después se taparon con las mantas.

Livi, he estado rastreando el lugar, y de cada vez hay más sombras por los alrededores. Creo que os están acechando. No han atacado, seguro, por la presencia del lancero. Pero al separaros seguro os espera un buen ejército de ellos. Transmítele mis preocupaciones a Zess. Si no me gusta el procedimiento que elija. Yo mismo iré y te sacare de ese lugar.

Y luego dices que me fie de él… Y tú eres el primero en decir que me raptaras para protegerme jeje

No compares desconfiar de Zess que estar rodeados de sombras. No es lo mismo.

Livius se levantó. Chisa dormía a su lado agarrando las mantas ya en algún profundo sueño, Regis estaba apoyado en un tronco, tapado con su manta, aunque la noche era oscura, su lanza relucía por la luz de la luna. El muchacho rastreo el sitio con la mirada para encontrar a Zess, hasta que dio con un punto rojo humeante, claramente era él. Al ver a chico despierto, Zess se acercó a ver qué pasaba, y de paso tirar la colilla.

Livius le conto lo que Darklore le dijo. No pareció gustarle mucho lo que escucho. Zess se acercó más a Livius para susurrarle, no se podía arriesgar a que el lancero se enterara de nada, aunque parecía estar sumamente dormido.

-Dile, que espero que haga eso si la situación lo requiere. Ponerte a ti y a tu hermana a salvo es lo más importante. Pero no puedes montar mucho tiempo en un dragón sin una silla. Tú has visto las escamas y las púas que tiene en la columna. Sé que ya nos habían encontrado, pero necesito al menos llegar hasta la mitad del camino hacia Poltior. Solo le pido algo de paciencia y que intente, mañana, mantener a los sombra a raya.

Livius se lo transmitió a Darklore, este pareció refunfuñar un poco, pero al final acepto la idea.

Venga, vale, pero dile que como castigo, tendrá que comprar la más cara y ligera silla de montar.

Jaja vale se lo digo.

Zess también se rió por el comentario.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 8

Ya había oscurecido para cuando Livius y Chisa se marcharon de la plaza. Tardaron un poco en llegar a la posada, pues Livius se confundió de calle. Las calles estaban oscuras y, aunque la mayoría estaba iluminada por la luz de las antorchas, las sombras dificultaban poder reconocer las cosas. Al llegar a la posada se encontraron a Zess cerca hablando con un desconocido. El hombre se giró cuando se acercaron los dos niños.

-Id subiendo, ahora voy yo- dijo Zess sin dar más explicaciones.

-Vaya, así que estés son tus hijos… Sí, es peligroso ir solos.- dijo el hombre que cargaba una pesada lanza.

Livius y Chisa obedecieron sin rechistar, después de todo no debería ser una persona importante si Zess le estaba contando una mentira.


Los hermanos entraron en la habitación, Chisa se tumbó encima de una de las camas y cerro un poco los ojos. Livius dejo el zurrón encima de la mesa, encendió la vela y se dirigió a la pequeña ventana del cuarto. En ella no se podía ver gran cosa, solo una estrecha calle vacía donde pasaban algún que otro gato.

-Livi, mira hay un espejo detrás de la puerta jeje- dijo Chisa haciendo carantoñas delante del espejo.

No se habían fijado en el espejo de cuerpo entero que había detrás de la puerta, porque en las pocas ocasiones que estuvieron dentro, la puerta estuvo abierta. Livius y Chisa empezaron a hacer caras raras en frente el espejo. Livius observo que su pelo marrón azabache le llegaba ya al cuello. Los hermanos solo tenían la similitud, física, en los ojos verdes. Entonces alguien toco a la puerta, los hermanos se alejaron un poco y esta se abrió.

-Traigo algo de cena- dijo Zess con dos boles humeantes.

Los dos se sentaron cerca del escritorio y empezaron a degustar el guiso, pues estaba muy condimentado y lleno de cosas que antes no podían haber probado. Zess se sentó en una de las camas.

-He decidido hacer un cambio de planes…- su voz sonó pesada –Karla parece no haber llegado a Kawara.

-¿Le ha pasado algo?- dejo la cuchara un momento.

-Creo que no. Pero he cambiado de planes, porque parece que sacaré algo de información de esa persona que habéis visto abajo. Se ve que es un lancero que va hacia la capital por orden del Rey. Están reclutando personas, y va a ayudar a la causa, por lo visto.

-Y qué piensas hacer- dijo masticando un trozo suculento de carne.

- Le dije que los caminos son peligrosos y temo no poder proteger a mis dos queridos hijos todo el camino, así que él ha dicho que mañana partirá, que nos acompañara hasta, Daral, un pueblo al que se supone que nos dirigimos. Esta cerca de Poltoir, así que tampoco perdemos nada. Pero tendremos que ir andando. Aplazaremos lo de volar por ahora…- dijo Zess dijo abriendo la alforja, de donde saco una pequeña bolsita.

- Por mi perfecto, no estoy yo mentalizado a la idea de volar…- dijo Livius acabando de limpiar el plato.

-¡¡Yo si quiero volar!!- dijo Chisa soltando la cuchara y estirando los brazos mientras los agitaba como si fueran alas.

- Jeje pronto, pronto… por ahora habrá que guardar las apariencias- Zess dejo encima de la mesa una especie de caramelos en forma de estrellitas. –Son para vosotros.

-¡Caramelos!- Chisa dejo el bol y se lanzó a zamparse dos caramelos de golpe.

-Pero Chisa, poco a poco- regañaba Livius mientras recogía los boles.

-Si devolvemos los boles, nos devolverán algunas Írias- dijo Zess mientras se tumbaba en la cama y se tapaba el ojo bueno.

-Yo iré a devolverlos- dijo Livius levantándose.- ¿Dónde lo tengo que llevar?

- Ya voy yo, tranquilo.

-No importa- dijo ya al lado de la puerta

-En la taberna que hay aquí, justo al lado de la posada.- dijo sentándose de nuevo y sacado se la capa y el sombrero.

- Ahora vuelvo


Livius salió de la posada y entro en la taberna que había al otro lado. Un fuerte olor a alcohol empezó a salir nada más entrar. El lugar estaba iluminado por grandes antorchas en las paredes y el techo. No había mucha gente en las mesas y  las pocas personas que había tenían mala pinta. Livius se acercó a la barra.

-Después de tantos ataques de dragones, normal que la ciudad esté tan fortificada jaja- reía solo un borracho al final de la barra.

- Que si hombre, si, los dragones ya no se ven- dijo el tabernero limpiando la madera que estaba siendo salpicada por la jarra de aquel borracho. Al ver a muchacho se acercó a él.

-Dime pequeño, no ves que este no es ni el lugar ni la hora para estar por aquí jugando- se recostó en la madera de la barra, está crujió.- ¿Qué necesitas?

- Traigo los boles de la cena.- el muchacho coloco los boles encima.

- Vale, ahora te devolveré algunas Írias. Espera un momento- dijo alejándose de la barra.

Mientras Livius esperaba, vio entrar al cuentacuentos que lentamente se recostó en una silla. Este empezó a hablar con los tipos de la mesa. El muchacho curioso por la conversación que podría tener, disimuladamente se acercó para oírles.

- … Esa historia si es rara, pero viejo, ¿has escuchado los rumores que circulan por el ejército del rey?- dijo uno de los hombres mientras golpeaba su jarra.

- Ojojo que rumor- dijo el anciano recostando el bastón en la pared.

- Un solo hombre fue capaz de destruir una aldea y no una aldea cualquiera, sino una de espías, y un buen trozo del ejército del Rey. Según he escuchado, era un gran espadachín.

-¡Que dices, yo creo que era un mago!- dijo otro golpeando el robusto brazo encima de la mesa.- ¡¡Y que incluso tenia alas!!

-¡Alas! Entonces ya no era ni un ser humano- protestaba otro.

- Lo que sí es que después de toda esa hazaña de destruir la aldea y el ejército, se encaró con el mismísimo Rey. Y escuche que el Rey tuvo que huir malherido. Aquel hombre le dejo escapar y desapareció, de la misma manera que apareció, debajo de una gran sombra oscura.- Añadió el que empezó a contar el rumor- Y solo perdió el ojo izquierdo, aquel hombre desconocido.

- Hum… sigue siendo un rumor, ¿a quién servía y como se llamaba? Así tal vez se podría catalogarla de historia. Si es que el Rey quiere esconderla verdad…- dijo el anciano meciéndose la barba.

- Eso parece no saberlo nadie, solo un día, llego hizo todo y se marchó, como a quien le golpea una brisa de viento- añadió.

Por la cabeza de Livius empezaron a circular un montón de ideas descabelladas, pues aquellas descripciones parecían recordarle a alguien.

-¡Ey! muchacho, aquí tienes- dijo el tabernero colocando algunas Írias encima de la barra.

Livius las recogió y rápidamente salió del lugar, pues parecía ser que aquellos hombres se dieron cuenta de que les estaban espiando. Subió las escaleras de dos en dos,  al llegar a la puerta respiro y entro. Chisa estaba metida en la cama haciendo ondear las mantas y Zess sentado en la otra, pasando el dedo por unos trozos de papel.

-Ya tardabas, pensé que te habías perdido- Zess guardo los papeles.

Livius se sentó al lado de Chisa. El muchacho no podía ocultar su cara de preocupación y duda.

-¿Ha pasado algo?-dijo Chisa acercándose a Livius.

-Cuando entre en la taberna escuche unos rumores muy raros…- dijo mientras se sacaba la camisa- pero no es nada, vamos a dormir…

-Como quieras- dijo Zess descalzándose.

- ¿Desde cuando tienes esto?- Chisa poso su mano encima de la espalda de Livius.

-Seguramente desde que toco por primera vez a Darklore- dijo Zess alzando un poco la vista.

-¿El qué?- dijo extrañado el muchacho, girando la cabeza.

-Un dibujo, un especie de línea que parece un dragón, en forma de circulo, como si se comiera la cola y con las alas en un lado abiertas- dijo Chisa mientras hacía gestos raros. –De color negro como Darklore jeje

-Ya te dije que los Navy nos marcan. Todos los Cadenza están marcados por ellos.

Livius salto de la cama rápidamente y se giró hacia el espejo. Tuvo que girar el cuello para poder verse la espada reflejada en el espejo. Un dragón negro se enroscaba en su espalda, estaba dibujado de lado con las alas extendidas hacia la izquierda y la cabeza hacia en el omoplato derecho. En la cabeza del dragón, asomaban dos largos cuernos, mientras sus patas parecían clavarse en la piel.

-Vamos muchachos a dormir, mañana hay que partir temprano - dijo Zess mientras esperaba que los dos hermanos se metieran en la cama.


Livius se tumbó junto a su hermana, quien ya casi no podía mantener los ojos abiertos. Dio una última mirada a Zess, quien ya se había tapado en la otra cama, y apagó la luz. El muchacho no aguanto mucho despierto, estaba agotado tras tener tantas cosas en la cabeza. Aquel rumor, los secretos que ocultaba Zess… Quería sonsacarle la verdad a aquel hombre, pero no iba a ser fácil, así que por ahora aplazo lo de contarle el rumor.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 7

Pasaron un día más atravesando el valle de Nero. Y esa misma tarde, empezó a divisarse la ciudad. Aún quedaba un poco lejos, pero podía notarse el gran número de casas. Todo alrededor de las casas era llano y de tonalidades verdes y amarillas.

-Vaya, esa es la ciudad de Emiliar- dijo Livius emocionado- Los del circo no solíamos parar en grandes ciudades, y si lo hacían, no me dejaban salir.

-¿Veis todos esos prados llanos? La ciudad de Emiliar es una ciudad capaz de auto proveerse. Aunque por eso también es un gran centro de comercio. Los ciudadanos pueden tener una casa y un trozo de tierra, para cultivar.

-¡Oh! Hay muchas flores- dijo Chisa inclinándose en la silla para mirar el camino, Zess tuvo que parar para que bajara, pues no paraba de moverse empeñada en recoger algunas.

El camino hasta la ciudad fue más tranquilo y calmado que la travesía por el valle de Nero. Chisa iba caminando por el borde del camino de tierra recogiendo las flores que más le llamaban la atención, mientras Livius la vigilaba y también recogía algunas hierbas para dárselas al caballo. Según se iban acercando a la ciudad, se iban cruzando con otros viajantes y con los comerciantes, quienes algunos cargaban sus mercancías mientras que otros venían en carro. Zess llevaba las riendas del animal y saludaba a las personas con quien se cruzaba.

-¿Qué tal si nos hospedamos en alguna posada? Seguro que queréis descansar en algo que no sea el suelo- dijo Zess cuando los dos muchachos se acercaron.

-¡¡Sí!! Y comer algo rico- dijo Chisa mientras le ofrecía las flores a Zess.

-No me parece mala idea, pero ¿estás seguro?

-Me sentara bien poder dormir una noche “normal”- bromeo el hombre.

Chisa insistía en llevar las riendas del caballo, Zess la dejo, pero Livius no estaba muy convencido, aquel animal era bien grande. Chisa era similar, en altura, a una de aquellas robustas patas. Pero pensándolo bien, era normal, era un caballo de tiro, suelen ser bastante grandes y a parte también había cargado todo el viaje con los tres sobre su lomo. No parecía estar nada cansado.

-Me he fijado que este caballo no está nada cansado, y eso que le hemos hecho dar una buena travesía.

-Te has fijado eh, para que veas lo que hacen con los caballos al ser criados para arar la tierra. Son resistentes y eso buscaba, algo que aguantara el peso de los tres. No era el más rápido, pero si el más resistente.- dijo mientras alzaba la vista- Y ya hemos llegado.

Un enorme arco de madera rodeado por plantas enredaderas, daba la bienvenida a todos los viajeros que entraban en la ciudad. Largas calle de piedra se entraban en las entrañas de la ciudad. Aunque en la ciudad no había ninguna muralla, todas las casas parecían fortificadas. Sus ventanas eran pequeñas y las puertas tenían una anchura considerable. Los comerciantes ocupaban parte del camino, sin llegar a obstruir las entradas de los hogares. Según iban adentrándose en la ciudad, las casas empezaban a presentar adornos y plantas. El dentro de la ciudad era una enorme plaza, con una lujosa escultura en el centro. Era una especie de ave que perseguía al mismo tiempo que era perseguida por un dragón. Estaba alzada unos metros del suelo, pero aun así había algún niño que escalaba para subirse al dragón.
El verdadero bullicio estaba en esa enorme plaza. Iban y venían gente de toda clase, los niños correteaban, los comerciantes gritaban sus productos…

-¡Cuánta gente!- dijo Chisa agarrando la ropa de su hermano.

Zess parecía conocer el lugar, pues se adentraba por las calles sin dudar de su orientación. Se pararon en una casa algo alta que contaba con un pequeño establo cerca de la entrada y al otro lado había una taberna.

-Voy a mirar si quedan habitaciones, ¿Podéis llevar al caballo al establo?- pregunto Zess mientras pasaba las riendas a Livius.- Que no se me olvide- dijo volviéndose hacia los hermanos- Si os preguntan, yo soy vuestro padre y vosotros mis hijos. Hay que ir con ojo. Y también id con cuidado a quien le decís vuestro nombre. Tal vez nos encuentre por eso.

Livius y Chisa estuvieron de acuerdo, y se llevaron al caballo al establo, mientras Zess entraba en la posada. Al reunirse, un hombre les mostró su habitación. Era un cuarto en el segundo piso con dos camas y un escritorio pegado en la pared que separaba ambas.

-La cama no es cosa del otro mundo, pero es mejor que el suelo- dijo Livius tumbándose encima.

- La mujer de aquel hombre me ha dicho que ha llegado un famoso cuentacuentos. Tal vez os gustaría ir a escuchar algunas historias.- dijo Zess aun apoyado en el marco de la puerta.- Cuando os canséis de pasear podéis volver aquí.

-¡¡Bien!! Un cuentacuentos, ¡Vayamos!-  se animaba Chisa empujando ya a su hermano fuera.

-¿Y tú que vas a hacer Zess?- dijo el muchacho justo antes de que Chisa empezara a estirarle para bajar las escaleras.

-Yo también voy a dar una vuelta, volveré antes del anochecer.- dijo despidiéndose con la mano.







El cuentacuentos estaba en frente de la estatua de la plaza. Se había sentado en un bloque de paja. El hombre era de avanzada edad y agarraba un pesado bastón. Iba vestido con una capa negra, que hacia destacar su barba blanca. Ya estaba rodeado de niños y algunos adultos curiosos por oír sus historias. Chisa y Livius intentaron sentarse lo más cerca posible, para escúchale mejor.

-Veamos, veamos- decía mientras se mecía la corta barba- ¿Qué historia o leyenda os gustaría escuchar?

Los niños con júbilo empezaron a decir títulos y personajes. Como hablaba muy alto y al mismo tiempo, no se les podía entender nada. Entonces entre todas las voces se alzó una a grito de: “Que hable sobre dragones” entonces todas empezaron a coro “dragones, dragones”

- ¿Así que os gustan las historias de dragones?

-Claro, nuestra ciudad, fue forjada bajo la mirada del dragón- dijo un niño, muy robusto y moreno, señalando la estatua.- Somos de Emiliar- y otros niños siguieron a coro “Emiliar, Emiliar”

- Ojojo así que es por eso- dijo el anciano girándose para mirarla. – Pero tenéis que saber que al otro lado del reino en la ciudad de Malouf, tiene una estatua como esta, con el detalle de que ese pequeño pájaro es más grande que el dragón, y el dragón se ve como una lagartija.- dijo para picar a los niños un poco y lo consiguió.

-Que dices, el dragón del tamaño de una lagartija, vaya insolencia…- se quejaba uno y las quejas continuaban. Que si los dragones eran mejores, que si Emiliar era una ciudad más rica y mejor…

Entonces salto una curiosa pregunta, un pequeño niño de los que estaba más cerca dijo:
-¿Y que es ese pájaro?

Todos dirigieron la mirada hacia él. Los otros niños señalaron la estatua y dijeron lo mismo.

-Al fin, ya tardabais en preguntar jeje- dijo el anciano satisfecho.

El cuentacuentos mando guardar silencio, pues empezaría a explicar.

-Lo que veis ahí, jóvenes, es la imagen de un Roc. Y antes de que me preguntéis que es, os responderé. Es un ave de colosal tamaño, se dicen que pueden ser más grandes que un navío, un barco grande.- dijo extendiendo sus temblorosas manos. Todos soltaron un signo de asombro.

Un chico lo resumió soltando a todo pulmón: “Un águila un poco más grande de lo normal, que exagerado… Como va a ser tan grande como un navío.” Algunos asintieron, otros nos sabían que decir. El anciano siguió.

- Os contare porque tenemos esta escultura tan peculiar…- empezó a coger aire- En un tiempo ya lejano, habitaban en estas tierras, tanto dragones como rocs. Ambos serán seres muy poderosos y los dos dominaban los cielos. Pero ambas razas siempre estaban en conflicto, por naturaleza, no parecían llevarse bien. Pero como son seres muy inteligentes, decidieron zanjar todo con una sola batalla y no tener que matarse entre ellos. Así accedieron ambos bandos, cada uno pondría al combate uno de sus mejores camaradas. –Hubo un silenció mientras el hombre movía el bastón- Magarab, el dragón más poderoso, fue el seleccionado por el bando de los dragones. Era un dragón astuto y muy peligroso. Sus escamas eran rojas centelleantes como el fuego, y todos los habitantes de estas tierras los respetaban. Por el lado de los rocs, se presentó a Garuda, toda un ave destructora, y la más grande registrada de su especie. Se podría construir una ciudad encima de UNA de sus plumas.

Los niños le decían exagerado, pero en ver que continuaba la historia, callaban.

-Magarab y Garuda lucharon una cruenta y destructiva batalla, que no trajo más que desolación y muertes a los que habitaban en tierra. La batalla empezó un día y se terminó el mes siguiente. Después de destruir casi todo el reino, Magarab cayó muerto justo aquí- dijo el anciano clavando en bastón en el suelo- y Garuda en las tierras de Malouf, ambas ciudades tomaron eso como un presagio de paz y prosperidad, y decidieron levantar una ciudad en la zona donde se encontraban dichos seres, poco después del costosos enterramiento, colocaron esas estatuas como recordatorio de la lucha entre ambas bestias. Por otra parte, el conflicto entre los dragones y los rocs llego a un acuerdo. Los dragones se quedaron en estas tierras y los rocs se fueron a vivir más al sur, donde Garuda fue enterrado.

Los niños parecían no haber oído esa historia, pues los adultos les contaban otra historia, donde glorificaban a los dragones y a la ciudad.

-Ahora ya tanto da si están o no los rocs aquí, después de todo ya no existen y tampoco creo que existieran- decía un niño cruzando los brazos- mi padre siempre ha dicho que los dragones son los más poderosos.

Los otros niños asintieron y empezaron a replicar por la historia. El cuentacuentos no les presto la mínima atención, y se limitaba a tamborilear encima de la empuñadura del bastón.

-¡¡Que cuente otra!!- dijo Chisa ya cansada de escuchar protestas por parte de los niños y jóvenes que habían escuchado la historia.

-Venga, venga, que solo os están contando historias, parecéis adultos protestando en una taberna jaja- dijo un hombre adulto que también estaba parado escuchando las historias del anciano.

-Muchas gracias pequeña, ya pensé que no callarían…- dijo el anciano posando la mirada en Chisa.- Y dime pequeña ¿qué te gustaría que contara ahora?

-Ya no quiero más discusiones por los dragones o por los rocs…

-Tienes razón, no habría que discutir por estas cosas… parece que no eres de por aquí. Así que te parece si te cuento una de las aventuras del famoso guerrero Rouen.

El anciano se meso la barba y Chisa expectante asentía con la cabeza. A los demás niños les parecía bien, aunque esa historia, la mayoría, ya la conocían.

- Como todos ya sabréis antes de nuestro actual rey, que llego al trono de manera poco honrada, había otro. El anterior era gentil y muy querido por su pueblo, nunca hubo problemas.- dijo en voz baja, pues si un guardia oía que hablabas del anterior rey te arrestaban en el momento. Entonces alzó de nuevo la voz y continuo- Bueno, pues Rouen le servía. Era el guerrero más fuerte y poderoso de todos sus soldados. Conocido por su gran dominio de la espada y la estrategia, pero también destacaba entre los magos, algo que hizo ganarse muchos enemigos… Una de sus aventuras fue en el mar de Tría, el mar que separa nuestro reino, Mistikia, con el reino vecino, Basilik. En ese tiempo existía un enorme leviatán, una especie de serpientes gigantes acuáticas aunque su tamaño y forma varían, que atacaba a todas las embarcaciones que navegaban entre ambos reinos. Rouen lucho contra aquel enorme ser y con su fuerza y astucia, lo consiguió matar- dijo pero recapacito un momento y añadió- O eso dicen, otros dicen que Rouen consiguió volverse una Cadenza y transformar a ese leviatán en su Navy, toda una proeza.- El anciano parecía tener ya la garganta seca de tanto hablar, así que abrió un pequeño saco y espero su propina por contar las historias.

Muchos niños se marcharon, pero otros dejaron unas cuantas monedas al cuentacuentos, Chisa y Livius le dieron alguna de sus Írias. Cuando el anciano acabo de recaudar, lo cerro y se marchó a paso muy tranquilo.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 6

Zess había roto un pantalón viejo y se había vendado la herida del brazo, que hacia un rato que había dejado de sangrar.

-No era tan profunda como parecía…- se dijo a sí mismo, volviéndose a poner la camisa.

-¿Un pájaro?- decía Chisa aun pensando en el tatuaje que pudo ver en la espalda de Zess.

-Creo que nos debes una explicación- sentenció Livius ofreciéndole un cuenco con la comida.

-Hay mucho que decir…

-Tenemos tiempo- se cruzó de brazos.- cuando quieras.

Zess pareció dudar por un momento, soltó un flojo suspiro y saco un cigarrillo, pero no lo llego a encender.

- Cuando nos separamos en el río, la mayoría siguió el rastro de Karla, pero unas pocas sombras siguieron el río en dirección contraria. Creo que solo por casualidad, dieron con nosotros. La primera noche, creí haberme desecho de ellas. Pero parece que no fue así…- dijo mientras se tocaba el brazo- pues nos han alcanzado. Las he eliminado todas, no han podido difundir nuestro paradero. Aun así no podemos bajar la guardia. No sabemos si se comunican de alguna forma interna.

-Y cuando pensabas decirnos esto- dijo Livius sintiendo que no confiaban en él.- ¡Cuando no volvieras y encontramos tu cadáver por ahí!

-Quería que no vierais que pasaba, pues pretendía que fuera un viaje tranquilo… Aunque tampoco se para que…  Igualmente si te alistas y empiezas a entrenar con Darklore, tarde o temprano tú también acabaras metido en peleas…- dijo mientras se tumbaba.

- ¿A qué te refieres?- dijo Livius extrañado por aquellas palabras.

- Cuando lleguemos a Poltoir, y nos encontremos con Karla. Tendrás que decidir qué hacer. Si ir y formar parte del ejército del Rey, Si quedarte del lado de los rebeldes… También los del Clan del dragón querrán échate el guante encima. En todo caso, tendrás que decidir en qué lado estas. Desde el momento que te volviste una Cadenza… No desde que tienes como Navy un dragón, tus decisiones pesaran bastante en las batallas futuras.

-Pero que dices, si no hay batallas ni guerras en el reino… -dijo Livius desconcertado.-¿Que es eso del Clan del dragón…?

-Eso es lo que nos hacen creer a todos, pero hace cosa de pocos años, el Rey cogió una mal sana obsesión por crear un ejército de Cadenzas que pudieran destruir y conquistar al reino vecino.- Zess medito unos segundos, hasta donde podía informar a Livius-  El Clan del dragón, es el clan más antiguo y más peligroso. Allí es donde realmente tendrían que enseñarte a manejar a Darklore, pero nadie conoce la ubicación del clan.

-Así que lo que me espera de ahora en adelante, depende del bando que elija…- medito el chico un momento. – Y ¿qué hace cada bando?

- Yo no creo que sea el más indicado… Se suponen que tendrías que verlo tú… pero a mis ojos, el Rey solo quiere tener más poder y conquistar otros reinos; Los rebeldes solo quieren derrocar al Rey y restablecer otro reinado; Y los del Clan del dragón… Ni idea, si te digo la verdad. Son un clan poco numeroso, pues hay muy pocos dragones, pero son una gran amenaza para cualquier bando si deciden hacer algo.

Livius le paso un trozo de tela para que se limpiara.
-¿Los seres de sombra sangra?

-No, lo que me hace preguntar si esta sangre no será de Broom…- dijo mientras observaba el paño manchado- Broom, acércate, que si realmente estas herido, Karla me echara una buena bronca…

Un lobo algo grande empezó a asomar entre los arbustos. Con paso entrecortado se sentó cerca de Zess. El lobo presentaba una edad avanzada, sus ojos mostraban los años de experiencia y en su pelaje destacaban algunos pequeños mechones blancos. Sangraba de un costado. Zess acabo haciendo tiras de ropa para vendar al animal. Después de las curas, más tranquilo, se tumbó cerca del fuego.

-¿No nos presentas?- dijo Chisa acariciando su cabeza. El lobo movió la oreja.

-Claro, este es Broom, el Navy de Karla. Él ya os conoce. – dijo Zess dejando algo de carne seca delante del animal- Me sirve para comunicarme con Karla, aunque como ya explicamos, es difícil hablar con otros seres si no son tu Navy. Pero siempre acabo entendiendo algo.

-Así que él nos ha estado protegiendo.  Muchas gracias.

Ha dicho que de nada

Es verdad, ¡tú puedes hablar con él perfectamente! Nos puedes ayudar de traductor.

- Por cierto, tu herida, la de Broom, e incluso la de tu sombrero… ¿Como las hicieron? Que tipos de arma usan.

-Armas de sombra. Suelen ser espadas y flechas. Son peligrosas, pues desaparecen. A Broom le alcanzó una flecha, pero acaban desapareciendo. Si no lo hace significa que el ser de sombra aún está vivo y que podría aparecer saliendo de esa misma flecha. Funciona parecido en las espadas.

-Vaya, sí que son seres raros.

-No, solo hay que conocerlos, y cuidarte de no tener que luchar de noche y contra muchos- dijo con algo de ironía, pues él acababa de hacer algo parecido- Mañana, nos moveremos más rápido. Tenemos que cruzar el valle de Nero, lo antes posible. Mejor si encontramos a alguien por el camino. Pues los seres de sombra no aparecerán y nos atacaran si llevamos a más gente.

Eso significa que tengo que pasar más tiempo lejos de ti…

Darklore se había enroscado en Livius. El chico trasmitió las preocupaciones del dragón a Zess.

-Sí, es cierto que tendrás que permanecer más tiempo oculto…- dijo examinando al dragón- pero oye, ya tienes un buen tamaño. Pronto Livius lo podrás montar jeje

-Esto… No, me gusta más tener los pies en el suelo. Gracias.

-Cuando salgamos del valle, nos encontraremos con la ciudad de Emiliar. Quiero hacer unas cosas. Y para entonces, Darklore ya tendrá un tamaño superior al de un caballo. Por eso pensaba volar hasta Poltoir. Si volamos, ahorraremos un tiempo precioso.

- A mí no me acaba de gustar la idea de volar…-dijo mientras pasaba la mano por la cabeza del dragón. Hacía tiempo que se había fijado, pero ahora notaba que Darklore ya lo rodeaba del todo e incluso su cola era más larga que él. Pronto tendría la altura de un caballo grande. – Era por eso que hemos estado haciendo tiempo.

-Sí, en el aire estaremos algo más seguros de ataques. No del todo. Pero nos ayuda a avanzar.


Aun no había salido del todo el sol entre las montañas y Zess ya había echo subir a Chisa y a Livius al caballo. Partieron de inmediato.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 5

Tras montar los tres en aquel caballo, avanzaban más rápido. Pero Livius sentía que Zess estaba algo intranquilo. En menos de un día llegaron al valle de Nero.  Era un largo camino que cruzaba dos altas montañas, Letere y Ledere. Era un paso algo peligroso, pues era fácil que te tendieran una emboscada. Había arboles a ambos lados, y el único camino transitable, estaba totalmente despejado. Te podían atacar de ambos lados. Cuando la montaña empezó a ocultar el sol, Zess detuvo el caballo, aunque aún faltaban unas pocas horas para que se hiciera de noche.

-Pero Zess, este tiempo lo podríamos aprovechar para intentar avanzar más, aún falta para que oscurezca.- se quejaba Livius, mientras Zess caminaba hacia el bosque para resguardarse.

-Con ese tiempo tampoco saldríamos del valle. No tenemos tanta prisa… Y igualmente la sombra de esta montaña nos tapa mucha claridad.- dijo mientras ataca al caballo. –Chisa recoge algunas ramas del suelo.

-Hay algo que este pasado, pareces nervioso…- dijo Livius mientras seguía a Zess.

- Sí. Tengo sospechas que algunos seres de sombra hayan venido por aquí. Creo que no saben que estamos aquí pero… No podemos delatarnos.- dijo mientras ayudaba a Chisa a colocar algunas ramas en círculo.

-Pero hasta hace nada estábamos bien… ¿Que te hace pensar que ahora nos siguen?

-Nada, no he dicho que nos siguieran, pero por este valle pasan muchos bandidos y nos arriesgamos a que por casualidad pase algún ser de sombra y nos descubra.

- ¿Entonces porque no cogemos otro camino?

Zess encendió el fuego y alzó la mirada hacia Livius. Encarno una ceja y dijo:

-Prefieres subir una de esas montañas, luego bajarla, cosa que nos llevaría un mes y algo, para asegurarte que no te encuentras con nadie… He dicho que tenemos tiempo. Pero no tanto. Karla se cansaría de esperar por nosotros jeje- dijo ya algo más animado y todo.

Livius se acercó al fuego y se puso a contemplar la daga que le regalo Zess.

-¿Crees que tu amiga está bien?- dijo Livius después de un largo silencio, donde solo el viento entre las ramas rompía toda monotonía.

-Te refieres a Karla. Sí, no creo que sea alguien fácil de atrapar.- dijo Zess sacando de las alforjas algo de comida.

-Pero iba ella sola, contra todos los que nos perseguían.

Livius vio que Zess se había quedado quieto, con la mente en otra parte. El muchacho no sabía si le iba a decir algo más, así que desvió la mirada y se centró en Darklore. El dragón observaba el bosque con cierta curiosidad. Livius por primera vez se fijó que su tamaño ya era algo más considerable.

Es cosa mía o… ¿Tú estás creciendo muy rápido?

Los dragones solemos crecer muy rápido, sobre todo si nos dan espacio para ello.

Ya veo… por cierto, siempre he querido preguntarte, ¿Qué haces cuando no estas con nosotros?

Cuando es de noche, sobrevuelo sobre vosotros. Cuando entráis en el pueblo o cuando noto que alguien se acerca y me escondo, suelo estar en los bosques o en cualquier lado que pueda esconderme. Aunque cada vez cuesta más… Pero lo que si hago es ir a cazar, como más de lo que crees…

Me lo imagino, me alegro que al menos puedas comer mejor que cuando estabas en el circo.

-Livius, prepara la comida hoy- dijo Zess mientras se levantaba y se ataba la espada al cinturón.

-Claro, pero ¿a dónde vas?

- Solo voy a echar un vistazo a los alrededores. No te preocupes.- dijo mientras se marchaba.

El silencio se adueñó del lugar. Chisa jugaba con el fuego, tirándole hojas y ramas. Darklore observaba como Livius preparaba la comida en la pequeña olla. El chico preparaba la comida, pero mantenía una mano sobre la daga, estaba algo nervioso, porque esa era la primera vez que Zess se marchaba de esa manera.

¿Tú que crees que ha ido a hacer?

¿Eh? Pues tal vez a hablar con Broom. O se haya marchado a hacer un río jajaja

Cuando Darklore hizo su risa, las pequeñas escamas de su morro retrocedieron dejando ver su larga fila de dientes, afilados como espadas.

Espera, espera… ¿Quién es Broom?

Es un amigo con el que estoy mientras vosotros estáis con otras personas. Él también tiene que estar escondido, así que le hago compañía y me cuenta muchas cosas interesantes.

Vale, pero ¿qué es?

Un lobo, creo que de color marrón claro.

Y ¿Qué hace ahí, escondido?

Pues vigilarnos, y protegernos de muchos peligros. Nos ha estado protegiendo desde que nos separamos, en aquel río, de la chica.

¿Es el Navy de Karla?

Así es.

Se escucharon pasos acercándose. Livius y Darklore se pusieron en guardia, miraba de reojo hacia el lado por donde se acercaban los pasos. El muchacho ya estaba a punto de lanzarse contra lo que se le acercaba con la daga en la mano, cuando reconoció a Zess. Venía a paso lento, debido a la oscuridad no pudo ver nada raro, pero cuando se sentó en frente del fuego, en su ropa resaltaba las manchas rojas de sangre. El hombre sin decir nada, saco un paño del bolsillo y empezó a limpiar el filo de la espada.

Chisa se había quedado mirando a Zess. Nadie se atrevió a decir nada, pues la cara de aquel hombre mostraba una cierta intranquilidad. La niña fue la primera en romper ese solido silencio.

-Zess, te duele…- dijo tocando son sus pequeñas manos el brazo del hombre, del cual brotaba sangre.

-Estoy bien, no te preocupes…- dijo mientras se apretaba el brazo.

-¡¡Cómo no vamos a preocuparnos, si vienes con manchas de sangre y herido en el brazo!!- dijo ya fuera de sus casillas.

No es la primera vez que se enfrenta a los enemigos… Pero esta vez sí ha salido algo herido

¡Que! Eso significa que cuando lo vi aquella vez en el río… Estaba lavando la sangre…


Livius abrió los ojos, había descubierto, que el camino solo había sido un camino de flores para ellos, pero para Zess fue una cruenta batalla.

La Marca del Destino

CAPÍTULO 4

Se pasaron todo el día caminando por el río, no se detuvieron ni a comer. Y cuando la fría noche empezaba a refrescar la ropa húmeda de los viajeros, Zess por fin decidió salir del agua y descansar en una de sus orillas de piedra.

-A este paso mañana a la tarde habremos llegado a Lepión, allí compraremos algunos suministros.- dijo Zess mientras prendía la hoguera y colocaba un pequeño cazo con agua encima.

-¿Qué vas a cocinar?

-Aún quedan unas pocas verduras y restos de carne seca. Tal vez algo así como un guiso.

-Tengo frío…- dijo Chisa pegándose a la hoguera.

Zess desdoblo una manta y se la paso por encima de los hombros.

-¿Cuántos años tenéis?- dijo mientras se sentaba al lado de la hoguera.

-¡Yo nueve!-dijo alzando la mano.

Zess esbozó una pequeña sonrisa.

-Yo quince- dijo Livius secamente. 

-¿Sois hijos de alguno artista del circo?

-¿Por?- dijo el chico de mala manera. Pues si Zess no hablaba, él tampoco quería hablar.

-Pues porque no tengo la mente tranquila si he alejado a los niños de sus padres…- dijo, su voz realmente sonó tormentosa.

-No, somos huérfanos, el circo nos adoptó.- dijo, tras rendirse, decidió hablar.- A los seis años mi madre nos dejó a mi hermana y a mí, en aquel desconocido sitio.

-Yo tenía dos años ¿no?- dijo juntando sus pequeñas manos.

-Sí… Pero no recuerdo nada más que a partir de cuando llegue al circo. Así que no te molestes  a preguntar nada más- dijo volteando la cara.

Zess empezó a reír flojo. Livius no le vio la gracia. Darklore se había tumbado cerca del fuego y ronroneaba a gusto.




Livius se despertó tras oír unos pasos. Chisa dormía apoyada en él y el dragón estaba acurrucado a su otro lado. Una manta los cubría a los tres. Todo estaba tranquilo, así que éste empezaba a cerrar de nuevo los ojos, pero entonces vio a alguien entrando en el lago. Gracias a la claridad que daba la luna pudo ver que era Zess, quien se había quietado la camisa y estaba caminando en el agua. Su pelo, ahora sin atar, le llegaba hasta los hombros. El reluciente negro brillaba de forma muy rara. El hombre se agacho y cogiendo un puchado de agua se la tiro por los hombros. Livius observo como repitió ese proceso un par de veces. Mientras, pudo detectar que Zess tenía una buena musculatura, aunque no la aparentaba. Después de todo luchaba con espada. Algo que le llamo la atención era una especie de tatuaje que se extendía desde su omoplato izquierdo hasta el derecho de largo y un buen trozo de espalda. Dos marcadas alas marrones, tan claramente dibujadas que parecía que podrías tocar las plumas. Eso no fue lo único que le llamo la atención al joven, pues en algunas partes del cuerpo que quedaban iluminadas, se podía ver heridas ya cicatrizadas alargadas, como aquellas que puede dejar una espada corta, un látigo o algo similar.

Livius había apartado la vista al otro lado de la orilla, pues vio que algo se acercaba a Zess. Pero el hombre ya parecía haberlo visto hace tiempo. Un lobo de color marrón claro se acercaba a él con paso tranquilo. Vacilo antes de entrar en el agua. Al tenerlo cerca, Zess poso su mano en la cabeza del animal. El hombre puso cara de alivio, como si se hubiera quitado un peso de encima. Livius no llego a escuchar lo que decía, si es que decían algo. Y se volvió a dormir en contra de su voluntad.





Ya habían desayunado tranquilamente y caminaban a paso ligero por el bosque. Habían dejaron lejos el río. Zess parecía tener cierta prisa, pues había momentos en que cargaba a Chisa, quien quería descansar. Ella le parecía bien ser cargada, así no tenía que caminar, y a Zess no aprecia importarle. Livius no aminoraba el paso, pero aun así no dejaba de pensar en lo que pasó la noche anterior. Quería preguntarle sobre ese lobo, sobre ese tatuaje y las heridas. Y si el tatuaje era el que te dejaba los Navy, ¿dónde estaba el suyo?¿Que clase de animal o ser seria?. Las preguntas le carcomían, pero no podía decirle que había visto eso esa noche, pues le marcaría de fisgo o a saber. Pero tal vez podría desviar la pregunta hacia el lobo, pero no sabía cómo.

Livius se empezaba a sentir incomodo, pues Zess le dio permiso a Darklore, para que se marchara a cazar y estirar sus alas. Pues en nada iban a llegar a Lepión y sería muy peligroso que les reconocieran por el dragón.

Como Zess predijo, después de pasar el mediodía llegaron a la entrada del pueblo.
–Tomad- dijo tendiéndoles un pequeño saquito con monedas.- Compraros nuevas ropas, simples, que no destaquen. Es esencial conseguir, Livius, un zurrón y dos capas, una para tu hermana y otra para ti. Hum… si tienen capucha mejor. Por si llueve.

-Vale, pero ¿dónde vas? ¿Dónde nos encontraremos? ¿Y si nos descubren?- dijo mientras se guardaba las monedas.

- No seas tan pesimista…- dijo Chisa agarrándole la camisa.

-Voy a las caballerizas, intentaré conseguir un caballo y algo de provisiones luego. Y creo que será difícil que os descubran. Aún no ha debido de llegar tal información hasta aquí. Pensad, que ellos creen que hemos ido en dirección contraria.- les dijo Zess algo más flojo.

-Vale- dijo Livius algo más seguro.

-Nos encontraremos en el otro lado del pueblo en la salida.

Los viajeros se dividieron. Los hermanos se adentraron en el mercado. Chisa miraba todo aquello con mucha expectación. Los del circo casi nunca la dejaban ir lejos y pocas veces iba a las ciudades. Pero más que nada le llamaba la atención los muchos colores de las cosas. Livius consiguió adquirir ropa a precio muy asequible. Estaba acostumbrado a comprar todo lo necesario y lo que le pedían los artistas del circo, así que se hizo un gran negociador y regateador.

Después se apresuró a conseguir el zurrón. Mientras elegía entre varios que le ofrecía el comerciante, Chisa tiro de la ropa de su hermano.
-Dime Chisa, quieres algo- dijo agachándose un poco.

-Livi… Hay dos hombres que llevan un rato siguiéndonos, se han escondido detrás de uno de esos puestos…- dijo agarrándose y escondiendo la cabeza contra la ropa de Livius.

El chico se preocupó. ¿Sería capaz de enfrentarse a lo que se le avecinaba? Acabo la compra del zurrón. Y empezó a avanzar entre las tiendas, cuando giraba las esquinas se fijaba si lo que le dijo su hermana era cierto. Y tras esconderse en un callejón al girar la esquina. Pudo comprobar que sí. Dos hombres con ropa andrajosa, con pintas de ladrones miraban de lado a lado y avanzaron por la calle llena de gente.

-Chisa ¿estás bien?- dijo apartándola de su ropa para verle la cara.

-Sí… Casi parece que me he divertido y todo jeje- dijo pero su mano sujetaba fuertemente la ropa de su hermano.

-No te preocupes, no pasara nada… Vayamos a comprar las capas y volvamos con Zess.- dijo Livius mientras volvía a salir hacia la calle principal.

En el primer puesto que encontró, se probaron varias capas y las adquirió rápidamente. Con eso había gastado la mitad del dinero.

-¿Quieres algo Chisa? Aun nos sobran algunas Írias.- dijo Livius guardando bien las monedas.

Chisa negó con la cabeza. Livius palmeo su cabeza y se dirigieron a la otra salida del pueblo. Caminaron sin detenerse y vigilando que nadie les siguiera. Por fin en las afueras, encontraron a Zess. Éste rápidamente tiro la colilla y la piso.

-Hey chicos, ya pensé que os habían cogido- dijo mientras se acercaban.

-Hemos tenido que escapar de unos ladrones, por suerte Chisa los vio a tiempo y no hubo más problemas…- explico Livius- pero hemos traído lo que has pedido y aun me ha sobrado dinero.

-Impresionante, pensé que era poco. Pues ahora conviene que os cambiéis. Esa ropa ya está muy gastada.- dijo mientras hacia un gesto para que le siguieran.

Caminaron un poco hasta un pequeño claro, donde había un caballo negro de tiro. Livius y Chisa se cambiaron. Las ropas que compro eran de lo más simples, una camisa y unos pantalones marrones, y cómodos para poder moverse si surgía la ocasión. La ropa de Chisa constaba de un vestido de marrones variados, que incluían algún que otro dibujo de flores con hilos verdes.

-Oh! Qué bien os queda.- dijo Zess recogiendo la ropa usada y colocándola dentro del zurrón.

- ¡Mira Livi! Ropa nueva- dijo Chisa dando unas vueltas para hacer flotar un poco su falda.

-El zurrón es para ti, aquí he puesto la ropa usada, los Írias que te han sobrado y algo de provisiones.- dijo mientras se lo pasaba- Y esto creo que lo necesitaras.

Zess le dejo entre las manos a Livius una pequeña daga enfundada. La funda era de un cuero negro duro. El chico fue poco a poco desenfundándola hasta ver su reluciente filo. La empuñadura era de hierro pintado de gris, pesaba menos de lo que él pensaba.

-También he traído algo para ti-dijo Zess volviéndose hacia Chisa.

Chisa dejo de coger flores y se acercó al hombre. Este le dejo en las manos un pequeño bote de cristal.
-¡¡aah!!- dijo Chisa abriendo los ojos como platos- Son las famosas ¡¡pompas de jabón!! - dijo saltando con el bote en mano.

Chisa se sentó apoyada en Livius, tiró del tapón de corcho y soplo por el agujero que tenía la vara de cristal que estaba situada en el centro del corcho. Un puñado de pequeñas burbujas de jabón empezaron a aparecer de la varilla. Livius observaba las pompas y la cara feliz de Chisa, pues pocas veces podía sonreír de esa forma. Zess sonreía al ver esa escena, similar a los cuadros que tanto apreciaban los marchantes. No tardó en llegar Darklore y sumarse a las risas, persiguiendo las pompas.